“Si no hay paz para los venezolanos trabajadores, no habrá paz para los peruanos que apoyen la xenofobia”.
El orador era una figura enmascarada que, al igual que los acompañantes a su lado, portaba un fusil de asalto. Los hombres armados se encontraban en una habitación blanca sin distintivos, pero mostraban periódicos peruanos para demostrar su ubicación.
“Comenzaremos a matar a todos los motorizados peruanos que estén en los paraderos de La Victoria, Gamarra, 28 y cualquier otro distrito que se preste”, dijo la figura central frente a la cámara.

*Este artículo es el quinto de la investigación “Tren de Aragua, entre la realidad y la ficción”, que analiza las verdades y mitos sobre la banda, así como su expansión, tácticas actuales y las posibles transformaciones que podría experimentar en el futuro. Lea la investigación completa aquí.
No era una amenaza vacía. El portavoz del video, subido a principios de noviembre de 2023, identificó al grupo como Los Gallegos, uno de los varios afiliados del Tren de Aragua que han extorsionado a negocios locales y a mototaxistas, y han alterado el panorama criminal de Perú en los últimos años.
Ataques con granadas a hoteles, restos humanos abandonados en esquinas dentro de bolsas de plástico y un número incontable de víctimas engañadas para ser explotadas sexualmente han posicionado al Tren de Aragua firmemente en la conciencia pública en Perú.
Con justa razón, en abril de 2024, el entonces primer ministro de Perú, Gustavo Adrianzén, calificó al Tren de Aragua como el enemigo público número uno.
Aprovechando la migración venezolana hacia el sur
Cuando el Tren de Aragua llegó por primera vez a Perú, a mediados o finales de la década de 2010, no amenazaba abiertamente a civiles ni acaparaba titulares.
De hecho, sus primeras actividades criminales en el país pasaron tan desapercibidas que los oficiales de policía difieren en sus estimaciones sobre cuánto tiempo ha estado presente el grupo.
Algunos informes policiales a los que InSight Crime tuvo acceso sugieren que el Tren de Aragua pudo haber llegado a Perú tan temprano como en 2016, pero la banda no llamó la atención de las autoridades hasta agosto de 2018, con la detención de Edison Agustín Barrera, alias “Catire,” quien trabajaba para establecer una base en Lima para una célula conocida como los Malditos del Tren de Aragua.
El crecimiento del Tren de Aragua en Perú coincidió con la llegada masiva de migrantes venezolanos que huían de la crisis económica y política. La población venezolana en Perú se multiplicó en solo cinco años: de alrededor de 400.000 en julio de 2018 a más de 1,5 millones en julio de 2023, convirtiéndose en el país con la diáspora venezolana más grande del mundo después de Colombia.

Las primeras ganancias del grupo en Perú provinieron de la explotación de estos migrantes. El Tren de Aragua directamente extorsionaba a trabajadoras sexuales. Además, ofrecía a muchas mujeres y niñas venezolanas, desesperadas por obtener ingresos para sostenerse y la oportunidad de emigrar, la promesa de trabajo en restaurantes en Perú. Sin embargo, al llegar, se veían forzadas a la explotación sexual para pagar la “deuda” cada vez mayor contraída por los costos del viaje y su manutención. Así, los migrantes se convirtieron en las principales víctimas de extorsión del Tren de Aragua en el país.
Ambición mortal
Mantener un perfil bajo limitó la capacidad del Tren de Aragua para establecerse en Perú. Por eso, el grupo comenzó a expandirse hacia zonas reclamadas por otras bandas criminales.
Al buscar dominar territorio enemigo, el grupo criminal venezolano empezó ofreciendo incentivos antes de emplear castigos, comentó Jorge Chávez Cotrina, coordinador nacional de la unidad contra el crimen organizado de la Fiscalía de Perú, a InSight Crime.
“Lo primero que hace el Tren de Aragua es, digamos, ‘limpiar la zona’”, dijo. “Limpiar el mercado para que entren ellos y lo hacen de diferentes formas. Primero negocian con [los grupos que controlan una zona] para que les vendan la plaza. Si no quieren, les ofrecen un porcentaje de todo lo que ganen. Si [aún] no quieren, ya, pues, los sacan.”
En algunos casos, los miembros del Tren de Aragua incluso realizaban tareas menores, como actuar de mensajeros para los grupos establecidos antes de atacar a sus rivales, explicó a InSight Crime Ricardo Espinoza, jefe de la división antihomicidios de la policía peruana.
