El crimen organizado −y el tráfico de cocaína en particular−, según los datos recopilados por InSight Crime, ha sido el principal motor de los homicidios en América Latina y el Caribe en la última década.

Si bien la tasa de homicidios a nivel regional se ha mantenido relativamente estable, algunos países registraron aumentos preocupantes, mientras que otros experimentaron disminuciones significativas. En el Caribe, el promedio de la tasa de homicidios aumentó un 18,9%, en Centroamérica y México cayó un 58%, y en Suramérica se redujo un 22,6%.

Los datos, recopilados por InSight Crime a lo largo de la última década, ilustran la incidencia de las dinámicas criminales en la evolución de los patrones de la violencia en la región, así como los desafíos para medir sus transformaciones. A continuación, destacamos algunas de las tendencias más importantes.

El Caribe

El Caribe es la única subregión que registró un aumento en el promedio de la tasa de homicidios en los últimos 10 años, con una variación del 18,9%.*

Aunque la mayoría de los países registraron una disminución en su tasa de homicidios durante la última década, el aumento de este indicador en Surinam (+406,7%), Santa Lucía (+151,7%), y San Cristóbal y Nieves (+6,7%) elevó el promedio regional.

A pesar de que el Caribe se ha mantenido como un punto estratégico en el tránsito de cocaína hacia Europa y Estados Unidos, las redes involucradas en el negocio no están detrás del crecimiento de la violencia. En el caso de Surinam, por ejemplo, el aumento está relacionado con el creciente uso de la violencia armada en crímenes menores como el robo. Sin embargo, en las islas de Santa Lucía y San Cristóbal y Nieves, la variación está vinculada a las disputas entre pandillas locales por el control del territorio, su fragmentación y la resolución de conflictos de manera violenta.  

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Centroamérica y México

Centroamérica y México registraron la mayor reducción en su tasa de homicidios promedio entre las regiones monitoreadas, con una caída del 58%, pasando de 38,2 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2015 a 16,3 en 2024. Ningún país de América Latina y el Caribe experimentó una caída más drástica que El Salvador donde la tasa de homicidios se desplomó un 98%.

La reducción de la tasa de homicidios en El Salvador, que pasó de 107 en 2015 a 1,9 en 2024, tuvo un impacto significativo en el promedio regional. Si se omiten los datos de ese país, la disminución en la tasa de homicidios de Centroamérica y México sería apenas del 13%.

Honduras, Guatemala y Belice también tuvieron reducciones importantes en la última década, con descensos del 58%, 48% y 35%, respectivamente. Pero esta no fue la misma tendencia en otros países de Centroamérica. En Costa Rica, el aumento del uso de sus puertos para el tráfico de cocaína provocó un aumento del 44%. En México, la tasa de homicidios subió un 13,5% debido a las disputas por el control del tráfico de drogas y de migrantes, y en Panamá, las disputas entre las bandas locales condujeron a un leve incremento del 4%.

La reducción en la tasa promedio refleja los cambios dentro de cada país, pero no necesariamente implica que hubo menos homicidios en 2024 que en 2015.

El Salvador es un país relativamente pequeño, con una población de aproximadamente 6 millones de habitantes, mientras que México tiene 132,3 millones. Esto significa que, si en El Salvador los homicidios bajaran de 2.000 a 1.000, la tasa de homicidios se reduciría de 33,2 a 16,7, lo que representa una caída del 50%. Sin embargo, si en México la tasa de homicidios aumentara de 16,7 a 33,2, el número de homicidios pasaría de aproximadamente 22.094 a 43.924, lo que representaría un incremento mucho más significativo en términos absolutos. 

Pero, aún con esta salvedad, la reducción de la violencia en El Salvador ha sido drástica. Esto responde al desmantelamiento de las pandillas Mara Salvatrucha (MS13) y las facciones rivales de Barrio 18, los Revolucionarios y los Sureños, bajo el gobierno del presidente Nayib Bukele. Las disputas territoriales entre estos grupos llevaron al país a tener una de las tasas de homicidio más elevadas del mundo en 2015. Sin embargo, las tácticas de Bukele han generado controversia, ya que incluyen la suspensión del hábeas corpus y el encarcelamiento masivo de presuntos pandilleros en una megacárcel de máxima seguridad.

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Si bien la política de mano dura de Bukele ha dado resultados en el corto plazo, la caída en la tasa de homicidios también está relacionada con un cambio en la metodología de registro en El Salvador. En 2019, la Policía Nacional anunció que dejaría de incluir en sus cifras a las víctimas de presuntos enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y supuestos pandilleros, así como a los cuerpos hallados en fosas comunes. Ese año, la tasa de homicidios bajó de 53 a 38 por cada 100.000 habitantes.

Guatemala, por su parte, experimentó una reducción sostenida en su tasa de homicidios entre 2009 y 2021. El gobierno atribuye esta tendencia a planes de focalización y operativos en provincias con alta actividad criminal, con estrategias no solo para reducir los homicidios, sino también para combatir delitos como la extorsión y la desarticulación de grupos criminales.

Suramérica

El promedio de la tasa de homicidios en Suramérica disminuyó un 22,6% en los últimos 10 años. Sin embargo, hay algunos países que han presentado una tendencia al alza, a pesar de implementar estados de excepción para contener sus niveles de criminalidad, lo cual pone en duda una vez más la eficacia de estas medidas.  

Los gobiernos de Ecuador y Chile implementaron esta estrategia para disminuir los estallidos de violencia provocados por el crimen organizado, pero no fue suficiente para contenerla. En estos países, la tasa de homicidios aumentó un 546,7% y un 139,1% respectivamente, de 2015 a 2024.

En Ecuador, el posicionamiento del país como uno de los principales centros de tránsito de cocaína hacia mercados internacionales y la explosiva proliferación de las bandas criminales detrás de este negocio alimentó el incremento.

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A partir de 2023, la ciudad de Durán se destacó como el epicentro criminal de Ecuador, con una tasa de homicidios de más del triple de la media nacional al final del año. La militarización de la guerra contra las pandillas desde enero de 2024 ha fragmentado a estos grupos, lo que ha causado más violencia. 

En Chile, la expansión de pandillas extranjeras, como el Tren de Aragua, contribuyó al aumento del crimen organizado. En los últimos diez años han disminuido otros tipos de delitos, pero han aumentado los relacionados con el crimen organizado, lo que ha provocado problemas de superpoblación en las cárceles locales. Sin embargo, la tasa de homicidios de Chile sigue siendo una de las más bajas de la región.

A pesar de estos estallidos de violencia más recientes, siete de los diez países analizados en la región lograron registrar tendencias a la baja –entre ellos Venezuela con una disminución del 70,8% y Argentina con una baja del 42,4%–. Aunque los datos de algunos de estos países no son confiables, como es el caso de Venezuela, Bolivia y Paraguay, sus tasas decrecientes contribuyeron con la baja del promedio regional de las tasas de homicidios en Suramérica. 

*El promedio regional se refiere al resultado de la suma de las tasas de homicidios de cada país dividido por el número de países, no a la cantidad de homicidios en toda la región dividido por la población en toda la región.