{"id":8934,"date":"2016-08-09T11:53:00","date_gmt":"2016-08-09T16:53:00","guid":{"rendered":"http:\/\/newwp.insightcrime.org?p=8934"},"modified":"2023-10-21T11:07:18","modified_gmt":"2023-10-21T16:07:18","slug":"elites-crimen-organizado-colombia-introduccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/insightcrime.org\/es\/investigaciones\/elites-crimen-organizado-colombia-introduccion\/","title":{"rendered":"\u00c9lites y crimen organizado en Colombia: Introducci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El poder de la \u00e9lite colombiana se funda en una de las divisiones agrarias m\u00e1s desiguales del mundo. A comienzos del siglo XXI, el uno por ciento de los terratenientes posee m\u00e1s de la mitad de la tierra cultivable del pa\u00eds.<sup>1<\/sup> &nbsp;Bajo el dominio espa\u00f1ol, la agricultura en Colombia se organizaba seg\u00fan un sistema de haciendas, en el que los \u201ccampesinos sin tierra\u201d trabajaban, muchas veces como aparceros o mediante servidumbre por contrato, para los terratenientes. La lucha por la redistribuci\u00f3n de la tierra comenz\u00f3 con la lucha por la independencia y se mantiene hasta hoy.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Respaldada por una econom\u00eda relativamente estable, la \u00e9lite en Colombia ha podido bloquear en repetidas ocasiones los intentos de redistribuci\u00f3n de la tierra y el avance de una reforma pol\u00edtica de fondo. El pa\u00eds en gran medida consigui\u00f3 evitar los golpes militares y las crisis econ\u00f3micas que acosaron a sus vecinos en el siglo XX, pero esta misma estabilidad reservar\u00eda un legado de problemas sociales que siguen sin resolver. Colombia es, \u201cEl \u00fanico pa\u00eds latinoamericano donde los partidos tradicionales y la \u00e9lite han neutralizado todos los intentos de reforma pol\u00edtica\u201d, afirma Francisco Thoumi. \u201cNunca hubo reformas que cuestionaran la estructura de poder y debilitaran su control sobre la sociedad\u201d.<sup>2<\/sup><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-left wp-block-paragraph\"><em>Este art\u00edculo es parte de una serie que estudia la relaci\u00f3n entre \u00e9lites y crimen organizado. Lea el informe completo de Colombia (<a href=\"https:\/\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Elites_Crimen_Organizado_Colombia.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><span style=\"text-decoration: underline;\">PDF<\/span><\/a>). Vea las otras partes de la serie <a href=\"https:\/\/es.insightcrime.org\/investigaciones\/elites-y-crimen-organizado-en-colombia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"text-decoration: underline;\">aqu\u00ed<\/span><\/a>.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-tierra-y-comercio-la-elite-de-colombia\">Tierra y comercio \u2013 La \u00e9lite de Colombia<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00e9lite terrateniente del siglo XIX us\u00f3 sus tierras para desarrollar las industrias agr\u00edcola y ganadera. La econom\u00eda se mantuvo peque\u00f1a, aislada y subdesarrollada, con un bajo nivel de exportaciones, dominadas por el oro, hasta el desarrollo de las industrias exportadoras, primero del tabaco y luego del caf\u00e9 a partir de 1850, que permitieron la creaci\u00f3n de una clase comerciante. Las burbujas exportadoras beneficiaron en forma desproporcionada a las \u00e9lites econ\u00f3micas, tanto terratenientes como de intermediarios comerciales. Mientras que gran parte del caf\u00e9 colombiano se cultivaba en minifundios, la industria era dirigida por una \u00e9lite adinerada de distribuidores que controlaban la venta y la exportaci\u00f3n del producto.<sup>3<\/sup> &nbsp;La bonanza cafetera entre las d\u00e9cadas de 1910 y 1930 fue tambi\u00e9n un motor para la industrializaci\u00f3n del pa\u00eds. Centrada en la ciudad de Medell\u00edn, catapult\u00f3 a los \u201ccomerciantes-industrialistas [de la ciudad] \u2026 a la preeminencia nacional\u201d.<sup>4<\/sup><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"707\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=1024%2C707&#038;quality=100&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-243984\" style=\"width:700px;height:483px\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=1024%2C707&amp;quality=100&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=300%2C207&amp;quality=100&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=768%2C530&amp;quality=100&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=1536%2C1060&amp;quality=100&amp;ssl=1 1536w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=1200%2C828&amp;quality=100&amp;ssl=1 1200w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=1568%2C1082&amp;quality=100&amp;ssl=1 1568w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=400%2C276&amp;quality=100&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?resize=706%2C487&amp;quality=100&amp;ssl=1 706w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970.jpg?w=1703&amp;quality=100&amp;ssl=1 1703w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama1_Colombia_Elite_1810_1970-1024x707.jpg?w=370&amp;quality=100&amp;ssl=1 370w\" sizes=\"auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aun cuando la \u00e9lite ha logrado evitar reformas importantes que alteren su poder, no se ha mantenido est\u00e1tica. Generaciones sucesivas de capitalistas han logrado trepar a las filas de la \u00e9lite generando riqueza, primero mediante la manufactura industrial, y luego con el negocio de la droga. \u201cLos grupos dominantes \u2014propietarios a gran escala de los medios de producci\u00f3n y principales agentes del poder pol\u00edtico, que podr\u00edan o&nbsp; no ser los mismos\u2014 siempre han estado abiertos a la sangre nueva de fuera o de abajo\u201d, sostiene Forrest Hylton.<sup>5&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A medida que la econom\u00eda colombiana creci\u00f3 y se moderniz\u00f3 a comienzos del siglo XX, la vieja clase terrateniente uni\u00f3 fuerzas con la clase comerciante en expansi\u00f3n, que hab\u00eda creado la bonanza cafetera, protegiendo su posici\u00f3n y evitando alteraciones en el orden social existente. Los fabricantes e industrialistas creados por la bonanza cafetera tambi\u00e9n hallaron intereses comunes con los terratenientes, lo que permiti\u00f3 a las antiguas \u00e9lites mantener su posici\u00f3n.<sup>6<\/sup> &nbsp;La \u00e9lite tradicional ha sido lo suficientemente flexible para absorber y cooptar a los grupos en ascenso, que \u201cterminan reproduciendo los comportamientos excluyentes que muchos criticaron antes\u201d.<sup>7<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00e9lite de Colombia siempre ha estado constituida predominantemente por colombianos, al contrario de otros pa\u00edses latinoamericanos, como Honduras, donde las industrias exportadoras eran en su mayor\u00eda de propiedad extranjera. Las \u00e9lites pol\u00edticas y econ\u00f3micas del pa\u00eds coinciden en gran medida, y los ricos ejercen el poder pol\u00edtico. Sin embargo, existen algunas divisiones entre ellos. La \u00e9lite pol\u00edtica puede dividirse en dos grupos: las \u00e9lites de la periferia del pa\u00eds \u2014todo lo que est\u00e1 fuera de Bogot\u00e1\u2014 y las \u00e9lites del centro. Las \u00e9lites de la periferia pueden ejercer gran poder en su \u00e1mbito local, mientras que las \u00e9lites del centro determinan en gran parte la pol\u00edtica nacional. Por su parte, la \u00e9lite econ\u00f3mica puede dividirse en la moderna burgues\u00eda industrial-financiera y la \u00e9lite terrateniente tradicional. Desde la d\u00e9cada de 1970, se viene desarrollando una super\u00e9lite conformada por varios conglomerados econ\u00f3micos familiares que dominan el mundo de los negocios.<sup>8<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al Estado le ha faltado hacer presencia efectiva en muchas zonas del pa\u00eds a lo largo de gran parte de la historia de Colombia, lo que ha permitido a las \u00e9lites locales aumentar su poder y cobrar mayor autonom\u00eda en sus regiones. Hasta mediados del siglo XX, las comunicaciones eran muy deficientes, y la capital estaba aislada, a varios d\u00edas de arduo camino de la costa y de otras ciudades principales. Muchas partes del pa\u00eds siguen careciendo de servicios p\u00fablicos b\u00e1sicos, como electricidad y v\u00edas adecuadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde la independencia, los terratenientes y hacendados locales han mantenido muchas veces ej\u00e9rcitos privados, y han logrado resistir los intentos de centralizar el control y aumentar los impuestos. Como lo plantea Nazih Richani, \u201clos grandes terratenientes, ganaderos y la \u00e9lite agroindustrial conspiraron para resistirse a la expansi\u00f3n del poder estatal\u201d.<sup>9<\/sup> &nbsp;Como resultado de ello, la base tributaria se ha mantenido d\u00e9bil: Colombia registr\u00f3 el segundo ingreso fiscal per capita m\u00e1s bajo de Suram\u00e9rica en la d\u00e9cada de 1990.