Los Cachiros fueron uno de los grupos transportistas más grandes de Honduras, que llegaron a acumular un patrimonio neto de casi mil millones de dólares. El grupo estaba conformado por una familia de antiguos ladrones de ganado y se convirtió en un jugador importante en el comercio de cocaína entre organizaciones colombianas y mexicanas.
Se cree que el grupo compraba droga a organizaciones colombianas, posiblemente en Nicaragua, así como en su Honduras natal. Luego transportaban la cocaína al Cartel de Sinaloa y a otros grupos mexicanos.
Los Cachiros tenían grandes intereses empresariales y políticos que llegaban hasta lo más alto de la élite hondureña. Tenían importantes contactos en el ejército y la policía a su servicio, sobre todo en su antiguo bastión del departamento de Colón.
Exclusiva: Video muestra a narcos negociando sobornos con el cuñado de la presidenta de Honduras
InSight Crime obtuvo un video en el que algunos de los más grandes narcotraficantes de Honduras se reúnen con un miembro de la familia presidencial y ofrecen más de medio millón de dólares para ayudar al partido de gobierno y la fallida campaña de la actual presidente Xiomara Castro.

El gobierno hondureño ignoró al grupo durante mucho tiempo. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos se interesó en los Cachiros, apuntando a los activos del grupo y empujando al gobierno hondureño a confiscar entre 500 y 800 millones de dólares en propiedades en septiembre de 2013. En un acuerdo supuestamente negociado con la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (Drug Enforcement Administration, DEC), los dos líderes de los Cachiros se entregaron a las autoridades estadounidenses en enero de 2015, iniciando el fin del reinado del grupo.
Historia
Los Cachiros empezaron como pequeños ladrones de ganado. Operando a lo largo de la frontera entre los departamentos de Olancho y Colón, los hermanos Javier Eriberto Rivera Maradiaga, alias «Javier Cachiro», y Devis Leonel Rivera Maradiaga, aparentemente con la bendición de su padre, comenzaron a robar y revender ganado. Sus propiedades se expandieron con el tiempo y, en algún momento a finales de los 90 o principios de los 2000, se asociaron con la mayor figura del hampa de la zona, Jorge Aníbal Echeverría Ramos, alias «El Coque».
El Coque estaba bien posicionado, tanto económica como políticamente. Salía con Margarita, una de las hijas del entonces congresista Ramón Lobo. Así mismo, Javier, el mayor de los Rivera Maradiaga, salía con la hermana de El Coque. Por su parte, Ramón Lobo es propietario de varios terrenos en la región, aunque aún no ha sido vinculado formalmente con actividades criminales.
En algún momento, El Coque y la familia Rivera Maradiaga tuvieron una riña que se volvió sangrienta. El primer atentado contra El Coque ocurrió en San Pedro Sula. Sobrevivió. El segundo atentado tuvo lugar en Costa Rica. También sobrevivió, pero fue deportado a Honduras y encarcelado. Tres días después de ser encarcelado, fue asesinado.
Con Coque fuera del camino, Los Cachiros quedaron a cargo y Javier dirigiría las operaciones. Comenzaron a manejar envíos regulares, desde el departamento de Gracias a Dios hasta el occidente de Honduras o desde Guatemala, donde entregaban la mercancía a compradores mexicanos o a sus contrapartes guatemaltecas.
El momento era propicio. Honduras estaba pasando por un periodo de agitación política cuando el presidente Manuel “Mel” Zelaya fue derrocado por los militares y expulsado del país en 2009. El gobierno provisional que se instauró pasó la mayor parte de su tiempo lidiando con la inestabilidad política resultante. Las drogas comenzaron a fluir libremente y Honduras se convirtió en un importante puente entre las organizaciones narcotraficantes colombianas y mexicanas.
Los Cachiros aprovecharon esta situación y comenzaron a cobrar entre US$2.000 y US$2.500 por cada kilogramo que movían. Así mismo, este grupo tomó el control de varias rutas aéreas: un alto miembro del Departamento del Tesoro estadounidense afirmó que el grupo controlaba el 90% de las pistas de aterrizaje clandestinas en Honduras. Las ganancias eran enormes, como lo ilustran las incautaciones realizadas por el gobierno de Honduras en 2013.
