Cuando un sedán blanco se detuvo junto a su Tesla Cybertruck al costado de una carretera en Culiacán, Sinaloa, la influencer Nicole Pardo no huyó. Se quedó inmóvil con su iPhone en la mano. Esa reacción —o la falta de ella— provocó una pregunta habitual cuando se trata de influencers: ¿lo que estoy viendo es realmente real?
El resto del video no ayuda a aclararlo. Millones de personas vieron después las imágenes silenciosas grabadas por su camioneta en enero de este año, en las que intenta, sin mucho éxito, impedir que se abra la puerta del pasajero del sedán colocando las manos sobre ella. Pero la joven de 20 años parece no tener ninguna posibilidad frente a los dos hombres que salen del vehículo. Uno lleva un pañuelo rojo exageradamente grande que le cubre el rostro y de su brazo derecho cuelga un arma automática. El otro viste una camiseta negra y lleva el rostro descubierto. Al final del clip, de 41 segundos de duración, Nicole es obligada a subir a la parte trasera del automóvil, que retrocede y se aleja.
El secuestro de Pardo parecía diseñado para el algoritmo y se volvió viral en cuestión de horas. Durante varios días permaneció desaparecida. Conocida anteriormente entre sus 211.000 seguidores como La Nicholette (su cuenta de Instagram ahora se llama simplemente Nicholettepardo). Muchos asumieron que sería la más reciente víctima de una ola de asesinatos de influencers en el estado de Sinaloa, el frente más reciente de la guerra interna entre las facciones de los Chapitos y La Mayiza dentro del Cartel de Sinaloa.
Sin embargo, muchas preguntas siguen sin respuesta, la mayoría relacionadas con la autenticidad de lo ocurrido. Y la comunidad de influencers de redes sociales, tengan o no vínculos reales con el tráfico de drogas, contribuye a la confusión sobre su papel, sus ingresos y sus intereses.
La lista de muerte de los influencers en Sinaloa
Un año antes del secuestro de Nicole, una avioneta sobrevoló a baja altura la ciudad de Culiacán y arrojó panfletos desde el aire. Los transeúntes los recogieron de las aceras y probablemente se preguntaron si reconocían alguno de los 25 pequeños rostros en blanco y negro que aparecían impresos. Casi todos pertenecían a influencers locales. Tres estaban marcados con la palabra “ELIMINADO”. Uno de los nombres de la lista era el de Peso Pluma, el popular músico mexicano ganador de un premio Grammy.
“Ciudadanos: estas personas no son inocentes”, decía el texto de los panfletos. “Les pedimos atentamente que se alejen de estos youtubers y dejen de apoyarlos y ver su contenido porque financian a los Sapitos. ¡Ya basta de abusar del pueblo!”
Medios locales vincularon los panfletos con la facción de La Mayiza del Cartel de Sinaloa, que entonces —y aún hoy— mantiene una feroz disputa con los Chapitos. El conflicto comenzó en 2024, después de que un integrante de alto perfil de los Chapitos traicionara al líder de La Mayiza, de ahí la referencia a los “sapitos”, una expresión de la jerga criminal para referirse a los informantes.
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Para cuando Nicole fue secuestrada, al menos nueve de los influencers incluidos en la lista ya habían sido asesinados. Entre ellos estaba Leobardo Aispuro Soto, conocido como “El Gordo Peruci”, famoso por sus sketches de comedia, y Gail Castro, también conocido como Gail Toys y hermano de una de las personalidades más reconocidas de las redes sociales en el estado, Markitos Toys. Gail fue asesinado a tiros por hombres armados en un restaurante de la ciudad de Ensenada en abril de 2025, después de que su familia recibiera amenazas de muerte durante tres meses.
Por su parte, Markitos —cuyo nombre real es Marcos Eduardo Castro Cárdenas— tiene cerca de cinco millones de seguidores en YouTube y aún más en Instagram, donde suele mostrarse conduciendo vehículos de lujo, regalándole una avioneta a su padre y disfrutando de un estilo de vida ostentoso. Cuando su hermano fue asesinado, ya había abandonado Sinaloa después de que fueran incendiados dos de sus restaurantes.