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">Liberales y conservadores<\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El poder era administrado en estas regiones aisladas por dos partidos dominantes: los liberales y los conservadores. Ambos representaban los intereses de la \u00e9lite. En t\u00e9rminos generales, los conservadores defend\u00edan la Iglesia, y eran m\u00e1s cercanos a la clase terrateniente, mientras que los liberales favorec\u00edan un Estado laico y estaban m\u00e1s cerca de la clase comerciante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque los partidos carec\u00edan de una administraci\u00f3n central s\u00f3lida, la filiaci\u00f3n pol\u00edtica estaba enconada en el \u00e1mbito local, basada en fuertes relaciones clientelistas entre la poblaci\u00f3n y los mandamases locales, que muchas veces era los mayores terratenientes. Los partidos eran \u201cun mecanismo m\u00e1s de control social mediante el cual los l\u00edderes de la clase alta manipulaban a los seguidores de la clase baja\u201d.<sup>10<\/sup> &nbsp;Las filiaciones partidarias no se divid\u00edan en l\u00edneas de clase o regionales sistem\u00e1ticas, sino que pasaban de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n.<sup>11<\/sup> Las \u00e9lites colombianas mantendr\u00edan dominio de la pol\u00edtica por medio de estos dos partidos por lo menos hasta la d\u00e9cada de 1980.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Liberales y conservadores libraron una serie de sangrientas guerras civiles desde mediados del siglo XIX, cuando las \u00e9lites se enfrentaron por el bot\u00edn del gobierno por medio de campesinos reclutados para la milicia de su caudillo del partido local.<sup>12<\/sup> &nbsp;Esto se mantuvo en el siglo XX, en un largo periodo de \u201cconflicto de facciones interelitistas\u201d.<sup>13<\/sup>&nbsp;Los conflictos entre seguidores de los dos partidos fueron especialmente encarnizados desde 1930, despu\u00e9s de que los conservadores terminaran una hegemon\u00eda de 45 a\u00f1os en el poder. Esta lucha pol\u00edtica estuvo acompa\u00f1ada del malestar pol\u00edtico en el campo por la desigual distribuci\u00f3n de la tierra, y la represi\u00f3n violenta de la acci\u00f3n colectiva, en especial con la masacre de cientos de trabajadores bananeros perpetrada por el ej\u00e9rcito cerca de Santa Marta en 1928.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubo una tentativa de reforma agraria y mayor protecci\u00f3n a los sindicalistas en el gobierno del presidente Alfonso L\u00f3pez Pumarejo, quien subi\u00f3 al poder en 1934. L\u00f3pez era hijo de una influyente familia empresaria, pero reconoci\u00f3 el peligro de ignorar los problemas sociales de Colombia. Sus reformas, sin embargo, no fueron lo bastante lejos para aplacar el descontento en aumento en el campo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un pol\u00edtico en ascenso se opuso a las \u00e9lites del pa\u00eds. Jorge Eli\u00e9cer Gait\u00e1n naci\u00f3 en la clase media baja de Bogot\u00e1, por fuera de la \u00e9lite pol\u00edtica tradicional. Atrajo la atenci\u00f3n inicialmente al investigar y denunciar el manejo que dio el gobierno a la huelga de las bananeras de 1928. Aunque de filiaci\u00f3n liberal, Gait\u00e1n gan\u00f3 importancia nacional por sus vehementes discursos contra la \u201coligarqu\u00eda\u201d colombiana, acusando a ambos partidos de dominar el sistema pol\u00edtico para sus propios intereses y colaborando para evitar una reforma real.<sup>14 &nbsp;<\/sup>Gait\u00e1n gan\u00f3 gran popularidad en todo el pa\u00eds, despertando el inter\u00e9s de los campesinos y la clase obrera de las ciudades con la promesa de redistribuci\u00f3n agraria y un fin al dominio de la oligarqu\u00eda. Se lo consideraba una apuesta segura para la candidatura liberal a la presidencia, hasta que fue asesinado en Bogot\u00e1 en 1948 por un autor desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">La Violencia<\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noticia de la muerte de Gait\u00e1n desat\u00f3 disturbios en Bogot\u00e1 y el resto del pa\u00eds por parte de los liberales, que acusaron al gobierno conservador del asesinato y marcaron el inicio oficial de un conflicto que se conoce como \u201cLa Violencia\u201d. En los a\u00f1os siguientes, ej\u00e9rcitos guerrilleros organizados por caudillos liberales locales se lanzaron a la guerra en todo el pa\u00eds contra los vigilantes conservadores, que en ocasiones ten\u00edan el respaldo de las fuerzas de seguridad del pa\u00eds. El modelo del conflicto fue de emboscadas y contraataques, donde cada acci\u00f3n era una retaliaci\u00f3n de la anterior, m\u00e1s que confrontaciones militares directas entre los dos bandos.<sup>15<\/sup> &nbsp;En medio de la turbulencia no solo prosperaron la vieja acrimonia pol\u00edtica, sino tambi\u00e9n el pillaje y las organizaciones criminales.<sup>16<\/sup> &nbsp;El conflicto seguir\u00eda hasta la d\u00e9cada de 1960, con la muerte de unas 200.000 personas, o un 1,8 por ciento de la poblaci\u00f3n.<sup>17<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las \u00e9lites sufrieron mucho menos por el conflicto, que se redujo en su mayor parte al campo y se luch\u00f3 entre campesinos. Como escribe David Bushnell, La Violencia lanz\u00f3 a \u201ccampesino liberal contra campesino conservador, mientras los grandes terratenientes de ambos partidos, por no hablar de los empresarios, profesionales y pol\u00edticos, permanecieron en la relativa seguridad de las ciudades\u201d.<sup>18<\/sup> &nbsp;Al comienzo, algunos miembros de la \u00e9lite urbana consideraron que la violencia en masa era cuesti\u00f3n de campesinos b\u00e1rbaros. Algunos miembros de la \u00e9lite bogotana, por ejemplo, consideraron que el conflicto era un fen\u00f3meno pasajero, que confirmaba sus \u201cestereotipos\u201d de los habitantes locales.<sup>19<\/sup> &nbsp;La idea desarrollada \u201cen la \u00e9lite de que La Violencia era un c\u00e1ncer del \u2018pueblo\u2019 \u2014o, para usar otra de sus met\u00e1foras, una sangr\u00eda\u2014 que poco ten\u00eda que ver con ellos\u201d,<sup>20<\/sup> &nbsp;escribe Herbert Braun.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin duda, La Violencia se desat\u00f3 en un momento en que las diferencias ideol\u00f3gicas entre los dos partidos eran menos relevantes. Hab\u00eda amplio consenso sobre la pol\u00edtica econ\u00f3mica, y las \u201c\u00e9lites estaban unidos en una devoci\u00f3n com\u00fan al capitalismo y el anticomunismo de la Guerra Fr\u00eda\u201d.<sup>21<\/sup> &nbsp;A pesar de ello, la lucha era salvaje, con masacres, mutilaciones y ataques a la poblaci\u00f3n civil. Aunque en Bogot\u00e1 los l\u00edderes de ambos partidos tuvieran mucho en com\u00fan, en el campo la filiaci\u00f3n partidista justificaba el asesinato. En ausencia del gobierno central, los partidos se hab\u00edan convertido en el veh\u00edculo de identidad principal en toda Colombia, y la lucha aprovech\u00f3 los viejos odios. La fidelidad al partido estaba por encima de la fidelidad al pa\u00eds en la fragmentada periferia nacional, y \u201cla gran violencia \u2018irracional\u2019\u201d, como escriben Rensselaer W. Lee III y Francisco E. Thoumi, solo puede explicarse \u201csi se acepta que los campesinos ten\u00edan lealtades partidistas comparables a las lealtades nacionalistas en otros pa\u00edses\u201d.<sup>22<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El conflicto tambi\u00e9n fue producto de la tensi\u00f3n por el problema de la tierra no resuelto. Hubo desplazamientos masivos, cuando los grupos armados expulsaron de sus tierras a simpatizantes del bando opuesto, y algunos terratenientes aprovecharon el caos para hacerse a la tierra. El conflicto aumento la concentraci\u00f3n de la tierra, lo que permiti\u00f3 a los exportadores agr\u00edcolas consolidar sus posesiones, y por ende aceler\u00f3 el proceso de modernizaci\u00f3n econ\u00f3mica.<sup>23<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchos miembros de la \u00e9lite urbana se beneficiar\u00edan de la bonanza econ\u00f3mica que, curiosamente, acompa\u00f1\u00f3 los a\u00f1os de la peor violencia. Campesinos desplazados inundaron las ciudades, impulsando la construcci\u00f3n y brindando mano de obra barata.<sup>24<\/sup> &nbsp;El PIB creci\u00f3 5 por ciento anual entre 1945 y 1955, mientras que la producci\u00f3n industrial subi\u00f3 9 por ciento anual.<sup>25<\/sup> &nbsp;Oliver Villar y Drew Cottle sostienen que \u201cpara la \u00e9lite urbana, en particular para los industrialistas, La Violencia fue un \u00e9xito econ\u00f3mico\u201d.<sup>26<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero con la continuaci\u00f3n de La Violencia, las dos facciones pol\u00edticas de la \u00e9lite vieron que una revuelta continuada en el campo amenazar\u00eda su posici\u00f3n. Los partidos se unieron, en primer lugar para respaldar un golpe militar en 1953 contra el presidente conservador Laureano G\u00f3mez, sustituy\u00e9ndolo por el general Gustavo Rojas Pinilla, quien prometi\u00f3 poner fin a La Violencia. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, alarmados por el discurso antiolig\u00e1rquico gaitanista del general y sus pol\u00edticas populistas y por la violencia continuada, los partidos se unieron con las otras instituciones de la \u00e9lite m\u00e1s importantes, la Iglesia y los industrialistas, para forzar la salida de Rojas.