La desarticulación de la “mafia de las cantinas”, que controlaba la distribución de alimentos en las prisiones de Río de Janeiro, resalta la creciente presencia de pequeñas actividades criminales en el sistema penitenciario brasileño.

El 12 de noviembre, el Ministerio Público de Río de Janeiro informó que, mediante la Operación Snack Time, las autoridades desmantelaron una red criminal que controlaba las cantinas de las prisiones en el estado de Río de Janeiro.

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La mafia de las cantinas operaba desde 2019, involucrando al menos a 30 empresas y a múltiples agentes de la Secretaría de Administración Penitenciaria (Secretaria de Estado de Administraçao Penitenciária, Seap), que participaban de manera directa o indirecta en el esquema criminal, según investigaciones del Grupo de Actuación Especial de Combate al Crimen Organizado (Grupo de Atuação Especializada de Combate ao Crime Organizado do Ministério Público do Estado do Río de Janeiro, Gaeco/MRPJ). 

Tras haber obtenido de forma irregular el contrato mediante una subasta pública fraudulenta, la red criminal generaba ganancias ilícitas a costa de fondos públicos mediante la implantación de un esquema fraudulento, provocando pérdidas estimadas en más de 25 millones de reales (alrededor de US$4,3 millones).

Análisis de InSight Crime

Las llamadas “mafias de las cantinas” en el sistema penitenciario de Río de Janeiro revelan la criminalización de muchos de los aspectos de la vida carcelaria. 

A diferencia de grupos más conocidos como el Comando Rojo (Comando Vermelho, CV) o el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC), que monopolizan el consumo de drogas ilícitas, el licor, y otros negocios de contrabando, las mafias de las cantinas operan como un cartel empresarial, enfocándose en los contratos de suministro de alimentos en las prisiones. 

“Estos grupos criminales eligen un nicho de negocio, lo dominan y se mantienen en él, acumulando protección política de forma más discreta que otras organizaciones”, dijo a InSight Crime Benjamin Lessing, profesor y experto en el sistema penitenciario brasileño y catedrático de ciencias políticas en la Universidad de Chicago.

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Esta protección política complica los intentos de reforma en el sistema penitenciario. Los directores de prisión que buscan desmantelar estas redes enfrentan amenazas o presión para renunciar. 

“Las mafias de las cantinas se infiltran con facilidad, pero ¿quién se atreve a enfrentarlas? Ningún director de prisión arriesgaría su carrera por intentar resolver este problema”, comentó Lessing.

El control que estas mafias ejercen sobre la calidad y cantidad de los alimentos afecta directamente a las condiciones en las cárceles, lo que, indirectamente, fortalece a grupos como el PCC y el CV, quienes intervienen para cubrir las necesidades básicas de los reclusos. 

“La presencia de estas mafias de las cantinas significa que la comida será de menor calidad y que los presos recibirán menos cantidad, lo que obliga a las pandillas a proveer alimentos y medicamentos para sus miembros”, explicó Lessing.

Imagen principal: Presos brasileños muestran su ración de comida. Crédito: Gláucio Dettmar/CJN.