En Brasil, donde los cambios en la dinámica de las bandas criminales ha creado nuevos focos de violencia, personas inocentes se están convirtiendo en víctimas de disputas territoriales, ya que los grupos criminales reaccionan violentamente a gestos inocuos con las manos y a publicaciones en las redes sociales.

Según el Proyecto de Datos de Eventos y Ubicación de Conflictos Armados (Armed Conflict Location & Event Data Project, ACLED), en 2024, 16 personas fueron asesinadas por motivos directamente relacionados con gestos con las manos, en comparación con las 4 de 2023. Sin saberlo, muchas de ellas habían publicado fotos en redes sociales donde hacían gestos asociados con las bandas criminales en el país.

Además, es probable que las cifras no reflejen la realidad debido a la ambigüedad que rodea a muchos de los homicidios en Brasil.

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Las poderosas bandas de Brasil han reclamado estos gestos como símbolos exclusivos. Incluso los gestos más simples, que se utilizan a menudo en la vida cotidiana, pueden suponer una sentencia de muerte, sobre todo si un grupo criminal ya sospecha que el individuo es un enemigo.

El Comando Rojo (Comando Vermelho, CV), por ejemplo, se asocia con el número dos, mientras que su rival, el Primer Comando de la Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC), se atribuye el número tres. Eso significa que gestos inocentes, como hacer el signo de la paz con dos dedos levantados o el signo de “OK” con tres dedos levantados, pueden ser suficientes para desencadenar una orden de ejecución, dependiendo del lugar y de quién esté escaneando las redes sociales.

En un caso altamente mediático en 2024, dos hermanas de Porto Esperidião, en Mato Grosso, fueron secuestradas, torturadas y asesinadas después de asistir a un festival de pesca. Una de ellas subió a Instagram una foto en la que aparecía un gesto de tres dedos asociado a la mayor organización criminal de Brasil, el PCC.

La ejecución, ordenada por los líderes CV, un grupo rival, se transmitió en directo a una prisión local en una videollamada que duró más de tres horas, según los investigadores locales. El agente de policía encargado del caso dijo a la prensa local que no había pruebas de que las víctimas hubieran participado en actividades ilegales.

En otro caso relacionado con un gesto típico del PCC, un turista adolescente que visitaba la localidad costera de Jericoacoara junto a su padre fue secuestrado y asesinado, supuestamente por levantar tres dedos en una fotografía. El padre de la víctima afirma que no tenía ningún vínculo con grupos criminales.

Incluso los famosos han quedado atrapados en el fuego cruzado. A principios de 2025, la popular cantante de trap Duquesa, del estado de Bahía, en el norte, se apresuró a retirar un video musical de Internet después de que los espectadores advirtieran que ella hacía un gesto vinculado a una facción criminal. La productora de la artista emitió más tarde un comunicado en el que “lamentaba” el incidente y subrayaba que la cantante “no tenía ninguna intención criminal”.

Análisis de InSight Crime

En particular, los últimos asesinatos se concentran en zonas donde las bandas luchan por controlar los mercados y las rutas de transporte de drogas, aunque se han producido tras un cambio significativo en la ubicación de los conflictos entre bandas en los últimos años.

Las zonas urbanas del estado de Bahía y las zonas rurales de Mato Grosso parecen ser las regiones más peligrosas para quienes exhiben símbolos relacionados con las bandas, con 14 asesinatos relacionados con gestos registrados entre 2018 y 2024 en cada estado, según datos de ACLED.

Aunque los estados tienen contextos criminales únicos, ambos son territorios en disputa entre facciones poderosas de los grupos criminales de Brasil. En Bahía, los enfrentamientos entre bandas por el lucrativo mercado de venta de drogas al por menor del estado se han intensificado. Y en Mato Grosso, un estado fronterizo estratégico, los grupos criminales luchan por el control de las principales rutas de tránsito de drogas con destino a Brasil y Europa.

El aumento de los asesinatos relacionados con símbolos y gestos con las manos es solo una parte de una redistribución general de la violencia relacionada con las bandas, que se ha concentrado cada vez más en Mato Grosso y Bahía. Entre 2018 y 2024, la violencia atribuida a grupos criminales aumentó a más del doble en ambos estados, mientras que en Brasil en general la cifra se mantuvo estable.

Mato Grosso también es foco de actos de violencia extrema. La tasa de homicidios del estado es 31% más alta que el promedio nacional de Brasil, que es de 18,7 homicidios por cada 100 000 habitantes. Además, las decapitaciones, utilizadas por los grupos criminales para castigar a sus rivales y deudores, ocurrieron a un ritmo cinco veces mayor que el promedio nacional entre 2018 y 2024, según datos de ACLED.

El continuo auge de la producción y el consumo de cocaína en Brasil y otros países parece estar alimentando estos conflictos, endureciendo las normas sociales en los territorios controlados por las pandillas.

Luiz Silva, investigador de la Red de Estudios Periféricos y de la Red de Observatorios de Seguridad de la Universidad Federal de Maranhão, declaró a InSight Crime que las bandas brasileñas vigilan de cerca las redes sociales y han desarrollado «mecanismos» de vigilancia para identificar a quienes sospechan que son enemigos.

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Las pandillas “saben que no todas las personas que hacen símbolos son participantes de un grupo en particular, pero la violencia no es irracional. Sigue la lógica del control territorial”, dijo Silva.

“Si las pandillas sospechan de una amenaza, vigilarán los datos de los teléfonos móviles, los mensajes de WhatsApp, stickers y fotos”, de sus víctimas, añadió.