Una reciente y letal operación antipandillas en Río de Janeiro resalta el creciente poder de fuego de las pandillas brasileñas y pone en evidencia el desafío cada vez mayor que enfrentan las autoridades ante la diversificación de las armas de fuego de los grupos criminales.

La policía de Río de Janeiro desplegó un violento operativo de seguridad el 28 de octubre que dejó un estimado de 130 personas muertas, convirtiéndose en la operación más letal contra el crimen organizado en la ciudad hasta la fecha. En ese solo incidente, la policía incautó al menos 90 rifles, casi el doble de los 47 registrados durante todo el mes de septiembre en Río.

Este decomiso se suma a una tendencia más amplia de aumento en las incautaciones de armas, mientras las organizaciones criminales brasileñas expanden sus arsenales de rifles y diversifican sus métodos para obtener armas de fuego. La producción de rifles improvisados, o «armas fantasma», también está en aumento.

Las tendencias en el uso de armas militares por parte de las organizaciones criminales en Brasil son el tema central del reciente artículo académico “Fuego ciego: El auge de las armas de estilo militar en Brasil ante fracasos regulatorios y deficiencias de datos, publicado en la Revista de Economías Ilícitas y Desarrollo (Journal of Illicit Economies and Development), de Bruno Langeani y Natalia Pollachi.

Además del aumento en la producción ilegal y casera de armas de grado militar en el país, los autores reportaron cambios en el modus operandi respecto a la adquisición de armas. A través de un análisis profundo de datos, los autores identificaron fallas en la recolección de información por parte de las autoridades brasileñas competentes y destacaron mejoras relevantes y recientes en las estrategias de seguridad.

InSight Crime conversó con Langeani sobre las rutas de tráfico de armas, los rifles fantasma y las políticas para abordar el problema.

InSight Crime (IC): El sureste de Brasil, que incluye los estados de São Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais y Espíritu Santo, juega un papel central en las rutas de tráfico de armas. ¿Por qué decidieron investigar esta región en particular?

Bruno Langeani (BL): Decidimos enfocarnos en el sureste por dos razones. La primera es metodológica, porque hemos investigado el mercado de armas durante un tiempo y sabemos lo problemático y frágil que es el manejo de los datos, por lo que tuvimos que seleccionar solo una región de Brasil para analizar.

El otro incentivo fue contextual: el sureste de Brasil es la región que registra más decomisos de armas y es la base de las dos organizaciones criminales más grandes del país: el Primer Comando de la Capital (PCC) de São Paulo y el Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro.

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Y aunque las armas de estilo militar no representan la mayoría de las armas incautadas en Brasil, decidimos analizar estos armamentos de mayor poder de fuego porque son cruciales para que los grupos criminales expandan su control. Las bandas utilizan este tipo de armas no solo para cometer crímenes como robos a bancos y ejecuciones, sino también en operaciones para aumentar su territorio.

IC: En el artículo, también analizan los rifles fantasma (es decir, armas caseras o improvisadas), mencionando que empezaron a incautarse con más frecuencia en Brasil alrededor de 2017. ¿Qué explica la llegada de los rifles fantasma al país en ese periodo específico?

BL: 2017 fue un año de expansión generalizada del crimen organizado y de guerras entre pandillas. Brasil vivió grandes rebeliones, disputas territoriales frecuentes y muertes en los conflictos entre grupos criminales. El resultado fue un aumento significativo en la demanda de armas por parte de las pandillas.

Pero en ese momento, los criminales no tenían buenas alternativas locales para conseguir rifles: las bandas tenían que corromper a un funcionario público o recurrir al mercado extranjero, lo que hacía que las armas fueran costosas. Así que comenzaron a buscar alternativas. Las armas caseras tenían la ventaja de ser más baratas, no rastreables y estaban hechas con piezas que son más fáciles de conseguir, especialmente del mercado estadounidense.

Actualmente, creemos que los rifles fantasma están en aumento, ya que el número de incautaciones de armas improvisadas está creciendo en comparación con el número total de rifles incautados. Además, el modus operandi de la producción está cambiando. Las armas solían ser fabricadas en casa con piezas que venían de Estados Unidos. Pero a partir de 2023, comenzaron a aparecer fábricas clandestinas que producen rifles a escala industrial, con máquinas mucho más modernas, como impresoras 3D.

Además de permitir la construcción de un número mucho mayor de rifles en tiempos más cortos, este nuevo método no depende de piezas externas, ya que los criminales producen todo en las fábricas, y las armas son más duraderas y precisas que las producidas en casa.

IC: Mencionas que las autoridades brasileñas se enfocan demasiado en los incidentes relacionados con la posesión y porte de armas, pero no en combatir el tráfico y la producción de armas improvisadas. ¿Cuáles son los aspectos positivos de las políticas actuales y qué debería cambiar para aumentar la efectividad de la respuesta del Estado frente a este problema?

BL: De manera positiva, hemos visto que algunos estados han creado estaciones de policía especializadas en combatir el tráfico de armas. Allí, trabajan con reportes de inteligencia más profundos y pueden identificar las principales fuentes ilícitas de armas.

Esto es importante porque, incluso cuando se observa una región relativamente pequeña como el sureste, las dinámicas del tráfico son muy diferentes de un estado a otro, por lo que no se pueden aplicar los diagnósticos de un estado a otro sin evaluar las condiciones específicas. Las autoridades deberían adaptar las políticas según las dinámicas del tráfico, prestando más atención a fronteras específicas vinculadas a las rutas locales, por ejemplo.

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Pero aún hay aspectos políticos que deben mejorar. Las políticas en Brasil orientadas al tráfico de armas aún están en etapas muy tempranas de desarrollo, por lo que aún no tenemos medidas estructuradas para abordar el problema. Y, a pesar de los avances, la investigación de las dinámicas no existe o está fallando en algunos casos. Cuando se habla del tema, las autoridades generalmente no tienen datos sobre lo que está ingresando al mercado ni sobre el porcentaje de armas fantasma. A menudo ni siquiera saben que existen subfusiles caseros.

Recomendamos el fortalecimiento del centro de seguimiento de la Policía Federal, que se encarga de monitorear las rutas. Además de incautar armas directamente, también apoyan a los estados en incautaciones regionales. Considerando que Brasil incauta alrededor de 100,000 armas al año, creemos que este centro debería ser mucho más grande para manejar el volumen del tráfico.

IC: ¿Cómo podrían las inversiones en la recolección de datos ayudar a resolver el problema y sustentar políticas más eficaces?

BL: Uno de nuestros principales logros con el artículo fue limpiar y organizar los datos que estaban defectuosos debido a la baja calidad y los problemas de registro. Pasamos al menos ocho meses tratando con estos problemas, que serían simples de resolver para las autoridades. La estandarización de los datos y el aumento de la capacitación para los policías responsables de registrar las armas incautadas, junto con una mayor integración entre los oficiales de campo y los encargados de producir los informes de inteligencia, ayudarían a abordar los problemas relacionados con la recolección de datos.

Procedimientos como reportar intentos identificados de borrar el número de serie de las armas, la falta de un número de identificación o que parezca ser un arma casera serían muy fáciles de implementar, pero la policía no parece interesada en hacerlo.

Si la policía tuviera mejores datos, podría detectar y abordar estas dinámicas mucho más rápido, y sería más fácil coordinar intervenciones efectivas.

Imagen principal: Policía militar de Río de Janeiro (PMERJ)

*Esta entrevista ha sido editada para mayor claridad y fluidez.