Era mediados de octubre de 2022 cuando Felipe*, un exmiembro bastante tatuado de la mayor pandilla de El Salvador, escapó por fin de las garras del gobierno.

Como decenas de pandilleros y colaboradores, Felipe, de 49 años, había pasado a la clandestinidad en medio de una draconiana campaña de seguridad lanzada por el gobierno del presidente Nayib Bukele seis meses antes. 

*Este artículo forma parte de una investigación de seis partes, “El (perpetuo) estado de excepción de El Salvador: Cómo el gobierno de Bukele dominó a las pandillas”. InSight Crime pasó nueve meses analizando cómo la implacable represión estatal ha debilitado a las conocidas pandillas del país, la MS13 y dos facciones del Barrio 18. Descargue el informe completo o lea los otros capítulos de la investigación aquí.

Denominado régimen de excepción, este fue el último intento del gobierno de enfrentarse por la fuerza a las principales pandillas del país: la Mara Salvatrucha (MS13) y dos facciones de Barrio 18. Las pandillas ya habían pasado por esto, pues durante las campañas de seguridad que se presentaron en las décadas del 2000 y el 2010, habían intercambiado balas con las fuerzas de seguridad, y atacado a policías y soldados.

Pero esta vez las cosas eran distintas. Desde que comenzó la represión, las pandillas no habían dado muestras mínimas de una respuesta armada. En cuestión de meses, la estrategia de Bukele había acabado con decenas de miles de presuntos miembros y colaboradores de las pandillas.  

Con el rápido desmoronamiento de sus estructuras, a Felipe y a otros que no fueron detenidos no les quedó más remedio que huir o esconderse. 

Felipe, miembro retirado de la MS13, hizo ambas cosas. Primero encontró un escondite. Luego, al ver que las detenciones del gobierno no disminuyeron, planeó su huida del país. Corto de dinero, Felipe acudió a grupos religiosos que anteriormente le habían ayudado a distanciarse de las pandillas. 

Le compraron un tiquete de autobús y, el 15 de octubre, emprendió un viaje por carretera de tres días para llegar al sur de México, donde él y otros pandilleros retirados alquilaron una casa apostada en las montañas del estado de Chiapas. 

Al huir de El Salvador, Felipe se unió a una larga lista de pandilleros y expandilleros que buscan refugio en el extranjero, principalmente en México, Centroamérica y Estados Unidos. Otros, ante la falta de dinero para viajar o de un medio para pasar seguros, permanecen escondidos en El Salvador. 

InSight Crime habló con varios pandilleros y expandilleros con historias similares. Todos compartían la misma preocupación: ser detenidos o deportados.

“Lo importante es que no me manden para Centroamérica”, dijo Felipe, que fue detenido cuando intentaba cruzar de México a Estados Unidos. Hoy se enfrenta a una posible deportación.

Ni Felipe ni ninguno de sus homólogos ambicionaban contrarrestar al gobierno de Bukele. En lugar de ello, quizá por primera vez, se vieron humillados y en apuros.

Un acto de desaparición

La principal reacción de las pandillas a la represión de Bukele parece haber sido esconderse. 

Un informe de inteligencia compilado por la unidad policial antipandillas de El Salvador al inicio del régimen de excepción concluyó que el anillo central de liderazgo de la MS13 en El Salvador, conocido como la “ranfla”, había ordenado a los jefes de las pandillas y a los miembros activos (homeboys) que buscaran refugio en casas seguras, zonas montañosas y residencias privadas, o que intentaran huir a países vecinos y esperaran a que la represión cesara. 

Durante nueve meses de investigación, InSight Crime no encontró ningún indicio de una respuesta violenta coordinada, un contraste fuerte con los sangrientos enfrentamientos entre las pandillas y las fuerzas de seguridad durante anteriores operaciones represivas por parte del Estado. 

