Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, dos visiones opuestas sobre el futuro de Colombia en materia de seguridad, drogas y paz, compiten en la segunda vuelta electoral por la presidencia del país el próximo 21 de junio.
Cepeda, senador de izquierda, filósofo y defensor de la paz, se enfrentará a De la Espriella, abogado, empresario y admirador del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
La seguridad es uno de los principales motivos de preocupación para los votantes colombianos. La primera vuelta de las elecciones el 31 de mayo lo puso de manifiesto, ya que los candidatos de centro, enfocados en otras cuestiones sociales, no lograron captar ni siquiera el 6% de los votos.
Sobre la mesa quedan dos extremos. Cepeda propone dar continuidad, con algunas modificaciones, a las políticas del actual gobierno de Gustavo Petro. De la Espriella, quien derrotó a los partidos tradicionales de derecha en la primera vuelta, promete desplegar las fuerzas de seguridad contra la gran variedad de actores criminales, en línea con la doctrina promovida por Washington.
InSight Crime presenta a continuación las principales propuestas de los candidatos en materia de seguridad, política de drogas y paz.
Seguridad
Estas elecciones presidenciales se dan en un momento crítico para Colombia, con múltiples frentes de confrontación abiertos, fuerzas de seguridad debilitadas y un deterioro en el relacionamiento con aliados clave en materia de seguridad.
VEA TAMBIÉN: Los desafíos criminales que heredará el próximo presidente de Colombia
Cepeda propone un enfoque de seguridad diferenciado por territorios, concentrando los operativos de la fuerza pública y la oferta institucional en áreas con amenazas más complejas, como zonas portuarias, fronteras y corredores estratégicos para las economías ilegales. Esto iría acompañado de un fortalecimiento de las fuerzas de seguridad, especialmente en capacidades logísticas, operativas, tecnológicas y de inteligencia.
Cepeda apunta a combatir a los grupos criminales atacando sus estructuras económicas con inteligencia financiera, investigación criminal, control fiscal y tributario, y otros mecanismos más ágiles para la extinción de dominio y cooperación internacional.
Su enfoque sobre el sistema penitenciario está orientado por la resocialización de Personas Privadas de la Libertad (PPL) a través de oportunidades de reinserción laboral y social, y el combate de las economías criminales y redes de reclutamiento dentro de las cárceles.
Por su parte, Abelardo de la Espriella apuesta por un enfoque de “mano dura” que contempla un combate frontal contra el crimen organizado. El candidato apunta a la “reconstrucción” de la Fuerza Pública en las zonas rurales del país y las ciudades, y el uso de capacidades adicionales como las redes de inteligencia y nuevas tecnologías.
Además, su estrategia incluye la recuperación del sistema carcelario a partir de la construcción de 10 megacárceles en zonas remotas del país, inspirada por políticas de otros presidentes de la región, como Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina.
De la Espriella también considera restablecer las relaciones con Estados Unidos en materia de seguridad, deterioradas en el último año por las diferencias entre Trump y Petro en lo referente a seguridad y drogas, y ha expresado su afinidad con la Estrategia Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos, que presiona a países como Colombia para que obtengan resultados tangibles y cuantificables.
Política de Drogas
Colombia continúa siendo el principal productor de cocaína del mundo, lo que coloca el tema de las drogas en el centro del debate en la carrera por la presidencia.
La política de drogas del presidente Petro buscó desligarse de los enfoques tradicionales dejando de lado el énfasis en los eslabones más débiles de la cadena, como los cultivadores de coca, y priorizando la afectación de las redes criminales transnacionales detrás del tráfico de drogas a través de incautaciones, destrucción de infraestructura de producción de drogas, y aumento de las capacidades de investigación del lavado de activos y la corrupción.
Sin embargo, su estrategia afrontó importantes retos en la práctica, como la oposición por parte del gobierno de Estados Unidos que llevó a la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas en 2025.
VEA TAMBIÉN: Estados Unidos presiona a Colombia con amenaza de recortes en la ayuda antidrogas
A pesar de esto, Cepeda busca continuar con esta línea progresista, alejándose del enfoque prohibicionista.
