Ismael Zambada García, alias “El Mayo”, acaba de ser condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. La sentencia marca el fin de cuatro décadas de carrera criminal de uno de los narcotraficantes más poderosos de México. En esta entrega de The InSight Take, la editora ejecutiva Deborah Bonello y la investigadora Victoria Dittmar analizan por qué su sentencia no acabará con la guerra en Sinaloa, pero sí marca el comienzo de un nuevo capítulo para el crimen organizado mexicano.
Transcripción en español
Deborah Bonello (DB): Un juez federal de Brooklyn condenó a Ismael Zambada García, alias “El Mayo”, a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, poniendo fin al capítulo judicial de una de las trayectorias criminales más largas de la historia del crimen mexicano. Los fiscales lo describieron como el narcotraficante más prolífico de la historia moderna, y su sentencia cierra una era del crimen organizado mexicano que, en muchos sentidos, ya pertenecía al pasado.
DB: Soy Deborah Bonello, editora ejecutiva de InSight Crime, y esta semana me acompaña Victoria Dittmar, quien ha seguido de cerca para nosotros al Cartel de Sinaloa y sus diferentes facciones. Victoria, gracias por acompañarme.
Victoria Dittmar (VD): Gracias por invitarme, Deb.
DB: Empecemos por lo que ocurrió ayer en el tribunal. Vic, cuéntanos qué pasó.
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VD: Sí. El Mayo ya se había declarado culpable en agosto de 2025 de ser el principal líder de una empresa criminal en el Distrito Este de Nueva York, donde finalmente fue sentenciado. También se había declarado culpable de un cargo bajo la ley RICO, que en Estados Unidos se utiliza para perseguir al crimen organizado. Este cargo correspondía al Distrito Oeste de Texas, pero el caso fue trasladado a Brooklyn para el acuerdo de culpabilidad y la sentencia. Ayer, el juez Brian Cogan, quien también estuvo a cargo del caso de El Chapo, dictó la sentencia que, como mencionaste, fue de cadena perpetua sin libertad condicional. También impuso el decomiso de US$15.000 millones, una cifra que ya estaba incluida en el acuerdo de culpabilidad.
VD: Creo que es importante destacar cuánto abarcan estos dos cargos. El de Nueva York examinaba su papel dentro del Cartel de Sinaloa desde enero de 1989 hasta enero de 2024, unos meses antes de su captura. Es decir, prácticamente toda su trayectoria criminal. El cargo de Texas abarcaba otro periodo también muy extenso, entre 2000 y 2012, y se enfocaba específicamente en lavado de dinero, asesinatos, secuestros y otras conspiraciones relacionadas con el tráfico de drogas.
DB: Y ese no era el único caso pendiente contra él, ¿cierto? El comunicado del Departamento de Justicia también menciona que enfrentaba acusaciones en otras seis jurisdicciones federales.
VD: Sí, exactamente. Nueva York y Texas fueron las dos jurisdicciones ante las que respondió. Pero también había acusaciones pendientes en el Distrito de Columbia donde, por ejemplo, uno de los casos se remontaba a 2003. Además, enfrentaba acusaciones en Illinois, el Distrito Sur de California y el Distrito Central de California. Como parte del acuerdo de culpabilidad, el caso de Texas se incorporó al de Nueva York para efectos de la sentencia. En el comunicado publicado ayer, el Departamento de Justicia afirmó que las acusaciones restantes serían desestimadas formalmente en los próximos días. Así que ayer no solo se cerró un caso, sino todos los procesos que el gobierno de Estados Unidos tenía abiertos contra El Mayo.
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DB: Como señalabas, el caso se remontaba a 1989, cuando aparecieron las primeras acusaciones contra él. Cuéntanos un poco sobre su historia y cómo comenzó.
VD: Formalmente, o al menos en lo relacionado con su vínculo con el Cartel de Sinaloa, la historia comienza a finales de la década de 1980. Probablemente ya tenía algún tipo de relación con el tráfico de drogas antes de esa época. Pero fue a finales de los ochenta cuando cofundó, junto con Joaquín “El Chapo” Guzmán y otros traficantes de Sinaloa, lo que llegaría a conocerse como el Cartel de Sinaloa.
La organización surgió de lo que anteriormente se conocía como “la Federación” dentro del hampa mexicana, que agrupaba a las principales organizaciones familiares dedicadas al tráfico de drogas que operaban en el occidente de México y a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Allí también estaban incluidas organizaciones como el Cartel de Juárez y el Cartel de Tijuana.
