En la mañana del 16 de enero de 2025, cientos de guerrilleros colombianos, algunos provenientes de Venezuela, lanzaron una ofensiva para aniquilar a un grupo armado rival. Al menos 80 personas murieron y más de 50.000 huyeron de sus hogares aterrorizadas.

Muchos de los combatientes que cruzaron la frontera portaban uniforme y llevaban los brazaletes con el rojo y negro que identifica al Ejército de Liberación Nacional (ELN). La incursión se dio sin una declaración de guerra contra el Frente 33, una facción disidente de las desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Los disidentes, antiguos aliados del ELN, fueron tomados completamente por sorpresa en sus bastiones en la región del Catatumbo, en el departamento de Norte de Santander.

*Este artículo es el primero de la investigaciónLa paz nunca fue una alternativa: el ELN de Colombia en Venezuela”, que analiza el crecimiento del ELN en territorio venezolano y cómo esa consolidación le ha permitido proyectar su influencia hacia Colombia. Lea la investigación completa aquí.

Según el ELN, la ofensiva armada fue desencadenada por el asesinato de Miguel Ángel López, su esposa y su bebé de nueve meses, ocurrido un día antes, a manos del Frente 33. López era un sepulturero en el municipio de Tibú, ampliamente conocido en la zona. Con frecuencia debía interactuar con los grupos armados para cruzar las divisiones invisibles y recuperar los cuerpos. Su asesinato se produjo presuntamente por violar las reglas impuestas por los actores ilegales en esta región, uno de los principales enclaves productores de cocaína en Colombia.

“El 15 de enero las disidencias mataron una familia en Tibú, donde mueren los padres, un niño recién nacido y otro niño queda herido. Hecho vil que se lo endilgaron al ELN, fue ‘la gota que desbordó la copa’”, señaló un comunicado del ELN firmado por Israel Ramírez Pineda, alias “Pablo Beltrán”, uno de los comandantes del Comando Central (COCE).

Lejos de ser algo reciente, la operación del ELN llevaba meses en preparación. El asesinato de López fue solo un pretexto para un plan que el ELN venía gestando desde hacía tiempo: imponer su hegemonía sobre el Catatumbo.

En las semanas siguientes, el avance del ELN dejó casas incendiadas, comunidades confinadas y civiles muertos, mientras el grupo buscaba expulsar a la guerrilla rival. Para marzo, el ELN había tomado el 90% del territorio que antes controlaba el Frente 33 en el Catatumbo, según un informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).

El ELN incluso apuntó contra líderes sociales que no estaban conectados con las disidencias de las FARC.

Un reconocido líder social del Catatumbo, José del Carmen Abril, publicó en redes sociales las supuestas amenazas que enfrentó en enero.

“Temo por mi vida porque han ido a la casa a buscarme cuatro veces”, dijo en un video grabado horas antes de ser retenido por el ELN. “Están matando excombatientes a diestra y siniestra”.

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Entre enero y principios de mayo de 2025, la ofensiva del ELN dejó 117 personas muertas, entre ellas civiles, líderes sociales y excombatientes desmovilizados de las FARC.

La ofensiva también fue el punto de quiebre para el proceso de paz que se venía adelantando en ese entonces con el gobierno del presidente Gustavo Petro. Tras lo ocurrido en el Catatumbo, el gobierno colombiano suspendió el diálogo con el ELN, abriendo una fractura que aún no se ha zanjado. Y con las elecciones presidenciales del próximo año, es probable que esto haya enterrado cualquier posibilidad de firmar un acuerdo de paz durante este gobierno, y quizá incluso durante el próximo.

Aunque la ofensiva se desarrolló en territorio colombiano, varias fuentes señalaron que ingresaron hasta 200 guerrilleros a zonas de los disidentes de las FARC desde Venezuela. Un movimiento de esa magnitud no habría sido posible sin la tolerancia —o incluso el respaldo— de sectores del gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro.

Tres de las cinco principales estructuras militares del ELN, denominadas como Frentes de Guerra, tienen operaciones en Venezuela. Los guerrilleros del Frente de Guerra Nororiental, con amplia presencia en el Catatumbo, pudieron contar con refuerzos de cientos de combatientes del Frente de Guerra Oriental, con presencia en el departamento colombiano de Arauca y en el estado Apure de Venezuela.

