Mientras Haití sigue acaparando titulares en medio de la lucha por controlar la delincuencia y la inseguridad, un nuevo libro rastrea las raíces de las debilidades institucionales que han contribuido al crecimiento y afianzamiento de las organizaciones delictivas.

En el libro, “Aid State: Elite Panic, Disaster Capitalism, and the Battle to Control Haiti”, el autor, Jake Johnston, argumenta que los gobiernos extranjeros, los organismos multilaterales y las organizaciones no gubernamentales han desempeñado un papel clave en el colapso de las instituciones de Haití.

Johnston sostiene que décadas de intervención extranjera en Haití han deformado las instituciones del país para que sirvan a los intereses de los benefactores internacionales y las élites locales privilegiadas, haciendo caso omiso de las preocupaciones de la gran mayoría de los haitianos.

“Es un contrapeso a la idea o el concepto de Haití como un Estado fallido”, dijo Johnston, que ha seguido el país durante años como investigador en el Centro de Investigación Económica y Política.

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El libro, publicado en enero, llega en un momento en que las autoridades estadounidenses y haitianas intentan consolidar el apoyo a una misión internacional de seguridad dirigida por Kenia en el país caribeño, donde el año pasado se produjo un enorme aumento de la violencia criminal. Las autoridades estadounidenses y haitianas también siguen avanzando en los casos judiciales relacionados con el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021.

InSight Crime habló con Johnston sobre la relación entre el crimen organizado y el “estado de asistencia” de Haití, y sobre cómo el país podría abordar su actual crisis de seguridad. 

InSight Crime: ¿Cómo interactúa el “Estado de asistencia” con el crimen organizado en Haití?

Johnston: Los dos interactúan de muchas maneras. Pero un ejemplo es la tercerización de las elecciones. La comunidad internacional ha convertido a las elecciones en casillas que hay que marcar, totalmente divorciadas de la democracia real. Una de las principales consecuencias de ello ha sido que muchos actores nefastos han obtenido cargos políticos en votaciones con muy baja participación. Los actores podrían utilizar la violencia y la intimidación como medio para asegurarse el cargo. Y todo ello con el apoyo de la comunidad internacional, cuya prioridad absoluta era la estabilidad por encima de la democracia.

IC: A menudo vemos ejemplos en América Latina y el Caribe de grupos criminales que surgen en un contexto de debilidad institucional y mala gobernanza. ¿Cómo se ha desarrollado esta dinámica en Haití?

Johnston: Hay enormes zonas del país que están totalmente divorciadas del Estado. No hay servicios públicos. Hay una desconexión total. Así que, al principio, estos grupos pretendían dar voz a comunidades que no estaban suficientemente representadas. La única forma de conseguir un asiento en la mesa era organizar estos grupos. Con el tiempo, estos grupos empezaron a armarse cada vez más. Uno de los grandes catalizadores fue la politización de la policía. Esto hizo que muchos empresarios de élite empezaran a financiar grupos armados.

IC: ¿Cuál es el papel del narcotráfico en el “estado de asistencia” de Haití?

Johnston: El narcotráfico es realmente una gran parte de la historia, y a menudo se ignora por completo. Es bien sabido que las familias de élite están implicadas en el tráfico de drogas, pero se ha permitido que continúe porque está bastante contenido, y es más fácil identificar a los actores y utilizarlo en beneficio propio que desarticular realmente esas redes. Pero, al tolerarlo en la medida en que se ha tolerado, al no hacer un seguimiento de los casos, ha tenido un impacto realmente perjudicial a lo largo del tiempo.

IC: ¿Qué podemos aprender sobre el crimen organizado en Haití a partir de las investigaciones y los casos criminales relacionados con el asesinato de Moïse en Estados Unidos?

Johnston: Lo más importante que hay que tener en cuenta sobre la investigación en Estados Unidos es que su intención no es desentrañar la trama del asesinato ni descubrir al autor intelectual. Se trata de un caso muy limitado en el que está implicado un grupo selecto de actores con vínculos muy concretos con el sur de Florida. Creo que esperar a que la investigación estadounidense nos dé esas grandes respuestas tiene poco sentido. Otra cuestión es el secretismo con el que se está llevando a cabo, ya que Estados Unidos cita motivos de seguridad nacional.

IC: ¿Qué hay de las investigaciones haitianas, incluida la que condujo a la reciente acusación de la viuda de Moïse, Martine Moïse, entre otros?

Johnston: El caso en Haití ha estado plagado desde el principio de politización y de amenazas e intimidación. Y parece que el principal testigo en el que se basa el juez es Joseph Felix Badio, quien tiene fama de ser un farsante total, y que es íntimo del actual primer ministro Ariel Henry, que está totalmente exonerado en esta acusación. Así que es imposible no verlo como una mayor politización del proceso.

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IC: ¿Cuáles son las posibles soluciones a los problemas de criminalidad y seguridad de Haití?

Johnston: Esto está relacionado con cuestiones más amplias que planteo en el libro sobre cómo damos dinero a Haití. Hablamos mucho de nuestro apoyo a la policía, pero nunca le damos dinero directamente. Damos dinero a terceros que proporcionan formación o equipamiento, pero en realidad no damos dinero solo a la policía. Así que hay diferentes maneras de hacerlo que creo que podrían ir mucho mejor.

No habrá solución a la crisis de seguridad sin una solución política. Y eso no puede ocurrir a menos que haya una refundación del Estado haitiano que sea realmente representativa del pueblo haitiano.

IC: ¿Es optimista sobre la posibilidad de que se produzca esta refundación?

Johnston: Lo que estamos viendo ahora es una lucha sobre lo que viene después. La gente que ha tenido el poder va a utilizar la violencia para intentar mantenerlo. Pero también es una oportunidad para construir algo nuevo. Soy bastante optimista en el sentido de que la situación actual está fracasando para todos. Así que el optimismo es que la gente entienda que lo mejor para todos es hacer algo diferente. Porque ahora mismo, todo el mundo se está disparando en el pie.

*Esta entrevista se editó buscando mejorar la claridad y la fluidez.