En cambio, los miembros de las pandillas se han dispersado. Al parecer, algunos miembros en las calles y colaboradores —civiles encargados de brindar apoyo logístico a las pandillas— de las pandillas han permanecido en El Salvador, pasando desapercibidos con familiares o buscando refugio en zonas fuera de los principales centros urbanos con socios o aliados. 

La repentina desaparición de las pandillas fue corroborada por numerosas entrevistas en antiguos bastiones de las pandillas en la capital, San Salvador, y en los municipios de Apopa, Soyapango, Illopango, Mejicanos, Ciudad Delgado, San Julián, Tonacatepeque y San Miguel. Ninguno de los residentes dijo haber sido testigo de ningún tipo de respuesta —armada o no— por parte de los pandilleros, destinada a proteger territorios o asegurar sus economías criminales. 

Un trabajador comunitario de Apopa dijo que algunos vigías de las pandillas, que antes eran una presencia omnipresente en la zona, ahora vigilaban desde sus residencias para evitar ser arrestados. 

Los residentes de Mejicanos dijeron a InSight Crime que los niños y adolescentes que alguna vez colaboraron con las pandillas aún deambulan por las calles. Pero ya no son temidos por los lugareños, y no está claro si siguen patrullando en nombre de las pandillas. 

Los directores y conductores de empresas de autobuses del área metropolitana de San Salvador, quiénes estaban entre las víctimas más comunes de la extorsión y los asesinatos de las pandillas antes del régimen de excepción, también dijeron a InSight Crime que estos grupos ya no interferían en sus operaciones cotidianas. Un trío de conductores de autobús entrevistados por InSight Crime en una estación coincidieron en que las pandillas, por el momento, habían “desaparecido”.

Las pandillas migran

La amenaza constante de detención ha llevado a muchos pandilleros activos y semi-retirados (a menudo denominados como calmados) a huir a países cercanos a lo largo de las rutas migratorias que atraviesan Centroamérica y México en dirección a Estados Unidos. Estas rutas han proporcionado durante mucho tiempo una vía de escape a los miembros de las pandillas en El Salvador que en el pasado ya se habían enfrentado a agresivas campañas de seguridad o a posibles detenciones. Sin embargo, la policía antipandillas de países vecinos como Guatemala, han reforzado su vigilancia fronteriza tras la ofensiva antipandillas de Bukele, dificultando aún más el paso.

Además, las asediadas estructuras de las pandillas en El Salvador parecen incapaces de proporcionar un apoyo significativo a sus miembros de base que huyen del país. Más bien, los miembros de las pandillas parecen depender de sus ahorros o de los fondos de sus familiares para financiar su huida o simplemente para proporcionarles un descanso en el camino.

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Un calmado que se encuentra ahora en México dijo a InSight Crime que llegó al país tras comprar sus propios tiquetes de autobús para viajar a través de Guatemala. Otros miembros que hablaron con InSight Crime y que guardan la esperanza de llegar a Estados Unidos desde México, estaban ahorrando dinero para contratar a un coyote por un precio cerca de los US$5.000. 

Para algunos, como Felipe, su salida de El Salvador se produjo tras varios meses de escondite. Miembros de las pandillas que están en México y hablaron con InSight Crime, afirmaron que muchos de sus colegas siguen en El Salvador, incapaces de reunir el dinero suficiente para dirigirse al norte tras la disminución que tuvieron negocios clave para las pandillas, como la extorsión. 

Esto no significa que los miembros de las pandillas no reciban apoyo mutuo. Algunos miembros de la MS13 y el Barrio 18 que huyen de El Salvador han sido acogidos por otros pandilleros o por redes esparcidas en Guatemala y México. 

Un calmado prófugo dijo a InSight Crime que había pedido ayuda a un contacto para cruzar el río Suchiate, que divide Guatemala y México, y parece ser una ruta común para los pandilleros salvadoreños que intentan llegar al estado de Chiapas, en el sur de México. La policía de Chiapas dijo a InSight Crime que había notado un aumento en las detenciones de pandilleros desde el inicio del régimen de excepción, pero no ofreció datos para respaldar esta afirmación.