Cuando esas organizaciones se separaron, el Cartel de Sinaloa pasó a funcionar como una estructura propia. Aunque dejó de llamarse la Federación, continuó operando en gran medida como una federación. Solemos imaginar al Cartel de Sinaloa como una organización muy vertical, con líderes claramente definidos. Sin embargo, a lo largo de los años hemos encontrado que se trata más bien de un término paraguas para varias facciones, muchas veces basadas en clanes y vínculos familiares conectados con el tráfico de drogas en el estado de Sinaloa.
Algunas de estas familias acumularon muchos más recursos y una influencia social y política considerable. Ese fue el caso de la facción de El Mayo y también de la facción de El Chapo. De alguna manera, estas se convirtieron en las protectoras de las facciones más pequeñas y les proporcionaban recursos.
VD: Estas facciones construyeron redes y contactos por todo el continente. En primer lugar, fueron actores importantes en la producción de marihuana y heroína en México, lo que contribuyó a convertirlas en las organizaciones que conocemos hoy. Más adelante también se involucraron en la producción de metanfetamina y fentanilo.
Desde la década de 1980, además, han desempeñado un papel clave en el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos. Han enviado constantemente emisarios a Colombia y, más recientemente, a Ecuador y Venezuela para asegurar el suministro de cocaína. Con el crecimiento del tráfico de drogas sintéticas, también establecieron contactos con proveedores de precursores químicos en Asia para mantener activa la producción.
Solemos pensar en estas organizaciones como estructuras globales, pero la realidad es que han sido las diferentes facciones las que han establecido esos contactos y creado redes capaces de cubrir un territorio tan amplio. En otras palabras, El Mayo era una figura muy poderosa dentro del Cartel de Sinaloa. Lideraba una de sus facciones más influyentes, conocida actualmente como la Mayiza, en referencia a su alias, por lo que su papel era, por supuesto, muy importante.
DB: Como mencionabas, participan tanto en el tráfico de cocaína como en la producción de metanfetamina y drogas sintéticas. Como hemos documentado detalladamente, se trata de un negocio muy fragmentado y con múltiples capas, en el que, especialmente en el caso de las drogas sintéticas, los precursores se obtienen de diferentes partes del mundo. Esto va mucho más allá de un simple negocio de drogas. Estamos hablando de una infraestructura bastante sofisticada.
VD: Sí, completamente. Creo que la mejor manera de entenderlo es, nuevamente, ver al Cartel de Sinaloa como una red y no como una organización monolítica y vertical.
El Mayo tenía un papel muy influyente y posiblemente la última palabra en muchas de las decisiones relacionadas con los diferentes negocios criminales de su facción. Pero esta contaba con miles de contactos por todo el continente: proveedores, redes de transporte en Centroamérica y diferentes intermediarios que les permitían acceder al sector privado, tanto para lavar dinero como para adquirir precursores químicos.
También establecieron contactos con clientes en Estados Unidos que compraban sus productos al por mayor. Subcontrataban brazos armados y, por supuesto, tenían conexiones políticas. Muchos de estos contactos operaban de manera semiautónoma. Algunos pertenecían a sus propias organizaciones. Otros podían ser contactos compartidos con facciones del Cartel de Sinaloa, como la red de El Chapo, mientras que algunos posiblemente trabajaban exclusivamente con El Mayo. Como mencionaste, Deb, se trata de una red muy compleja y con múltiples niveles.
VD: Lo interesante es que esta estructura está diseñada específicamente para sobrevivir a la captura de cualquiera de sus integrantes. Lo vimos cuando El Chapo cayó en 2016, luego de varios intentos por detenerlo, y posteriormente fue extraditado a Estados Unidos. Su captura prácticamente no afectó los negocios de El Mayo, que aparentemente siguieron funcionando.
Incluso después de la captura de El Mayo, su facción quedó bajo el mando de uno de sus hijos y de otros familiares. Esa infraestructura basada en redes y con múltiples capas hace que estas organizaciones sean mucho más resistentes a las capturas.
DB: Y me atrevería a decir que la captura, o la tercera captura, de El Chapo estuvo rodeada de historias extraordinarias. Para cuando finalmente fue detenido y extraditado, probablemente había muy pocas personas en el mundo que no hubieran oído hablar de él.
No creo que pueda decirse lo mismo de El Mayo. No era una figura conocida por el público general de la misma manera que El Chapo, lo que también está relacionado con la forma en que manejaba el cartel. Su estilo era muy diferente al de El Chapo.
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VD: Creo que El Chapo y El Mayo eran similares en algunos aspectos y completamente diferentes en otros. Por un lado, provenían de contextos parecidos. Pertenecían a una generación de narcotraficantes de origen campesino, cuyas trayectorias criminales estaban muy vinculadas a zonas rurales, en este caso al área conocida como el Triángulo Dorado.