Pero las ambiciones del grupo no le permitieron permanecer en segundo lugar por mucho tiempo. Para ganarse el respeto en el mundo criminal peruano, el Tren de Aragua empleó actos de violencia dramática contra bandas rivales y civiles.
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En septiembre de 2019, sicarios dejaron restos desmembrados de dos víctimas en esquinas de Lima. Este acto, supuestamente, pretendía evitar que las víctimas proporcionaran información sobre ellos a la policía. Sin embargo, el método público y macabro tenía, en realidad, el propósito de difundir los peligros de desafiar al Tren de Aragua. Sus miembros comenzaron a grabar videos de torturas y asesinatos para consolidar la reputación de brutalidad del grupo en Perú.
A medida que su nombre ganaba reconocimiento, el Tren de Aragua se expandió por todo el país. Primero se trasladó a zonas con grandes poblaciones venezolanas, como la ciudad de Trujillo en el norte y Tacna en el sur, esta última facilitando la creación de operaciones de tráfico de migrantes hacia Chile. Sus células también desarrollaron presencia en Arequipa y Chiclayo, e hicieron incursiones en áreas donde no había grupos criminales sofisticados o hegemónicos, como Chimbote.
“Por toda la costa ya se han logrado consolidar”, dijo el criminólogo Sebastián Flores a InSight Crime.
Pero la ausencia del Tren de Aragua en ciertas partes del país revela los límites del grupo. La banda no ha logrado mantener un pie en áreas donde ya existen grupos criminales peruanos establecidos y hegemónicos, según el general de policía Óscar Arriola Delgado.
“En 2023, la familia Tota en San Miguel, por su hegemonía, por los cobros de cupo […] ahí no asomó un solo venezolano, porque ahí estaban las mafias peruanas”, dijo a InSight Crime.
La ciudad de Callao y su puerto han sido largamente disputados por bandas que buscan controlar este centro logístico internacional del narcotráfico. El Tren de Aragua no ha logrado penetrar en la zona, aunque algunos miembros podrían tener un rol de apoyo en el transporte de cocaína a través del puerto, según el experto en seguridad ciudadana Frank Casas Sulca.
Algunas bandas peruanas han logrado recuperar territorio del Tren de Aragua, mientras que otras han adoptado sus tácticas, dijo una fuente de la brigada de crimen extranjero de la policía peruana a InSight Crime.
“Ellos adaptan la misma modalidad sanguinaria del Tren de Aragua: filman cuando matan”, afirmó.
A pesar de ciertas discrepancias entre las autoridades, las fuerzas del orden han identificado al menos cuatro facciones distintas y duraderas del Tren de Aragua: Los Gallegos, los Hijos de Dios, Dinastía Alayón y un grupo llamado PHS, que la policía y los fiscales han denominado alternativamente Puros Hermanos Sicarios o Pura Hampa Seria.
El fiscal de la región sur de Arequipa identificó otras facciones del Tren de Aragua que han sido desarticuladas, incluyendo Las Niñas del Tren, Los Sicarios del Tren y Barbería Relax. Ricardo Espinoza mencionó a Guerrilla Pobre como otra célula. Un informe policial también señaló a “Cota 905”, cuyo nombre hace referencia a un barrio de Caracas, la capital venezolana, como una quinta rama.
Ganancias parasitarias
Aunque el Tren de Aragua llegó al país gracias al tráfico de personas, ninguna otra economía criminal ha sido tan central en sus operaciones en Perú como la extorsión.
El grupo amplió su base de víctimas de extorsión, pasando de enfocarse exclusivamente en personas venezolanas a apuntar también a trabajadores informales peruanos y negocios, como hoteles.
Un trabajador del transporte que prefirió mantener su anonimato dijo a InSight Crime que el Tren de Aragua llama directamente a los presidentes de las empresas de transporte para exigir pagos de extorsión.
“Si pagan, normalmente no les pasa nada”, relató a InSight Crime. “Pero si se niegan a pagar el tipo de cuotas, lo primero que hacen es que van a matar a alguien.”
Explicó que su empresa se ve obligada a pagar alrededor de US$13.000 al año en cuotas de extorsión, aunque otros pagan más. Algunos reportes indican que los miembros han exigido pagos únicos de extorsión que van desde aproximadamente US$2.500 hasta US$15.000.
La organización también se ha involucrado en la usura depredadora conocida como “gota a gota”, donde las víctimas, a menudo personas con pocos recursos y sin acceso a créditos bancarios, se ven obligadas a pagar tasas de interés abusivas. Aunque esta práctica fue introducida en Perú por criminales colombianos, el Tren de Aragua se ha convertido en el maestro del mercado.
