El 5 de febrero de 2025, múltiples equipos de agentes federales fuertemente armados se desplegaron por Denver y ciudades cercanas en el estado estadounidense de Colorado. Supuestamente estaban en busca de más de 100 presuntos miembros del Tren de Aragua, la banda venezolana que se había convertido en una obsesión del presidente Donald Trump, inaugurado dos semanas antes.

Los agentes registraron complejos de apartamentos y residencias, detuvieron personas y confiscaron evidencias. Y prometieron que regresarían, argumentando que las autoridades federales debían actuar porque las políticas locales que protegían a inmigrantes indocumentados habían permitido que criminales violentos ingresaran al país.

“Esto es algo que simplemente va a continuar”, dijo un funcionario del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement – ICE) en un video publicado esa mañana en la plataforma X.

*Este artículo es el séptimo de la investigación Tren de Aragua, entre la realidad y la ficción”, que analiza las verdades y mitos sobre la banda, así como su expansión, tácticas actuales y las posibles transformaciones que podría experimentar en el futuro. Lea la investigación completa aquí.

Pero los resultados de la operación no estuvieron a la altura del alarde. Los informes de medios locales sugirieron que muchas más personas fueron detenidas por infracciones civiles de inmigración que por cargos criminales. Las autoridades federales se negaron a proporcionar detalles, pero ABC News reportó que solo se arrestó a un presunto miembro de la banda. El “zar fronterizo” de Trump, Tom Homan, afirmó más tarde que una filtración interna había comprometido la operación.

Los allanamientos en el área de Denver fueron un ejemplo temprano del intenso enfoque que las fuerzas de seguridad estadounidenses han puesto sobre el Tren de Aragua, mientras Trump ha aumentado su retórica contra la banda. También ilustran hasta qué punto el presidente ha fusionado sus supuestos esfuerzos contra bandas criminales con su amplia agenda de control de la inmigración.

Al mismo tiempo, los resultados mediocres de los allanamientos subrayan que el Tren de Aragua sigue teniendo una presencia criminal limitada en Estados Unidos. Los miembros de la banda —y los impostores que usan el nombre cada vez más infame de la organización— amenazan principalmente a comunidades vulnerables de migrantes venezolanos, y representan un riesgo limitado para el público en general.

Y es poco probable que la escala de esta amenaza crezca. El Tren de Aragua tiene pocas posibilidades de construir poder criminal en Estados Unidos con tanta atención de las fuerzas del orden y del público.

Sin embargo, las continuas medidas penales y de control de la inmigración de la administración Trump podrían transformar la naturaleza de la banda en Estados Unidos y la forma en que los nodos del Tren de Aragua en el país interactúan con los miembros del grupo en el extranjero.

¿Cómo el Tren de Aragua ganó protagonismo?

Días antes de los allanamientos en Denver, el 29 de enero, Trump enfatizó la preocupación de su gobierno por el Tren de Aragua al firmar la Ley Laken Riley, la primera ley durante su segundo mandato en la Casa Blanca. Esta obliga a las autoridades federales a detener a inmigrantes indocumentados acusados de delitos menores y permite a los estados demandar al gobierno federal por daños financieros supuestamente causados por ellos.

La legislación lleva el nombre de Laken Riley, una estudiante universitaria del estado de Georgia, asesinada en febrero de 2024 por un inmigrante indocumentado al que los fiscales federales acusaron de estar afiliado al Tren de Aragua.

No hay evidencia de que el Tren de Aragua, como organización, tuviera relación con el asesinato de Riley. Pero el caso ganó notoriedad pública en medio de una serie de reportes dudosos sobre supuestas actividades del Tren de Aragua en Estados Unidos.

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La atención mediática en torno al caso Laken Riley marcó un punto de inflexión en el perfil público del Tren de Aragua en el país. Provocó peticiones para que la banda fuera designada como organización criminal transnacional bajo el gobierno de Joe Biden, antecesor de Trump, las cuales resultaron exitosas. 

A medida que se acercaban las elecciones, Trump comenzó a mencionar al Tren de Aragua en discursos de campaña y declaraciones.

“Son una banda salvaje, una de las peores del mundo, y cada vez crecen más”, dijo el 11 de octubre de 2024 en un mitin en el área de Denver, frente a un telón que decía “Acaben con el crimen migrante” y “Deporten a los ilegales ahora”.

El suburbio de Aurora, donde Trump pronunció el discurso, se había convertido en un punto focal de la narrativa del Tren de Aragua debido a un video viral que aseguraba que la banda había tomado el control de varios complejos de apartamentos en la ciudad.

Pero la policía local y los residentes negaron esos rumores. Y aunque los funcionarios locales sostienen que el Tren de Aragua tiene presencia en el área de Denver, han minimizado la amenaza.

¿Qué está haciendo el Tren de Aragua ahora?

