La muerte de “El Mencho” a manos del Ejército mexicano el 22 de febrero provocó un estallido de violencia por parte del cartel al que pertenecía que, en ciertos aspectos, fue inédito. Sin embargo, experiencias previas muestran que estas reacciones suelen ser temporales y, a menudo, marcan el inicio del debilitamiento y la fragmentación del grupo.
Tras el operativo del Ejército del 22 de febrero, en el que murieron ocho presuntos integrantes del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), entre ellos su presunto líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, la violencia se extendió en al menos 20 estados del país. La reacción incluyó bloqueos generalizados en las principales ciudades, y provocó la muerte de al menos 25 miembros de la Guardia Nacional.
La rápida reacción del CJNG y su alcance geográfico fueron inéditos. En total, el gobierno registró 252 “bloqueos” en 20 puntos distintos del país, aunque es probable que la cifra real haya sido superior.
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“No es solo un estado el que está estallando”, afirmó Vanda Felbab-Brown, investigadora de la Brookings Institution especializada en crimen organizado en México. “En esencia, gran parte del territorio mexicano está viendo a alguna facción o célula del CJNG reaccionar”.
Esto demuestra que existen más conexiones entre las distintas estructuras regionales de la organización, añadió, y que “la franquicia era mucho más cohesionada” de lo que muchos analistas habían supuesto.
Aun así, el grupo está lejos de constituir una insurgencia. Como explicó a InSight Crime Jaime López-Aranda, exfuncionario de inteligencia convertido en investigador de crimen organizado, los sicarios del CJNG evitaron en su mayoría confrontaciones directas con las fuerzas del Estado y no lanzaron ataques contra objetivos estratégicos como instalaciones militares o estaciones de policía.
“Esto no fue la Ofensiva del Tet”, señaló, en referencia al célebre ataque del Vietcong contra fuerzas estadounidenses y survietnamitas en 1968. “Ese no es su negocio. No son una verdadera fuerza paramilitar. Solo lo parecen en televisión”.
Una historia de los ‘narcobloqueos’
México ya ha vivido situaciones similares. En 2010, tras la muerte de Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, alias “Tony Tormenta”, se desataron intensos enfrentamientos entre su grupo, el Cartel del Golfo, y las fuerzas del gobierno. Después de la muerte de Alfredo Beltrán Leyva en 2009, la Organización Beltrán Leyva asesinó a familiares de marinos que presuntamente habían participado en el operativo contra el llamado “Jefe de Jefes”.
Pero quizá el grupo más conocido por sus demostraciones públicas de poder fueron Los Zetas. Antiguo brazo armado del Cartel del Golfo, con orígenes en las Fuerzas Especiales mexicanas, Los Zetas establecieron en su momento decenas de “narcobloqueos” en Monterrey tras la captura de uno de sus líderes. Para entonces, ya habían convertido esta práctica en algo habitual.
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Los narcobloqueos cumplían varios objetivos: distraían a la población y a las autoridades, cerraban las principales arterias viales para facilitar la movilización o la huida de sus miembros, enviaban el mensaje de que el gobierno no tenía el control —que lo tenían ellos—. Y aunque podían organizarse con relativamente pocos integrantes, daban la impresión de una presencia mucho más amplia y numerosa.
La estrategia de Los Zetas, durante un tiempo, funcionó y parecían ir un paso adelante de las autoridades y de sus rivales. Entre 1998 y 2010, se expandieron a 33 nuevos municipios por año, mucho más que cualquier otro grupo criminal. Parte de esa expansión respondió a la narrativa que los rodeaba: el grupo parecía invencible, en parte gracias a sus demostraciones públicas de fuerza.
Sin embargo, justo cuando parecían alcanzar su punto máximo de poder, comenzaron a desmoronarse. Parte de ello se debió a su estructura interna y a la captura de sus líderes. En pocos años, el grupo se fragmentó hasta convertirse en la sombra de lo que alguna vez había sido. El Cartel del Golfo y la Organización Beltrán Leyva también se atomizaron y perdieron fuerza poco después de alcanzar el pico máximo de su poder.
El CJNG no es Los Zetas
El CJNG se parece mucho a Los Zetas. Su núcleo está compuesto por exmiembros de fuerzas de seguridad —el propio El Mencho era policía—. Se expandió con rapidez y eficacia, adoptando una consigna atribuida a Los Zetas: o te alineas o te mueres. Está involucrado en múltiples economías criminales, desde el narcotráfico hasta el robo y reventa de gasolina y el tráfico de migrantes.
El resultado es un modelo de franquicia en el que los jefes locales —más que una cúpula nacional— dirigen las operaciones cotidianas. Ese modelo fue parte del declive de Los Zetas, quienes descubrieron que no podían controlar a sus propios miembros una vez que estos establecieron sus propios negocios criminales, especialmente economías ilícitas que dependen de la explotación directa de las comunidades y requieren poca estructura para operar, como la extorsión.
Desde sus inicios, el CJNG intentó evitar ese destino. Uno de sus primeros actos públicos fue dejar 35 cuerpos mutilados de presuntos integrantes de Los Zetas bajo un puente en Veracruz. El mensaje fue primero implícito y luego explícito: somos un Estado paralelo que puede protegerlos de criminales depredadores como Los Zetas. Más adelante reforzaron esa imagen mediante campañas en redes sociales, mensajes de texto y carteles.
“Creo que podemos decir que este es un cartel que ha consolidado tanto su poder real como simbólico a través de demostraciones muy visibles de fuerza de fuego —ya sea en la vida real, en videos o en redes sociales—”, afirmó Lisa Sánchez, directora ejecutiva de México Unido Contra la Delincuencia.
El CJNG, aunque articuló una federación, demostró tras la muerte de El Mencho que aún puede movilizarse con rapidez y eficacia en gran parte del país. Lo que no está claro es si podrá mantener ese ritmo en el futuro, ahora que su líder murió.
Enfrentará desafíos, algunos de ellos producto de su propia estrategia. Pero el CJNG es más flexible de lo que fueron Los Zetas. Según la región, puede operar mediante alianzas, pactos o control directo. Esa flexibilidad le permitió expandirse hacia territorios y economías criminales que quizá no habría alcanzado de otro modo. Sin embargo, como aprendieron Los Zetas, esa misma dinámica implica riesgos.
Aun así, los analistas consultados por InSight Crime consideran que el CJNG es estable y resiliente. Sánchez y López Aranda destacaron la diversificación económica del grupo.
“La red es tan rentable y vital como siempre: liderazgo descentralizado con múltiples fuentes de ingresos”, señaló López Aranda.
Felbab-Brown coincide. “No estamos ni cerca de ver al CJNG desaparecer del mapa y colapsar como lo hicieron Los Zetas hace una década”.
Imagen principal: Collage de la autopista entre la ciudad de Guadalajara y el aeropuerto, en el estado de Jalisco, un día después de la muerte del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, a manos del Ejército mexicano, junto con fotografías oficiales de Oseguera Cervantes. Crédito: InSight Crime / Isabella Soto Vallejo.