<sup>27<\/sup> &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1958, los dos partidos pol\u00edticos acordaron formalmente compartir el poder, excluyendo del proceso pol\u00edtico a los dem\u00e1s movimientos. El pacto, llamado el Frente Nacional, estipul\u00f3 que los partidos se alternar\u00edan en la presidencia, y dividir\u00edan todos los puestos del gobierno por partes iguales entre ellos por los siguientes 16 a\u00f1os. Esto marc\u00f3 el comienzo de varias d\u00e9cadas de poder compartido, que en la pr\u00e1ctica se extendieron hasta mediados de la d\u00e9cada de 1980, convirtiendo formalmente el sistema pol\u00edtico en \u201cuna pura maquinaria de intereses comunes de la \u00e9lite\u201d.<sup>28<\/sup> &nbsp;El Frente Nacional era, seg\u00fan Lee y Thoumi, \u201cun cartel que monopolizaba el poder y exclu\u00eda otras alternativas pol\u00edticas\u201d, despolitizando los dos partidos y transform\u00e1ndolos en \u201cmaquinarias electorales clientelistas\u201d.<sup>29&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La exclusi\u00f3n obrada por la \u00e9lite de las dem\u00e1s voces del proceso pol\u00edtico contribuir\u00eda al origen de los grupos insurgentes en Colombia. La Violencia termin\u00f3 de manera oficial en 1964, pero algunos grupos guerrilleros resistieron en partes aisladas del pa\u00eds, conocidos como \u201crep\u00fablicas independientes\u201d, rechazando ofertas de amnist\u00eda del gobierno. Para mediados de la d\u00e9cada de 1960, el conflicto se hab\u00eda transformado de un conflicto entre liberales y conservadores a una guerra de clases entre el gobierno y guerrillas de l\u00ednea comunista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Varios grupos guerrilleros se consolidar\u00edan durante la d\u00e9cada siguiente para combatir la \u00e9lite de Colombia. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) eran marxistas y prosovi\u00e9ticas. Se originaron de los grupos campesinos de \u201cautodefensa\u201d que se hab\u00edan fortalecido durante La Violencia. El Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional (ELN) ten\u00eda muchos integrantes de las clases medias, y se alineaban con la Cuba de Fidel Castro. A estos grupos se les uni\u00f3 el Ej\u00e9rcito Popular de Liberaci\u00f3n (EPL), grupo mao\u00edsta de base campesina, y m\u00e1s adelante por el Movimiento 19 de abril (M-19), guerrilla urbana que llev\u00f3 a cabo haza\u00f1as de alto perfil para atraer a estudiantes y a otros j\u00f3venes descontentos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estos grupos en sus inicios no planteaban amenazas serias para las \u00e9lites colombianas. Estaban fragmentados, eran pobres y divididos por conflictos internos, y para comienzos de la d\u00e9cada de 1970 hab\u00edan sido reprimidos por el ej\u00e9rcito.<sup>30<\/sup> &nbsp;Sin embargo, hab\u00eda una bonanza a punto de llegar, en la forma del comercio de drogas il\u00edcitas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-crimen-organizado-y-elites-en-colombia\">Crimen organizado y \u00e9lites en Colombia<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">Crimen, coca\u00edna y guerrillas<\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las ra\u00edces del crimen organizado en Colombia fueron sembradas desde la independencia con la falta de presencia estatal en muchas partes del pa\u00eds. La tradici\u00f3n contrabandista gener\u00f3 una especializaci\u00f3n en el tr\u00e1fico de bienes y una tolerancia hacia las actividades il\u00edcitas. El tumulto pol\u00edtico casi constante, como durante La Violencia, tambi\u00e9n abri\u00f3 la v\u00eda para que bandas de saqueadores, ladrones y grupos de secuestradores, que muchas veces apenas si disimulaban sus actividades criminales bajo la divisa de uno u otro partido pol\u00edtico.<sup>31<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La fallida reforma agraria tambi\u00e9n empuj\u00f3 a las poblaciones a la colonizaci\u00f3n de zonas apartadas, donde los cultivos il\u00edcitos eran el \u00fanico medio viable de supervivencia.<sup>32<\/sup>&nbsp;Dichos cultivos inclu\u00edan marihuana, amapola \u2014materia prima de la hero\u00edna\u2014 y coca \u2014materia prima de la coca\u00edna\u2014. En la d\u00e9cada de 1970, los colombianos pasaron a tomar el control del m\u00e1s importante de esas empresas il\u00edcitas: el negocio de la coca\u00edna. La coca no se produc\u00eda en grandes cantidades en ese tiempo en Colombia, pero los colombianos comenzaron a desarrollar los medios m\u00e1s eficientes para procesarla en un polvo blanco consumible y transportar el subproducto hacia el Norte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los pioneros fueron, por supuesto, el Cartel de Medell\u00edn de Pablo Escobar y su rival m\u00e1s peque\u00f1o, el Cartel de Cali. Esta primera generaci\u00f3n de grupos traficantes colombianos se compon\u00eda de organizaciones jer\u00e1rquicas, integradas verticalmente, que controlaban cada etapa del negocio, desde la producci\u00f3n hasta la distribuci\u00f3n.<sup>33<\/sup>&nbsp;Se abastec\u00edan de hoja de coca de sus principales puntos de producci\u00f3n en Per\u00fa y Bolivia, la procesaban en Colombia, y despachaban la coca\u00edna a Estados Unidos, donde sus agentes la vend\u00edan en las calles.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"922\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/capitals-esV2.png?resize=700%2C922&#038;quality=100&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-243986\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/capitals-esV2.png?w=700&amp;quality=100&amp;ssl=1 700w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/capitals-esV2.png?resize=228%2C300&amp;quality=100&amp;ssl=1 228w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/capitals-esV2.png?resize=400%2C527&amp;quality=100&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/capitals-esV2.png?w=370&amp;quality=100&amp;ssl=1 370w\" sizes=\"auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las drogas ilegales crearon bonanzas econ\u00f3micas regionales en las d\u00e9cadas de 1970 y 1980, impulsando ciertas industrias, como la de la construcci\u00f3n, con la entrada al pa\u00eds de una avalancha de d\u00f3lares il\u00edcitos, y creando riqueza multitudinaria para algunos de los involucrados en la industria. Para la d\u00e9cada de 1990, los ingresos del negocio constitu\u00edan entre el 4 y el 7 por ciento del PIB colombiano.<sup>34<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las crisis econ\u00f3micas de la d\u00e9cada de 1970 tambi\u00e9n llevaron a algunos integrantes de las clases comerciantes a buscar nuevas oportunidades econ\u00f3micas, en particular los industriales de Medell\u00edn. En la segunda ciudad de Colombia, que se convertir\u00eda en la cuna del negocio de la coca\u00edna, \u201clos empresarios locales acudieron a la industria de la coca\u00edna en busca de inyecciones de capital\u201d, que m\u00e1s adelante ayudaron a \u201ccimentar los lazos de la industria [de la droga] con la \u00e9lite colombiana\u201d.<sup>35<\/sup> &nbsp;Las recesiones econ\u00f3micas tambi\u00e9n engrosaron las filas con desempleados, creando una gran reserva de mano de obra para el negocio de la droga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las FARC gradualmente pasaron a aprovechar esta nueva fuente de financiamiento. El grupo comenz\u00f3 cobrando vacunas a los cultivadores de marihuana en la d\u00e9cada de 1970, luego a los sembradores de coca. A comienzos de la d\u00e9cada de 1980, decidieron imponer impuestos a los traficantes mismos. Esto supondr\u00eda un enorme incentivo a sus finanzas y cambiar\u00eda el rostro del conflicto civil.<sup>36<\/sup>&nbsp;Las FARC usaron el nuevo flujo de ingresos para ampliar sus zonas de influencia, incrementar el n\u00famero de unidades de combate \u2014o \u201cfrentes\u201d como se les conoce\u2014 de 17 en 1978 a 28 en 1984, e invertir en armamento, uniformes y dispositivos de comunicaci\u00f3n.