Los pandilleros salvadoreños que viven en México también han servido de refugio a pandilleros activos y semi-retirados. Un miembro encarcelado del principal grupo paraguas de la MS13 en México, conocido como el “Programa México”, dijo a InSight Crime que el grupo había recibido a varios compañeros que huían de El Salvador, pero que estos miembros eran solo a los que los miembros del Programa México y sus contactos de confianza en El Salvador habían concedido autorización para buscar refugio en ese país.

Mientras tanto, en Centroamérica, miembros de la ranfla de la MS13 habrían pedido a jefes pandilleros de Guatemala y Honduras que proporcionaran refugio a quienes huyeran de El Salvador, según un informe interno elaborado por la policía antipandillas salvadoreña poco después de que comenzara el estado de excepción. En el mismo informe se afirmaba que los miembros de la MS13 ya estaban buscando refugio en Ciudad de Guatemala y en el área urbana circundante, incluso en centros de pandillas ya existentes, como son los casos de los municipios de Mixco y Villa Nueva. 

Es difícil establecer hasta qué punto se aplicaron estas órdenes. Empero, un miembro de la MS13 radicado en México le dijo a InSight Crime que uno de los líderes pandilleros mencionados en el informe oficial había sido contactado desde Guatemala para que ayudara a los pandilleros a llegar a México, ahora un destino atractivo para los pandilleros que han emprendido la huida.

Cuatro pandilleros salvadoreños semi-retirados dijeron a InSight Crime que obtuvieron un visado humanitario en México alegando ser víctimas de la violencia de las pandillas y cubriendo sus tatuajes. Esto sugiere un grado de indulgencia por parte de los funcionarios que no es común en Centroamérica, donde las autoridades están más familiarizadas con las pandillas y realizan detenciones basadas en la apariencia o en una posible afiliación a la pandilla. 

Un miembro activo de la MS13 residente en Tijuana afirmó que los pandilleros que intentaban llegar a México tenían dificultades para cruzar Guatemala ante las detenciones indiscriminadas.

“Si [los policías] te ven las letras (tatuajes) luego te entregan a El Salvador”, dijo.

El jefe de la policía antipandillas de Guatemala, Ángel Cambara, dijo a InSight Crime que “aquella persona que es sorprendida, que es pandillero de El Salvador, la regresamos inmediatamente”.

Los criterios para identificar a posibles miembros de las pandillas incluyen comprobar si los sospechosos tienen tatuajes y ponerse en contacto con las autoridades salvadoreñas para verificar su condición de pandilleros, explicó Cambara. Y añadió: “La mayoría tiene antecedentes o alguna orden de captura pendiente”.

Aunque los miembros de las pandillas parecen estar moviéndose hacia y a través de México en grandes cantidades, las autoridades mexicanas solo informaron de 36 deportaciones de presuntos miembros salvadoreños de la MS13 y el Barrio 18 entre abril de 2022 y mayo de 2023, según información que brindaron a InSight Crime a través de una solicitud formal. 

Mientras tanto, según informes del Ministerio de Gobernación de Guatemala, la policía guatemalteca había expulsado a 70 presuntos miembros de pandillas de El Salvador que huían del régimen de excepción a mediados de diciembre de 2022. Otros 64 fueron deportados en los primeros nueve meses de 2023, de acuerdo con datos policiales recogidos por Prensa Libre. 

En al menos tres casos, las autoridades mexicanas han entregado a miembros salvadoreños de la MS13 y el Barrio 18, detenidos en México, a funcionarios guatemaltecos encargados de los controles aduaneros en la frontera común; luego, los funcionarios guatemaltecos transportaron a los detenidos por tierra hasta la frontera con El Salvador y los pusieron en manos de las autoridades salvadoreñas.

