Camron Scott Galloway, de 21 años, entró a “X Caliber Guns” en Phoenix, Arizona, el 30 de enero de 2008 y llenó los formularios para la compra de seis fusiles AK-47.
Fiable y potente, y una ganga a unos US$500 cada uno, el arma de fabricación rumana, una versión semiautomática del icónico fusil de asalto Kalashnikov, se volvió popular entre los carteles de la droga en México.
*El proyecto es parte de una investigación de FRONTLINE, el Investigative Reporting Workshop, el Center for Public Integrity, InSight Crime y el Romanian Centre for Investigative Journalism. Vea la serie completa aquí. Este artículo se ha publicado con permiso del Center for Public Integrity.
Galloway, quien finalmente se declaró culpable por cargos de portación de armas y se convirtió en un testigo cooperante de la fiscalía en un caso más amplio, testificó que aceptó actuar como comprador de los AK rumanos en nombre del hermano de un compañero de trabajo, quien estaba traficando armas al sur de la frontera. Sólo por llenar el papeleo, ganó US$100 por rifle.
Cuatro meses más tarde, una de las mismas armas por las cuales Galloway había firmado apareció en un refugio usado por la Organización de los Beltrán Leyva en el noroeste de México. El descubrimiento fue seguido por un mortífero tiroteo, entre agentes federales y narcotraficantes en Culiacán, la capital del estado de Sinaloa. Ocho agentes de la policía fueron asesinados.
En la desalentadora contabilidad de muertes y violencia a causa de la guerra de las drogas en México, este episodio podría descartarse como un pie de página. Después de todo, casi 35.000 personas han muerto a causa de la violencia, en los cuatro años desde que el Presidente Felipe Calderón inició el despliegue de tropas y policías federales en todo México para intensificar la lucha contra los carteles.
Lea la historia completa en el Center for Public Integrity…
*Schmitt es un periodista independiente. Young es un productor de FRONTLINE/Investigative Reporting Workshop.