<sup>37<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el mismo periodo, los grupos guerrilleros tambi\u00e9n intensificaron la extorsi\u00f3n y el secuestro, cuyo blanco eran los terratenientes rurales, empresarios y cualquier miembro de la poblaci\u00f3n que pareciera en capacidad de pagar un rescate. Por primera vez, la insurgencia guerrillera en Colombia estaba infligiendo un da\u00f1o real a las \u00e9lites, y estas decidieron entrar en acci\u00f3n. En los valiosos terrenos agr\u00edcolas del valle del Magdalena Medio, que ser\u00edan un crisol del conflicto, las \u00e9lites comenzaron a reunirse con representantes del ej\u00e9rcito para discutir la financiaci\u00f3n de grupos rurales de \u201cautodefensa\u201d que ayudaran al ej\u00e9rcito a combatir a la insurgencia, lo que era legal seg\u00fan una ley de 1968. Los terratenientes pronto ganar\u00edan un poderoso aliado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">La \u00e9lite emergente \u2013 Narco\u00e9lites<\/span><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"973\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=1024%2C973&#038;quality=100&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-243988\" style=\"width:700px;height:665px\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=1024%2C973&amp;quality=100&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=300%2C285&amp;quality=100&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=768%2C730&amp;quality=100&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=1536%2C1460&amp;quality=100&amp;ssl=1 1536w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=1200%2C1140&amp;quality=100&amp;ssl=1 1200w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=1568%2C1490&amp;quality=100&amp;ssl=1 1568w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=400%2C380&amp;quality=100&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?resize=706%2C671&amp;quality=100&amp;ssl=1 706w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990.jpg?w=1610&amp;quality=100&amp;ssl=1 1610w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama2_Colombia_Elite_1970_1990-1024x973.jpg?w=370&amp;quality=100&amp;ssl=1 370w\" sizes=\"auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s de empeorar la tentativa de los insurgentes de derrocar al gobierno, el influjo de dinero de la droga cre\u00f3 una nueva \u00e9lite. Como lo dice Thoumi, la acumulaci\u00f3n de \u201cfortunas individuales grandes y r\u00e1pidas [\u2026] cambi\u00f3 la estructura de poder y la naturaleza de la \u00e9lite en muchas regiones\u201d.<sup>38<\/sup> &nbsp;Miembros de las clases trabajadores se ve\u00edan catapultados a la riqueza de un momento a otro, y formaron una \u201cnarco\u00e9lite\u201d o \u201cclase emergente\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escobar y la mayor\u00eda de sus aliados en el Cartel de Medell\u00edn, por ejemplo, ten\u00edan ra\u00edces sociales humildes. Los miembros del Cartel de Medell\u00edn pod\u00edan usar su riqueza reci\u00e9n adquirida como atajo para sumarse a la clase terrateniente. Escobar y su socio de negocios Jos\u00e9 Gonzalo Rodr\u00edguez Gacha, alias \u201cEl Mexicano\u201d, por ejemplo, compr\u00f3 franjas de tierra en el valle del Magdalena Medio. La tierra fue vendida por bajo precio por la gente que hu\u00eda de la amenaza de la guerrilla, y los traficantes la usaron como s\u00edmbolo de estatus y como medio para blanquear su riqueza. Estaban, en palabras de Steven Dudley, \u201ccomprando su entrada a la terratenencia\u201d.<sup>39&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La adquisici\u00f3n masiva de tierras por parte de los narcotraficantes era tan sustancial que se conoce como la \u201ccontrarreforma\u201d \u2014concentrando a\u00fan m\u00e1s la tierra en Colombia en las manos de unos pocos\u2014. En total, se estima que los narcotraficantes adquirieron hasta 5 millones de hect\u00e1reas de tierra de pastoreo en Colombia, algo as\u00ed como 15 por ciento del total.<sup>40<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con sus haciendas, los traficantes conformaron una \u201cnueva \u00e9lite rural\u201d, reemplazando por completo en algunos lugares a los antiguos due\u00f1os de la tierra.<sup>41<\/sup> &nbsp;El ascenso de los traficantes a las clases terratenientes les permitir\u00eda eventualmente una integraci\u00f3n mayor a la \u00e9lite, pues se convirtieron en un elemento \u00fatil para la clase pol\u00edtica en su lucha contra la guerrilla.<sup>42&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se trataba de una lucha pol\u00edtica. Como terratenientes, los traficantes mismos se hicieron vulnerables a los mismos ataques guerrilleros que amenazaban a las \u00e9lites tradicionales. Pronto se unieron con las \u00e9lites locales para fundar lo que se llam\u00f3 cuerpos de \u201cautodefensa\u201d, que presuntamente se crearon para combatir la insurgencia, pero que pronto fueron contra los \u201cindeseables\u201d sociales, sindicalistas y otros grupos que se percib\u00edan como amenaza a los intereses de la \u00e9lite. Estos grupos fueron los precursores del ej\u00e9rcito paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">Una nueva pol\u00edtica<\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras los narcotraficantes consolidaban sus ganancias, en la d\u00e9cada de 1980 ocurr\u00eda un cambio en las l\u00edneas de la \u00e9lite pol\u00edtica. El acuerdo de distribuci\u00f3n del poder que hab\u00eda funcionado a lo largo de tres d\u00e9cadas entre liberales y conservadores lleg\u00f3 a su fin en 1986, cuando los conservadores se negaron a unirse al gobierno liberal del presidente Virgilio Barco. Colombia daba un paso a una mayor descentralizaci\u00f3n. Una reforma en 1986 llev\u00f3 a que los alcaldes fueran elegidos directamente y no nombrados por los gobernadores. La nueva constituci\u00f3n de 1991 dio mayor autonom\u00eda y control de los recursos a los gobiernos locales, y estableci\u00f3 la elecci\u00f3n popular de gobernadores. Todo esto dio mayor poder a las \u00e9lites de las periferias de Colombia, que hab\u00edan mantenido el poder por largo tiempo en sus \u00e1mbitos locales, pero retiradas del centro de poder nacional en Bogot\u00e1. Fue un cambio profundo. Como anota Francisco Leal, \u201cLas \u00e9lites regionales subieron al escenario nacional en detrimento de los \u2018jefes naturales\u2019. Por tal raz\u00f3n, las llamadas \u00e9lites pol\u00edticas tradicionales son cosa del pasado\u201d.<sup>43<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La bonanza de la droga dio un impulso a estas \u00e9lites regionales desde la periferia de Colombia al centro del poder en Bogot\u00e1 y Medell\u00edn. La repentina entrada de dinero en la periferia cambi\u00f3 en forma dram\u00e1tica las estructuras de poder existentes y la distribuci\u00f3n de la riqueza. Las \u00e9lites existentes \u2014terratenientes, industrialistas y operadores del poder pol\u00edtico\u2014 se vieron puestas a un lado por figuras en ascenso, muchas veces provenientes de grupos sociales inferiores, que aprovechaban el dinero y el poder que les daba el crimen organizado para convertirse en una nueva \u00e9lite.<sup>44<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el crimen organizado tambi\u00e9n plante\u00f3 una oportunidad para las \u00e9lites. Pod\u00edan quedarse atr\u00e1s en el nuevo mundo creado por el narcodinero o pod\u00edan compartir su suerte con las nuevas narco\u00e9lites y tener un avent\u00f3 al poder nacional como senadores, gobernadores o l\u00edderes de partidos. \u201cCuando la clase pol\u00edtica regional obtiene financiaci\u00f3n de una fuente de capital inagotable y cuando recibe el soporte armado de ej\u00e9rcitos privados que regulan una parte significativa del orden social adquieren una influencia pol\u00edtica in\u00e9dita en el propio centro del pa\u00eds\u201d, afirma Gustavo Duncan.<sup>45<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero, aunque los traficantes hab\u00edan logrado poder econ\u00f3mico instant\u00e1neo y mayor poder pol\u00edtico en la periferia, ten\u00edan que luchar por la aceptaci\u00f3n social en el centro. Las clases altas de Medell\u00edn bloquearon la solicitud de ingreso de Escobar al club social m\u00e1s importante de la ciudad. Sus intentos por entrar a la \u00e9lite pol\u00edtica tambi\u00e9n se fueron a pique cuando fue expulsado del Partido Liberal y despojado de su curul en el congreso a comienzos de la d\u00e9cada de 1980. Rechazado por el sistema, Escobar se tom\u00f3 a pecho la disputa. Se present\u00f3 como una figura populista, perseguido por la \u00e9lite pol\u00edtica a causa de sus or\u00edgenes humildes y sus esfuerzos por ayudar a los pobres. Y mezcl\u00f3 un fervor nacionalista \u2014en especial en lo concerniente a la soberan\u00eda y la cuesti\u00f3n de la extradici\u00f3n\u2014 para atizar el sentimiento antisistema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s, Escobar recurri\u00f3 a la violencia. En 1984, sus sicarios asesinaron al entonces ministro de Justicia Rodrigo Lara. Para finales de esa d\u00e9cada hab\u00edan liquidado a docenas de jueces y polic\u00edas. Tambi\u00e9n secuestraron \u00e9lites y detonaron bombas en sitios p\u00fablicos donde se reun\u00edan los ricos y sus familias. La violencia culmin\u00f3 en las elecciones presidenciales de 1989, cuando los sicarios de Escobar mataron al candidato por el Partido Liberal, Luis Carlos Gal\u00e1n. Luego hicieron explotar una bomba en un vuelo comercial en un intento por eliminar a su reemplazo, y acabando con todos los pasajeros y tripulantes a bordo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una carta p\u00fablica enviada en 1989, Escobar y un grupo de otros capos del narcotr\u00e1fico describieron acertadamente su campa\u00f1a como una \u201cguerra total y absoluta al Gobierno colombiano, a la oligarqu\u00eda industrial y pol\u00edtica, a los periodistas que nos han atacado y ultrajado, a los jueces que se han vendido al Gobierno, a los magistrados extraditadores, a los presidentes de los gremios, a todos aquellos que nos han perseguido y atacado\u201d).