Esta historia es parte de una serie producida por InSight Crime y la organización venezolana de derechos humanos Defiende Venezuela. Explore la investigación completa aquí.
*Los testimonios usados en esta historia son reales, pero las voces fueron generadas con inteligencia artificial, y los nombres fueron cambiados, para proteger la identidad de las víctimas.

La toma
La noche del 29 de julio de 2024, un comando criminal armado con fusiles, escopetas y granadas lanzó un asalto contra una escuela utilizada como centro de votación en el pequeño poblado de San Francisco de Macaira, en el estado venezolano de Guárico. El grupo, integrado por miembros de la banda Tren del Llano, desarmó a los efectivos militares que custodiaban la escuela e irrumpió en el lugar, arrancando los afiches electorales del gobierno.









Un día antes, el entonces presidente venezolano Nicolás Maduro había declarado su victoria en unas elecciones que, según observadores independientes, la oposición había ganado cómodamente, lo que desencadenó protestas masivas que fueron brutalmente reprimidas. En videos difundidos por el Tren del Llano, la banda afirmó que el ataque era una respuesta al fraude electoral y a la represión gubernamental. También aseguró estar preparada para enfrentarse al Estado para proteger al pueblo.
El despliegue
El gobierno respondió con una masiva demostración de fuerza, desplegando más de 6.000 efectivos militares y policiales en Guárico. En los días siguientes, las fuerzas de seguridad se enfrentaron al Tren del Llano, retomaron el control de la escuela y atacaron a la banda en múltiples zonas. Ambos bandos registraron bajas, y las autoridades reportaron detenciones e incautaciones de armas, municiones y vehículos utilizados por el grupo criminal.

Pero esto era apenas el comienzo. Bajo el marco de la Operación Zaraza, las autoridades instalaron una base militar en Macaira y luego comenzaron a desplazarse por Guárico en busca de integrantes de la banda, muchos de los cuales se habían refugiado en zonas rurales montañosas.

Las fuerzas de seguridad establecieron puntos de control en las carreteras, patrullaron comunidades y realizaron allanamientos en viviendas y comercios. Al mismo tiempo, comenzaron a multiplicarse las denuncias de violaciones de derechos humanos por parte de residentes que acusaban a los agentes de detenciones arbitrarias, extorsión, tortura e incluso ejecuciones extrajudiciales.
Los sobrinos de Elena fueron detenidos arbitrariamente y luego asesinados**: Tenían evidencia de golpes y evidencia de tortura, estaban morados, sucios, lleno de barro y descalzos. Tenían las orejas y el cuello lleno de moretones…

La operación abarcó al menos 15 municipios y eventualmente llegó a Boca de María, un pequeño caserío de viviendas de barro y fincas familiares ubicado cerca del poblado de El Jobito, en el municipio Acevedo del vecino estado Miranda.
El bombardeo
Días después del comienzo de la nueva fase de la Operación Zaraza, aeronaves de vigilancia blancas empezaron a sobrevolar Boca de María. El 13 de agosto, uno de estos aviones apareció en el cielo alrededor de las 7:00 de la mañana, pero esta vez iba seguido por tres aviones de combate.
Los aviones sobrevolaron la zona en círculos, descendiendo un poco más en cada vuelta. Luego empezaron a caer las bombas.
Mauro vio los aviones de combate sobre Boca de María**: Pasaban tan cerca de la casa que levantaban el techo. Además, el ruido que hacían era muy fuerte. Era como si se querían llevar la casa por delante…


Las explosiones arrasaron viviendas y redujeron los cultivos a cenizas. Registros médicos muestran que dos personas fueron hospitalizadas, entre ellas una adolescente que sufrió una fractura en la órbita ocular causada por esquirlas, lo que obligó a practicarle una cirugía de reconstrucción facial.
Mauro se refugió mientras caían las bombas**: Lanzaron otra bomba que cayó en la esquina donde estaba el televisor, en ese momento nos tiramos al piso y sentíamos que derrumbaron el techo y las paredes de la casa…