Al igual que en Denver, la reputación del Tren de Aragua en Estados Unidos ha crecido más rápido que su presencia y actividades. La escala de sus operaciones y ganancias sigue siendo pequeña, y mayormente limitada a comunidades de migrantes venezolanos.

Presuntos miembros o afiliados de la banda han sido vinculados a varios casos aislados de tráfico sexual, así como asesinatos, agresiones, robos, extorsión, y tráfico de armas y drogas.

Pero la revisión sistemática de InSight Crime de los informes disponibles sobre actividades del Tren de Aragua en Estados Unidos encontró que la mayoría eran engañosos, carecían de evidencia o contexto. Algunos incluso fueron completamente fabricados, incluidos varios reportes de una organización cuyo director ejecutivo fue posteriormente nombrado en un cargo del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Solo un puñado de los casos estadounidenses revisados por InSight Crime sugiere un alto grado de sofisticación criminal, y no hay evidencia sólida de coordinación entre las células locales del Tren de Aragua en Estados Unidos, ni de comunicación con la dirección internacional de la banda.

Debido a que cualquiera puede alegar ser miembro del Tren de Aragua, es difícil determinar cuándo los perpetradores tienen vínculos reales con la banda, cuándo han sido mal identificados o cuándo simplemente toman prestado el nombre.

Los documentos del gobierno estadounidense muestran que las autoridades federales han confiado en criterios dudosos, como tatuajes, para “validar” la pertenencia de inmigrantes al Tren de Aragua, lo que genera dudas sobre la solidez de esas identificaciones.

Al mismo tiempo, las propias agencias de inteligencia de la administración Trump han evaluado que la presencia de la banda está compuesta principalmente de pequeños nodos, en lugar de una red nacional de células coordinadas.

“El tamaño reducido de las células del TDA, su enfoque en actividades criminales de baja complejidad y su estructura descentralizada hacen muy improbable que el TDA coordine grandes volúmenes de tráfico de personas o de migrantes”, señala un informe interno distribuido a funcionarios en abril de 2025 y luego desclasificado.

El informe no menciona los indicadores típicos de una red cohesionada, como un liderazgo centralizado que da órdenes y recibe fondos de las células locales. También refuta la afirmación de Trump y otros de que el presidente venezolano Nicolás Maduro dirige las actividades de la banda en Estados Unidos.

Las conclusiones del memorando coinciden con las ofrecidas por un exmiembro del Tren de Aragua consultado por InSight Crime.

La presencia del Tren de Aragua en Estados Unidos, explicó, no forma parte de un plan coordinado por los líderes de la banda ni por Maduro. En cambio, la mayoría de los miembros reportados son jóvenes venezolanos que huyeron de la pobreza y ahora buscan lucrarse con el nombre del Tren de Aragua, mientras que algunos son afiliados que usan lo aprendido en la banda para crear nuevas empresas criminales de forma independiente.

¿Cómo podría cambiar el Tren de Aragua en Estados Unidos?

Mientras los agentes federales blindados realizaban allanamientos en Denver y sus alrededores el 5 de febrero, miles de kilómetros más al norte, en Washington D. C., la recién confirmada fiscal general estadounidense, Pam Bondi, finalizaba un memorando que pedía la “eliminación total” del Tren de Aragua y otros grupos criminales latinoamericanos.

En el memorando, Bondi instruye al Departamento de Justicia a perseguir al Tren de Aragua y otros grupos usando todas las herramientas disponibles, incluidos cargos por terrorismo. Pero, en lugar de procesar a objetivos “de bajo nivel” sin estatus migratorio legal, el Departamento de Justicia buscaría su deportación.

En las semanas siguientes, Trump designó al Tren de Aragua como organización terrorista extranjera y eliminó protecciones migratorias para cientos de miles de venezolanos. También declaró al Tren de Aragua como una fuerza invasora e invocó una ley que permitía a su administración arrestar y deportar rápidamente a los presuntos miembros.

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Sin embargo, esta estrategia de postura retórica fuerte contra la banda, usando las supuestas conexiones de la banda como base para deportaciones masivas de venezolanos, podría tener efectos contraproducentes.

Perseguir la deportación en lugar de los cargos criminales podría privar a los fiscales de la oportunidad de obtener información sobre la banda mediante acuerdos de cooperación, que consisten en ofrecer reducir penas potenciales a cambio de colaboración con la ley.

Además, el envío de un gran número de personas de vuelta a Venezuela, sumida en crisis económicas y políticas, podría brindar oportunidades para el reclutamiento criminal y la formación de nuevas conexiones internacionales entre operativos de la banda.

Por otro lado, la intensidad con la que las fuerzas del orden se centran en el Tren de Aragua puede convertir la marca de la banda en algo tóxico en Estados Unidos. Incluso los impostores podrían verse disuadidos de usar el nombre por temor a atraer atención innecesaria.

*Reportaje adicional de María Belén López Conte.