Los asesinatos a manos de la policía aumentaron drásticamente en el estado de São Paulo, Brasil, en los dos primeros meses de 2024, mientras las autoridades siguen confiando en las tácticas represivas para intentar frenar la delincuencia, una estrategia que aún no ha dado resultados a largo plazo.

Las estadísticas obtenidas por GloboNews y g1 de la Fiscalía (Ministério Público Estadual) muestran un aumento del 94% en las muertes a manos de la policía, de 69 en los dos primeros meses de 2023 a 134 en los dos primeros meses de 2024. Las autoridades estatales afirman que la policía actúa en defensa propia.

Sin duda, muchas de estas muertes se produjeron durante una operación de seguridad que comenzó el 26 de enero en respuesta a los asesinatos de dos miembros de una unidad especial de la policía militar (Rondas Ostensivas Tobias de Aguiar – ROTA) en la Baixada Santista, una zona costera del estado de São Paulo que sirve de base para el envío de cocaína a través del puerto de Santos, el más activo de Brasil.

La operación es una ampliación de la Operación Escudo, que tuvo lugar entre julio y septiembre de 2023, después de que otro agente de la ROTA fuera asesinado a tiros mientras patrullaba por la zona. Durante la Operación Escudo, la policía habría matado a 28 civiles, según un informe de Human Rights Watch.

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La fase actual, bautizada como Operación Verano, sigue teniendo como objetivo a los autores de ataques contra agentes de policía, según la Secretaría de Seguridad Pública de São Paulo. Y la violencia policial ha aumentado: hasta la fecha, la policía de São Paulo ha matado a 43 personas en el marco de la operación, según g1.

El gobierno afirma que las operaciones tienen como objetivo controlar a las pandillas que operan en la Baixada Santista. La policía también ha reforzado su presencia e intensificado las patrullas en la zona.

Sin embargo, grupos gubernamentales y de la sociedad civil han observado frecuentes discrepancias entre los informes policiales de los incidentes y los testimonios de los testigos durante la Operación Verano, lo que ha intensificado las acusaciones de mala conducta policial.  Un informe de la Defensoría de la Policía de São Paulo (Ouvideria de Polícia de São Paulo), por ejemplo, acusó a la policía de cinco ejecuciones extrajudiciales desde enero, así como de torturas y allanamientos de viviendas. El Defensor del Pueblo, Cláudio Silva, ha afirmado que la operación tiene “tintes de venganza”.

Además, se ha acusado a la policía de llevar los cuerpos de las víctimas de tiroteos policiales al hospital para evitar un examen forense adecuado en el lugar de los hechos. Un equipo de expertos forenses contratados por Human Rights Watch denunciaron patrones similares de negligencia en la investigación durante la Operación Escudo.

Análisis de InSight Crime

Las recurrentes operaciones militarizadas no han reducido la delincuencia organizada en Brasil.

De hecho, misiones similares en respuesta a policías asesinados se remontan a décadas atrás, pero aún no han frenado la evolución de los grupos criminales en el país. Bruno Paes Manso, experto en crimen organizado brasileño del Núcleo de Estudios de la Violencia (Núcleo de Estudos da Violência, NEV) de la Universidad de São Paulo y autor de varios libros sobre organizaciones criminales en Brasil, explicó a InSight Crime que esta práctica comenzó tras la muerte de un policía en Río de Janeiro en 1964.

“La policía prometió matar a diez delincuentes por cada agente muerto”, explicó Paes Manso.

 Pero el elevado número de muertes en el marco de la Operación Verano parece haber llevado la tradición de la policía a nuevos niveles. Y el apoyo continuado a la operación por parte del gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, y del secretario de Seguridad Pública, Guilherme Derrite, parece indicar el respaldo oficial a la práctica.

“Es una lógica de confrontación, de violencia abierta, debido a una elección política tomada también por el actual gobernador”, declaró a InSight Crime Camila Nunes Dias, socióloga especializada en crimen organizado de la Universidad Federal del ABC de Brasil.

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Lejos de aumentar la seguridad de la policía, estudios indican que es probable que estas operaciones incrementen el número de policías muertos. Cuando los gobiernos recurren únicamente a tácticas militarizadas contra la delincuencia, los grupos criminales tienen pocos incentivos para negociar y ven en la violencia una herramienta cada vez más viable.

Una política pública contra el narcotráfico que se traduzca en más muertes es contraproducente, según Paes Manso.

“Hay que actuar económicamente para reducir el poder económico de estos grupos con un trabajo de inteligencia y reducir los homicidios causados por los problemas que el narcotráfico causa en Brasil. Y la policía está haciendo lo contrario”, afirmó. “Están apostando por una guerra. Solo están creando desorden y confusión en estos territorios”.  

La Baixada Santista, por su parte, sigue siendo un territorio estratégico para los grupos criminales como el Primer Comando de la Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC) por su proximidad al puerto de Santos, uno de los principales puntos de salida de la cocaína hacia Europa.

Imagen principal: Manifestación contra las muertes provocadas por la Operación Escudo, en la Baixada Santista. Crédito: Allison Sales / AFP