Pero en lugar de atravesar territorio colombiano para llegar al Catatumbo, el Frente de Guerra Oriental se movilizó por municipios fronterizos de Venezuela. Según residentes de la zona que hablaron con InSight Crime bajo condiciones de anonimato por razones de seguridad, existen rutas de acceso utilizadas desde hace años y una mayor facilidad de movimiento a través del territorio venezolano. Además de las ventajas logísticas, cruzar por Venezuela permitió a los guerrilleros del ELN evitar la detección por parte de las autoridades colombianas.

Funcionarios colombianos, incluido el presidente Gustavo Petro, afirmaron públicamente en enero que las tropas del ELN habían entrado desde Venezuela tras salir de Arauca. El ELN lo negó, pero dejó abierta la posibilidad de futuros movimientos de tropas.

“Hasta ahora, ningún comandante ni combatiente ha sido trasladado de Arauca al Catatumbo. No ha sido necesario. Pero cuando surjan otro tipo de amenazas, las tropas del ELN son nacionales, y el Comando Central tiene el mandato y la autoridad para tomar esas decisiones”, afirmó Pablo Beltrán a través de un comunicado.

Una de las rutas más prácticas comienza en el paso hacia El Nula, un pueblo del estado venezolano de Apure, desde donde sigue hasta San Cristóbal, la capital del estado de Táchira. Desde allí continúa a La Fría, también en Táchira, y conecta con el sur de Zulia, que a su vez conduce a la zona del Catatumbo, en el departamento de Norte de Santander, Colombia.

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Pero la presencia militar del ELN en Venezuela va mucho más allá de los corredores de movilidad. Según residentes locales entrevistados por InSight Crime y reportes de inteligencia citados por El Tiempo, en el lado venezolano de la frontera existen campamentos guerrilleros que ofrecen entrenamiento especializado en el uso de drones y francotiradores.

Con el supuesto apoyo de personal militar venezolano, los guerrilleros han establecido instalaciones donde ensamblan y modifican drones, además de experimentar y planear ataques con estos equipos.

El uso de drones ha marcado un cambio en las tácticas militares del ELN. Estos dispositivos permiten realizar ataques precisos sin poner en riesgo a sus combatientes.

Pero la participación venezolana en la ofensiva contra el Frente 33 fue aún más directa. El 31 de enero, dos semanas después de los primeros ataques del ELN, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) lanzó la Operación Relámpago del Catatumbo. Aunque fue presentada oficialmente como un esfuerzo para expulsar a grupos armados extranjeros del país, las tropas se concentraron en atacar a los hombres del Frente 33 en Venezuela, mientras el ELN permaneció intacto.

Catatumbo: el cajero automático de los rebeldes

Los 11 municipios del Catatumbo concentran 55.000 hectáreas de cultivos de hoja de coca, con un potencial de producción de hasta 400 toneladas de cocaína al año. En Colombia, un kilo de cocaína se vende por US$1.500, lo que significa que la producción de cocaína en el Catatumbo puede generar US$600 millones al año. El precio internacional promedio al por mayor es de US$25.000 por kilo, lo que convierte la producción del Catatumbo, una vez exportada, en un negocio de hasta US$10.000 millones.

El Catatumbo es clave para el financiamiento del ELN. Los ingresos que genera esta región podrían sostener al grupo en sus niveles actuales de operación indefinidamente. La zona no solo alberga extensos cultivos de coca, sino también laboratorios de cocaína y pistas clandestinas.

La ofensiva de enero de 2025 fue solo el esfuerzo más reciente del ELN por establecer un control total sobre el Catatumbo. En 2018, atacó a sus antiguos aliados del Ejército Popular de Liberación (EPL) en el Catatumbo.

El EPL, hoy extinto, fue otra guerrilla que surgió en la década de 1960. En coordinación con el Frente 33 de las disidencias de las FARC, el ELN cercó al EPL, lo derrotó y expulsó a sus remanentes del Catatumbo. Ahora era el turno del Frente 33 de ser traicionado por el ELN.

Una estrategia para dominar la frontera entre Colombia y Venezuela

La ofensiva del ELN en el Catatumbo es solo un capítulo más de su plan de lograr algo que ningún actor ilegal ha conseguido durante más de sesenta años de conflicto armado en Colombia: establecerse como la autoridad hegemónica a lo largo de la frontera con Venezuela.