Esta región comprende municipios de Sinaloa, Durango y Chihuahua, y ha sido un epicentro del cultivo de amapola y marihuana. Como buena parte del negocio se basaba inicialmente en drogas de origen vegetal, necesitaban el apoyo de las comunidades locales para trabajar los cultivos, protegerlos y advertirles cuando se aproximaba un operativo del ejército.
A cambio, también eran vistos como personas que generaban cierta bonanza económica en algunas zonas. Cultivaron una imagen situada a medio camino entre Robin Hood y El Padrino.
Por ejemplo, durante uno de nuestros viajes recientes a Sinaloa, aunque ya han pasado un par de años, porque fue poco después de la captura de El Mayo, entrevistamos a un traficante y productor de drogas sintéticas que vivía en una zona rural cercana a Culiacán, la capital de Sinaloa.
La imagen que tenía de El Mayo era muy positiva porque, en algún momento, había ayudado a pagar los gastos hospitalarios de su padre. Se refería constantemente a él como “El Señor”, como una figura de autoridad.
Cuando pensamos en El Chapo, vemos que cumplía un papel parecido. También gozaba de admiración o aceptación en las comunidades locales. Después de una de sus capturas, incluso hubo una marcha en una ciudad de Sinaloa para exigir su liberación. En ese sentido, creo que eran muy similares.
Pero, por otro lado, como señalas, El Chapo se convirtió, quizá sin proponérselo, en una figura muy visible a escala mundial. Creo que eso estuvo relacionado con los distintos episodios de su vida, que parecían sacados de una película de Hollywood: las fugas de prisión, los túneles que construyó y las entrevistas con Sean Penn y Kate del Castillo. También apareció en la revista Forbes.
La narcocultura que se desarrolló alrededor de su figura fue enorme y, como mencionaste, muchas personas en todo el mundo sabían quién era. Llegaron a verlo como el líder del Cartel de Sinaloa, aunque en realidad las dinámicas de poder dentro de la organización estaban mucho más distribuidas.
El Mayo nunca cultivó esa imagen. Siempre mantuvo un perfil más bajo y nunca había sido capturado. Creo que eso se debía, en parte, a la protección que tenía, a su conexión con las comunidades locales y a su estrategia de mantenerse alejado de los reflectores, en lugar de convertirse en una figura tan famosa.
DB: La última vez que estuve en Sinaloa, también hace un par de años, las personas diferenciaban entre la generación de narcotraficantes de El Mayo y El Chapo, quienes eran respetados en las comunidades, aunque también temidos, y los Chapitos y la generación más joven de traficantes, que son temidos, pero no respetados. Creo que esa es una diferencia fundamental.
También pienso que una de las razones por las que El Mayo pudo mantener ese perfil bajo fue que se apoyó fuertemente en la corrupción del Estado mexicano, ¿cierto?
VD: Sí, completamente. Creo que eso iba de la mano de la legitimidad social y de sus conexiones con las comunidades. No habría sido posible sin esos vínculos.
Los diferentes documentos judiciales presentados contra él y sus aliados muestran que El Mayo, o su facción, gastaba cada año millones de dólares en pagos de corrupción para comprar protección en todos los niveles.
Más recientemente tuvimos el caso del ahora exgobernador de Sinaloa, Rocha Moya. Ha sido vinculado con los Chapitos, pero creo que su caso todavía ilustra cómo funciona la protección del crimen organizado en Sinaloa y posiblemente se asemeja a la que disfrutó El Mayo.
Esta protección puede ir desde policías que escoltan cargamentos de drogas hasta funcionarios que advierten a los grupos criminales cuando está por comenzar una operación militar. También conocimos muchos detalles de este tipo durante el juicio de El Chapo e incluso en el proceso en Estados Unidos contra Genaro García Luna, quien fue el principal funcionario de seguridad de México durante el gobierno de Felipe Calderón.
Todo esto demuestra que la corrupción forma parte de la infraestructura. No se trata simplemente de sobornar a alguien ni de un gasto ocasional. Es parte de la manera en que operan.
Hablamos de funcionarios corruptos, pero también de funcionarios cooptados, especialmente en los niveles más bajos. Como mencionaste, estas figuras eran respetadas, pero también temidas. Por eso la violencia desempeña un papel importante en la forma en que garantizan la protección tanto de las comunidades como de los funcionarios y actores políticos.
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DB: Hablemos un poco de la violencia. Aunque la corrupción ayudó a protegerlo y le permitió mantener cierto nivel de control, la violencia durante su liderazgo fue muy real. Cuéntanos sobre esto y sobre el conflicto interno que estalló en Sinaloa desde su captura, en julio de 2024.
