El ex jefe de la custodia presidencial de Uruguay salió de la cárcel dos años y medio antes de concluir su pena por cargos relacionados con crimen organizado. Pero, aunque empieza un nuevo capítulo, Uruguay sigue luchando con cuestionamientos alrededor de la infiltración criminal en el gobierno.
Alejandro Astesiano, antiguo jefe de la custodia del presidente Luis Lacalle Pou, salió de la cárcel el 20 de septiembre. Astesiano fue liberado dos años antes del fin de su sentencia por buen comportamiento, su participación en programas de estudio y trabajo y tiempo cumplido en detención preventiva. En 2023, fue condenado a cuatro años y medio de cárcel por los delitos de asociación para delinquir, tráfico de influencias, revelación de secretos y conjunción del interés público.
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Astesiano estaba implicado en una trama de falsificación de registros para que ciudadanos rusos pudieran obtener pasaportes uruguayos, así como en el abuso de su posición cercana a Lacalle Pou para llevar a cabo vigilancia ilegal.
Mensajes revelados durante su juicio expusieron otras tramas de corrupción, como intentos de mover dinero ilícito a través de equipos de fútbol uruguayos.
“Yo le mandé a decir [al Chino] (un intermediario) por una gente que íbamos a empezar con el lavado de activos, que el presidente me da una mano”, le escribió Astesiano al líder de una barra brava de Peñarol, uno de los equipos de fútbol más grandes de Uruguay.
Astesiano coordinó una reunión en la Torre Ejecutiva de Uruguay con el líder de la barra de Peñarol y un contratista para discutir el asunto, pero fue arrestado antes del encuentro.
Ese mensaje, entre cientos de comunicaciones más, fue revelado al público en un nuevo libro, “El caso Astesiano: Una trama de espionaje y corrupción en la Torre Ejecutiva”. InSight Crime habló con el autor, Lucas Silva, para entender la importancia del caso y el cambiante panorama criminal de Uruguay.
InSight Crime (IC): El caso Astesiano ha sido uno de los más sonados en Uruguay recientemente. ¿Por qué es tan importante?
Lucas Silva (LS): Es importante por la cercanía con el presidente Lacalle Pou. [Astesiano] era el jefe de la seguridad presidencial. Y también porque muchos de los delitos que se comprobaron se cometieron en la Torre Ejecutiva. Por ejemplo, hubo una entrega de US$10.000 para facilitar trámites a inversores rusos que se concretó en el piso 4 de la Torre Ejecutiva, y eso lo probó la justicia. También varios empresarios y lobbistas declararon ante la fiscalía que llevaron dinero en efectivo hasta ese piso 4 para ganar licitaciones o conseguir beneficios personales. Es evidente, y eso surge de las conversaciones, que Astesiano tenía línea directa con el presidente y con los principales funcionarios del gobierno, más allá de que se haya intentado minimizar su grado de incidencia.
Por otra parte, también es importante porque la justicia logró probar que hubo espionaje político contra senadores de la oposición. Y hay muchas evidencias de prácticas similares contra sindicalistas y estudiantes.
IC: El libro publicó chats entre Astesiano y personas poderosas en Uruguay y en el mundo, pero algunos de los mensajes en su celular nunca se recuperaron. ¿Cree que la trama de corrupción de Astesiano iba más allá?
LS: Muchas preguntas siguen sin responderse, preguntas que no son menores. Por ejemplo, un militar retirado (Marceo Acuña de Vertical Skies) fue condenado por el caso de espionaje contra senadores, pero todavía no sabemos cuál era la empresa que estaba dispuesta a pagar dinero a cambio de esa “información personal”. Sabemos que ese caso tiene relación con los intereses vinculados a la licitación de la terminal de contenedores en el Puerto de Montevideo, pero falta establecer responsabilidades.
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De la misma manera, tampoco sabemos cuánto sabía realmente Lacalle Pou de las cosas que hacía Astesiano, ya que sus conversaciones quedaron excluidas de la investigación de la Fiscalía. La actual fiscal del caso, Sabrina Flores, solicitó una nueva pericia del teléfono, pero su pedido fue rechazado.
IC: La fiscal original del caso renunció el 4 de septiembre de 2023 y comenzó a hacer campaña por el partido del presidente a finales de noviembre. ¿Le preocupa que los tintes políticos hayan limitado la investigación o dado como resultado una sentencia más corta?
LS: Creo que es una sensación compartida por buena parte de la ciudadanía, lamentablemente. Más allá de las personas o el color político, cuando un fiscal que investiga un caso con estas características pasa tan rápidamente a la actividad política, la señal que le llega a la gente es sumamente negativa. Se configura una situación negativa para la justicia, para la política y sobre todo para la confianza que pueda tener la ciudadanía en las instituciones.
IC: Casos como el de Astesiano y el del narcotraficante Sebastián Marset han recibido mucha atención recientemente. ¿Son casos atípicos en Uruguay o representan problemas más generales de la delincuencia en el país?
Lucas Silva (LS): El enfoque que le intenté dar al libro es analizar cómo se vinculan los poderes fácticos con el poder político. Un caso como el Astesiano proporcionaba mucha información para acercarse al fenómeno, por toda la información que había en su celular. Empecé a investigar cómo se vinculan con el Estado determinados poderes (lobbistas del mundo de las compras militares, empresas que ganan licitaciones) y cómo utilizan a personas como Astesiano en beneficio de sus intereses económicos. Estos fenómenos se daban antes de que llegara Astesiano a la Torre Ejecutiva, en marzo de 2020, y seguramente seguirán en el futuro si no se toman medidas.
Imagen principal: Portada del libro de Lucas Silva “El Caso Astesiano”. Crédito: Penguin Libros.



