El futuro del Ejército de Liberación Nacional (ELN) está hoy estrechamente ligado a Venezuela. Mientras el gobierno venezolano siga respaldando al grupo insurgente colombiano, este no podrá ser derrotado por completo ni es probable que firme un acuerdo de paz.
Las altas expectativas que generó la elección de Gustavo Petro en 2022 en torno a un eventual acuerdo con el ELN se han desvanecido. Aunque nadie creyó realmente su promesa de campaña de lograr un pacto en tres meses, sí existía la esperanza de que el presidente —y exguerrillero— pudiera conseguir la meta que se le ha escapado a todos los mandatarios desde la década de 1980.

*Este artículo es el quinto de la investigación “La paz nunca fue una alternativa: el ELN de Colombia en Venezuela”, que analiza el crecimiento del ELN en territorio venezolano y cómo esa consolidación le ha permitido proyectar su influencia hacia Colombia. Lea la investigación completa aquí.
Sin embargo, su plan de paz estaba condenado al fracaso por dos razones: no entendió del todo al ELN ni valoró cuán crucial es Venezuela para su fortaleza y, cada vez más, para su identidad.
“Existen algunos malentendidos fundamentales sobre el ELN y su posición negociadora. No les interesa negociar una desmovilización. Quieren ver transformaciones fundamentales en la sociedad. Y antes de que se pueda firmar cualquier acuerdo, las transformaciones deben estar ya en marcha y ser irreversibles”, dijo Luis Eduardo Celis, uno de los analistas más agudos del ELN.
Petro tampoco comprendió que hoy el ELN es un grupo colombo-venezolano, y que cualquier acuerdo de paz debe incluir, inevitablemente, a Venezuela.
“Colombia tiene que entender que el ELN dejó de ser una guerrilla solamente colombiana y ya es una organización binacional, eso implica que para lograr su desmantelamiento debe haber una acción decidida de ambos lados de la frontera, algo que no ocurrirá hasta tanto Maduro deje el poder”, afirmó Julio Borges, político opositor de larga trayectoria y expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela.
El crecimiento del ELN y la supervivencia del gobierno de Maduro están ahora entrelazados. Mientras Maduro permanezca en el poder, es probable que continúe el estatus privilegiado del ELN en Venezuela. A su vez, la permanencia del régimen depende, en parte, del creciente poder de la guerrilla.
El ELN le proporciona al gobierno de Maduro acceso a rentas criminales necesarias para mantener la lealtad de altos funcionarios y generales. También actúa como aliado político para reprimir a la oposición en sus áreas de influencia, funciona como un baluarte ante posibles agresiones desde Colombia y, más recientemente, podría estar operando como un factor disuasivo frente a una posible invasión estadounidense.
Todo indica que el despliegue de Estados Unidos en el Caribe —presentado como una operación antidrogas— tiene en realidad el objetivo de promover un cambio de régimen en Venezuela.
De hecho, los ataques estadounidenses contra presuntas embarcaciones implicadas en el tráfico de drogas habrían buscado vincular al ELN con la dinámica actual del tráfico de estupefacientes, según una declaración del secretario de Defensa, Pete Hegseth:
“El 17 de octubre, por orden del presidente Trump, el Departamento de Guerra llevó a cabo un ataque cinético letal contra una embarcación vinculada con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), una organización designada como terrorista, que operaba en el área de responsabilidad del USSOUTHCOM.
La embarcación era conocida por las agencias de inteligencia estadounidenses por su involucramiento en el contrabando de drogas; navegaba por una ruta identificada como corredor del narcotráfico y transportaba cantidades importantes de estupefacientes. A bordo de la embarcación viajaban tres hombres considerados “narcoterroristas” al momento del ataque —realizado en aguas internacionales—. Los tres murieron y ninguna unidad estadounidense resultó herida.
Estos carteles son el Al Qaeda del hemisferio occidental: usan la violencia, el asesinato y el terrorismo para imponer su voluntad, amenazar nuestra seguridad nacional y envenenar a nuestro pueblo. Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos tratarán a estas organizaciones como los terroristas que son —serán perseguidos y eliminados—, igual que Al Qaeda”.
Lo que podría estar influyendo en el pensamiento estadounidense respecto a una intervención en Venezuela es el riesgo de que el ELN forme una insurgencia en ese país en caso de un cambio de régimen.