Algunos pandilleros semi-retirados que lograron llegar a México dijeron a InSight Crime que planeaban seguir viajando para reunirse con su familia en Estados Unidos. La reunificación familiar es un motor frecuente de la migración de Centroamérica a Estados Unidos. Esto no es diferente para las pandillas, ya que tanto la MS13 como el Barrio 18 surgieron en California y millones de salvadoreños residen en Estados Unidos. Pero intentar entrar en Estados Unidos también conlleva el riesgo de deportación, además de las caras tarifas asociadas al cruce ilegal de la frontera entre Estados Unidos y México, lo que disuade a algunos de aventurarse más allá de México.

InSight Crime envió al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (Immigration and Customs Enforcement, ICE) una solicitud de información sobre deportaciones de salvadoreños vinculados a pandillas, pero no recibió respuesta antes de finalizar este informe.

Las pandillas en el extranjero: manteniendo el perfil bajo

Aunque muchos miembros de las pandillas han huido de El Salvador, la mayoría no parecen estar retomando sus actividades delictivas en el extranjero.

Informes de prensa de 2023 apuntaban a un posible aumento de las extorsiones perpetradas por pandillas centroamericanas, como la MS13 y el Barrio 18, en ciudades de la frontera sur de México. Sin embargo, cuando los investigadores de InSight Crime en Tapachula, Chiapas, preguntaron a los residentes sobre los informes de extorsión de pandillas, la mayoría dijo que los extorsionistas eran guatemaltecos, no salvadoreños que huían del régimen de excepción. Y a pesar de los reportes de extorsión, según información solicitada a la Fiscalía General de Chiapas, no se procesó a ningún miembro de la MS13 o el Barrio 18 entre octubre de 2022 y febrero de 2023 en ese estado.

De hecho, miembros activos de la MS13 radicados en México dijeron a InSight Crime que sus contrapartes salvadoreñas están pasando desapercibidos y optando por no participar en actividades criminales para evitar llamar la atención. Del mismo modo, los pandilleros semi-retirados que se esconden en México o que esperan llegar a Estados Unidos dijeron a InSight Crime que tenían pocas intenciones de reincorporarse a la vida criminal.

Las pandillas que ya están establecidas en esas zonas también parecen mantener su distancia con los pandilleros salvadoreños. El Programa México de la MS13, por ejemplo, se ha mostrado hasta ahora reacio a reclutar a pandilleros que huyen de El Salvador para actividades delictivas, dado su alto riesgo de ser arrestados. Un miembro de la MS13 de México, con sede en Tijuana, le dijo a InSight Crime que pocos miembros salvadoreños estaban reportando su llegada a la pandilla.

Aunque las autoridades de Chiapas, México, que limita con Guatemala, arrestaron a 50 salvadoreños sospechosos de ser miembros de la MS13 y el Barrio 18 entre enero y septiembre de 2022, datos proporcionados por las autoridades carcelarias de Chiapas a InSight Crime muestran que no ha habido un aumento significativo de miembros de la MS13 encarcelados en las prisiones del estado desde el inicio del régimen de excepción. Hasta el 22 de junio, solo 11 de los 90 miembros de la MS13 alojados en cárceles de Chiapas eran de nacionalidad salvadoreña, según información dada a InSight Crime por la autoridad carcelaria.

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La situación es similar en Guatemala. El jefe de la policía antipandillas de Guatemala dijo a InSight Crime que no ha habido un aumento de los delitos relacionados con pandillas como resultado del régimen de excepción. También hay pocos indicios de que los pandilleros salvadoreños que huyen estén intentando reincorporarse a la actividad delictiva uniéndose a células de pandillas en Guatemala. 

Un miembro guatemalteco de la MS13 alojado en el centro de detención de Pavoncito, una conocida prisión al sur de Ciudad de Guatemala con una importante presencia de pandillas, dijo que la diáspora salvadoreña de la pandilla no ha alterado la estructura del grupo en las calles o tras las rejas. El jefe de la policía antipandillas de Guatemala coincidió con esta afirmación. La fuente de la MS13 añadió que la presencia de pandilleros salvadoreños en Pavoncito es prácticamente irrelevante. La fuente estimó que alrededor de diez pandilleros salvadoreños habían pasado por la cárcel antes de ser deportados a El Salvador tras el inicio del régimen de excepción.