La guerrilla lo ha ido asegurando de varias maneras. La principal es su relación con el régimen de Nicolás Maduro, expandiendo su presencia en Venezuela y usando su territorio como plataforma para proyectarse hacia Colombia. El ELN ha forjado una alianza estratégica con el gobierno de Maduro, una relación simbiótica. No parece una coincidencia que la ofensiva en el Catatumbo ocurriera pocos días después de que Maduro asumiera un nuevo mandato de seis años, tras unos comicios presidenciales denunciados como fraudulentos el año pasado.

La relación entre ELN y Maduro se sostiene sobre tres pilares. El primero es una afinidad ideológica con la Revolución Bolivariana fundada por Hugo Chávez. Esta afinidad antecede a Maduro, pero sigue siendo relevante. El ELN, de origen marxista-leninista y con raíces en Cuba, y el socialismo de la Revolución Bolivariana remiten a una Guerra Fría ya terminada.

El segundo pilar es el acceso a rentas criminales. Ante el colapso económico, la hiperinflación, las sanciones internacionales y el aislamiento, Maduro ha recurrido a las economías ilícitas para mantener la lealtad de sus generales y altos funcionarios. Incapaz de pagarles un salario digno —y con un bolívar cada vez más devaluado—, Maduro ha creado un sistema en el que asigna generales o altos mandos del régimen a zonas del país con acceso al contrabando, el tráfico de drogas o la minería de oro. Este sistema ha sido definido por InSight Crime como un Estado criminal híbrido.

Los estados venezolanos que limitan con Colombia son el núcleo principal de estas economías criminales y donde el ELN ha establecido su presencia. Nacido en Cuba, el ELN mantiene aún fuertes vínculos con La Habana, un aliado cercano de Maduro. De hecho, numerosas fuentes militares en Venezuela han dicho a InSight Crime a lo largo de los años que son los servicios de inteligencia cubanos quienes supervisan a las fuerzas armadas venezolanas y han sofocado la disidencia mediante arrestos e intimidación. Por este motivo, no resulta sorprendente que Maduro confíe en el ELN tanto como, o incluso más que, en su propia fuerza militar.

Este sistema de gobernanza criminal híbrida ha profundizado las relaciones entre el ELN y varias figuras del régimen. Asimismo, ha asegurado una dependencia cada vez mayor de Maduro hacia el ELN para mantenerse en el poder.

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El último pilar de esta relación simbiótica, más relevante hoy que nunca, es el papel del ELN como factor disuasorio frente a cualquier acción militar contra Venezuela. Originalmente, esta condición se concibió como un contrapeso frente a Colombia, un país que ha mantenido una relación diplomática conflictiva con Venezuela durante las últimas dos décadas y que, hasta hace poco, fue el aliado más constante y comprometido de Washington.

“El ELN se ha convertido en una de las líneas de defensa del régimen de Maduro, ya no solo es un socio en cuanto al crimen organizado que gobierna dentro de Venezuela, sino que es parte de toda la estrategia de defensa que Maduro pretende llevar a cabo, en caso de que ocurra alguna acción militar para el cambio político”, afirma Julio Borges, político opositor y expresidente de la Asamblea Nacional, hoy exiliado en España.

Esta relación ha cobrado especial relevancia mientras Estados Unidos despliega su fuerza naval frente a la costa venezolana y realiza ejercicios con infantes de marina y fuerzas especiales. Aunque el anticuado equipamiento ruso de las fuerzas venezolanas ofrecería poca resistencia a los ataques aéreos de Estados Unidos, la amenaza de una guerra asimétrica es real, y el estamento militar estadounidense sabe que el ELN es un enemigo formidable, habiendo resistido durante décadas a las fuerzas colombianas apoyadas por Washington.

Este respaldo de Maduro ha permitido que el ELN consolide lenta pero firmemente su presencia a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela. Este avance fronterizo se aceleró tras la desmovilización de las FARC en 2016, lo que permitió al ELN tomar el control de territorios que antes estaban en manos de ese grupo.

En Zulia, el avance fue particularmente exitoso y hoy el ELN tiene acceso, a través de este estado venezolano, hasta las costas del Caribe. Además de contar con la benevolencia del régimen de Maduro para afianzarse en Venezuela, la guerrilla también ha replicado una estrategia perfeccionada en Colombia durante seis décadas. Su expansión ha sido impulsada, sobre todo, por su creciente participación en el negocio de la cocaína, que se ha convertido en su principal motor económico.

Jeremy McDermott is co-founder and co-director of InSight Crime. McDermott has more than two decades of experience reporting from around Latin America. He is a former British Army officer, who saw active...