VD: Sí. Creo que la violencia siempre ha estado presente, a pesar de la imagen que las personas tienen de figuras como El Mayo. Evidentemente, la violencia forma parte del crimen organizado y del funcionamiento del tráfico de drogas.
En el caso de El Mayo, dependía mucho de brazos armados. Los más conocidos eran Los Rusos y Los Ántrax. Estos últimos, en especial, también estaban basados en vínculos familiares con El Mayo. Operaban en Sinaloa, Sonora y Baja California para asegurar todo el corredor hacia la frontera entre Estados Unidos y México.
Los secuestros, los asesinatos y, más recientemente, las desapariciones forzadas han formado parte de su modus operandi. Las desapariciones forzadas se han vuelto más frecuentes que los asesinatos, pero, en términos generales, la violencia es una herramienta para eliminar amenazas, enfrentar a los rivales e incluso disciplinar a los propios integrantes de la organización.
Desde su captura, hemos visto cómo la violencia alcanzó niveles históricos. Sin embargo, incluso antes, distintos brazos armados que trabajaban para diferentes facciones del Cartel de Sinaloa ya combatían constantemente entre sí.
Es interesante porque ahora vemos la guerra entre los Chapitos y la Mayiza, pero, si regresamos a 2019 o 2020, los brazos armados vinculados con los Chapitos ya libraban intensos enfrentamientos contra estructuras relacionadas con la Mayiza, especialmente en las zonas cercanas a la frontera con Estados Unidos, porque tenían intereses diferentes.
Esto también demuestra la fragmentación de estas organizaciones. No podemos entenderlas como estructuras monolíticas. Pueden trabajar juntas en algunos momentos y enfrentarse violentamente en otros.
DB: Hemos visto un aumento de la violencia desde su captura y, por ahora, el conflicto en Sinaloa no parece tener un final. ¿Qué crees que significa su sentencia para el futuro del crimen organizado en México?
VD: Creo que, simbólicamente, la sentencia marca el final de una era, como mencionabas al principio. El Mayo representaba a una generación de traficantes de origen rural, rodeados de toda una mística. En términos simbólicos, esa época parece haber terminado.
En términos prácticos, la captura llevó a Sinaloa a una de las guerras más violentas de su historia, y el conflicto continúa actualmente. Esto ha tenido consecuencias enormes para la población local.
Sin embargo, la guerra no es necesariamente el resultado de la captura ni de la sentencia en sí misma. Es consecuencia de todas las circunstancias que rodearon esos acontecimientos.
Si regresamos a julio de 2024, cuando El Mayo fue capturado, sabemos —al menos por lo que se ha conocido en los diferentes procesos judiciales contra los Chapitos y la Mayiza en Estados Unidos— que Joaquín Guzmán, uno de los hijos de El Chapo, admitió haber engañado a El Mayo, secuestrarlo, subirlo a un avión y entregarlo a las autoridades estadounidenses.
Esto fue visto como una enorme traición y representó la culminación de tensiones entre ambas facciones que llevaban muchos años acumulándose. Como mencioné al principio, ya se habían producido enfrentamientos en otras regiones del país.
VD: Además, algunos de los hijos de El Mayo habían testificado contra El Chapo en años anteriores, por lo que las tensiones ya estaban creciendo.
Esta no es la primera guerra que vemos en Sinaloa ni el primer conflicto interno dentro del Cartel de Sinaloa. Pero posiblemente sea uno de los más importantes porque se ha prolongado durante mucho tiempo y no parece haber una solución cercana.
No creo que la sentencia cambie estas dinámicas. Tampoco creo que vaya a interrumpir otras actividades criminales o las cadenas de suministro. Pero, simbólicamente, todo lo ocurrido alrededor de la captura posiblemente cambió para siempre al Cartel de Sinaloa, al menos como lo conocíamos.
DB: Explícanos un poco más. ¿Puedes ampliar esa idea?
VD: Sí. Un primer factor es que ese modelo del que hemos hablado, y que construyó El Chapo, terminó. La guerra que vemos actualmente probablemente solo llegará a su fin cuando una facción elimine o debilite gravemente a la otra.
Desde un punto de vista criminal, el Cartel de Sinaloa logró ser tan exitoso porque, aunque participaba en episodios de violencia y conflictos criminales, al menos en su principal bastión favorecía los pactos de no agresión, cierta unidad o, como mínimo, la coexistencia entre las facciones.
Si ese modelo deja de funcionar, la organización criminal y las diferentes facciones involucradas se debilitarán considerablemente.