<sup>46&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Cartel de Medell\u00edn tambi\u00e9n hab\u00eda penetrado el Estado colombiano, con aliados de alto rango en los organismos de seguridad y de justicia que los libraron de procesos judiciales. El Cartel de Medell\u00edn ofreci\u00f3 a los altos funcionarios la opci\u00f3n de \u201cplata o plomo\u201d \u2014recibir dinero del cartel o una bala\u2014. Con su campa\u00f1a de chantaje, intimidaci\u00f3n y t\u00e1cticas terroristas, Escobar dobleg\u00f3 eventualmente al Estado colombiano a su voluntad, oblig\u00e1ndolo a prohibir la extradici\u00f3n de ciudadanos en la asamblea constitucional de 1991.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El negocio de la droga fue penetrando la pol\u00edtica en todos los niveles. Incluso las \u00e9lites pol\u00edticas nacionales establecidas en Bogot\u00e1 deb\u00edan v\u00e9rselas con el inmenso poder del dinero de la droga. El pa\u00eds se vio obligado a reconocer este hecho, y los costos de la coexistencia con los poderosos carteles, cuando se revel\u00f3, poco despu\u00e9s de asumir el poder en 1994, que el presidente Ernesto Samper hab\u00eda recibido importantes donaciones del Cartel de Cali para su campa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el negocio de la droga tambi\u00e9n tuvo sus perdedores, entre ellos las \u00e9lites pol\u00edticas y econ\u00f3micas. Si bien los traficantes se enriquecieron, la econom\u00eda sufri\u00f3. Para la d\u00e9cada de 1990, Colombia hab\u00eda entrado en una crisis social, pol\u00edtica y econ\u00f3mica causada en gran parte por el negocio de la droga. El PIB fue menor en los a\u00f1os de 1980 y 1990 que durante los anteriores 30 a\u00f1os, gracias a la fuga de capitales, los mayores costos de transacciones y el gasto en seguridad a costa de otros proyectos.<sup>47&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s a\u00fan, gracias a Escobar, la violencia hab\u00eda adquirido un nuevo significado para las \u00e9lites. Si las \u00e9lites urbanas de Colombia hab\u00edan sido ajenas a las matanzas rurales de La Violencia, los actos de terror en masa perpetrados por los traficantes a finales de las d\u00e9cadas de 1980 y comienzos de la de 1990 llevaron la violencia a su propia puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eventualmente, el enfrentamiento de Escobar con el Estado y con las \u00e9lites tendr\u00eda un costo para \u00e9l. Aun cuando logr\u00f3 negociar su entrega y su estad\u00eda en una c\u00e1rcel construida a su gusto en 1991, su poder menguaba. Sus aliados criminales \u2014sintiendo un cambio en los vientos pol\u00edticos y sinti\u00e9ndose traicionados y en alerta por la interminable guerra de Escobar\u2014 se aliaron con el gobierno y poco a poco destruyeron su imperio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el centro de la lucha contra Escobar hab\u00eda una alianza de intereses criminales, que se conoci\u00f3 con el mote de Perseguidos por Pablo Escobar (Pepes), y la polic\u00eda. Hacia finales de 1993, mientras Escobar luchaba por mantenerse vivo, ya se hab\u00edan sembrado las semillas para la siguiente fase de la evoluci\u00f3n del crimen en Colombia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">Las AUC y el ascenso de las \u00e9lites de la periferia<\/span><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"954\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=1024%2C954&#038;quality=100&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-243990\" style=\"width:700px;height:652px\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=1024%2C954&amp;quality=100&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=300%2C280&amp;quality=100&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=768%2C716&amp;quality=100&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=1536%2C1431&amp;quality=100&amp;ssl=1 1536w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=1200%2C1118&amp;quality=100&amp;ssl=1 1200w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=1568%2C1461&amp;quality=100&amp;ssl=1 1568w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=400%2C373&amp;quality=100&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?resize=706%2C658&amp;quality=100&amp;ssl=1 706w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente.jpg?w=1980&amp;quality=100&amp;ssl=1 1980w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Diagrama3_Colombia_Elite_1990_presente-1024x954.jpg?w=370&amp;quality=100&amp;ssl=1 370w\" sizes=\"auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como se relat\u00f3 en uno de nuestros estudios de caso, los organismos de seguridad \u2014con ayuda de los Pepes\u2014 abatieron a Escobar en 1993. Luego fueron contra el Cartel de Cali y capturaron a sus capos en 1995, allanando el camino para una nueva generaci\u00f3n de delincuentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rivales internos tomaron la iniciativa para apoderarse de los imperios de la droga de los capos: el Cartel del Norte del Valle surgi\u00f3 de los restos del Cartel de Cali, mientras que Diego Fernando Murillo, alias \u201cDon Berna\u201d, antiguo socio de Escobar, quien ayud\u00f3 a fundar y dirigir los Pepes, asumi\u00f3 el poder en Medell\u00edn. Carteles menores, o \u201ccartelitos\u201d, brotaron por todo el pa\u00eds.<sup>48<\/sup> &nbsp;Carec\u00edan de la estructura jer\u00e1rquica y el liderazgo centralizado de los antiguos carteles hegem\u00f3nicos. Controlaban una parte m\u00e1s peque\u00f1a de la cadena de suministros de la droga, y trabajaban de forma confederada con otras organizaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entretanto, los grupos paramilitares de derecha asumieron un rol central en el hampa colombiano, al reunirse bajo la bandera de las reci\u00e9n formadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en 1997. Las AUC eran un subproducto de los grupos de \u201cautodefensa\u201d de la d\u00e9cada de 1980, formados por narcotraficantes, terratenientes y sus aliados militares, pero tambi\u00e9n fue una invenci\u00f3n de quienes hab\u00edan formado los Pepes. Al parecer fue una red laxa de organizaciones de \u201cautodefensa\u201d creadas para combatir las guerrillas de izquierda \u2014pero actuando como ej\u00e9rcito delegado por el gobierno\u2014. En muchos casos, expulsaron a los insurgentes de \u00e1reas controladas tradicionalmente por la guerrilla. Pero tambi\u00e9n fijaron impuestos y participaron en el negocio del narcotr\u00e1fico, y saquearon el erario p\u00fablico con esquemas de corrupci\u00f3n, robaron camiones, extorsionaron empresas y secuestraron a locales pidiendo rescates, entre muchas otras actividades criminales. En todo eso, camuflaron sus actividades bajo el estandarte del anticomunismo y la contrainsurgencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pronto las AUC impusieron su orden tambi\u00e9n en el mundo del hampa. La segunda generaci\u00f3n de grupos traficantes casi siempre trabaj\u00f3 por medio de los paramilitares.<sup>49<\/sup> &nbsp;Lo que qued\u00f3 de los carteles de Cali y Medell\u00edn trabajaron estrechamente con las AUC. Don Berna se convirti\u00f3 en figura clave en las AUC, liderando sus actividades en el narcotr\u00e1fico, y eventualmente convirti\u00f3 su escuadr\u00f3n de sicarios en un bloque de combate paramilitar, como analiza uno de nuestros cuatro estudios de caso. Con el tiempo, Don Berna lleg\u00f3 a ser comandante de las AUC. El Cartel del Norte del Valle tambi\u00e9n manten\u00eda estrechos v\u00ednculos con las AUC, pues depend\u00eda de ellas para proteger sus corredores de droga, laboratorios y miembros.<sup>50<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cooperaci\u00f3n entre los traficantes y la \u00e9lite colombiana lleg\u00f3 a un nivel sin precedentes en la segunda generaci\u00f3n de grupos criminales. Las AUC surgieron de una alianza entre narcotraficantes, organismos de seguridad y \u00e9lites sociales y pol\u00edticas locales que buscaban protecci\u00f3n de la guerrilla. Algunos de sus comandantes, como Rodrigo Tovar \u2014objeto de uno de nuestros cuatro estudios de caso\u2014 y Salvatore Mancuso, nacieron en estas \u00e9lites y ten\u00edan contactos pol\u00edticos locales y de alto rango que conoc\u00edan desde su infancia. Los paramilitares tambi\u00e9n trabajaron hombro a hombro con elementos militares, compartiendo inteligencia y realizando operaciones conjuntas contra la guerrilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el tiempo, la misi\u00f3n antisubversiva de las AUC se fundi\u00f3 con el poder pol\u00edtico emergente de las \u00e9lites de la periferia. La cara de estas \u00e9lites era \u00c1lvaro Uribe. Uribe no ten\u00eda uno de los apellidos que compartieron tantos presidentes colombianos. La \u00e9lite pol\u00edtica es muy insular, dominada por un peque\u00f1o n\u00famero de familias poderosas. Uribe ven\u00eda de afuera, del grupo dominante, y las familias de abolengo tuvieron que unir fuerzas con \u00e9l para mantener sus posiciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uribe hab\u00eda nacido en una pr\u00f3spera familia ganadera de Antioquia, el departamento donde est\u00e1 situado Medell\u00edn. Orador carism\u00e1tico e ide\u00f3logo decidido, fungi\u00f3 como alcalde de Medell\u00edn, gobernador de Antioquia y senador del Partido Liberal antes de lanzarse a la presidencia en 2002 como candidato con pocas probabilidades. Se catapult\u00f3 a la delantera de la carrera presidencial con el respaldo de un p\u00fablico conmocionado y desilusionado por la violencia, el secuestro y el rompimiento de las negociaciones de paz con los guerrilleros de las FARC.