El decomiso de un cargamento de cocaína en el principal aeropuerto internacional de Venezuela resalta el rol de la infraestructura aeroportuaria en el tráfico de drogas, y expone una ruta de narcotráfico poco usual.
El 24 de agosto, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) decomisó tres toneladas de cocaína que iban a ser enviadas en un vuelo de carga de la empresa estatal EMTRASUR, desde el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, ubicado en el estado de La Guaira, en las cercanías de Caracas. El cargamento indicaba como destino final Afganistán, pero realizaría una escala en Rusia, de acuerdo con un reporte mediático.
Las autoridades detuvieron a 13 personas involucradas en el transporte del alcaloide. Entre ellas, tres fueron identificadas como responsables de coordinar la entrada de la sustancia desde Colombia por el estado fronterizo de Táchira y su traslado terrestre hasta el aeropuerto. La droga estaba oculta en paquetes asociados a la empresa Café El Faraón C.A., cuyo propietario aparentemente huyó hacia suelo colombiano.
Aunque el reporte inicial señaló que el presidente de la Empresa Estatal Aerocargo del Sur (EMTRASUR), César José Pérez Salas, había sido capturado, el ministro de transporte de Venezuela, Ramón Celestino Velásquez, desmintió posteriormente esta versión en su cuenta de X.
Hasta la fecha, además de Velásquez, ninguna otra fuente oficial del gobierno venezolano, se ha pronunciado sobre la incautación.
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Ante la opción de que la cocaína atravesará los controles aeroportuarios sin el beneplácito estatal, la periodista Sebastiana Barráez aseguró en conversación con InSight Crime que “no es posible que cargamentos de droga puedan salir desde el Aeropuerto Internacional de Maiquetía sin la complicidad de las fuerzas de seguridad, específicamente sin la complicidad de funcionarios de la Fuerza Armada, porque el aeropuerto está absolutamente controlado”.
La última vez que el Aeropuerto de Maiquetía fue protagonista por un cargamento de gran volumen fue en 2013, cuando las autoridades francesas decomisaron 1,3 toneladas de cocaína introducidas en 31 maletas en un vuelo comercial de la aerolínea Air France.
Análisis InSight Crime
Aunque no es la primera vez que el Aeropuerto de Maiquetía se utiliza para intentar exportar cocaína a destinos inusuales, enviar un cargamento tan voluminoso hacia un país como Afganistán podría encubrir otras lucrativas rutas de narcotráfico hacia Asia.
Históricamente, Afganistán fue el principal centro de producción y tráfico de opio en el mundo, con casi el 80% del acaparamiento del suministro global. No obstante, su papel en el narcotráfico ha cambiado sustancialmente en los últimos años. La producción de opio en el país se desplomó un 95 %, cayendo de 6.200 toneladas en 2022 a solo 333 toneladas en 2023, según un estudio de agosto de 2023 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).
El colapso en el mercado de opio ha dado lugar a nuevas dinámicas, como el aumento del tráfico de metanfetaminas de manufactura local, con incautaciones récord en Europa y Asia. A pesar de ser un país con antecedentes en el trasiego de drogas, es la primera vez que se registra un envío de cocaína desde América Latina hacia territorio afgano.
En conversación con InSight Crime, Vanda Felbab-Brown, experta en crimen organizado e investigadora senior del Instituto Brookings, asegura que usar a Afganistán como un destino de cocaína parece una maniobra distractora para asegurar la llegada de cargamentos hacia otro destino emergente.
“Es bastante complicado atravesar Afganistán, y casi parece que esto estaba destinado a ser interceptado. Es como si fuera una operación encubierta, donde una unidad antinarcóticos está probando la calidad de las redes mediante entregas controladas, o quizás los narcotraficantes están enviando algo que saben será interceptado, mientras mueven otra carga por una ruta diferente”, enfatizó Felbab-Brown.
Por otro lado, la investigadora señala que, si existe un interés en mover tres toneladas de droga hacia el mercado asiático, Turquía y Rusia —donde el vuelo tendría una escala— serían opciones más seguras y con mayor conexiones con Venezuela para este tipo de operaciones. Ambas naciones cuentan con redes establecidas y organizaciones criminales especializadas que garantizan un tránsito más confiable.
“Los grupos turcos tienen un rol importante. Han ampliado las conexiones de América Latina y tienen conexiones en Asia Central y, obviamente, el Medio Oriente, así como Europa” explicó Felbab-Brown.
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En el mapa de destinos alternativos que han salido desde Venezuela, Turquía se ha posicionado como una opción alterna a destinos comunes como Europa y Norteamérica, cuya vigilancia e interdicción estatal ha llevado a organizaciones internacionales a buscar nuevos corredores de droga.
En 2018, el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, notificó el desmantelamiento de una red criminal transnacional que enviaba droga en vuelos comerciales desde Venezuela hacia el Líbano, Turquía y algunos destinos en Europa. Entre los 18 detenidos que participaron en esta empresa criminal, se encontraba un sargento segundo de la GNB adscrito a la Unidad Especial Antidroga del Aeropuerto.
Otro de los casos más renombrados está vinculado con las denuncias de Sedat Peker, un jefe mafioso de origen turco, quien acusó a Erkam Yildirim —hijo del exprimer ministro turco, Binali Yildirim— de hacer varias visitas a suelo venezolano con el objetivo de abrir una nueva línea de transporte transnacional de droga entre Suramérica y Turquía.
Aunque las acusaciones de Peker no dieron lugar a investigaciones oficiales, los vínculos comerciales entre los gobiernos de Venezuela y Turquía, especialmente en el comercio de oro, podrían estar siendo aprovechados por redes de criminales turcos que han venido aumentando de manera paulatina su participación en el negocio de la cocaína.
Imagen principal: Aeropuerto Simón Bolívar en Maiquetía, Venezuela. Crédito: Wikimedia Commons