“El Tren de Aragua ha tomado [el gota a gota] a punta de pistola”, dijo en Arequipa Jorge Chávez Cotrina, a InSight Crime.
Divisiones internas y presión externa
La audacia y la estructura del Tren de Aragua le permitieron expandirse rápidamente en Perú. Pero estas mismas características también han generado problemas que han impedido al grupo alcanzar un éxito mayor y una capacidad cohesionada.
Las facciones generalmente operan de manera relativamente independiente y tienen autonomía para manejar sus economías criminales, en lugar de recibir órdenes de la dirección central. Esto ha llevado a algunos a cuestionar la conveniencia de permanecer leales a la organización mayor, especialmente después de que la toma de la prisión de Tocorón por parte del gobierno venezolano en septiembre de 2023 privara al Tren de Aragua de su sede.

El general de la policía, Óscar Arriola Delgado, señaló que algunos investigadores creen que al menos Los Gallegos se habían separado del resto de la organización para febrero de 2024, mientras que otros consideran que algunas células podrían simular haber roto lazos para evitar la atención que ahora atrae el nombre del Tren de Aragua.
Sin embargo, hubo múltiples reportes en 2024 de grupos escindidos que se habían separado del Tren de Aragua, con las facciones originales combatiendo a exmiembros que se volvieron independientes, los llamados “AntiTren”. Uno de estos grupos que surgió en Lima está liderado por Romys Enrique Vásquez Hernández, un exmiembro de un “colectivo”, un grupo armado civil progobierno que opera en Venezuela. La facción semiautónoma Carro Azul, que tuvo un conflicto con Los Gallegos, también se encuentra en la capital, informó el medio peruano El Comercio en mayo de 2024.
La desobediencia de los miembros frente a la autoridad estatal fortaleció la reputación del Tren de Aragua, pero también lo convirtió en un objetivo prioritario para las autoridades peruanas.
VEA TAMBIÉN: Tren de Aragua en Perú sigue lineamientos desde cárcel de Tocorón, Venezuela
Una integrante de una facción del Tren de Aragua, Wanda del Valle Bermúdez, habría ofrecido una recompensa de US$40.000 por el asesinato de Víctor Revoredo, jefe de la división de homicidios de la policía, según revelaciones de Revoredo en 2023. Al año siguiente, siete sicarios del Tren de Aragua viajaron a la ciudad de Trujillo con el objetivo de matarlo.
El grupo también amenazó con asesinar a tres coroneles de policía más en represalia por operaciones de las fuerzas de seguridad, informó América TV en octubre de 2023, mientras que otro coronel en Trujillo aseguró que miembros de la banda habían sido enviados específicamente para matarlo. Una fiscal en la ciudad sureña de Tacna, que puso a cuatro miembros del Tren de Aragua en detención preventiva, también declaró a la prensa que recibió amenazas en enero de 2024. Al mes siguiente, la alcaldesa de Lince, distrito de Lima, dijo a TV Perú que había recibido amenazas tras cerrar discotecas y hostales que controlaba el Tren de Aragua.
La audacia de la organización al amenazar a civiles y funcionarios públicos llevó al entonces primer ministro Gustavo Adrianzén a declarar al Tren de Aragua como el “enemigo público número uno” del país en abril de 2024, y provocó un aumento de la presión oficial sobre el grupo.
La policía arrestó a 219 personas vinculadas al Tren de Aragua entre 2015 y octubre de 2023, de las cuales 183 detenciones se realizaron en 2023, según Ojo Público. Los arrestos a gran escala continuaron en 2024 y 2025, incluyendo una operación nacional enorme a finales de junio de 2024 con 17.000 policías, en la que se aseguró la detención de 520 presuntos miembros del Tren de Aragua.
En febrero, el general de policía Aldo Ávila Novoa afirmó que la organización estaba “totalmente desarticulada” en Perú. Sin embargo, los arrestos de presuntos miembros desde entonces sugieren que esto fue una exageración. Parece que, en lugar de ser totalmente destruido, el Tren de Aragua ha sido contenido en Perú.
La presión sostenida de las autoridades, sumada a las divisiones internas, parece haber frenado la expansión que antes parecía imparable del Tren de Aragua. La decisión del Congreso peruano de declararlo organización terrorista en marzo de este año significa que sus facciones seguirán bajo escrutinio.
Pero mientras enfrentaba problemas en Perú, más al sur, en Chile, la organización encontró otra oportunidad para ingresar a un país con mínima competencia criminal seria y elementos estatales poco acostumbrados a enfrentar su marca de brutalidad.