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como se se\u00f1al\u00f3 anteriormente, el negocio de la droga tambi\u00e9n hab\u00eda alterado las insurgencias, que hab\u00edan experimentado un crecimiento sin precedentes en los a\u00f1os anteriores. Una serie de espectaculares asaltos contra el ej\u00e9rcito dejaron un saldo de docenas de soldados cautivos por los insurgentes de las FARC. El ELN dinamitaba regularmente uno de los oleoductos m\u00e1s importantes del pa\u00eds, y ambos grupos instalaban retenes en las principales carreteras para secuestrar a civiles indefensos. Esta se hab\u00eda convertido en la guerra de las \u00e9lites urbanas, as\u00ed como de sus contrapartes en la periferia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El presidente Andr\u00e9s Pastrana busc\u00f3 la paz con las FARC, cediendo un \u00e1rea de 16.200 hect\u00e1reas para negociar con la guerrilla a finales de la d\u00e9cada de 1990. Las FARC, sin embargo, usaron la zona para concentrar su poder\u00edo militar y lanzar ataques al gobierno. Pastrana eventualmente suspendi\u00f3 los di\u00e1logos. Desilusionada, la \u00e9lite colombiana, golpeada por la guerra, estaba preparada para hacer lo que fuera preciso para ganar la guerra, incluso elegir un miembro de la \u00e9lite perif\u00e9rica como Uribe a la presidencia en 2002. Uribe impuso un \u201cimpuesto de guerra\u201d, que tuvo amplia aceptaci\u00f3n entre las \u00e9lites econ\u00f3micas. La ola comenz\u00f3 a volverse en la guerra, y el gobierno gan\u00f3 terreno contra los insurgentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, el ascenso de Uribe al poder tambi\u00e9n reflej\u00f3 fuerzas m\u00e1s sombr\u00edas: el poder de la nueva narco\u00e9lite y de los paramilitares, que apoyaron su campa\u00f1a presidencial. Su padre hab\u00eda amasado su fortuna con conexiones con los traficantes de Medell\u00edn, y muchas veces se ha acusado a Uribe de tratos con estos sospechosos grupos. Con el ascenso de Uribe, \u201clos proscritos\u201d se convirtieron en \u201cel sistema\u201d.<sup>51&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">Parapol\u00edtica<\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las AUC se embarcaron en un proyecto de establecimiento de alianzas con pol\u00edticos en todos los niveles. Usaron t\u00e1cticas de intimidaci\u00f3n para garantizar que sus candidatos protegidos llegaran a los cargos p\u00fablicos, y a cambio obten\u00edan acceso a protecci\u00f3n, dineros p\u00fablicos y a las palancas del poder, no solo en los \u00e1mbitos local y regional, sino llegando a los escalones superiores de la pol\u00edtica nacional. Las investigaciones sobre esos nexos constituyen una indicaci\u00f3n del nivel de la infiltraci\u00f3n de las AUC en la pol\u00edtica, lo que se conoce en Colombia como \u201cparapol\u00edtica\u201d. En un punto en 2008, una tercera parte del Senado ten\u00eda investigaciones en curso por v\u00ednculos con paramilitares. En 2014, 61 congresistas hab\u00edan sido condenados por dichos v\u00ednculos y m\u00e1s de 60 tambi\u00e9n ten\u00edan indagatorias en su contra; muchos de ellos aliados del presidente Uribe.<sup>52<\/sup> &nbsp;En todo el pa\u00eds, se ha investigado a m\u00e1s de 11.000 personas, incluyendo m\u00e1s de 900 pol\u00edticos, 800 miembros del ej\u00e9rcito y otros 300 funcionarios.<sup>53&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, las AUC se estaban convirtiendo en una carga que atra\u00eda la atenci\u00f3n del aliado m\u00e1s importante de las \u00e9lites, Estados Unidos, debido a sus actividades en el narcotr\u00e1fico. Uribe supervis\u00f3 las negociaciones con los l\u00edderes de las AUC, y de un eventual acuerdo de paz resultaron m\u00e1s de 30.000 desmovilizados. Los cabecillas acordaron entregarse para recibir sentencias cortas. Pero las revelaciones sobre el alcance de la participaci\u00f3n de los paramilitares en la pol\u00edtica con el esc\u00e1ndalo de la parapol\u00edtica mostraron que era oportuno para las \u00e9lites sacar del pa\u00eds a los cabecillas de las AUC, donde podr\u00edan hacer revelaciones poco favorecedoras. En un movimiento sorpresa, Uribe extradit\u00f3 a 14 de los cabecillas de las AUC a Estados Unidos en mayo de 2008.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los comandantes paramilitares consideraron esto una traici\u00f3n de las \u00e9lites. La necesidad que ten\u00edan las \u00e9lites para mantener una alianza se hab\u00eda terminado y los paramilitares se hab\u00edan convertido en una amenaza para su poder, su reputaci\u00f3n y sus relaciones con Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLas \u00e9lites pueden aliarse con criminales, cuando se perciban amenazadas por grupos contrahegem\u00f3nicos\u201d, sostiene Alfredo Schulte-Bockholt. \u201cLa capacidad de los grupos mafiosos de integrarse a las estructuras de poder existentes depende de las \u00e9lites para tal alianza. Si ya no se requieren sus servicios, o si se perciben como amenaza, las \u00e9lites pueden volverse contra la delincuencia, y lo har\u00e1n, usando el poder del Estado\u201d.<sup>54<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><span style=\"font-family: 'arial black', 'avant garde';\">BACRIM y las guerrillas<\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las extradiciones despejaron el escenario para una tercera generaci\u00f3n de narcotraficantes y organizaciones criminales. De las cenizas del Cartel del Norte del Valle surgieron dos grupos llamados Los Rastrojos y Los Machos, mientras que lo que se conoce como la Oficina de Envigado se tom\u00f3 Medell\u00edn. Varios grupos surgieron de las AUC, dirigidos con frecuencia por mandos medios y manteniendo las estructuras financieras de los paramilitares \u2014estos incluyeron a Los Urabe\u00f1os, el Ej\u00e9rcito Revolucionario Popular Antisubversivo (ERPAC), Los Paisas y las \u00c1guilas Negras. El gobierno las llama en forma colectiva \u201cbandas criminales\u201d o por su acr\u00f3nimo \u201cBacrim\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estos grupos criminales de tercera generaci\u00f3n est\u00e1n m\u00e1s descentralizados que sus antecesores. Algunos consisten en redes de grupos criminales semiindependientes que operan siguiendo un modelo de franquicia \u2014estos nodos funcionan bajo el mismo nombre, pero no est\u00e1n controlados directamente por los cabecillas del grupo\u2014. Adem\u00e1s de transportar estupefacientes ellos mismos, las Bacrim ofrecen servicios de protecci\u00f3n a otros traficantes, usando su control territorial sobre corredores claves para el transporte de droga y puntos de salida para garantizar la seguridad de los cargamentos.<sup>55<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las Bacrim tienen un papel a\u00fan m\u00e1s peque\u00f1o en la cadena de suministro de la droga que los grupos de la segunda generaci\u00f3n, pues los carteles mexicanos extienden su influencia cada vez m\u00e1s en Suram\u00e9rica, comprando la coca\u00edna procesada directamente a los productores. Como resultado de ello, el narcotr\u00e1fico internacional es una parte menos importante de las operaciones de las Bacrim, pues representa tan solo la mitad de sus ingresos. Las empresas dom\u00e9sticas, como las ventas de droga, la extorsi\u00f3n y las operaciones de miner\u00eda ilegal representan el resto.<sup>56<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mediante un proceso de batallas y alianzas, el grupo conocido como Los Urabe\u00f1os ha surgido como el m\u00e1s poderoso de la tercera generaci\u00f3n de grupos traficantes, y puede ser actualmente la \u00fanica Bacrim que queda con presencia nacional y la capacidad de despachar cargamentos de droga de varias toneladas al exterior. Incluso la poderosa Oficina de Envigado se ha unido al redil, mediante un acuerdo de 2013 en el que los dos grupos acordaron la coexistencia pac\u00edfica en Medell\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los grupos de la nueva generaci\u00f3n tienen lazos m\u00e1s d\u00e9biles con la \u00e9lite que sus predecesores. Las Bacrim no tienen un proyecto pol\u00edtico dominante que se asemeje al de las AUC, y sus comandantes tienen menos nexos con las \u00e9lites sociales y econ\u00f3micas. Sin embargo, como sucede con cualquier grupo dedicado al tr\u00e1fico, sigue siendo importante para las Bacrim corromper a funcionarios de los organismos de seguridad y de justicia y de la pol\u00edtica local, con el fin de tener acceso a inteligencia, blanquear sus ganancias y operar sin ser molestados. Hay evidencia de que las Bacrim respaldaron candidatos en las elecciones al Congreso en 2014, pero esto se dio de manera provisional, regi\u00f3n por regi\u00f3n, y no como esfuerzo coordinado para todo el pa\u00eds.