Desesperado, Mauro suplicó a los pilotos de los aviones de combate**: Alcé las manos y les grité a los aviones que nosotros solo queríamos paz, que allí no había gente mala, que solo había gente humilde…



El ataque se prolongó durante casi una hora.
Cuando dejaron de caer las bombas, los habitantes huyeron. Algunos buscaron atención médica; otros escaparon por temor a que los aviones regresaran. Muchos no regresaron durante meses, abandonando sus hogares y medios de subsistencia mientras luchaban por sobrevivir en pueblos cercanos.
El ataque traumatizó a residentes como Andrea**: No tuve apetito por varios días. Sufrí de intensos dolores de cabeza por el estrés y cuando escuchaba algún avión, no controlaba los nervios…





Después de las bombas, los abusos

Los aviones no regresaron, pero los soldados y policías sí, continuando con la Operación Zaraza a lo largo de 2025. Los habitantes vivían en un estado constante de miedo, mientras las fuerzas de seguridad aterrorizaban a las comunidades en su búsqueda de cualquier persona vinculada, aunque fuera de manera tangencial, al Tren del Llano. El área alrededor de El Jobito siguió siendo un objetivo de las operaciones.

Paul fue golpeado e interrogado durante los operativos de seguridad**: Les decía que solo trabajaba en el campo. A pesar de eso, me golpearon varias veces, me insultaban e insistían en que yo tenía información sobre la banda…
La organización venezolana de derechos humanos, Defiende Venezuela, documentó un patrón de abusos a medida que unidades de militares, policías y funcionarios de inteligencia irrumpían en viviendas sin órdenes judiciales y en plena vía pública detenían a personas arbitrariamente.

Andrea fue víctima de abuso sexual durante un allanamiento de las fuerzas de seguridad**: Un funcionario me toqueteó y me forzaba para que lo besara. Ese mismo funcionario me dijo que me llevaría al cuarto para que estuviéramos “a solas”…
Funcionarios amenazaron a Bea y a su hijo durante un operativo de búsqueda**: Me tomaron por el cabello y me jamaquearon. Decían que ellos estaban completamente seguros de que yo tenía conocimiento acerca de la gente que ellos estaban buscando. Me amenazaron diciendo: “Te vamos a matar al niño”…
Las familias de los detenidos afirman que sus seres queridos enfrentaron acusaciones falsas sustentadas en pruebas sembradas por las autoridades. Muchos desaparecieron en un oscuro laberinto de calabozos y cárceles. Sus familiares contaron a InSight Crime que los esfuerzos por localizarlos y obtener algún atisbo de justicia se vieron frustrados por la burocracia, la crueldad y la corrupción.

El bombardeo y la Operación Zaraza destrozaron la vida comunitaria, pero el Tren del Llano sigue existiendo. Funcionarios policiales y familiares de integrantes de la banda dijeron a InSight Crime que, aunque algunos miembros huyeron del país para escapar de la ofensiva, quienes permanecieron se dividieron en pequeñas células de entre 10 y 20 personas. Esto les permitió mantener sus operaciones con un perfil bajo, desplazándose de un escondite a otro.

Gabriel enfrentó la ruina económica tras la detención de un familiar**: Mi familia quedó en la ruina. Vendimos nuestras motos, hicimos rifas y hasta vendimos cosechas de jengibre para poder pagar a los abogados y cubrir los gastos de la cárcel…
Gabriel vio a personas abandonar sus hogares tras el bombardeo**: Muchos se han mudado y por acá, por el frente de la casa, pasaban buscando refugio. Lo más indignante es que los militares nunca atraparon a ningún malandro. Solo detuvieron a trabajadores y campesinos…
Créditos
Ilustraciones y colorización: Juan José Restrepo
Investigación: Ezequiel Monsalve y Omar Piñango de Defiende Venezuela
Textos: James Bargent
Dirección creativa y de arte: Elisa Roldán
Maquetación y efectos: Juan José Restrepo y Luis Acosta
Edición: Deborah Bonello, Liza Schmidt y Creusa Muñoz
Diseño gráfico: Juan José Restrepo y María Isabel Gaviria
Redes sociales: Paula Rojas y Daniel Reyes





