“Desde que asumí el liderazgo de Marte, he logrado mejorar las condiciones de los detenidos”, dice Silvio*, quien ejerce un papel como mediador entre los presos y las autoridades locales de este centro de detención transitoria de la ciudad portuaria de Buenaventura, en la costa Pacífica colombiana.
Buenaventura ha sido por décadas la joya de la corona del narcotráfico del Pacífico colombiano. El municipio, a pesar de ser uno de los más pobres de Colombia, alberga el principal puerto de la costa pacífica y es la puerta de entrada de más del 30% de los bienes que se importan al país. Esto, sumado a su cercanía con enclaves de cultivos de coca y producción de cocaína, ha hecho que los actores criminales —locales e internacionales— pongan sus ojos allí.
Silvio toma una bandeja plástica de color blanco que contiene el almuerzo del día. Aunque tiene varios compartimientos, solo uno está ocupado con arroz y carne. “Este es un almuerzo decente. Antes era posible que no nos dieran proteína o que la comida estuviera dañada. Por eso, siempre la pruebo antes de que se la den a mis compañeros”, explica. Las condiciones en Marte son complejas. A pesar de haber sido construido para 100 personas privadas de la libertad, en la actualidad alberga a casi 500.
Dentro y fuera de Marte, los Shottas y los Espartanos, las dos principales pandillas de la ciudad, han consolidado su dominio territorial a través de su participación en el narcotráfico y la extorsión, pero mantienen una guerra cruenta y cíclica por el dominio de estas economías criminales. En octubre de 2022, ambos grupos acordaron una tregua en el marco de la política de Paz Total del gobierno de Gustavo Petro, que resultó en 92 días consecutivos sin homicidios. Sin embargo, el pasado 5 de febrero, dejaron vencer el plazo para renovarla.
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Hasta antes de romperse, la tregua penetró los muros de Marte. “Lo que pasa allá afuera, nosotros [las pandillas] lo replicamos aquí adentro”, dice un recluso vinculado a los Shottas. “Y como estábamos en tregua, ya no había confrontaciones entre las pandillas aquí en Marte. Hasta jugábamos fútbol juntos”, añade.
Marte es un microcosmos de Buenaventura, donde el abandono estatal ha fortalecido el control territorial de los grupos criminales, su gobernanza criminal y su injerencia en las economías ilegales que son el combustible de la violencia en el municipio. Hoy los bonaverenses están a la expectativa de que pueda suceder.
Gobernar y delinquir

MARTE, el centro de detención transitoria en Buenaventura. Crédito: Henry Shuldiner / InSight Crime.
En Marte algunas de las celdas están equipadas con ciertos lujos como neveras, pequeñas tiendas, televisores y equipos de sonido. Las bandas además tienen facilidades para ingresar drogas al centro de reclusión y comercializarlas al interior. Mientras el olor a marihuana atraviesa el lugar, algunos detenidos usan celulares que, se presume, son empleados para extorsionar a personas por fuera del centro de reclusión. La presencia estatal en Marte es imperceptible, pues apenas hay dos guardias cuidando la entrada y uno que recorre las instalaciones, lo que facilita las operaciones ilícitas de los detenidos.
Esta facilidad con la que operan los actores criminales en Marte es solo un reflejo de la influencia que tienen en Buenaventura.
Los Shottas y los Espartanos han levantado fronteras invisibles en el territorio, han sido jueces en disputas sociales y consolidado una extensa gobernanza criminal en el municipio. Estos grupos rivales surgieron como resultado de la fragmentación de la banda “La Local” en 2020. Desde entonces, han acudido a distintas economías criminales, como la extorsión y el narcotráfico, para financiarse.
Mientras los líderes de las celdas administran pequeñas tiendas dentro del centro de detención, por fuera los Shottas y Espartanos establecen los precios de productos de la canasta familiar y de otros bienes como el cemento, lo que pone a la comunidad al vaivén de sus decisiones. Estos grupos deciden qué comerciantes pueden vender productos como la papa, a quiénes se los deben comprar y los precios a los que los ciudadanos deben adquirirlos. Luego, los vendedores se ven obligados a pagar un «impuesto» adicional o una cuota de extorsión sobre los bienes que venden a los consumidores habituales.
Este valor cambia según el producto. Por ejemplo, los vendedores pagan alrededor de $0.68 (3,000 COP) por cada bolsa de cemento y aproximadamente $0.46 (2,000 COP) por cada saco de papas. Sin embargo, solo pueden adquirir estos artículos de proveedores que han sido aprobados por las bandas, según explican organizaciones de la sociedad civil que pidieron no ser nombradas por seguridad.
Las denuncias de extorsión disminuyeron un 20% entre enero y septiembre de 2024, en comparación con el mismo periodo de 2023, según el subteniente John Freddy Cabrera, de los Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal (GAULA) de la policía colombiana. Sin embargo, lejos de ser un resultado de la tregua entre Shottas y Espartanos, la caída obedece al temor que tienen las víctimas de represalias por parte de las bandas. “La extorsión es su fuente de financiamiento. No se va a acabar”, explicó un funcionario del gobierno distrital bajo la condición de anonimato.
El narcotráfico: el motor de la violencia en Buenaventura
Los Shottas y Espartanos son los principales proveedores de servicios al narcotráfico en la zona urbana de Buenaventura. Trabajan para redes narcotraficantes independientes, algunas compuestas por narcotraficantes que han ocultado sus actividades criminales bajo la fachada de negocios legales, e incluso, algunos exmiembros de grandes carteles narcotraficantes colombianos, como el Cartel de Cali y del Cartel del Norte de Valle.
Las bandas también prestan servicios a grupos criminales más grandes como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC). Algunas de sus funciones incluyen transportar cocaína desde las bodegas hacia los contenedores o lanchas rápidas que salen hacia el océano Pacífico y proteger los cargamentos que se mueven en el casco urbano.
El narcotráfico también ha dejado su huella en Marte, donde narcotraficantes independientes esperan su condena. “Algunos son de Costa Rica o de Panamá. No son muchos, pero los hay”, explica en voz baja Silvio. Ellos no necesariamente están asociados a las pandillas, sino que los capturan en lanchas con los cargamentos de droga en alta mar.
La cadena del narcotráfico en Buenaventura empieza en el vecino departamento del Cauca, donde el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y grupos disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), controlan el cultivo de coca y el procesamiento en laboratorios. De allí, la droga es transportada en botes a lo largo de ríos hacia Buenaventura.

