La nueva docuserie de Netflix revive el caso de una incautación de cocaína que sacudió a Francia y República Dominicana. La producción se centra en el caso de los pilotos de una aeronave cargada de droga, y refleja solo una parte de la larga cadena del narcotráfico hacia Europa. 

Alerta: este artículo puede contener espóilers.

El 11 de junio, Netflix lanzó una docuserie titulada “Air Cocaine: traficantes de altura”, que se sumerge en la historia de los pilotos Bruno Odos y Pascual Fauret, quienes estaban a cargo de tripular un avión privado desde República Dominicana hasta Francia. Antes de partir, fueron capturados luego de que las autoridades descubrieran que la aeronave estaba contaminada con casi 700 kilogramos de cocaína en más de 20 maletas. 

Odos y Fauret, pilotearon algunas de las aeronaves más importantes de la fuerza aérea francesa antes de vincularse a la aviación ejecutiva, dirigida a empresas o personas adineradas interesadas en un transporte privado y exclusivo. 

Junto con ellos fue capturado Nicolas Pisapia, el único pasajero del vuelo y un presunto agente de bienes raíces, a quien las investigaciones posteriormente ligaron a traficantes de drogas en Francia.

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Desde entonces, Odos y Fauret han negado su conocimiento sobre el contenido del equipaje que llevaba el avión y sostienen que no era su deber conocerlo. Sin embargo, las investigaciones realizadas por las autoridades francesas arrojaron pruebas que parecen indicar cierto nivel de conocimiento de los pilotos sobre la carga ilegal en este y otros vuelos tripulados por ellos a República Dominicana y otras zonas claves para el envío de cocaína hacia Europa, como Ecuador.

La docuserie ofrece una perspectiva de la dimensión humana detrás del tráfico de drogas, sigue de cerca los diferentes momentos clave en el proceso judicial contra los implicados, e incluye sus voces y las de las autoridades detrás de la investigación.

Análisis de InSight Crime

El tráfico de cocaína desde América Latina hacia Europa ha venido en aumento en los últimos años, llegando incluso a superar el mercado de cocaína de Estados Unidos, como afirmó el último informe de la Estrategia Internacional de Control Estupefacientes del Departamento de Estado de Estados Unidos (INCSR, por sus siglas en inglés). Esto ha venido de la mano de una mayor diversidad de actores y modus operandi a lo largo de la cadena de tráfico.

Más allá de los pilotos, la cadena de suministro de cocaína hoy involucra a intermediarios y diversas redes criminales que se interconectan para sostener un flujo multimillonario de cocaína hacia Europa.

La cadena del tráfico de cocaína hacia el viejo continente comienza en Colombia, Perú o Bolivia, los principales países productores de cocaína en el mundo. En el caso de Air Cocaine, es probable que la droga haya tenido como origen Colombia, un país cercano a las costas de República Dominicana, que ha visto un incremento sustancial en su potencial de producción desde 2013, y alcanzó un nuevo récord en 2023, con 2.664 toneladas métricas de cocaína.

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La cocaína también es enviada a Europa desde países de tránsito, que, en ocasiones, pueden levantar menos sospechas ante autoridades europeas. República Dominicana es un importante punto de tránsito de la cocaína que llega a través de lanchas rápidas y barcos pesqueros desde las costas del norte de Colombia y Venezuela. Una vez en el país caribeño, la droga sale en contenedores, narcosubmarinos, vuelos ejecutivos —como en el caso de Air Cocaine—, entre otras modalidades.

Aunque la producción hace énfasis en los pilotos, e incluso en la empresa de aviación ejecutiva, hay unos protagonistas en el tráfico de drogas que merecen una atención particular: los intermediarios conocidos como “brokers”, por su nombre en inglés. Estos conectan diferentes momentos de la cadena del narcotráfico y dan confianza entre una amplia diversidad de actores que participan de esta.

Douglas Farah, presidente de IBI Consultants, una agencia de consultoría especializada en seguridad en América Latina, en conversación con InSight Crime sostuvo que existen tres tipos de brokers. En primer lugar, están los brokers logísticos que hacen tareas locales para redes pequeñas. En segundo lugar, están los facilitadores, quienes conectan mercados pequeños con mercados más importantes. Por último, están los facilitadores ocultos que prestan servicios a diferentes estructuras narcotraficantes a escala global. 

Un broker clave en el entramado de Air Cocaine fue un ciudadano francés llamado Franck Colin, quien tenía un relacionamiento con Nicolas Pisapia y estuvo a cargo del contacto con la empresa de aviación ejecutiva y el pago del vuelo. Colin, a su vez, estaba conectado a un narcotraficante francés llamado Ali Bouchareb, quien posteriormente fue capturado por narcotráfico en España. 

Si bien Colin tuvo un rol en la gestión logística del transporte de la droga desde República Dominicana con destino a Francia, es muy probable que el caso haya involucrado a otros brokers: aquellos que conectaron el envío de la droga desde los países productores hacia República Dominicana, las redes en el país caribeño que facilitaron el ingreso de la droga hasta el aeropuerto, y quienes descargarían la droga en Francia. También, a pesar de que la docuserie no lo menciona, es probable que Bouchareb estuviera conectado a redes criminales europeas más grandes con capacidades de llevar la cocaína a diferentes mercados a lo largo de Europa.

Los brokers siempre han tenido un rol clave en el narcotráfico, pero su importancia en la cadena ha crecido en los últimos tiempos. Mientras en el pasado, la mayoría de brokers trabajaban solo para un grupo o red criminal, hoy pueden trabajar para diferentes redes criminales a nivel mundial.

“Ellos ofrecen un servicio especializado”, dijo Farah, “pero ya no existe la lealtad de antes. Ya no están casados con el grupo para el que trabajan. Pueden trabajar con quien quieran, con quien esté disponible, y no significa una sentencia de muerte.”

Si bien la producción de Netflix arroja luces sobre el complejo mundo del tráfico de drogas desde América Latina hacia Europa, el caso de Air Cocaine es solo una pieza de un rompecabezas mucho más grande que incluye diferentes actores transnacionales, redes cada vez más fluidas y una importante capacidad de adaptación en el mundo criminal.

Imagen principal: Registro del momento en que los pilotos son capturados por las autoridades dominicanas en 2013. Crédito: Periódico Hoy.