La llegada de pandilleros salvadoreños a Estados Unidos tampoco parece haber alterado la dinámica de las pandillas en ese país. No se ha producido un aumento notable de miembros salvadoreños de la MS13 o el Barrio 18 en los estados o prisiones donde las pandillas tienen presencia, según declaró a InSight Crime una fuente de la Oficina Federal de Prisiones de Estados Unidos. Alex Sánchez, director de Homies Unidos, una ONG con sede en California que trabaja para reducir la violencia en las comunidades afectadas por las pandillas, afirmó que los miembros de las pandillas salvadoreñas que llegan a Estados Unidos pasan desapercibidos en lugar de dedicarse a actividades delictivas.

Honduras, a pesar de tener frontera con El Salvador y una fuerte presencia de la MS13 y el Barrio 18, no parece ser un refugio importante para los pandilleros que huyen de El Salvador. Según información entregada por las autoridades hondureñas a InSight Crime, solo seis salvadoreños presuntamente vinculados a las pandillas fueron detenidos entre enero y el 26 de septiembre de 2023, frente a los 23 del año anterior.

La situación puede ser diferente para los principales líderes de las pandillas. Informes internos de inteligencia recopilados por la policía de El Salvador y conocidos por InSight Crime, afirmaron que, en abril de 2022, los líderes de la MS13 estaban viajando a México para planificar una respuesta a las políticas de Bukele.  InSight Crime no pudo corroborar esta información, pero múltiples informes apuntan a que los líderes de la pandilla se refugian en México. 

Antes de la represión de Bukele, por ejemplo, el gobierno de Estados Unidos había acusado a los líderes de la MS13 de trasladarse a México para ampliar sus operaciones. Y, en noviembre de 2023, un veterano pandillero considerado por muchos como el segundo al mando de la MS13 fue detenido en México y extraditado a Estados Unidos. 

De vuelta en El Salvador, los principales líderes de la MS13 y el Barrio 18 han estado notoriamente ausentes de las cuentas de redes sociales del gobierno, que han estado publicando activamente fotos, videos e informes de detenciones masivas durante la represión. Apenas unos meses antes de que comenzara el régimen de excepción, un alto dirigente de la MS13 encarcelado en El Salvador habría aprovechado sus conexiones políticas para escapar de la cárcel y huir del país. El líder de la MS13 fue uno de los cuatro excarcelados entre julio de 2021 y febrero de 2022, a pesar de enfrentarse a la extradición a Estados Unidos.

Además, los arrestos de líderes de pandillas representaron solo 1.232 de los más de 77.000 arrestos reportados (alrededor del 1,5%) realizados durante el régimen de excepción hasta el 30 de septiembre de 2023, según un informe de inteligencia de la policía de El Salvador obtenido por InSight Crime y las cifras de arrestos anunciadas por las autoridades salvadoreñas. Las autoridades informaron de la detención de 945 cabecillas de la MS13 durante ese periodo, frente a los 287 de las dos facciones de Barrio 18 y otras pandillas, según el mismo informe de inteligencia.

El gobierno de El Salvador aún no ha extraditado a ningún cabecilla de la MS13, a pesar de que muchos de ellos son buscados por las autoridades estadounidenses. El paradero de muchos líderes de pandillas sigue siendo desconocido, pero hasta ahora InSight Crime no ha encontrado pruebas que sugieran que esto esté vinculado a ningún diálogo, pacto o tregua con el gobierno salvadoreño.

*El nombre de Felipe ha sido cambiado por petición propia para preservar su anonimato

*Con contribuciones de Steven Dudley, Carlos García, César Fagoaga, Bryan Avelar, Roberto Valencia y Juan José Martínez d’Aubuisson.