El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó recientemente la “Coalición Anticarteles de las Américas” junto con 17 líderes de distintos países de América Latina y el Caribe, lo que implica una mayor militarización de la lucha regional contra el crimen organizado, argumentando que la única forma de derrotar al crimen organizado, a los grupos de narcotráfico y a las pandillas transnacionales es mediante el uso de la fuerza militar.
La editora general de InSight Crime, Deborah Bonello, y el codirector Jeremy McDermott analizan qué hay de nuevo en la militarización de la lucha contra las organizaciones criminales, si realmente funciona y cómo podría reaccionar el crimen organizado.
Transcripción en español
Deborah Bonello: Gracias por acompañarnos. Soy Deborah Bonello, editora general de InSight Crime, y hoy me acompaña nuestro codirector Jerry McDermott. Estamos analizando la cumbre “Escudo de las Américas” que tuvo lugar este fin de semana entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y varios líderes —aunque no todos— de América Latina.
Trump les dijo a los asistentes que la única forma de derrotar al crimen organizado, a los carteles de narcotráfico y a las pandillas transnacionales es usando al ejército, y que Estados Unidos se uniría a los países de la región para hacerlo.
Jerry, estas suenan como palabras contundentes, pero ¿hay algo nuevo en esto?
Jerry McDermott: Hola, Deborah. Bueno, hay que desmenuzar esto. El presidente Trump llamó esto una “coalición militar totalmente nueva”. No estoy seguro de que eso sea cierto. SouthCom –el Comando Sur de Estados Unidos que es responsable del Hemisferio Occidental– ha trabajado con prácticamente todos los países en la región durante décadasm en mayor o menor medida. Entonces eso no es realmente nuevo.
“Estamos golpéandolos con fuerza en donde podemos y lo vamos a intensificar”. Los ataques a las embarcaciones “go-fast” continúan, eso definitivamente es un golpe a las tripulaciones. Ya van más de 150 personas asesinadas en estos ataques. Y, sin duda, están afectando a las redes de transporte que proveen esos servicios de “go-fast”. Pero, ¿“golpeando con fuerza” a las organizaciones criminales transnacionales? Eso aún no sucede.
Lo que sí es nuevo (y aquí vuelvo a citar textualmente): “Así como formamos una coalición para erradicar al ISIS en Medio Oriente, ahora debemos hacer lo mismo para erradicar a los carteles en casa”. Esto es nuevo ya que es una evidencia más de la fusión entre la guerra contra el terrorismo y la guerra contra las drogas. Trump inició esto desde que llegó al poder. Incluyó a seis grupos criminales de México en la lista de organizaciones terroristas extranjeras durante las primeras semanas de su administración. Entonces, esto es quizás el aspecto más novedoso de lo que llaman la Doctrina Donroe.
Deborah: ¿Ha funcionado antes un enfoque militarizado contra el narcotráfico? ¿Ha cambiado algo que pueda hacerlo más exitoso hoy?
Jerry: Ok, miremos la historia del uso del poder militar en la guerra contra las drogas. ¿Ha tenido un efecto contundente? Realmente no. Incluso si miramos el mediano plazo, ya ni se diga el largo plazo… y enfoquémosnos en algunos ejemplos recientes.
En 2006 en México, con Felipe Calderón como presidente, se utilizó al Ejército en contra de los grupos criminales y eso evolucionó a lo que se ha descrito como una “insurgencia criminal”. Ahora, los grupos criminales se armaron más, consiguieron nuevas herramientas y respondieron. Si nos vamos al presente, ahora vemos que grupos criminales como el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) se mueven en vehículos blindados, derriban helicópteros y despliegan rutinariamente rifles .50 capaces de perforar prácticamente cualquier cosa. Eso es el resultado de utilizar el poder militar en contra del crimen organizado. ¿Ha debilitado a estos grupos? Hasta ahora no.
Otra cita textual del presidente Trump: “necesitamos su ayuda, solo dígannos dónde están”. Esta, para mí, es la parte más reveladora de la estrategia de Washington y parece revelar un desconocimiento total de cómo funciona el crimen organizado. Los grupos criminales no son ISIS, no están uniformados ni son una fuerza militar organizada. Tampoco presentan objetivos claros. Son organizaciones civiles que viven entre la población civil. Rara vez se va a encontrar un objetivo criminal aislado. Entonces, utilizar el poder militar en contra de ellos implica un riesgo de daños colaterales inevitable.
Miremos el ejemplo de Colombia, donde el presidente Gustavo Petro ha estado utilizando misiles en contra de objetivos que sí son militares (o casi militares). Es decir, las guerrillas colombianas que están profundamente involucradas en el tráfico de cocaína. Petro ha bombardeado campamentos guerrilleros y ha encontrado que entre las víctimas hay menores de edad. Los menores de edad son frecuentemente reclutados y usados no solo por las guerrillas colombianas, sino por grupos criminales y pandillas en toda la región. Entonces, ir tras estos grupos como objetivos militares, significa asesinar a menores de edad que fueron reclutados a la fuerza.
Deborah: Y como hemos visto a lo largo de la región es que la militarización tiene un costo importante para los derechos humanos. En México, por ejemplo, hay unas 200.000 personas desaparecidas, reportes frecuentes de ejecuciones extrajudiciales y otros abusos. Entonces hay costos muy altos para las comunidades y la gente que vive en estos países, que no están vinculadas al narcotráfico. Entonces, Jerry, ¿qué crees que hace que los grupos criminales sí sean debilitados?