Barco de contenedores saliendo del Puerto de Buenaventura. Crédito: Juliana Manjarrés/InSight Crime
La posición estratégica Buenaventura ha llevado a actores criminales a activar focos de violencia al sur del departamento, específicamente en las zonas de Pradera y Florida. Allí, frentes disidentes de las FARC luchan por el control territorial para continuar con actividades ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal.
La paz (y la guerra) se viven tras las rejas
Silvio lleva aproximadamente dos años como líder de Marte. Algunos de sus roles incluyen mediar cuando surgen conflictos entre los detenidos y ser el intermediario entre compañeros y las autoridades locales. Él tiene relación directa con funcionarios de la alcaldía, recibe la alimentación que llega diariamente a Marte y comunica las necesidades de sus compañeros a los funcionarios competentes para mejorar las condiciones del centro de detención.
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Aún no es claro quién lo reemplazará cuando llegue su momento de salir. “Me preocupa lo que pueda pasar en Marte, sobre todo cuando yo me vaya. Para asumir este cargo se necesita a alguien tranquilo, pero muchas personas aquí tienden a reaccionar impulsivamente ante cualquier circunstancia”, dice.

Mural en la zona urbana de Buenaventura. Crédito: Juliana Manjarrés/InSight Crime
Su preocupación es importante porque la guerra entre Shottas y Espartanos por fuera de Marte se desató nuevamente a principios de año, cuando la tregua aún se encontraba vigente. El mes de enero registró una nueva ola de homicidios selectivos a manos de las bandas en el municipio que sugieren que la confrontación se ha reactivado. Tan solo durante ese mes se registraron 17 homicidios.
La incertidumbre se apodera de las calles de Buenaventura mientras la tensión entre los Shottas y Espartanos crece tras el rompimiento de la tregua el 5 de febrero. Sin un acuerdo que limite las confrontaciones, el conflicto entre los Shottas y Espartanos probablemente escalará, lo que podría desatar un aumento de homicidios en el municipio.
Marte no será la excepción, pues en el pasado la guerra también se libró tras las rejas. “Yo antes ni siquiera salía de la celda, porque en cualquier momento podía empezar una pelea y tenía que salir corriendo”, dice uno de los detenidos. “Ahora puedo darme el lujo de salir al patio”. Pero es solo cuestión de tiempo para que ese lujo se desvanezca con los enfrentamientos entre estas bandas rivales en el centro de detención transitoria.
*El nombre fue cambiado para proteger la identidad de la fuente.
* Sara García y Henry Shuldiner contribuyeron a la elaboración de este artículo.
Imagen principal: La defensoría del Pueblo visita Marte tras riña entre privados de la libertad. Crédito: Defensoría del Pueblo.



