Eran cerca de las 9 de la noche del 25 de junio cuando, en medio del bullicio del personal de la televisión y los políticos, reunidos en un hotel distópico en las afueras de Ciudad de Guatemala, se hizo evidente que las elecciones presidenciales en el país se habían salido del guion.

Contra todo pronóstico, luego de una campaña ensombrecida por la impunidad, en unas elecciones donde todos los candidatos punteros en las encuestas tenían vínculos con redes de corrupción, y con las instituciones democráticas del país penetradas hasta la médula por mafias políticas, un candidato ajeno al establecimiento, cuyas posibilidades todos daban por perdidas, se perfilaba como el protagonista de una derrota histórica.

A la mañana siguiente, poco después de las 3 de la madrugada, se confirmó lo inesperado. Bernardo Arévalo, hijo de un expresidente e inscrito por el partido de centro-izquierda Movimiento Semilla, desafió todas las expectativas al asegurarse un lugar en el balotaje presidencial del 20 de agosto, con un 11,8% de la votación. Él enfrentará a Sandra Torres, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), candidata presidencial reincidente que, con 15,8% de los votos, llega a una segunda vuelta por tercera vez consecutiva.

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El triunfo de Arévalo fue el broche que selló una noche de sorpresas, en la que los guatemaltecos reprobaron el corrupto establecimiento conservador que ha dominado la política del país desde hace varias décadas.

Las encuestas previas a las jornadas electorales predecían una segunda vuelta entre Torres y Edmond Mulet (Cabal) o Zury Ríos (Valor). Los tres son políticos curtidos, cuyos partidos tienen nexos directos o indirectos con las élites corruptas.

Pero los votantes abandonaron a Mulet y a Ríos, ambos conservadores, dejándolos en quinto y sexto lugar, respectivamente. Entre tanto Arévalo superó con amplio margen la encuesta final publicada antes de la votación, que le pronosticaba apenas el 2% de votos.

Manuel Conde de Vamos fue quien más se acercó a Arévalo, pero se estancó en 7,8%.

Vamos es el partido del presidente en ejercicio Alejandro Giammattei (2020-presente), cuya administración se ha visto envuelta en una serie de escándalos de corrupción. El gobierno de Giammattei también ha estado en el centro de los esfuerzos por consolidar el poder en ramas claves del Estado mediante la formación de alianzas con otras facciones políticas, en particular en el Congreso, una alianza a la que la prensa local acuñó como el pacto de corruptos.

Los resultados marcaron un rechazo histórico hacia la política tradicional. En los últimos años, redes de corrupción fuertemente arraigadas en el gobierno han estrechado su control sobre las instituciones del Estado en Guatemala, usando el poder político para facilitar la corrupción y empujar al exilio a sus opositores. Antes de las elecciones, las autoridades electorales habían hecho enfurecer a muchos votantes con la descalificación de una serie de candidatos no alineados en circunstancias sospechosas.

Un poco menos de dos terceras partes del electorado o se abstuvo (el 40%) o votó en blanco (el 7%) o hizo anular su voto (17,4%), lo que pone de manifiesto el descontento de los votantes.

“La descalificación de otras opciones contrarias al establecimiento propiciaron el aumento de los votos nulos y en blanco, lo que en última instancia favoreció a Semilla”, señaló Édgar Ortiz, experto en derecho constitucional guatemalteco.

“Semilla tuvo un desempeño excepcionalmente bueno por ser uno de los pocos partidos en abierta oposición a la actual administración”, observó Ortiz. “También lograron aprovechar el descontento frente a la corrupción, captando votos que ningún otro partido buscó de manera activa”.

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Arévalo fundamentó su campaña en una plataforma contra la corrupción, y Semilla es uno de los pocos partidos con un historial de votación en el Congreso contrario a las iniciativas del gobierno. El partido, fundado en 2015 luego de las protestas masivas contra la corrupción, tiene en sus filas a activistas sociales y académicos que han apoyado abiertamente las iniciativas para reducir la impunidad en Guatemala.

La candidata presidencial por ese partido en las elecciones de 2019, Thelma Aldana, ex fiscal general del país, quien dirigió varios casos de corrupción de alto perfil junto con una extinta comisión anticorrupción avalada por las Naciones Unidas, fue descalificada en medio de controversias antes de esas elecciones.

Aldana es una de los tantos guatemaltecos en el exilio que muchos votantes asocian con la lucha contra la impunidad. Arévalo se comprometió a restituir a los fiscales y jueces exiliados a raíz de la persecución orquestada por el gobierno, como parte de los planes de Semilla para combatir el peculado.

“Semilla es la opción para quienes rechazan todo el sistema corrupto”, pregonó Kevin Sánchez, coordinador del partido en Ciudad de Guatemala, en un acto de campaña espontáneo en la plaza constitucional de Ciudad de Guatemala el día después de las votaciones. “Ahora la meta es ganar la presidencia”.

Pero ganar la segunda vuelta requerirá derrotar a uno de los partidos políticos más resilientes de Guatemala, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). La UNE ostenta un formidable aparato electoral que, según fiscales guatemaltecos, en otras épocas se ha beneficiado de dineros ilícitos.

La líder de UNE, Sandra Torres, ha perdido las dos contiendas anteriores en la segunda vuelta presidencial, en 2015 y en 2019. Pero tanto ella como su partido se han alineado con la alianza en el Congreso que se creó en torno a Vamos y a Giammattei en los últimos años.

Vamos podría resultar ser un poderoso aliado para Torres. El partido tuvo un fuerte desempeño en la primera vuelta, al ganar el bloque más numeroso en el Congreso (39 escaños) y 132 alcaldes en todo el país.

La estrategia electoral de Vamos parece centrarse en hacer uso del acceso que tiene su partido a los recursos del Estado para atraer a alcaldes y a políticos regionales de renombre capaces de movilizar votos en todo el país. Algunos de esos actores tienen presuntos nexos con narcotráfico, según una investigación de InSight Crime. Queda por ver si Vamos, u otras facciones de la élite conservadora, pondrán su influencia y recursos para apoyar a Torres en la segunda vuelta.

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