Markitos, como la mayoría de los influencers, controla de cerca la cobertura sobre sus actividades y rara vez concede entrevistas. Prefiere emitir declaraciones a través de sus propias redes sociales, algunas de las cuales son posteriormente reproducidas por los medios de comunicación. Ante los interrogantes sobre sus vínculos con figuras clave del Cartel de Sinaloa, como Néstor Isidro Pérez Salas, alias “El Nini”, antiguo jefe de seguridad de los Chapitos extraditado en 2024 a Estados Unidos, ha respondido que “no es un delito tener amistades” y que los problemas y negocios de sus amigos no son asunto suyo. Aun así, niega haber hecho alguna vez “negocios” con el crimen organizado.
Pero en el caso de las personalidades de las redes sociales —ya sean criminales, estén vinculadas al entorno criminal o simplemente aspiracionales, como Pardo — que adoptan la simbología de la narcocultura, la falta de pruebas claras sobre sus verdaderos intereses, conexiones y fuentes de ingresos sigue siendo una parte central de la historia. Esa brecha alimenta rumores y especulaciones sobre la naturaleza exacta de la relación entre los influencers y los propios narcotraficantes.
La respuesta de La Nicholette aclara poco
A diferencia de muchos de sus compañeros influencers, Pardo sobrevivió. Pero todavía no está claro qué ocurrió exactamente en su caso.
Antes de ser encontrada, apareció otro video suyo. Era muy distinto del contenido que publicaba habitualmente, donde hacía gestos para la cámara, posaba y sincronizaba los labios con narcocorridos —baladas dedicadas a traficantes famosos—. Incluso tenía una canción propia compuesta por Grupo Arriesgado, una popular banda de narcocorridos de Sinaloa, titulada “La Muchacha del Salado, La Nicholette”. Hasta la fecha, una versión en vivo ha sido vista 28 millones de veces.
En el video difundido mientras seguía desaparecida, vestía un conjunto deportivo oscuro y llevaba su cabello rubio liso recogido hacia atrás. Había trabajado para la facción de La Mayiza del Cartel de Sinaloa y sobornado a policías estatales, explicaba en la grabación, mientras sus ojos se movían de un lado a otro siguiendo un guión.
“Ustedes saben muy bien que yo siempre les ayudé a mover droga, armas y dinero; siempre les ayudé”, decía.
Su tono era sombrío y sereno. Profesional.
El mismo día en que apareció el video de Nicole, las fuerzas de seguridad la “rescataron”. Cuando le preguntaron sobre el operativo al entonces gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya —quien desde entonces solicitó una licencia tras acusaciones de fiscales estadounidenses de que ayudó a proteger a los Chapitos junto con funcionarios de su administración—, este se limitó a encogerse de hombros.
Nicole había sido encontrada con vida y estaba a salvo, dijo. Estaba agradecido por la colaboración ciudadana. Pero cuando los periodistas insistieron en cómo había sido localizada, hizo una pausa. No lo sabía, respondió. No estaba seguro de si había sido liberada o rescatada, si había existido una negociación, una entrega o una fuga. La investigación seguía en curso. No podían compartirse más detalles.
Unas semanas después, Pardo —quien rechazó ser entrevistada para este artículo y, al igual que muchos de sus colegas, controla cuidadosamente el mensaje que transmite sobre sí misma— contribuyó a aumentar aún más las dudas sobre su desaparición.
En una declaración de dos horas transmitida en Kick y posteriormente eliminada de la plataforma, explicó que había construido un negocio legítimo de venta de gorras y ropa vinculadas a la narcocultura y a la estética narco, actividad con la que había ganado alrededor de US$400.000 en dos años a través de ventas en línea y una tienda física.
Según relató, sus secuestradores, integrantes de los Chapitos, la obligaron a leer el guión del video. Finalmente la liberaron porque su secuestro había adquirido demasiada notoriedad pública.
La habían secuestrado, afirmó, porque “ellos también creían que todo lo que veían en las redes sociales era real. Porque no había nada detrás de eso; podían ver que todo eran simples rumores”.
“Todos ustedes se inventaron toda esta película de que yo era una sicaria narco… pero eso no significa nada. Soy simplemente una chica común y corriente”.



