Ante la creciente preocupación por la propagación del parásito conocido como gusano barrenador, la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG) de México pidió endurecer las medidas contra el contrabando de ganado desde Centroamérica hacia México y Estados Unidos.

En un comunicado público difundido el 16 de julio, la CNOG solicitó una mejor coordinación entre las autoridades federales y locales para enfrentar el tráfico de ganado.

Entre las propuestas presentadas se encuentran la creación de una unidad de inteligencia especializada; la prohibición de importaciones de ganado desde Centroamérica hacia México; y controles más estrictos para frenar la venta y distribución ilícita de aretes de identificación para el ganado.

“En materia de inteligencia, CNOG pide un aumento de los recursos materiales y humanos […]  el incremento del número de efectivos y capacitación de la Guardia Nacional y el Ejército para detener jaulas, pedir y contrastar documentación”, dijo a InSight Crime un experto en ganadería, quien pidió omitir su nombre por motivos de seguridad.

El comunicado de la Confederación se presenta en medio de la expansión del gusano barrenador, un parásito que se alimenta de tejidos vivos y afecta a animales de sangre caliente, como el ganado. El brote fue detectado por primera vez en diciembre del año pasado en una finca remota cerca de la frontera de México con Guatemala, y desde entonces se ha desplazado hacia el norte, lo que ha encendido las alarmas entre autoridades estadounidenses y ha provocado múltiples suspensiones en la importación de ganado a lo largo del último año.

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“En el pasado, México y Estados Unidos lograron contener [la plaga] mediante cooperación binacional, pero esta vez el gusano barrenador está vinculado al contrabando de ganado desde Centroamérica, una actividad que ahora en parte está controlada por el crimen organizado”, dijo Antonio Ortiz-Mena, profesor en la Universidad de Georgetown. “Ya no se trata de contrabando informal, sino de crimen transnacional”.

El ganado de contrabando, criado en condiciones inciertas, fluye hacia el norte desde Guatemala, Honduras y Nicaragua. Muchos de estos animales llegan desnutridos, en mal estado de salud y sin la documentación sanitaria requerida para circular legalmente en territorio mexicano.

Pese a estas irregularidades, la carne procesada y los subproductos de algunos de estos animales terminan ingresando a cadenas internacionales de suministro, llegando incluso, en algunos casos, al mercado estadounidense.

Análisis de InSight Crime

La falta de trazabilidad sigue alimentando el tráfico de ganado entre México y Centroamérica, una actividad que ofrece a criminales una lucrativa oportunidad para diversificar sus economías, lavar dinero ilícito y extorsionar a los actores involucrados en el transporte. Sin embargo, es poco probable que el gobierno mexicano actúe con prontitud para abordar este problema.

El comercio de ganado entre México y Estados Unidos se disparó tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, lo que presionó la cadena de suministro mexicana para satisfacer una demanda tanto local como internacional. Parte de esta presión ha sido aliviada con ganado de origen ilícito procedente de Centroamérica.

Para regular el creciente flujo de ganado, los gobiernos de México y Guatemala firmaron en 2019 un acuerdo que exige que los animales provengan de fincas certificadas en Guatemala, porten etiquetas de identificación trazables y cuenten con certificados sanitarios vigentes.

No obstante, como reveló una investigación de InSight Crime publicada en 2022, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de México (SENASICA) estima que cada año ingresan de contrabando hasta 800.000 cabezas de ganado desde Guatemala.

Una de las principales causas es el mercado negro de etiquetas de identificación, que facilita el tráfico de animales.

“Entre enero y junio de 2025, se retuvieron en Chiapas más de 500.000 etiquetas que no cumplían con la normativa oficial”, explicó un experto en ganadería a InSight Crime.

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Casi todas las fuentes consultadas por InSight Crime para este artículo señalaron que algunos funcionarios venden etiquetas por debajo de la mesa, ya sea directamente a traficantes o a otras personas involucradas en el comercio. Los traficantes también pueden adquirirlas en centros de acopio, que muchas veces obtienen estos sellos de identificación a través de sus uniones ganaderas y los venden directamente a quienes llevan animales sin identificar.

“La ironía es que todo entra legalmente”, dijo un funcionario del sur de México en 2022.

El mercado negro de etiqueta de identifación, o aretes, es un negocio lucrativo. Mientras que un arete oficial cuesta entre 40 y 50 pesos mexicanos (unos US $2,50), en el mercado negro pueden llegar a venderse por hasta 1.000 pesos (unos US $50), según el experto consultado.

El proceso mediante el cual se “blanquea” el ganado de contrabando para que ingrese a la cadena legal de suministro también ofrece a grupos narcotraficantes la posibilidad de disfrazar y legitimar ganancias ilícitas mediante el comercio ganadero. En algunos casos, estas estructuras también han utilizado el sistema para mover cargamentos de cocaína.

En los últimos años, el combate a este comercio ilegal en la frontera México-Guatemala no ha sido una prioridad para las autoridades mexicanas, que han centrado sus esfuerzos en frenar el paso de migrantes y drogas.

“El gobierno mexicano tiene la voluntad política para atender el problema […] pero su capacidad de respuesta inmediata es limitada”, dijo Ortiz-Mena. “Este tema requiere una estrecha coordinación con las agencias de seguridad, fiscalización y cooperación internacional”.

Una posible solución, según Ortiz-Mena, es modernizar el sistema de trazabilidad del ganado en México, incorporando tecnologías más difíciles de falsificar, como chips electrónicos o dispositivos GPS que permitan rastrear el movimiento del ganado en tiempo real.