El juicio contra Emanuele Gregorini, alias “Dollarino”, en Italia ofrece una oportunidad clave para entender cómo opera un esquema de intermediación que conecta el crimen organizado de Europa con América Latina.

Dollarino es señalado por las autoridades italianas por trabajar para el Sistema Mafioso Lombardo, una alianza que agrupa a las principales mafias italianas: la ‘Ndrangheta, la Cosa Nostra y la Camorra. Dentro de esta unión, Dollarino se habría encargado de establecer relaciones con actores criminales vinculados al tráfico de drogas en América Latina.

Tras su captura en Colombia en marzo de 2025, las autoridades lo extraditaron a Italia el 9 de marzo de 2026. Su juicio, en el marco del llamado caso “Hidra”, comenzará el 16 de abril, donde enfrentará cargos por asociación criminal, extorsión y delitos relacionados con armas.

La investigación, iniciada en 2023, apunta a demostrar la existencia y el alcance de la alianza criminal del Sistema Mafioso Lombardo que ya ha derivado en la condena de 62 miembros y la remisión a juicio de 45. 

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Según las autoridades colombianas, Dollarino habría llegado a Colombia en febrero de 2025 con el objetivo de establecer alianzas con redes narcotraficantes, como los Costeños y los Gaitanistas, también conocidos como Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), o Clan del Golfo, el grupo criminal más poderoso del país. 

Anteriormente, habría pasado un tiempo en Panamá y Brasil, dos terminales de salida estratégicas para las rutas de cocaína desde América Latina hacia Europa. 

Cómo operan las mafias italianas en América Latina

La presencia de emisarios de las mafias europeas en América Latina es cada vez más común, pero algunos de ellos, como Dollarino, han ido más allá de ejercer el rol de representación y se han encargado también de intermediar en distintos puntos de la cadena del tráfico de drogas. 

Dentro del Sistema Mafioso Lombardo, Dollarino era un emisario de la Camorra, una de las mafias más antiguas de Europa. Pero en América Latina, más que un emisario, parecía coordinar cargamentos, rutas y métodos de contaminación para el tráfico de drogas hacia Europa con distintos actores criminales en Colombia, Panamá y Brasil.

En ese sentido, la figura del intermediario es clave, pues aporta estabilidad a los actores involucrados y minimiza los riesgos.

“Para cualquier negocio, la estabilidad y la ausencia de riesgos son realmente importantes”, dijo Douglas Farah, presidente de IBI Consultants, una agencia de consultoría especializada en seguridad en América Latina, a InSight Crime. “Si ofreces eso, ya sea en un negocio legítimo o en el tráfico de cocaína, has creado una situación enormemente rentable y eso es lo que han hecho los intermediarios”.

Los intermediarios, como Dollarino, suelen ser figuras jóvenes, menos conocidas. Y, al representar los intereses de una red, su captura no impacta directamente en la cúpula, lo que ha llevado a que este rol se haya popularizado. 

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Si bien las autoridades colombianas le atribuyen a Dollarino un papel clave en el ocultamiento de la droga en los puertos, dichas funciones no recaen sobre los intermediarios. Por el contrario, la cadena del narcotráfico está marcada por la subcontratación, con redes que operan en segmentos específicos, desde la producción de cocaína hasta la contaminación de contenedores. 

En países como Colombia, Panamá y Brasil, hay redes criminales que se encargan de gestionar la contaminación de contenedores fuera o dentro de los puertos. Esto lo hacen a través de diferentes métodos de ocultamiento desde el uso de precintos falsos hasta los doble fondo. 

También, cooperan con redes de corrupción que incluyen a trabajadores de los puertos, autoridades aduaneras, funcionarios de navieras, entre otros. En este caso, el rol de los intermediarios, como Dollarino, consiste en subcontratar a estas redes.

Sin embargo, también hay redes más grandes que facilitan el sistema completo, como los Gaitanistas en Colombia, con quienes Dollarino estableció alianzas. 

Los Gaitanistas, quienes controlan enclaves cocaleros y de producción en gran parte del norte de Colombia, garantizan a compradores internacionales el acceso a grandes cantidades de cocaína y la puesta en puntos de salida internacional, para lo cual se valen de redes criminales más pequeñas que les facilitan el transporte y almacenamiento de la droga, y la contaminación de los contenedores.