<sup>57<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un ejemplo importante de c\u00f3mo pueden mantenerse intactos los fuertes nexos entre las \u00e9lites pol\u00edticas y el crimen organizado en la tercera generaci\u00f3n de grupos criminales lo ofrece uno de nuestros cuatro estudios de caso sobre Colombia. Un exgobernador del departamento de La Guajira, Juan Francisco \u201cKiko\u201d G\u00f3mez, es acusado de haber trabajado por m\u00e1s de tres d\u00e9cadas con generaciones de grupos criminales \u2014contrabandistas, AUC y posteriormente con un grupo local ligado a Los Urabe\u00f1os\u2014 y se benefici\u00f3 de sus actividades ilegales, usando su influencia para ganar las elecciones y emple\u00e1ndolos para erradicar a sus enemigos. Aunque G\u00f3mez se encuentra en la c\u00e1rcel, sus aliados a\u00fan detentan el poder pol\u00edtico en la regi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las Bacrim que se derivaron de las AUC han abandonado en gran medida la ideolog\u00eda derechista de sus predecesores paramilitares. Aun cuando en algunas partes del pa\u00eds las Bacrim han estado vinculadas a ataques a grupos de izquierda, como sindicalistas y activistas por la restituci\u00f3n de tierras, esto se debe a que las Bacrim son contratadas para ese trabajo por terratenientes o empresas, m\u00e1s que porque tengan intereses pol\u00edticos propios.<sup>58<\/sup>&nbsp;No hay duda de que las Bacrim muchas veces tienen tratos con las mismas guerrillas izquierdistas que las AUC se propusieron destruir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La guerrilla de las FARC ha mantenido un rol de peso en el negocio de la droga con el ir y venir de generaciones de organizaciones narcotraficantes, aunque siempre se han abstenido de asumir el rol de la mayor organizaci\u00f3n narcotraficante del pa\u00eds. La guerrilla admite que cobra vacunas a los productores de coca, los compradores, los laboratorios y a los vuelos con droga, lo que indica que derivan ganancias m\u00ednimas de US$200 millones al a\u00f1o de la actividad.<sup>59<\/sup>&nbsp;Las Bacrim dependen de la coca que los insurgentes controlan, lo que obliga a los dos grupos, en extremos opuestos del espectro pol\u00edtico, a una coexistencia intranquila.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las FARC y otros grupos insurgentes siempre han trabajado para infiltrar la pol\u00edtica, ejerciendo influencia en las elecciones locales con dinero e intimidaci\u00f3n, y no hay duda de que asumen el rol del Estado en algunas regiones, pero carecen de la capacidad para penetrar la pol\u00edtica de alto nivel que tienen los grupos de derecha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>*Jeremy McDermott contribuy\u00f3 a la investigaci\u00f3n de esta secci\u00f3n. Mapa por Jorge Galindo Mej\u00eda. Gr\u00e1ficas por Andrew J Higgens.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-notas-al-pie-nbsp\">Notas al pie&nbsp;<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[1]&nbsp;Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, \u201cInforme sobre Desarrollo Humano Colombia 2011. Colombia rural: Razones para la esperanza,\u201d 2011. Disponible en: <a href=\"https:\/\/www.undp.org\/content\/dam\/colombia\/docs\/DesarrolloHumano\/undp-co-ic_indh2011-parte1-2011.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.undp.org\/content\/dam\/colombia\/docs\/DesarrolloHumano\/undp-co-ic_indh2011-parte1-2011.pdf<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[2] E.&nbsp;Thoumi, Francisco &nbsp;\u201cIllegal Drugs, Economy, and Society in the Andes\u201d (Washington, DC, 2003), p. 278.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[3] Hylton, Forrest&nbsp;\u201cAn Evil Hour in Colombia,\u201d New Left Review, vol. 23 (Septiembre-Octubre 2003), p. 57.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[4] Ibid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[5] Bushnell, David \u201cThe Making of Modern Colombia: A Nation in Spite of Itself\u201d (Berkeley, 1993), p. 284.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[6] Martz, John \u201cThe Politics of Clientelism: Democracy and the State in Colombia\u201d (London, 1997), p. 49.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[7] W. Lee III, Rensselaer&nbsp;y E. Thoumi, Francisco&nbsp;\u201cThe Political-Criminal Nexus in Colombia,\u201d Trends in Organized Crime, vol. 5, no. 2 (1999).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[8] Osterling, Jorge Pablo \u201cDemocracy in Colombia: Clientelistic Politics and Guerrilla Warfare\u201d (New Jersey, 1988), pp. 35-36.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[9] Richani, Nazih&nbsp;\u201cCaudillos and the crisis of the Colombian state: fragmented sovereignty, the war system and the privatisation of counterinsurgency in Colombia,\u201d Third World Quarterly, vol. 28, no. 2 (2007), p. 406.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[10] Bushnell, David \u201cThe Making of Modern Colombia: A Nation in Spite of Itself\u201d (Berkeley, 1993), p. 94.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[11] Hylton, Forrest&nbsp;\u201cAn Evil Hour in Colombia,\u201d New Left Review, vol. 23 (Septiembre-Octubre 2003), p. 56.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[12] Bergquist, Charles W. \u201cCoffee and Conflict in Colombia\u201d, 1886-1910 (Durham, NC, 1978), p. 6; Schulte-Bockholt, Alfredo \u201cThe Politics of Organized Crime and the Organized Crime of Politics: A Study in Criminal Power\u201d (Lanham, 2006), p. 101.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[13] Hylton, Forrest \u201cEvil Hour in Colombia\u201d (New York, 2006), p. 12.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[14] Bushnell, David \u201cThe Making of Modern Colombia: A Nation in Spite of Itself\u201d (Berkeley, 1993), p. 197-198.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[15] Bethell,&nbsp;Leslie&nbsp;(ed.), \u201cThe Cambridge History of Latin America\u201d (Cambridge, 1991), p. 617.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[16] S\u00e1nchez, Gonz\u00e1lo&nbsp;y Meertens, Donny \u201cBandits, Peasants, and Politics: The Case of \u2018La Violencia\u2019 in Colombia\u201d (Austin, 2001).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[17] E. Thoumi, Francisco&nbsp;et al., \u201cThe Impact of Organized Crime on Democratic Governance in Latin America,\u201d FriEnt, Julio 2010, p. 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[18] Bushnell, David \u201cThe Making of Modern Colombia: A Nation in Spite of Itself\u201d (Berkeley, 1993), p. 206.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[19] Bethell, Leslie&nbsp;(ed.), \u201cThe Cambridge History of Latin America\u201d (Cambridge, 1991), p. 610.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[20] Braun, Herbert \u201cThe Assassination of Gait\u00e1n: Public Life and Urban Violence in Colombia\u201d (Madison, WI, 1985), p. 201.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[21] Hylton, Forrest&nbsp;\u201cAn Evil Hour in Colombia,\u201d New Left Review, vol. 23 (Septiembre-Octubre 2003), p. 66.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[22] W. Lee III,&nbsp;Rensselaer&nbsp;y E. Thoumi,&nbsp;Francisco&nbsp;\u201cThe Political-Criminal Nexus in Colombia,\u201d Trends in Organized Crime, vol. 5, no. 2 (1999),&nbsp;p. 61.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[23] Aviles, William \u201cGlobal Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in Colombia\u201d (Albany, NY, 2006), p. 32-33.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[24] Bethell, Leslie&nbsp;(ed.), \u201cThe Cambridge History of Latin America\u201d (Cambridge, 1991), p. 620.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[25] Bushnell, David&nbsp;\u201cThe Making of Modern Colombia: A Nation in Spite of Itself\u201d (Berkeley, 1993), p. 207-208.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[26] Villar, Oliver&nbsp;y Cottle, Drew&nbsp;\u201cCocaine, Death Squads, and the War on Terror: U.S. Imperialism and Class Struggle in Colombia\u201d (New York, 2011), p. 25.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[27] Hylton, Forrest&nbsp;\u201cAn Evil Hour in Colombia,\u201d New Left Review, vol. 23 (Septiembre-Octubre 2003), p. 68.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[28] Ibid., p. 69.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[29] W. Lee III,&nbsp;Rensselaer&nbsp;y E. Thoumi,&nbsp;Francisco&nbsp;\u201cThe Political-Criminal Nexus in Colombia,\u201d Trends in Organized Crime, vol. 5, no. 2 (1999), p. 63.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[30] Hylton, Forrest&nbsp;\u201cAn Evil Hour in Colombia,\u201d New Left Review, vol. 23 (Septiembre-Octubre 2003), p. 72.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[31] S\u00e1nchez, Gonz\u00e1lo&nbsp;y Meertens, Donny&nbsp;\u201cBandits, Peasants, and Politics: The Case of \u2018La Violencia\u2019 in Colombia\u201d (Austin, 2001).