Desde su formación a comienzos de la década de 1960, el ELN ha librado una guerra de baja intensidad contra el Estado colombiano. Desde 1999 y el establecimiento del programa de Plan Colombia, Estados Unidos ha destinado más de US$10.000 millones a Colombia, gran parte de ellos dirigidos a combatir a los grupos armados ilegales del país, incluido el ELN. Sin embargo, el grupo es hoy más fuerte que nunca, lo que evidencia su resiliencia incluso frente a un aparato militar respaldado por Estados Unidos. Su despliegue en Venezuela cruza hoy ocho de los 24 estados del país. Si bien el ELN actúa actualmente como fuerza paramilitar en Venezuela, en caso de un cambio de régimen, ¿podría convertirse en una fuerza insurgente allí, como lo es en Colombia?
“El ELN está formalmente comprometido con la defensa de la ‘revolución bolivariana’ en Venezuela y tiene todos los incentivos para resistir su desaparición y la instalación de cualquier gobierno comprometido con restaurar el Estado de Derecho y el control territorial. Podría terminar librando una guerra de baja intensidad contra un futuro gobierno antichavista”, dijo el exembajador de Estados Unidos en Venezuela, James Story.
VEA TAMBIÉN: El ascenso del Estado criminal híbrido en Venezuela
Aunque el futuro del ELN y el régimen de Maduro están claramente conectados, la presencia del ELN en Venezuela sobreviviría a la caída del gobierno. El grupo insurgente está hoy tan arraigado en varios estados —entre ellos Zulia, Táchira, Apure y Amazonas—, con un estatus de autoridad de facto, apoyo político en todos los niveles del Estado e incluso respaldo de algunas comunidades locales, y erradicarlo requeriría ofensivas sostenidas de todo el aparato estatal. Cualquier nuevo gobierno en Caracas, especialmente uno que no pueda contar con la cooperación de sectores previamente chavistas, enfrentaría enormes dificultades, si no imposibilidades, para expulsar al ELN, al menos en el corto plazo.
En las condiciones actuales, el ELN está en camino de seguir fortaleciendo su presencia en Venezuela y solo necesita la conquista criminal del estado Amazonas para consolidar el control de la frontera colombo-venezolana de 2.219 kilómetros. Desde allí puede proyectarse profundamente hacia Colombia y continuar abasteciendo a sus unidades distribuidas por el país, mientras mantiene redes logísticas, infraestructura de entrenamiento y buena parte de su liderazgo fuera del alcance de las fuerzas de seguridad colombianas.
Las crecientes rentas del ELN —no solo por el tráfico de cocaína, sino por la minería ilegal de oro, la extorsión y el contrabando— le proporcionan fondos suficientes para una expansión futura. Solo el potencial de ingresos del narcotráfico en Catatumbo, estimado en hasta US$600 millones anuales, sería suficiente para sostener al grupo de manera indefinida. Y Venezuela ha pasado de ser un santuario a constituir una fuente de ingresos: el ELN gana millones en ambos lados de la frontera.
Otro fracaso del gobierno de Petro ha sido el aumento del tráfico de cocaína y el crecimiento de casi todos los actores ilegales del país, incluido el ELN. Las estimaciones actuales sitúan un músculo de 6.450 integrantes, incluyendo combatientes y redes de apoyo civiles. El próximo presidente de Colombia enfrentará un panorama dominado por economías criminales y grupos armados ilegales fortalecidos. El ELN, además, tiene la ventaja estratégica de Venezuela, lo que lo convierte en el grupo armado ilegal más difícil de enfrentar.
VEA TAMBIÉN: Las guerrillas colombo-venezolanas: la migración de la guerra de Colombia hacia Venezuela
Las posibilidades de un cambio de régimen promovido por Estados Unidos podrían incluso favorecer al ELN. Cualquier nuevo gobierno, especialmente uno de oposición, enfrentará serias dificultades para gobernar tras casi tres décadas fuera del poder. Sus únicas herramientas para enfrentar al ELN serían las mismas fuerzas militares que hoy trabajan junto a la guerrilla y se benefician de su presencia.
Un analista de Caracas con una extensa experiencia, que pidió permanecer en el anonimato por razones de seguridad, lo resumió así: “Venezuela está llena de grupos armados no estatales de diversa índole, todos invertidos en el status quo y todos fuertemente armados. Incluso si la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se mantiene unida y decide jurar lealtad a un gobierno entrante —algo para nada garantizado—, la seguridad interna será un problema mayor. Las condiciones están dadas para una guerra prolongada de baja intensidad si la transición no se negocia plenamente. Un cambio repentino sería altamente desestabilizador en casi cualquier escenario previsible”.
Después de más de 60 años, las perspectivas del ELN, tanto en Colombia como en Venezuela, parecen más sólidas que nunca.



