Los reportes de una escalofriante masacre en Haití han puesto de relieve la profundidad del control criminal en la capital del país, Puerto Príncipe, donde un Estado en gran medida ausente ha dejado a los ciudadanos expuestos a los depravados ataques de las pandillas.
Más de 100 personas, en su mayoría ancianos, fueron asesinadas entre el 6 y el 7 de diciembre por una pandilla que operaba en el barrio de Cité Soleil, uno de los más pobres de la capital, según el gobierno de Haití y grupos de derechos humanos. Los miembros de la pandilla mataron a las víctimas a tiros o puñaladas con machetes y cuchillos, y quemaron los cadáveres en las calles, según una declaración hecha pública por la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (Réseau National de Défense des Droits Humains – RNDDH).
El jefe de la pandilla supuestamente ordenó la masacre después de que le informaran que los ancianos de la zona estaban practicando brujería para dañar a su hijo pequeño, quien había caído enfermo. El menor murió el 7 de diciembre, según la RNDDH.
Los detalles de los asesinatos siguen apareciendo, e InSight Crime no ha podido verificar de forma independiente la versión de la RNDDH.
Las estimaciones sobre el número de muertos varían considerablemente, algo habitual en Haití, donde las zonas controladas por las pandillas suelen ser inaccesibles para los observadores externos. Un alto funcionario de derechos humanos de las Naciones Unidas afirmó que el ataque de las pandillas había cobrado al menos 184 vidas, pero el origen de esa cifra no estaba claro de inmediato.
El gobierno haitiano condenó la masacre, prometiendo “erradicar” a los grupos criminales responsables de lo que calificó de “acto bárbaro de indescriptible crueldad”.
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El grupo responsable de la masacre, conocido como Wharf Jérémie, forma parte de una mezcolanza de pandillas armadas que han reforzado su control sobre Puerto Príncipe en los últimos años, que ha abrumado al gobierno y aterrorizao a las comunidades locales. Aunque la pandilla controla un territorio estratégico cerca de un puerto comercial, no figura entre los grupos más violentos del país.
La expansión de las pandillas haitianas ha coincidido con la unificación de facciones de bandas rivales, que ahora operan como una coalición criminal apodada Viv Ansanm (Vivir Juntos). La coalición ha lanzado una serie de ataques descarados en 2024 contra comunidades e infraestructuras críticas de Puerto Príncipe y otros lugares.
Solo este año han muerto en Haití más de 5.000 personas, según la ONU.
Análisis InSight Crime
Los asesinatos de Cité Soleil ponen de manifiesto el indiscutible control social del que gozan los actores criminales en algunas de las zonas más pobres de Haití, donde incluso los actores criminales secundarios pueden cometer abominables actos de violencia contra civiles a menudo indefensos.
Las pandillas apenas se enfrentan a la resistencia del Estado en sus principales bastiones, lo que les permite dictar la vida cotidiana y atacar a los residentes con la violencia habitual. Desde la masacre más reciente, la pandilla Wharf Jérémie ha montado un asedio informal en la zona y ha impuesto fuertes restricciones a la movilidad, según la RNDDH.
“El asesinato de al menos 110 personas a manos de la pandilla Wharf Jérémie los días 6 y 7 de diciembre es un crudo recordatorio de lo frágil que sigue siendo la situación en Cité Soleil y en Haití”, ha declarado Sandra Pellegrini, especialista regional para América Latina de ACLED (Armed Conflict Location and Event Data).
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En octubre, otra pandilla conocida como Gran Grif asesinó a tiros al menos a 70 personas —y posiblemente a docenas más— durante una matanza en el departamento de Artibonite, al norte de Puerto Príncipe.
Tanto el gobierno de Haití como la comunidad internacional han tenido dificultades para controlar la situación. La frágil policía del país está mal equipada para enfrentarse a las pandillas. Mientras tanto, una fuerza de seguridad multinacional dirigida por Kenia y enviada para vigilar a las pandillas ha tropezado con escasez de personal y financiación.
Haití ha pedido a la ONU que transforme la fuerza dirigida por Kenia en una misión de mantenimiento de la paz de pleno derecho, como medio de conseguir una financiación más sólida. Estados Unidos y otros miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) también han respaldado la petición del gobierno haitiano.
Imagen principal: Un soldado en una calle de Haití, donde la violencia pandillera ha aumentado en los últimos años. Crédito: Reuters.



