Un informe sin precedentes ha puesto en evidencia cómo los grupos criminales transnacionales están alimentando la violencia en Chile y deteriorando la seguridad pública en el norte del país.
La violencia relacionada con el crimen organizado aumentó entre 2022 y 2023, según un estudio que, por primera vez, compara todos los delitos vinculados al crimen organizado a nivel nacional. El informe analizó una variedad de delitos, considerando su gravedad, y midió la corrupción y la violencia tanto a nivel nacional como local.
Delitos como el tráfico de drogas, el secuestro, el tráfico de migrantes, el lavado de dinero y los delitos relacionados con armas aumentaron en promedio un 8,4% durante ese período, mientras que la violencia vinculada al crimen organizado se disparó cerca del 37%, pasando de 3.834 a 5.265 casos.
Aunque los delitos contra la propiedad aún representan la mayoría de los crímenes en Chile, su número ha disminuido en los últimos años. Sin embargo, la violencia asociada al crimen ha aumentado de manera novedosa no solo por su magnitud, sino también por su brutalidad, según explicó Pía Greene Meersohn, directora del Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado (CESCRO) de la Universidad San Sebastián, institución que publicó el informe.
“Hoy día los homicidios han cambiado su morfología y, […] generalmente, son producto del sicariato que se realiza en gran medida con armas de fuego”, dijo. “Pasan en moto (y ha pasado muchas veces en el último tiempo) disparando y le llega a un niño o a un adulto con balas perdidas”.
“También hemos visto [casos como el que ha ocurrido recientemente en el que] apareció una mujer descuartizada. Ese tipo de cosas […] antes no la veíamos en el país”.
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Según Greene Meersohn, el crimen transnacional ha desempeñado un papel central en esta violencia. Aunque advirtió que la migración, en general, suele estar asociada de forma incorrecta con el crimen organizado, señaló que las fronteras porosas en el norte de Chile han sido un factor clave para el aumento de estas dinámicas criminales.
“Se da mucho tráfico ilícito de personas, […] tráfico de contrabando, […] tráfico de droga. Todas las cosas que entran ilegalmente por la frontera, generalmente, entran por la frontera norte”, explicó.
Análisis de InSight Crime
El crimen transnacional ha introducido en Chile un nivel de violencia al que el país no estaba acostumbrado.
El hallazgo en mayo de 2023 de los cuerpos de dos hombres enterrados vivos bajo el piso de concreto de casas de tortura administradas por Los Gallegos, facción disidente del grupo criminal venezolano Tren de Aragua, fue apenas un ejemplo del tipo de brutalidad que antes era prácticamente desconocida en Chile.
Esta violencia, en uno de los países tradicionalmente más seguros de América Latina, puede ayudar a explicar por qué la percepción de inseguridad entre los ciudadanos chilenos se encuentra entre las más bajas del mundo, por debajo de otros países de la región que presentan mayores índices de criminalidad, como México, Brasil y Colombia.
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Las autoridades chilenas han implementado algunas medidas positivas para intentar frenar el aumento de la criminalidad, reconoció Greene Meersohn, destacando la creación de un observatorio de homicidios por parte del Ministerio de Seguridad Pública, lo que debería ayudar a los investigadores a entender mejor los factores detrás de los asesinatos.
“En Chile, al igual que en la mayor parte de Latinoamérica, tenemos cifras bastante dispersas y diversas de la policía, de la fiscalía”, explicó. “Con el Observatorio de Homicidios encontramos un número único de homicidios y también hemos podido caracterizarlos y saber cómo ocurren […] y poder abordar eso”.
Sin embargo, aunque en 2024 hubo menos homicidios que el año anterior, esto no necesariamente significa que el gobierno esté debilitando al crimen organizado. Pueden ser pactos entre bandas rivales o el hecho de que algunas estén eliminando a sus competidores lo que explique la disminución de los asesinatos.
“No creo que sea producto de las políticas públicas que estamos implementando”, afirmó Greene Meersohn.
La falta de coordinación efectiva entre instituciones, así como la demora del Congreso en aprobar leyes que refuercen las capacidades de inteligencia del Estado y permitan combatir de manera más eficiente el lavado de dinero, hacen que Chile siga rezagado en su lucha contra el crimen organizado, agregó.
El archivo de casos criminales y la aparente incapacidad del Estado para evitar que los criminales sigan operando desde las cárceles también han creado un sentimiento de impunidad que no solo incrementa la sensación de inseguridad pública, sino que además fortalece al crimen organizado al permitir que las bandas diversifiquen sus actividades, indicó Camila Astrain, investigadora de CESCRO, a InSight Crime.
“[Las bandas] se sienten más seguras para poder ampliarse en términos comerciales”, aseguró.
Imagen principal: Agentes de la Policía de Investigaciones (PDI) arrestando a un presunto miembro del Tren de Aragua en Santiago de Chile. Crédito: Reuters.




