Cada vez más países de América Latina y el Caribe registran casos de tráfico de ketamina, lo que refleja una transformación de los mercados de drogas de la región, impulsada por el auge de los cócteles sintéticos y por cadenas de suministro más dispersas.
El 3 de agosto, la Fiscalía Regional de Arica, en el norte de Chile, condenó a 17 presuntos integrantes de una organización que traficaba ketamina desde Perú hacia Chile. Según la investigación, los cargamentos cruzaban la frontera de Tacna, Perú, y Arica a través de correos humanos que ingresaban a pie al país y luego eran transportados en vuelos nacionales para abastecer los mercados de droga de la Región Metropolitana.
Unas semanas antes, el 13 de julio, la Corte de Arica confirmó las condenas de 18 integrantes de otra organización que traficaba ketamina entre ambos países. La banda estaba integrada por ciudadanos peruanos, chilenos, venezolanos y ecuatorianos. De acuerdo con medios locales, algunos de sus miembros tendrían vínculos con el grupo criminal ecuatoriano Los Lobos, aunque las autoridades no revelaron mayores detalles.
Ambos casos ilustran una dinámica regional en expansión. La ketamina, un medicamento sintético utilizado como anestesia en la medicina humana y veterinaria, circula con mayor frecuencia en los mercados ilícitos de América Latina y el Caribe debido a su creciente uso en mezclas de drogas sintéticas, según el más reciente Informe Mundial sobre las Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).
Aunque el continente americano registra apenas el 5% de las incautaciones mundiales de ketamina, el número de países que detectan la comercialización ilícita de esta sustancia ha aumentado de manera sostenida. Según la ONUDD, 20 países reportaron incautaciones entre 2021 y 2025, frente a la ausencia de decomisos dos décadas antes.

A continuación, exploramos las dinámicas detrás de ese crecimiento.
El auge de las ‘polisustancias’
Durante décadas, la ketamina ocupó un lugar marginal en los mercados ilícitos latinoamericanos. Aunque su uso recreativo se remonta a la década de 1960, cuando comenzó a utilizarse como fármaco, solo se concentraba en pequeños polos de consumidores que accedían a ella a través de proveedores de insumos médicos, sin mayor participación del crimen organizado.
Sin embargo, con el auge de los mercados de drogas sintéticas, la demanda se ha disparado. Cada vez es más común la comercialización de mezclas de diversas drogas, también conocidas como polisustancias o “drogas de diseño”, sustancias con una composición única, pensadas para evadir regulaciones y potenciar los efectos de las drogas tradicionales.
En América Latina, esta tendencia se refleja en el auge del llamado “tusi”. Aunque el nombre proviene originalmente del compuesto químico 2-CB, hoy el tusi rara vez contiene esa sustancia. En su lugar, suele elaborarse con mezclas cuya composición varía de un productor a otro, pero que frecuentemente incluyen ketamina, MDMA, anfetaminas, cocaína, cafeína y medicamentos como paracetamol o acetaminofén.
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La ketamina también aparece en otros cócteles sintéticos populares en la región, como algunos “speedballs”, mezclas de ketamina con estimulantes como el MDMA, o el llamado “Calvin Klein” en Chile, una combinación específica de cocaína y ketamina.
“La ketamina es una droga de moda, muy apetecida en las fiestas electrónicas. Esto hace que se haya expandido también entre un público urbano”, dijo a InSight Crime Pablo Zeballos, investigador de crimen organizado y exfuncionario de seguridad de Chile.
Chile, de hecho, se ha consolidado como uno de los mercados de consumo más grandes de ketamina en la región, debido en parte a su relativamente alto poder adquisitivo per cápita, y a los altos precios de venta de las drogas sintéticas.
Bajas barreras de entrada al negocio
El crecimiento de la demanda coincide con una ventaja clave para las redes criminales: conseguir ketamina suele ser mucho más sencillo que producir otras drogas. Debido a que ya se comercializa ampliamente como medicamento, los traficantes no necesitan fabricar la sustancia de manera ilícita, sino simplemente desviarla del circuito legal.
“Hemos detectado varios métodos en los que se adquiere [la ketamina]: sustracción en establecimientos veterinarios, reclutamiento de personas que laboren en la comercialización del producto, compras fraudulentas, falsificación de recetas, desvíos durante la cadena de distribución o ingreso ilegal desde países vecinos”, dijo a InSight Crime Diego Chavarría, el jefe de la División de Crimen Organizado del Organismo de Investigación Judicial de Costa Rica.
Las diferencias regulatorias entre países facilitan ese proceso, por lo que la ketamina se trafica principalmente entre países vecinos. Perú, por ejemplo, mantiene menos restricciones a la comercialización de ketamina que otros países de Suramérica, lo que lo ha convertido en un importante punto de abastecimiento para Chile y Ecuador. En Centroamérica, Nicaragua tiene un papel similar, según Chavarría.