“Estas dinámicas están inscritas en una estructura geopolítica internacional que ha tratado el problema de las drogas como un asunto de seguridad global, privilegiando respuestas militarizadas y trasladando una carga desproporcionada a los países productores, mientras las mayores ganancias se concentran en los mercados internacionales”, afirma en su plan de gobierno.
En este sentido, propone atender el tema de las drogas desde la regulación, inicialmente del cannabis, pero dejando abierta la puerta a otras como la de la hoja de coca y la amapola. También propone alianzas regionales para combatir el lavado de activos y la corrupción que contribuyen al funcionamiento de redes criminales transnacionales.
De la Espriella, en cambio, coloca en el centro de su estrategia la erradicación aérea de los cultivos de coca. Si bien en varias ocasiones aclaró que no usaría glifosato, debido a la prohibición expedida por la Corte Constitucional, buscaría erradicar la totalidad de las hectáreas de coca existentes en Colombia. Ha mencionado la erradicación manual y el uso de drones e inteligencia artificial entre las herramientas para destruir cultivos y laboratorios de producción, de la mano de la sustitución de cultivos ilícitos, aunque no hay claridad sobre cómo se implementaría esta última.
“Lo fundamental es empezar a fumigar todas las fuentes de las violencias en Colombia, es decir, las hectáreas de coca”, mencionó el candidato presidencial en una entrevista con Noticias Caracol.
De la Espriella ha sostenido que la lucha contra las economías ilegales es un componente fundamental para recuperar el control territorial y debilitar las estructuras criminales. El candidato también apuesta por la persecución a los capitales de los narcotraficantes, la extinción de dominio exprés y la extradición para atacar a los otros eslabones de la cadena del tráfico de drogas. Estas medidas han sido aplicadas por gobiernos anteriores, incluido el de Petro, pero no han logrado detener las economías que alimentan a los grupos ilegales en el país.
Paz
La posibilidad de continuar o no con los diálogos establecidos con grupos ilegales en el marco de la política de Paz Total ha puesto a los candidatos en dos extremos opuestos.
Esta medida, una de las principales banderas del gobierno de Petro, ha sido ampliamente criticada por contribuir al fortalecimiento de los grupos armados ilegales, por los vacíos jurídicos y por el aumento de la violencia, entre otros aspectos.
VEA TAMBIÉN: GameChangers 2025: El laberinto sin salida de la Paz Total en Colombia
Si bien Cepeda deja la puerta abierta a entablar diálogos de paz con grupos armados, se separa de la Paz Total. Ante las críticas a la iniciativa de Petro, propone la llamada “Paz Integral”, orientada a generar resultados concretos, verificables y cuantificlables, y a exigir compromisos claros de los grupos para garantizar el respeto a la población civil y a los liderazgos sociales.
“No permitiremos que el diálogo sea utilizado como una estrategia para el fortalecimiento militar o económico de las organizaciones armadas; la paz se construye con hechos verificables, no con promesas vacías”, afirma en su plan de gobierno.
Por último, propone reactivar la implementación de los acuerdos de La Habana mediante la movilización de la capacidad estatal, la articulación con la comunidad internacional y el fortalecimiento de la participación de los territorios.
De la Espriella ha sido tajante en su premisa: “con los criminales no habrá negociación”. El candidato ha expresado en varias ocasiones que, de ser elegido presidente, dará por terminadas las conversaciones de paz que entabló el gobierno de Petro. En su lugar, buscará recuperar el control territorial mediante una primera línea de seguridad.
“Colombia sufre hoy una pandemia de inseguridad; el crimen está disparado. Es un verdadero desastre lo que está ocurriendo. Necesitamos recuperar la seguridad por la razón o por la fuerza, en el marco de la Constitución”, dijo en una entrevista con CNN en Español.
De la Espriella propone operaciones militares directas contra los principales grupos de crimen organizado en Colombia y el desmantelamiento de las milicias, buscando neutralizar a los cabecillas de forma prioritaria y debilitar estas estructuras. Sin embargo, aun no está claro cómo planea hacerlo.