Los cabecillas de Los Cachiros se encuentran actualmente bajo custodia de las autoridades estadounidenses. Durante su juicio en Nueva York, Devis Leonel Rivera Maradiaga aceptó su participación en el asesinato de 78 personas, entre las cuales se destacan el zar antidrogas, Julián Arístides Gonzáles; el exasesor de Seguridad Nacional, Alfredo Landaverde, y el periodista Aníbal Barrow. Adicionalmente, su declaración involucra a miembros de la élite política y económica en actividades de narcotráfico y sobornos. Entre los implicados se encuentran el fallecido magnate hondureño Mauricio Facussé; el hermano del expresidente Juan Orlando Hernández, Antonio Hernández, y el expresidente Porfirio Lobo y su hijo Fabio.
Muchos de los implicados en el testimonio de Rivera Madarriaga han caído.
Muchos de los implicados por el testimonio de Rivera Maradiaga han caído.
En julio de 2017, Yani Rosenthal se declaró culpable en un tribunal federal de Estados Unidos de una acusación de lavado de dinero cuando un fiscal estadounidense dijo que “tenía un segundo empleo como lavador de dinero para una organización de narcotraficantes despiadadamente violenta conocida como los Cachiros”. Y en agosto de 2017, el primo de Yani, el exministro de Inversiones de Honduras, Yankel Rosenthal, también se declaró culpable ante un tribunal estadounidense de blanquear dinero para la organización de los Cachiros. Además, Fabio Lobo se declaró culpable en 2016 de conspirar para importar cocaína a Estados Unidos y fue condenado a 24 años en una prisión estadounidense por tráfico de drogas con los Cachiro
Tony Hernández fue detenido por agentes de la DEA en Miami en noviembre de 2018 acusado de tráfico de drogas. Fue declarado culpable en octubre de 2019 tras un juicio en Nueva York. Su hermano, el expresidente, fue condenado por cargos de narcotráfico en un tribunal federal estadounidense en 2024 y sentenciado a 45 años de prisión.
Otro caso vinculado al testimonio de Rivera Maradiaga es el de un excomandante regional de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) de Honduras, Carlos Alberto Valladares Zúñiga. Valladares fue acusado, en 2018, de haber conspirado con los Cachiros para proteger las actividades de narcotráfico del grupo, eliminando rivales y reclutando policías para proporcionar apoyo logístico y seguridad.
Además, el exdiputado hondureño Midence Oquelí Martínez Turcios se declaró culpable ante un tribunal estadounidense en agosto de 2024 por cargos de narcotráfico.
Liderazgo
Los Cachiros eran conocidos como una organización familiar muy unida, que subcontrataba gran parte de su trabajo a lugareños, a los que debían poca lealtad y con los que tenían escaso contacto, lo que minimizaba su riesgo en caso de que alguna célula individual se viera comprometida.
Los presuntos líderes del grupo eran Javier Eriberto Rivera Maradiaga, alias “Javier Cachiro”, y su hermano Devis Leonel Rivera Maradiaga.
El temor a ser asesinados en Honduras llevó a ambos hermanos a entregarse a la DEA en enero de 2015. Javier Rivera se declaró inocente de los cargos de narcotráfico en febrero.
Según los medios de comunicación hondureños, el último líder de los Cachiros, Hernán Natarén, fue asesinado junto con su esposa en julio de 2016.
Geografía
El grupo operaba en el departamento de Colón, en la costa nororiental de Honduras. Su territorio se extendía al este hasta Gracias a Dios, al sur hasta Olancho y al oeste hasta el centro criminal de la región, la ciudad de San Pedro Sula.
También tenían operadores en Nicaragua. Los contratistas recibían y trasladaban el producto desde la Costa Mosquitos a través de Gracias a Dios y Colón, donde se dividía en cargamentos cada vez más pequeños a medida que avanzaba por el país.
Aliados y enemigos
Según informes, Los Cachiros enviaban cocaína y otras drogas al Cartel de Sinaloa en México y se piensa que esta organización también tenía vínculos con la organización criminal colombiana Los Rastrojos.
El grupo utilizaba pandillas para transportar algunas drogas, que eran transportadas en motocicletas para evitar los controles militares mediante el uso de carreteras secundarias.
Perspectivas
Con ambos líderes encarcelados en Estados Unidos, el reinado de los Cachiros como importante grupo de transporte de drogas ha terminado. Sin embargo, con la cooperación de los hermanos con las autoridades estadounidenses, es posible que los testimonios que aporten sigan arrojando luz sobre las redes de élites que ayudaron a las actividades de su grupo.
En los últimos años, el testimonio de los hermanos Rivera Maradiaga ha proporcionado una poderosa herramienta contra el crimen organizado en Honduras. Ha permitido descubrir una serie de conexiones entre presidentes hondureños y el crimen organizado, entre ellos Manuel Zelaya, Porfirio Lobo y el expresidente, Juan Orlando Hernández.



