La disminución de los flujos de cocaína en el norte de Colombia ha provocado un aumento en la extorsión, a medida que los grupos criminales, cada vez más fragmentados, buscan nuevas fuentes de financiación.

Las denuncias de extorsión en el departamento del Atlántico, al norte de Colombia, pasaron de 199 en 2019 a 1.335 en 2023, lo que equivale a un aumento de 570%, de acuerdo con el Sistema de Información Estadístico, Delincuencial, Contravencional y Operativo de la Policía Nacional (SIEDCO). Los casos se concentran en el área metropolitana de su capital, Barranquilla, donde la policía nacional ha mandado cientos de oficiales de refuerzo.

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El fenómeno criminal “afecta principalmente a comerciantes, tenderos y trabajadores del transporte”, señaló un informe de la Fundación Paz y Reconciliación. De acuerdo con la investigación, los grupos criminales involucrados no solo incluyen a los Gaitanistas, también conocidos como el Clan del Golfo, uno de los grupos de narcotráfico dominantes en Colombia, sino también a organizaciones intermedias como los Costeños, los Pepes y los Rastrojos Costeños. 

El departamento del Atlántico presentó el mayor aumento de denuncias de extorsión a nivel nacional en los últimos cuatro años. Una tendencia contraria a la de otros departamentos del norte del país, como Bolívar, La Guajira y Magdalena, o de otros con presencia de grupos criminales, como Norte de Santander y Valle del Cauca, que mantuvieron cifras relativamente estables.

Análisis de InSight Crime

La reducción en el tráfico de cocaína durante la pandemia y la fragmentación de grupos criminales son dos de los principales factores detrás del incremento de la extorsión en el Atlántico.

Grupos criminales locales que eran operadores logísticos para el Clan del Golfo en el departamento perdieron una parte importante de sus rentas a raíz de la reducción en el tráfico de cocaína en medio de la pandemia. “Se necesitaba entonces sustituir esos ingresos de lo nacional por ingresos locales”, dijo Luis Fernando Trejos, profesor del departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte, a InSight Crime. 

“Cuando se da el relajamiento de las cuarentenas, […] las organizaciones criminales locales salieron a competir por las economías que quedaron en pie”, añadió. 

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Al mismo tiempo, estos grupos criminales locales atravesaron procesos de fragmentación que multiplicaron la cantidad de actores que competían por las rentas ilegales en el territorio.

“De los Costeños salen los Rastrojos Costeños y después salen los Pepes. Ya no es solo una organización extorsionando, sino que hay otras compitiendo por el control de esa renta”, sostuvo Trejos. 

Grupos criminales intermedios tienen la capacidad de perpetrar este delito sin mayor pie de fuerza, pues pueden extorsionar a sus víctimas sin tener contacto personal con ellas a través de herramientas tecnológicas. Los delincuentes pueden realizar cobros extorsivos a través de una llamada o un mensaje de WhatsApp.

“No tienes que desplegar grandes capacidades en cuanto a control de territorio, sino tener una pequeña estructura conformada por dos personas en una moto que presionan el pago de la extorsión, disparan al comercio o simplemente dejan una nota”, dijo Trejos.

Imagen principal: Tropas de la Policía Nacional haciendo formación en Barranquilla. Crédito: La Vibrante