Imagen: Publicación en un grupo de Facebook de La Pampa que invita a mineros a trabajar en terrenos con permisos del Registro Integral de Formalización Minera de Perú (REINFO).

Vi tu publicación en Facebook, escribo. ¿Cuál es el trato?

Responde de inmediato:

Hola. ¿Desde dónde escribes?

Me di cuenta de que había cometido un error. Mi intento de averiguar si podía intermediar en un acuerdo de minería ilegal en la región peruana de Madre de Dios corría el riesgo de descarrilarse apenas dos mensajes después de empezar.

Estaba sentado en un balcón, viendo cómo el río Madre de Dios se abría paso entre la selva amazónica. Pero había escrito desde un número de teléfono estadounidense.

Decidí que eso requería una historia de cobertura más elaborada, y con un giro de actualidad. Había estado en Estados Unidos, le dije, pero me habían deportado y ahora iba camino a Madre de Dios en busca de trabajo.

Imagen: Vista aérea de Madre de Dios, Perú. Crédito: Henry Shuldiner / InSight Crime.

Su siguiente respuesta fue igual de breve y seca, pero fue directo al grano.

¿Y cómo piensas trabajar?
¿Tienes maquinaria?

Había conseguido su número de teléfono a través de una publicación en uno de los grupos de Facebook de La Pampa, un pueblo surgido de la fiebre del oro y levantado por mineros informales, donde prácticamente no impera la ley. “Se buscan socios mineros. Terreno con REINFO en Madre de Dios”, decía el anuncio.

El REINFO, o Registro Integral de Formalización Minera, fue concebido como una vía para que los mineros informales pudieran incorporarse a la economía formal y legal. Pero, según expertos, con frecuencia se utiliza para dar cobertura legal a operaciones de minería ilegal que no tienen intención de formalizarse, además de servir como herramienta para lavar oro del mercado negro. Si mi nuevo amigo había conseguido permisos del REINFO para sus terrenos, en teoría era porque tenía una operación minera informal que buscaba legalizar. Pero no parecía que fuera así.

Ya había oído hablar de este tipo de acuerdos. Alguien que posee un terreno consigue los permisos y luego permite que otros mineros entren a trabajarlo a cambio de un porcentaje de las ganancias. Es exactamente la misma dinámica de la minería ilegal: se paga o amenaza a los propietarios para que permitan el ingreso de los mineros a sus tierras; luego estos llegan con bombas hidráulicas y mangueras, arrasan la vegetación a presión, remueven el barro y extraen el oro con mercurio, dejando a su paso un desierto tóxico. Pero, en estos casos, pueden hacerlo porque cuentan con el REINFO.

Tenía que tomar una decisión. Normalmente, cuando hacemos investigaciones, somos siempre directos y transparentes sobre quiénes somos y por qué hacemos preguntas. Pero verificar lo que había escuchado sobre el uso indebido del REINFO requería obtener una respuesta sincera de alguien involucrado en esas maniobras. Así que decidí que, en este caso, estaba justificado hacer un trabajo encubierto de manera virtual.

Le dije que tenía unos amigos con maquinaria que ya estaban trabajando en La Pampa. Pero le pregunté si él iba a aportar algo o si tendríamos que llegar nosotros con todo. La respuesta se redujo a dos palabras:

Con todo.

Quiso decir que yo tendría que hacer todo el trabajo de extracción del oro y su papel se limitaría a proporcionar la cobertura legal para unas actividades que, de otro modo, serían ilegales.

Hoy, seis meses después, este tipo de esquemas es más importante que nunca. En los últimos meses, La Pampa —donde no se han otorgado permisos del REINFO porque limita con una reserva natural— ha sido blanco de continuos operativos militares: soldados llegan en helicópteros, vuelan la maquinaria que encuentran y detienen a quienes logran capturar.

Imagen: Anuncio publicado en un grupo de Facebook de La Pampa que busca mineros para trabajar en una concesión con permisos del REINFO.

En los grupos de Facebook, el debate está al rojo vivo. Algunos sienten que esto marca el principio del fin de La Pampa. Otros dicen que no es más que un gran espectáculo político que tendrán que aguantar hasta que pase. Pero mientras recorría los foros para tomarle el pulso al ambiente, hubo un anuncio que me llamó la atención; me pareció que decía incluso más que todo ese ruido en redes sociales.

Era un volante estridente que ofrecía una salida y mostraba a los mineros de La Pampa cómo podían seguir trabajando sin correr el riesgo de perderlo todo. Al igual que el anuncio al que yo había respondido, invitaba a mineros a trabajar en una concesión situada en una zona al noroeste de La Pampa. “REINFO activo”, decía.

Al final, mi contacto puso a prueba mi historia. Cuando insistí sobre los términos financieros del acuerdo, me llamó directamente. Mi español es fluido, pero está claro que no es el español de un joven minero de Perú. Así que no atendí la llamada. Y nunca llegué a saber cuál hubiese sido su porcentaje.