Antes de la llegada del ferrocarril nacional en 1908, Durán era una zona agrícola aislada y poco poblada del municipio de Guayaquil. La línea conectaba Durán con la capital de Ecuador, Quito, 300 kilómetros al norte. Durán, situada al otro lado del río Guayas, era el lugar perfecto para almacenar y exportar mercancías. Con el tren llegó la gente. Los residentes del interior de Ecuador fueron atraídos por los bajos precios de las viviendas y la oportunidad de vivir cerca de la principal ciudad portuaria y centro industrial de Ecuador, donde abundaban las ofertas de trabajo.

Era una época de bonanza: los comerciantes llenaban las calles, vendiendo productos de la costa, la sierra ecuatoriana y más allá. Pero el desarrollo fue desordenado. A su llegada, los colonos se limitaban a clavar postes en el suelo para marcar sus tierras. Algunos obtuvieron títulos de propiedad. Otros no. Luego, llegaron las disputas por la tierra, y desde entonces, ese ha sido uno de los principales problemas de la zona. Además, el desarrollo de infraestructura clave —como los servicios de agua y alcantarillado— se retrasó o nunca llegó a concretarse.

Con la construcción de la autopista Durán-Tambo en 1945, las carreteras comenzaron a reemplazar las vías de tren como el principal modo de transporte del país. Estas autopistas trajeron consigo una nueva oleada de personas, que continuaron la colonización por medio de invasiones informales. En ese entonces el municipio seguía siendo crucial para la economía del país. En 1970, el presidente José María Velasco Ibarra inauguró el Puente de la Unidad Nacional, que conectó a Durán con el recién creado municipio de Samborondón, así como con Guayaquil, la sede municipal de gobierno que supervisaba a Durán.

*Este artículo forma parte de una investigación que explora las dinámicas criminales en Durán, el epicentro del crimen organizado en Ecuador y una de las ciudades más violentas del mundo en 2023. Lea los otros capítulos de la investigación aquí y descargue el informe completo aquí.

Para ese entonces, Durán se había convertido en un centro económico clave. Mercancías y productos viajaban en las autopistas hacia la frontera sur con Perú y hacia Quito, al norte. El desarrollo del sistema de autopistas y la construcción del Puente de Unidad Nacional también atrajeron la inversión a Durán. Las empresas trasladaron sus lotes industriales, bodegas y fábricas al municipio, donde era menos costoso operar y había mano de obra barata.

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Pero el desarrollo sin restricciones continuó. Los barrios sin presencia estatal —sin servicios de agua, pocas calles, sin zonificación e inseguridad— crecieron exponencialmente. El crecimiento históricamente caótico de Durán significa que las grandes empresas del municipio no están concentradas en una sola área. Al contrario, las plantas de producción y procesamiento, así como las bodegas, están repartidas por toda la ciudad.

No era solo un problema de servicios públicos. La informalidad también afectó las finanzas de la zona, que no tenía una base gravable lo suficientemente sólida para financiar el desarrollo de escuelas o arreglar las calles. Además, para la mayoría de los políticos basados en Guayaquil, Durán no era una prioridad. Comenzaron a aparecer bandas callejeras, una mirada a lo que vendría después, y el municipio comenzó a asumir su triste reputación como un lugar donde la gente duerme, pero no vive.

Aun así, se hicieron esfuerzos para convertir a Durán en algo más. En 1986, Durán se convirtió en un municipio independiente. La Feria de Durán, que había comenzado en la década de los setenta, atrajo visitantes de toda Suramérica con sus conciertos y exposiciones. En ese tiempo, un instituto de enseñanza técnica del Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (SECAP) abrió sus puertas. También hubo intentos de revivir el tren. El más reciente, en 2008, bajo el mandato del presidente Rafael Correa, convirtió la línea férrea en una atracción turística. En 2014, Correa también inauguró un puente para peatones y ciclistas que conectó a Durán con la Isla Santay, una zona nacional de recreación y avistamiento de aves.

El puente roto que conectaba Durán con el parque recreacional en Isla Santay es un símbolo del abandono estatal y un lugar de reunión para los residentes de Durán. Durán, Ecuador, Abril 2024. Crédito: Anastasia Austin, InSight Crime.

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Sin embargo, la corrupción, el caos y el abandono estaban alcanzando al municipio. La Feria de Durán tuvo su última exposición en 2013. En 2014, Ecuador entró en una crisis económica que afectó a toda la región. Se adoptaron medidas de austeridad, que continuaron durante la pandemia. El desempleo aumentó a medida que los comercios cerraban o se iban del municipio. El SECAP cerró y tras dos accidentes, entre 2018 y 2022, de buques con el puente de Isla Santay, este también fue abandonado, cortando la conexión de Durán y el sur de Guayaquil a través del río Guayas.

En este contexto de vacío institucional, el crimen organizado floreció, sofocando la ciudad. Los parques están vacíos. Las tiendas cierran antes del atardecer. Y, las recién construidas rejas de seguridad encierran a las comunidades, perturbando la cohesión de la comunidad. En pocas palabras, el crimen ha roto el tejido social, y la constante amenaza de la violencia obstaculiza los intentos de reconstruirlo.

Créditos de la investigación:

Escrito por: Gavin Voss, Anastasia Austin

Editado por: Steven Dudley, María Fernanda Ramírez, Liza Schmidt, Lara Loaiza

Investigación adicional: María Fernanda Ramírez, Steven Dudley

Verificación de datos: Lynn Pies, Salwa Saud

Dirección creativa: Elisa Roldán Restrepo

Diagramación de PDF: Ana Isabel Rico

Gráficos: Juan José Restrepo

Redes sociales: Camila Aristizábal, Paula Rojas