El segundo factor es el que ya mencionamos: esta generación de narcotraficantes campesinos que, para bien o para mal, tenía una relación sólida con las comunidades.
Hace unos minutos mencionaste, Deb, a los hijos de El Mayo y El Chapo, a quienes algunas veces se denomina “narcojuniors”. Ellos tienen una relación completamente diferente con las comunidades locales. Son mucho más urbanos, tienen vidas más públicas y, por supuesto, una mayor presencia en redes sociales.
Algunas personas los describen como hipercapitalistas, y muchas veces utilizan la violencia más como una forma de exhibición que para cumplir un objetivo específico.
VD: La narrativa de Robin Hood que mencionábamos ya no se aplica a ellos. En nuestros viajes de campo también hemos encontrado que han perdido gran parte de la legitimidad que tenían sus padres o la generación anterior.
Esto también se debe a que recurren a las desapariciones forzadas, que están teniendo graves consecuencias para la población.
El tercer aspecto es que ahora vemos una nueva estrategia de seguridad que, en buena medida debido a la presión de Estados Unidos, favorece un enfoque mucho más militarizado.
Las dos facciones del Cartel de Sinaloa no solo están bajo presión porque se enfrentan entre sí. También enfrentan una mayor presión militar. Incluso estamos viendo acciones contra sus redes de protección: los políticos que les proporcionaban apoyo, información y protección frente a consecuencias judiciales.
Creo que esto probablemente provocará una mayor fragmentación interna. La organización que conocíamos está evolucionando y estamos entrando en una nueva generación del Cartel de Sinaloa.
DB: Así es. Y cuando hablamos literalmente de generaciones, de la mentalidad y de los descendientes de El Mayo, hablamos de personas que nacieron dentro de ese estilo de vida y con cierto sentimiento de privilegio. No tuvieron que abrirse camino desde la pobreza rural, como hicieron sus padres.
Creo que esto establece un precedente diferente para ellos y los distingue de la generación de sus padres. El Mayo ya no representa lo que viene. Es una especie de leyenda, pero también el cierre de un capítulo que está terminando.
VD: Sí, definitivamente. Incluso antes de su caída ya habíamos visto que era casi imposible para otros líderes criminales reproducir su trayectoria.
El panorama criminal de México está mucho más atomizado que cuando El Mayo alcanzó el poder. También es mucho más volátil. Los líderes permanecen menos tiempo al frente de las organizaciones, no más.
No creo que tengamos otro ejemplo de una persona capaz de liderar una organización durante décadas. El Mencho posiblemente era una excepción, pero fue asesinado recientemente. No hemos visto otro caso de un líder que logre sobrevivir durante tanto tiempo.
Esto también se debe a que el crimen organizado funciona de otra manera. Está mucho más diversificado, opera cada vez más mediante redes y es más volátil. Las alianzas cambian constantemente.
Podríamos ver algo similar a lo que ocurrió en Colombia, un país que también atravesó grandes transformaciones en su panorama criminal.
En Colombia llegó un momento en que dejaron de aparecer figuras como Pablo Escobar. En cambio, surgieron actores con un modus operandi más discreto. En InSight Crime los llamamos “los invisibles”, precisamente porque buscaban evitar la creciente presión de las autoridades y de los grupos rivales.
Hemos documentado cómo muchos de los actores fundamentales para el tráfico de drogas en Colombia mantienen una fachada completamente legal. No necesariamente están vinculados con una organización armada, sino que operan como intermediarios y se concentran más en la faceta empresarial que en las guerras criminales por el control territorial. Esto también les proporciona cierto grado de protección.
Será interesante ver si México evoluciona de manera similar bajo estas circunstancias.
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DB: No hay duda de que la sentencia y el decomiso de US$15.000 millones cierran uno de los capítulos más importantes de la historia moderna del narcotráfico en México. Pero la organización y el país seguirán adelante.
Lo que esto significará para el equilibrio interno de Sinaloa durante los próximos meses sigue siendo una pregunta abierta y un tema que continuaremos siguiendo.
Victoria, muchas gracias por acompañarme.
VD: Gracias, Deb.
DB: Acaban de ver The InSight Take, nuestro análisis semanal en video sobre las principales historias del crimen organizado en América Latina.
Pueden encontrarlo en nuestro sitio web, en la sección multimedia, así como en YouTube y Spotify.
Y si hay alguna historia o tema que les gustaría que analizáramos, pueden comunicarse conmigo a través de insightcrime.org.
Regresaremos la próxima semana con una nueva entrega de The InSight Take. Hasta pronto.



