Las autoridades de Argentina dicen que el incremento de la vigilancia y el control de las autoridades ha causado una brusca alza en el uso de las llamadas “mulas” para ingresar narcóticos al país, pero hay otras explicaciones posibles.

Según cifras del ministerio de seguridad de Argentina, divulgadas por Clarín, el número de mulas con drogas arrestadas en el país suramericano aumentó en 175 por ciento en 2017, en comparación con 2016.

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Las autoridades señalan que el mayor uso de mulas es resultado de una serie de políticas antinarcóticos implementadas por la administración de Mauricio Macri, que produjo un récord de decomisos de 15 toneladas de cocaína en 2017, 8,5 toneladas más que las incautadas en 2016.

Las barreras impuestas al transporte de estupefacientes obligó a los grupos criminales a recurrir a formas más rudimentarias para ingresar la cocaína y otras drogas al país, afirman las autoridades. El uso de mulas se había reducido en 64 por ciento entre 2012 y 2013.

Análisis de InSight Crime

Aunque es cierto que hay mayor control oficial de las rutas terrestres y los aviones ilegales que pasan por la frontera norte del país —especialmente por la expansión de la capacidad de los radares en Argentina y el despliegue de personal militar a la zona— hay otro número de factores que pueden explicar el resurgimiento de las mulas.

En primer lugar, la fragmentación de las organizaciones criminales en la región. Los grupos más pequeños no tienen ni la infraestructura ni los recursos para pensar en travesías por tierra, y por ende recurren a métodos más rudimentarios, como las mulas.

En segundo lugar, es posible que algunas organizaciones productoras de drogas en otros lugares estén haciendo mayor uso de Argentina como punto de tránsito. El incremento resultante de este rol del país podría explicar el repunte de los decomisos de todo tipo, incluidas las mulas.

En tercer lugar, puede haber un aumento de organizaciones criminales especializadas en tipos de drogas para las que las mulas son más idóneas. Esto incluye heroína y drogas sintéticas que se transportan en menores cantidades.

En general, los decomisos no son una buena medida del progreso o la falta de este, pues su resultado depende de muchas variables.

Más aún, no hay escasez de hombres o mujeres dispuestos a asumir los muchos riesgos asociados al transporte hasta de 120 cápsulas de cocaína, cada una de entre 10 y 17 gramos, por pagos de unos US$1.000, en particular dada la recesión económica que enfrenta la mayoría de las economías de la región.

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