Una vez desviada del sector médico, la sustancia no resulta difícil de transportar. En estado líquido, la ketamina es transparente, lo que le ha valido el apodo de “agua” en algunos países, y puede ocultarse fácilmente en envases comunes. También puede evaporarse y cristalizarse para convertirla en polvo, que luego se almacena en recipientes tan pequeños como ampolletas o cápsulas.
A principios de julio, por ejemplo, los Carabineros de Chile desmantelaron en Temuco un pequeño laboratorio, ubicado en una zona residencial, donde la ketamina líquida era cristalizada y fraccionada antes de su distribución. Las autoridades decomisaron más de 100.000 dosis.
“Se pueden extraer hasta 40 dosis [de consumo] de un gramo de ketamina, lo que no es común con otras drogas”, explicó Zeballos.
Los métodos de transporte también se apoyan en la infraestructura comercial existente. Los cargamentos más grandes, del orden de cientos de kilos o litros, se mueven con frecuencia por tierra en camiones de carga y vehículos personales, o por mar en embarcaciones pesqueras que recorren las costas. Las cantidades más pequeñas, desde unos cuantos gramos hasta decenas de kilos, se transportan mediante correos humanos, usualmente en vuelos comerciales.

Las autoridades del Aeropuerto de Cancún, en México, decomisaron 2,6 kilogramos de ketamina cristalizada, traficada en un equipaje de mano proveniente de Bogotá, Colombia. Fuente: Gabinete de Seguridad de México.
Recientemente, también se ha identificado el envío de ketamina desde Suramérica hacia Europa, donde la demanda se ha disparado, según la Agencia de la Unión Europea contra las Drogas (European Union Drugs Agency, EUDA). En marzo, la Armada de Chile decomisó casi 69 toneladas de materiales contaminados con drogas, entre ellas cocaína y ketamina, sin especificar la cantidad de cada una, ocultas en cargamentos de madera y caucho en el puerto de Arica con destino a Alemania e Italia.
“Es posible que la infraestructura logística construida para el tráfico de cocaína a Europa esté siendo aprovechada [para la ketamina], porque tiene márgenes altos, pero una menor regulación y menor visibilidad policial”, dijo Zeballos.
Cadena de suministro altamente fragmentada
No hay un solo grupo criminal que controle la cadena de suministro de ketamina ni alguna de sus partes. Las bajas barreras de entrada permiten la participación de una diversidad de actores, desde grandes organizaciones criminales hasta redes independientes y traficantes pequeños sin experiencia previa en el narcotráfico.
“Por ahora se observa un mercado de ketamina con condiciones de poliarquía… las distintas organizaciones criminales funcionan como eslabones complementarios, no como competidores”, dijo Zeballos.
Las redes que mueven la ketamina a través de fronteras suelen ser multinacionales, como lo demuestra el caso de la banda recientemente condenada en Chile. Otro ejemplo es un caso conocido a finales de 2025 en Argentina, donde las autoridades desmantelaron una red de ciudadanos paraguayos, chilenos y argentinos que traficaban ketamina entre los tres países.
También se han consolidado algunas organizaciones criminales más grandes en rutas específicas. La Fiscalía chilena ha señalado al grupo criminal colombiano Los Costeños como proveedor mayorista de la sustancia por las rutas marítimas entre los dos países, vía Perú.
Investigaciones de campo de InSight Crime en distintas partes de Chile determinaron que el Tren de Aragua fue uno de los principales impulsores del mercado de ketamina, al controlar el tráfico desde países vecinos donde también tenía presencia y explotar a la comunidad migrante venezolana como correos humanos.
A nivel local, las redes que obtienen la ketamina se encargan de su distribución minorista, pero operan según las dinámicas criminales de cada mercado. En Medellín, Colombia, uno de los epicentros regionales de la distribución de tusi, las mezclas de la droga son elaboradas por individuos o grupos pequeños, pero su venta suele estar supervisada por bandas más grandes y poderosas, entre ellas las vinculadas a La Oficina de Envigado.
Al contrario, en Costa Rica, son las bandas dedicadas exclusivamente al narcomenudeo las encargadas de la obtención y distribución de ketamina, sin mayor participación de grupos criminales vinculados al tráfico internacional de otras drogas, según explicó Chavarría.