Jerry: Lo que acabas de mencionar es muy interesante porque las estructuras criminales históricamente han adoptado un enfoque de “Robin Hood” en sus zonas de influencia y se presentan como “los buenos” en un contexto de abandono estatal. Bueno, si el gobierno adopta una estrategia de “dispara primero, pregunta después”, eso en realidad podría fortalecer a los grupos criminales en sus zonas de influencia. Las estrategias de mano dura frecuentemente apuntan a civiles inocentes y se rompe la confianza en el Estado.
Durante las últimas cinco décadas, hemos visto que el crimen organizado ha evolucionado. No porque el negocio lo dicte de esa manera, sino porque las estrategias de seguridad han intentado bloquearlo. La forma más fácil y barata de traficar grandes cantidades de cocaína hacia Estados Unidos es por avión. Eso es lo que hacía el Cartel de Medellín a través del Caribe en los 80. Solo detuvieron ese método cuando la ruta aérea fue bloqueada y tuvieron que pasar a rutas terrestres por México, complementadas luego con contenedores en puertos de Estados Unidos. La clave es que el crimen organizado transnacional reacciona a la presión de las autoridades mucho más rápido de lo que estas pueden actuar.
Hoy en día, la cocaína se produce hoy en cantidades mayores que nunca, y las redes globales que ahora gestionan el negocio tienen un nivel de sofisticación sin precedentes y un perfil mucho más bajo.
Una de las razones por las que el crimen organizado transnacionales sigue creciendo es que los gobiernos buscan resultados rápidos y no están preparados para aplicar un enfoque integral de Estado y sociedad que realmente desarticule las estructuras criminales desde sus raíces. La ironía es que Washington ya estaba haciendo este trabajo, lo hizo durante décadas. Usó fondos del Departamento de Estado y de USAID para debilitar estructuras criminales mientras fortalecían los sistemas de justicia locales, a las policías y organizaciones de la sociedad civil enfocadas en transparencia y exposición de la actividad ilegal.
Eso estaba funcionando. No con acciones dignas de titulares escandalosos pero estaba funcionando de manera gradual. Colombia es uno de los mejores ejemplos de cómo el Estado se fortaleció durante décadas gracias al apoyo estadounidense y se convirtió en uno de los sistemas de seguridad más eficientes de la región. Todo ese trabajo ha sido deshecho de la noche a la mañana con la nueva estrategia del presidente Trump.
Deborah: Algunos líderes regionales estuvieron notablemente ausentes en la cumbre de Trump, como la presidenta de México Claudia Sheinbaum, Lula en Brasil y el presidente de Colombia Petro. ¿Qué nos dice eso?
Jerry: No hay estrategia regional contra el crimen organizado trasnacional sin Colombia y México. No tiene sentido.
Los gobiernos que sí asistieron no son actores tan relevantes en las estrategias en contra del crimen organizado transnacional. Asistieron porque son aliados de Washington. Fue por razones políticas, no porque su papel sea decisivo en la lucha contra el crimen organizado transnacional.
Deborah: Y por último, Jerry, ¿cómo es probable que reaccione el crimen organizado a este anuncio?
Jerry: Veamos lo que ha pasado desde que Trump asumió el poder. No las promesas y propaganda, pero lo que realmente pasó.
Primero, los ataques a las embarcaciones. Aún es temprano para hablar de cambios en los patrones, pero la evidencia anecdótica que hemos recolectado sugiere que hay un menor uso ahora de “go-fast” y un mayor uso de barcos pesqueros, yates, semisumergibles (sobre todo hacia Europa) y, por supuesto, contenedores. Entonces, sí, eso ha implicado cambios.
Segundo, el despliegue del USS Gerald Ford en el Caribe y la captura de Maduro. Esto ha tenido un efecto concreto en Venezuela. Antes de la captura de Maduro vimos que el narcotráfico por la costa caribeña de Venezuela se congeló. Esto nos lo dijeron fuentes en el terreno. Las rutas cambiaron hacia el este de Venezuela–y eso alimentó las rutas que van vía África Occidental–y hacia el sur, hacia Guyana, Surinam, Guayana Francesa y el norte de Brasil. También vimos que los campamentos de la guerrilla colombiana Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Venezuela fueron desmantelados por temor a ataques con misiles.
Pero el USS Gerald Ford se ha ido. Los campamentos guerrilleros también se han ido pero el ELN aún está fuertemente arraigado en Venezuela.
El punto es que nada de esto ha detenido ni siquiera realmente interrumpido el flujo de cocaína hacia Estados Unidos o cualquier otro lugar. Los datos de Estados Unidos simplemente no respaldan la afirmación de Trump de que el tráfico marítimo hacia Estados Unidos ha sido detenido o que el flujo de drogas ha disminuido. Los precios de la cocaína en Estados Unidos hoy están entre los más bajos de la historia.
Así que, claro, el crimen organizado transnacional se adaptará a cualquier nueva estrategia que proponga Washington. Pero nuestra lectura de la situación indica que el nuevo anuncio probablemente conducirá a más asesinatos por parte de las fuerzas de seguridad, más asesinatos por parte del crimen organizado en respuesta a la presión militar, menos respeto por los derechos humanos y menos del arduo trabajo necesario de identificar las estructuras criminales desde sus raíces y construir casos contra ellas, que es lo que realmente se necesita para desmantelar las redes criminales.




