En un pabellón exclusivo para los miembros de Los Monos, la banda más violenta de Rosario, se puede ver una “paloma” que va y viene entre las celdas. Hechos con sábanas rotas, botellas plásticas y lo que haya a mano, las palomas son dispositivos improvisados para enviar mensajes durante los encierros en la cárcel de Piñero, ubicada en las afueras de Rosario, uno de los principales focos criminales de Argentina.

Todos en este pabellón permanecen encerrados en sus celdas después de que una mujer vinculada a la banda fue sorprendida tratando de ingresar un reloj inteligente para un recluso durante una visita.
Y a medida que la tecnología avanza, el crimen organizado se va adaptando, mientras el gobierno trata de alcanzarlo. Con la llegada de dispositivos cada vez más pequeños, las autoridades instalaron escáneres para los visitantes de las cárceles, similares a los de los aeropuertos. Hubo intentos de lanzar relojes inteligentes por las rejas del techo, por lo que el gobierno instaló una malla metálica más estrecha. También se instalaron bloqueadores de señal para inutilizar esta tecnología, pero algunos mensajes todavía logran pasar.

Hay bastante ánimo en el pabellón de Los Monos. Las palomas vuelan desde el balcón mientras los reclusos miran la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Boca Juniors está ganando uno a cero frente al Auckland City. Uno de los internos grita “selfie, selfie” y posa para una foto con su compañero de celda.


El ambiente es menos festivo en el pabellón del Clan Alvarado —el rival más feroz de Los Monos—, también tras las rejas, debido a una pelea entre reclusos. Basura tirada en el suelo y una fina capa de polvo blanco cubre todo después de que los guardias usaron un extinguidor para apagar un incendio iniciado por los internos.
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Un guardia juguetea nervioso con su escopeta y se asegura de que InSight Crime se ponga chaleco y casco antibalas antes de entrar al pabellón. Al salir, empieza un estruendo de golpes en todo el módulo.

El gobierno de Santa Fe, provincia donde está ubicada la ciudad de Rosario, lanzó una nueva ofensiva contra el crimen organizado en diciembre de 2023, con grandes inversiones en seguridad.
Hasta ahora, parece estar dando resultado. Los homicidios en las calles cayeron al nivel más bajo en diez años y las prisiones están más controladas. Pero a medida que más personas son detenidas y enviadas a la cárcel como parte de estos intentos punitivos por reducir la violencia, la población penitenciaria sigue aumentando. ¿Podrán las autoridades sostener este ritmo?
Puertas giratorias
Muchos de los internos de Piñero provienen de los suburbios empobrecidos de Rosario, donde el crimen organizado tiene su base. Mientras el gobierno sigue construyendo más cárceles, se ignoran los ecosistemas que empujan a las personas a convertirse en criminales menores o a integrar redes criminales que las terminan llevando a prisión.
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Para quienes hoy están encerrados en Piñero, la rehabilitación es casi inexistente. El 90% no terminó la secundaria, según el último informe de la provincia, alrededor del 95% no participa en ningún programa educativo, y más de dos tercios no tenían empleo formal cuando fueron arrestados, de acuerdo con el último censo penitenciario, realizado en 2024.
“Los recursos para [trabajo y educación] siempre van a ser más escasos que los destinados a la seguridad —al menos en un momento en que la prioridad es bajar los niveles de violencia en las calles”, explicó la secretaria de Asuntos Penales de Santa Fe, Lucía Masneri.
Ella estima que cerca del 90% de las personas que salen de Piñero volverán a prisión.

El gobierno local busca cortar la comunicación e impedir la coordinación entre los integrantes de los grupos criminales dentro y fuera de las cárceles.
Los líderes fueron ubicados en celdas individuales y no tienen contacto físico durante las visitas, separados de familiares y abogados por vidrio blindado y bloques de cemento. Los cabecillas de las bandas de Rosario fueron trasladados a cárceles federales.
La población carcelaria en Santa Fe viene creciendo desde mucho antes de las actuales reformas de seguridad, pero el aumento de los arrestos está acelerando el hacinamiento.
Es común que tres o cuatro personas compartan celdas diseñadas para dos.
¿La solución? Un nuevo penal, llamado “El Infierno” por el propio gobierno, que ya está en construcción a pocos kilómetros de Piñero. Cuatro empresas trabajan en paralelo para terminarlo en tiempo récord.

Con los niveles de arrestos y reincidencia tan altos, la nueva cárcel probablemente se colmará rápidamente. Consultada sobre si hay solución al hacinamiento, Masneri fue directa: “Sí, la construcción de cárceles”.
Imagen principal: El cristal roto de una ventana en el Módulo B de Piñero, ubicada en las proximidades de Rosario. Crédito: Christopher Newton / InSight Crime.


