En los últimos años, América Latina ha sido testigo de un aumento alarmante en los delitos cibernéticos, un fenómeno que ha evolucionado desde el robo de datos hasta el fraude digital, el cibercrimen se ha convertido en una amenaza que no conoce fronteras.
La Comunidad de Policías de América (Ameripol) ha jugado un papel clave en la coordinación de esfuerzos policiales a nivel internacional para combatir estas nuevas formas de criminalidad. Una operación reciente desmanteló una red internacional dedicada al crimen como servicio (crime as a service, CaaS), en que los ciberdelincuentes venden sus capacidades informáticas a otras redes criminales como un servicio.
InSight Crime conversó con el Comandante Mayor de Gendarmería Nacional Argentina, Gabriel Riveros, director del Centro Especializado de Cibercrimen “AC3” de AMERIPOL, sobre los desafíos y logros en la lucha contra el cibercrimen en la región.
Insight Crime (IC): ¿Cuál fue el origen de Ameripol y cómo se ha adaptado a las necesidades de América Latina?
Gabriel Riveros (GR): Ameripol fue creada en 2007 en Bogotá, [Colombia], inspirada en el modelo de Europol, con el objetivo de adaptar ese enfoque de cooperación policial a las realidades y necesidades específicas de América Latina. Aquí enfrentamos amenazas diferentes, como el narcotráfico y ahora, cada vez más, el cibercrimen. Por eso, Ameripol ha trabajado en coordinar acciones conjuntas y desarrollar estrategias especializadas para enfrentar esas amenazas.
IC: ¿Cómo ha sido el trabajo del centro especializado en cibercrimen de Ameripol, conocido como AC3?
GR: El AC3 es nuestro centro especializado en cibercrimen, ubicado en Buenos Aires. Desde que asumí la dirección a finales de 2022, hemos logrado coordinar varias investigaciones transnacionales que enfrentan delitos cibernéticos. La operación KAERB, por ejemplo, fue un caso emblemático.
IC: ¿Puede explicar en qué consistió la operación KAERB y por qué fue tan importante?
GR: KAERB fue una operación crucial porque se centró en un modelo de crimen conocido como “crime as a service”, donde plataformas tecnológicas ofrecen servicios a otros criminales. Esta investigación abordó el robo físico de teléfonos móviles, seguido por el desbloqueo de los dispositivos robados a través de “phishing” —que usa correos electrónicos y sitios falsos para engañar a alguien para que facilite sus credenciales— para luego revenderlos.
IC: ¿Cómo funciona el modelo de “crimen como servicio” en este tipo de operaciones?
GR: En este caso, vimos claramente la división de roles entre el mundo físico y el digital. Los delincuentes robaban físicamente los teléfonos móviles en España, y luego, utilizando phishing, conseguían las credenciales de iCloud para desbloquearlos en Argentina.
IC: ¿Cómo impacta la tecnología en la expansión del cibercrimen?
GR: El cibercrimen se está expandiendo rápidamente porque la tecnología permite a los delincuentes operar desde cualquier parte del mundo. Es como una nueva “Ruta de la Seda” para los criminales, que aprovechan las plataformas digitales para ampliar sus actividades.
IC: ¿Qué papel jugó la cooperación internacional en el éxito de la operación KAERB?
GR: La cooperación internacional fue esencial. KAERB fue la primera operación importante de colaboración entre Ameripol y Europol en el ámbito de la ciberdelincuencia, lo que involucró a varias jurisdicciones, incluidas Argentina, España y Ecuador. La alianza con Europol y la colaboración con el sector privado, como la empresa GROUP IB, permitieron un enfoque integral.
IC: ¿Qué desafíos enfrentaron al coordinar la operación en diferentes países?
GR: Coordinar entre distintas jurisdicciones siempre es un reto, pero la clave fue la construcción de confianza entre los cuerpos policiales de diferentes países. En KAERB, las fuerzas de seguridad de España realizaron allanamientos en su territorio, pero gracias a la cooperación con Argentina, logramos desmantelar toda la estructura criminal.
IC: ¿Qué lecciones se han aprendido de KAERB para futuras operaciones de cibercrimen?
GR: La lección más importante es que necesitamos confiar más en la cooperación transnacional. Además, es vital entender cómo operan estas redes. Sin esa confianza y el entendimiento de cómo funcionaba la estructura criminal en este caso, no habríamos tenido tanto éxito.
IC: Además de la represión, ¿qué papel juega la prevención en la lucha contra el cibercrimen?
GR: La prevención es clave. No podemos enfocarnos únicamente en las detenciones y las estadísticas, también debemos trabajar para educar a la sociedad sobre los riesgos del cibercrimen. Invertir en concienciación pública es esencial para mitigar estos delitos.
IC: ¿Cómo se puede mejorar la respuesta legal al cibercrimen en América Latina?
GR: Uno de los problemas que enfrentamos es que muchas legislaciones aún no están adaptadas para abordar los crímenes del siglo XXI. En muchos casos, analizamos conductas criminales modernas con leyes antiguas. Necesitamos actualizar las normativas para reflejar la realidad del cibercrimen.
IC: Finalmente, ¿cuál es el mensaje para los cibercriminales que operan en la región?
GR: El mensaje es claro: si tenemos la voluntad y las condiciones necesarias, podemos alcanzarlos, sin importar en qué parte del mundo estén operando.
*Esta entrevista se editó buscando mejorar la claridad y la fluidez.
Imagen principal: Tecnología encautada por Ameripol en Ecuador como parte de una operación contra el cibercrimen. Crédito: Ameripol



