El tráfico de vida silvestre llega hasta unas profundidades inauditas.

Se sumerge en lo profundo de los mares de Honduras, donde se pescan toneladas de pepinos de mar para satisfacer la demanda en Asia. Se adentra en los campos colombianos, donde la población de burros ha diezmado porque sus pieles se venden para elaborar gelatina en China. Se zambulle en los criaderos de tortugas de Perú y en las granjas de cocodrilos de México, donde los especímenes destinados a ayudar a restaurar las poblaciones en sus hábitats naturales están siendo traficados de todas formas.

Esta serie de investigaciones se llevó a cabo en conjunto con el Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos (CLALS) de American University.

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