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[32] W. Lee III, Rensselaer&nbsp;y E. Thoumi, Francisco&nbsp;\u201cThe Political-Criminal Nexus in Colombia,\u201d Trends in Organized Crime, vol. 5, no. 2 (1999), p. 62.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[33] McDermott, Jeremy&nbsp;\u201c20 a\u00f1os despu\u00e9s de Pablo: La evoluci\u00f3n del comercio de drogas en Colombia\u201d InSight Crime, 3 de diciembre 2013. Disponible en <a href=\"https:\/\/es.insightcrime.org\/noticias\/analisis\/20-anos-despues-de-pablo-la-evolucion-del-comercio-de-drogas-de-colombia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\/noticias\/analisis\/20-anos-despues-de-pablo-la-evolucion-del-comercio-de-drogas-de-colombia<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[34] Rensselaer W. Lee III y Francisco E. Thoumi, \u201cThe Political-Criminal Nexus in Colombia,\u201d Trends in Organized Crime, vol. 5, no. 2 (1999), p. 66.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[35] Ibid., p. 64.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[36]&nbsp;En estos d\u00edas, los insurgentes efectivamente \u201cadmiten ganar hasta US$450 por cada kilo de droga que se produce y se mueve a trav\u00e9s de su territorio. Incluso si \u00e9sta fuera su \u00fanica participaci\u00f3n en el tr\u00e1fico de drogas, les dar\u00eda como ganancia un m\u00ednimo de US$50 millones al a\u00f1o, s\u00f3lo del comercio de base de coca en sus \u00e1reas de influencia, y hasta US$90 millones producto del movimiento de coca\u00edna.\u201d. V\u00e9ase: Jeremy McDermott, \u201cLas FARC y el narcotr\u00e1fico: \u00bfGemelos siameses?\u201d InSight Crime, 26 de mayo, 2014. Disponible en: <a href=\"https:\/\/es.insightcrime.org\/investigaciones\/las-farc-y-narcotrafico-gemelos-siameses\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\/investigaciones\/las-farc-y-narcotrafico-gemelos-siameses<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[37] Dudley, Steven \u201cWalking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in Colombia\u201d (New York, 2004), p. 42-43.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[38] Francisco E. Thoumi, Illegal Drugs, Economy, and Society in the Andes, (Washington D.C., 2003), p. 181.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[39] Dudley, Steven \u201cWalking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in Colombia\u201d (New York, 2004), p. 62.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[40] Rensselaer W. Lee III y Francisco E. Thoumi, \u201cThe Political-Criminal Nexus in Colombia,\u201d Trends in Organized Crime, vol. 5, no. 2 (1999), p. 62.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[41] Duncan,&nbsp;Gustavo&nbsp;\u201cDel Campo a la Ciudad en Colombia. La Infiltracion Urbana de los Se\u00f1ores de la Guerra,\u201d Universidad de los Andes, 2005, p. 70.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[42] Schulte-Bockholt, Alfredo \u201cThe Politics of Organized Crime and the Organized Crime of Politics: A Study in Criminal Power\u201d (Lanham, 2006), p. 166.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[43] Leal Buitrago, Francisco&nbsp;\u201cSiete tesis sobre el relevo de las elites politicas,\u201d Colombia Internacional, vol. 66 (Julio-Diciembre 2007).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[44] Duncan, Gustavo&nbsp;\u201cNarcotrafico, Elites y Poder,\u201d 2014 (sin publicar).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[45] Ibid.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[46] El Pais, \u201cLucha a muerte entre la \u2018mafia\u2019, y la sociedad colombiana,\u201d 25 Agosto 1989. Disponible en: <a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/1989\/08\/25\/internacional\/619999205_850215.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/elpais.com\/diario\/1989\/08\/25\/internacional\/619999205_850215.html<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[47] &nbsp;E. Thoumi, Francisco \u201cIllegal Drugs, Economy, and Society in the Andes\u201d (Washington, DC, 2003), p. 191.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[48] Bagley, Bruce&nbsp;\u201cDrug Trafficking and Organized Crime in the Americas: Major Trends in the Twenty-First Century,\u201d Woodrow Wilson International Center for Scholars, Agosto 2012. Disponible en: <a href=\"https:\/\/www.wilsoncenter.org\/sites\/default\/files\/BB%20Final.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.wilsoncenter.org\/sites\/default\/files\/BB%20Final.pdf<\/a>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[49] Ibid<br>\n<a href=\"https:\/\/www.wilsoncenter.org\/sites\/default\/files\/BB%20Final.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[50] Departmento de Justicia, \u201cLeader of Norte Valle Colombian drug cartel extradited to United States,\u201d 20 Julio 2007.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[51] Hylton, Forrest&nbsp;\u201cAn Evil Hour in Colombia,\u201d New Left Review, vol. 23 (Septiembre-Octubre 2003), p. 51.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[52] Semana, \u201cLa parapolitica no ha muerto,\u201d 27 Febrero 2014. Accecido 4 de diciembre 2014 en: <a href=\"https:\/\/www.semana.com\/nacion\/articulo\/informe-parapolitica\/378881-3\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.semana.com\/nacion\/articulo\/informe-parapolitica\/378881-3<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[53] Verdad Abierta, \u201cCinco a\u00f1os de Parapol\u00edtica: \u00bfQu\u00e9 tan lejos est\u00e1 el fin?,\u201d 12 Junio 2012. Accedido 4 December 2014 en: https:\/\/www.verdadabierta.com\/component\/content\/article\/75-das-gate\/4050-especial-cinco-anos-de-parapolitica-ique-tan-lejos-esta-el-fin<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[54] Shulte-Bockholt, Alfredo \u201cThe Politics of Organized Crime and the Organized Crime of Politics: A Study in Criminal Power\u201d (Lanham, 2006), p. 35-36.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[55] McDermott, Jeremy&nbsp;\u201cLa Victoria de Los Urabe\u00f1os: La nueva cara del crimen organizado en Colombia,\u201d InSight Crime, Mayo 2014, p. 10. Disponible en: <a href=\"https:\/\/es.insightcrime.org\/investigaciones\/la-victoria-de-los-urabenos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\/investigaciones\/la-victoria-de-los-urabenos<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[56] Ibid., p. 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[57] Ibid., p. 10<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[58] Ibid., p. 10<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[59] McDermott, Jeremy&nbsp;\u201cLas FARC y el narcotr\u00e1fico: \u00bfGemelos siameses?\u201d InSight Crime, 26 de mayo, 2014. Disponible en: <a href=\"https:\/\/es.insightcrime.org\/investigaciones\/las-farc-y-narcotrafico-gemelos-siameses\/\">\/investigaciones\/las-farc-y-narcotrafico-gemelos-siameses<\/a><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El trabajo presentado en esta investigaci\u00f3n es el resultado de un proyecto financiado por el <a href=\"https:\/\/www.idrc.ca\/EN\/Pages\/default.aspx\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canad\u00e1<\/a>&nbsp;(IDRC, por sus iniciales en ingl\u00e9s). Su contenido no es necesariamente un reflejo de las posiciones del IDRC. Las ideas, pensamientos y opiniones contenidas en este documento son las del autor o autores.<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"291\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/IDRC_logo_blue_full_name.jpg?resize=1024%2C291&#038;quality=100&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-242660\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/IDRC_logo_blue_full_name.jpg?resize=1024%2C291&amp;quality=100&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/IDRC_logo_blue_full_name.jpg?resize=300%2C85&amp;quality=100&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/IDRC_logo_blue_full_name.jpg?resize=768%2C219&amp;quality=100&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/IDRC_logo_blue_full_name.jpg?resize=400%2C114&amp;quality=100&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/IDRC_logo_blue_full_name.jpg?resize=706%2C201&amp;quality=100&amp;ssl=1 706w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/IDRC_logo_blue_full_name.jpg?w=1026&amp;quality=100&amp;ssl=1 1026w, https:\/\/i0.wp.com\/insightcrime.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/IDRC_logo_blue_full_name-1024x291.jpg?w=370&amp;quality=100&amp;ssl=1 370w\" sizes=\"auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/figure>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El poder de la \u00e9lite colombiana se funda en una de las divisiones agrarias m\u00e1s desiguales del mundo. A comienzos del siglo XXI, el uno por ciento de los terratenientes posee m\u00e1s de la mitad de la tierra cultivable del pa\u00eds.<sup>1<\/sup> &nbsp;Bajo el dominio espa\u00f1ol, la agricultura en Colombia se organizaba seg\u00fan un sistema de haciendas, en el que los \u0093campesinos sin tierra\u0094 trabajaban, muchas veces como aparceros o mediante servidumbre por contrato, para los terratenientes. 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