Durante el último año, los titulares de medios ecuatorianos se han atiborrado de noticias sobre la presunta participación de menores de edad en todo tipo de delitos, incluyendo el asesinato a policías y fiscales de Ecuador.
El ejemplo más reciente ocurrió a finales de octubre de 2023, cuando el Sargento Segundo de la Policía, Christian Wilson Pucha Islam, fue asesinado presuntamente por un menor de 16 años y un joven de 19 mientras cumplía funciones investigativas antinarcóticos en Guayaquil, según un comunicado de la Policía Nacional.

Frente al asesinato de Pulcha Islam, y en general, frente a otros delitos en los que menores de edad han estado involucrados, los medios se han concentrado en describir a estos jóvenes simplemente como asesinos o “criminales menores de edad”. Sin embargo, el involucramiento de estos en el mundo criminal de Ecuador es tan solo una de las caras de la moneda.
En la otra cara se esconde la realidad de muchos niños, niñas y adolescentes que han sido atrapados por los tentáculos de las bandas criminales que, con los crecientes flujos de cocaína en Ecuador, han multiplicado su poderío. Estas organizaciones están reclutando menores en niveles nunca vistos en el país en medio de su ambición de seguir creciendo y de ganarse a punta de bala el derecho a traficar drogas a través del puerto de Guayaquil.
El recrudecimiento del reclutamiento infantil
El reclutamiento infantil no es nuevo en Ecuador. Desde los 2000, grupos criminales reclutaban menores en varias partes del país. La legendaria pandilla Latin Kings, reclutaba jóvenes en escuelas de Guayaquil para cometer asaltos y otros crímenes.
Sin embargo, hoy el reclutamiento se ha agudizado como respuesta al posicionamiento de Ecuador como uno de los principales centros de tránsito de cocaína hacia mercados internacionales y al explosivo crecimiento de las bandas criminales detrás de este negocio.
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Aunque no existen cifras oficiales de reclutamiento infantil en Ecuador, los datos de homicidios y detenciones de menores permiten dimensionar el alcance de la problemática.
En 2022, 289 menores de hasta 19 años fueron asesinados, según cifras del Ministerio de Gobierno y la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (DINASED), un incremento de 195% frente a los 98 casos reportados en 2020. En lo corrido de 2023, el número de muertes se ha agudizado: entre enero y julio, 248 menores han sido asesinados.
Guayaquil y Durán, una pequeña ciudad vecina, en la provincia de Guayas, son dos de los campos de batalla entre bandas criminales, y, por lo tanto, son las que agrupan la mayor cantidad de muertes de menores en todo el país. En 2022, 48 menores fueron asesinados en Guayaquil, y 15 en Durán.

Además, entre enero y junio de 2023, la Policía Nacional detuvo a 1.326 niños, niñas y adolescentes entre los 12 y 17 años por delitos como porte ilegal de armas, sicariato, microtráfico, robo, entre otros, según un reportaje del medio Primicias. La Policía también detuvo en alta mar a 12 menores que eran tripulantes de embarcaciones cargadas de droga. InSight Crime intentó varias veces confirmar estos datos con la policía, pero no obtuvo respuesta.
La provincia con mayor número de capturas fue Guayas, con 367 casos. La mayoría concentrados en la zona 8, una jurisdicción administrativa que cubre a Guayaquil y Durán.
Una mezcla explosiva
La perla del Pacífico ecuatoriano, Guayaquil, es una ciudad de contrastes. Por un lado, al ser la principal ciudad portuaria de Ecuador, tiene un poder económico visible y mueve miles de millones de dólares al año. Pero, por otro lado, muchas familias enfrentan condiciones de precariedad severa y habitan en entornos con altos niveles de violencia.
“En Guayaquil se concentran la mayor cantidad de problemas de violencia y criminalidad”, dijo Max Campos, un analista de seguridad ecuatoriano y coronel de la policía reservista, en entrevista con InSight Crime.
Hay barrios y zonas de la ciudad que son particularmente vulnerables al reclutamiento. Se trata de sectores marginales, y estratégicos por su conexión con el puerto, uno de los principales puntos de embarque de drogas hacia Europa y otros mercados internacionales.
Estas zonas “son entornos de guerra”, dijo una funcionaria ecuatoriana experta en reclutamiento infantil que habló con InSight Crime bajo condición de anonimato por miedo a represalias. “Se acuestan con tiroteos y se despiertan con tiroteos”.
Durán, aunque no hace parte de Guayaquil, ha sido fuertemente golpeada por la violencia que han generado los enfrentamientos por el control del puerto.
“Durán es como una gran bodega de exportación de todo lo que sale por el puerto”, dijo Billy Navarrete, director ejecutivo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) a InSight Crime. “Así que es un lugar estratégico para contaminar los contenedores con droga”.
Y la ciudad también ha sido foco de reclutamiento de menores.
En Durán existen las llamadas “escuelas de sicarios”, donde los menores reclutados aprenden a maniobrar el armamento de alto calibre usado por los sicarios de las bandas.
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¿Cómo se da el reclutamiento?
En la creciente guerra entre grupos criminales ecuatorianos, los niños reclutados desempeñan muchas funciones clave.
Las bandas asignan a los nuevos menores reclutados tareas iniciales, como ser vigilantes, también conocidos como “campanas” que sirven como sus ojos y oídos en las calles. Poco a poco les dan labores con mayor responsabilidad, como vender droga en mercados locales o cobrar extorsiones. Paulatinamente, se les involucra en eslabones más altos a lo largo de la cadena del tráfico de drogas, como transportistas de cocaína. Otros, ocupan la primera línea de guerra desempeñándose como sicarios.
A las niñas también las reclutan para ser explotadas sexualmente y las obligan a ser las parejas de los líderes de las bandas.

Los niños, niñas y adolescentes que habitan en los barrios marginales de Guayaquil son los blancos ideales para las bandas, pues a menudo viven en hogares disfuncionales, con profundas carencias económicas. Además, la funcionaria experta en reclutamiento infantil explicó a InSight Crime que en los barrios en los que crecen estos jóvenes, la presencia institucional es débil.
Las escuelas son lugares predilectos para el reclutamiento. Allí, las bandas criminales prometen a los jóvenes dinero, regalos de Navidad, drogas y el estatus social que les da pertenecer a una banda. A otros, se les amedrenta con amenazas de violencia hacia ellos o sus familiares.
Los programas y ayudas sociales que existían fueron recortados durante la pandemia del COVID-19. Estas ayudas sociales se fueron y no volvieron, y las bandas llenaron este vacío.
“Tienen más personas que el propio Estado para gestionar las necesidades de la gente”, dijo la experta en reclutamiento. “Les ofrecen asistencia legal en procesos penales y servicios médicos”.
Y lo que preocupa a autoridades y expertos en materia de infancia, es que, las bandas que hasta hace unos años eran incipientes, hoy están formando poderosas estructuras a través del reclutamiento.
“El poderío que tienen es impresionante, al igual que sus recursos, no solo financieros, sino también de personas”, dijo la experta. “Son como mini ejércitos, porque se van constituyendo así”.
