La pandilla Barrio 18 es una de las maras más numerosas del hemisferio occidental, equiparable en muchos aspectos a su rival más conocido, la Mara Salvatrucha (MS13). Aunque tiene células que operan desde Centroamérica hasta Canadá, se ha debilitado mucho en El Salvador tras la agresiva campaña emprendida por el gobierno de Nayib Bukele, que ha arrestado a decenas de miles de supuestos integrantes de pandillas y colaboradores desde 2022. 

El Salvador declaró al Barrio 18 como una organización terrorista el 24 de agosto de 2015. Diez años después, también lo hicieron Estados Unidos, Honduras y Guatemala.

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5 de octubre de 2026 – México captura a dos cabecillas de Barrio 18 fugados de Fraijanes II por su presunta vinculación con un femicidio

Dos supuestas cabecillas del Barrio 18 de Guatemala, Rudy Augusto Ortiz Morales, alias “Smoking”, y Esvin Estuardo Herrera Ardiano, alias “Liro Spyder” o “Little Spyder”, fueron capturados en Cancún, México, por su presunta vinculación con un caso de femicidio.

Ambos figuraban entre los 20 pandilleros del Barrio 18 que se fugaron de la cárcel Fraijanes II en Guatemala en octubre de 2025. Las autoridades de ambos países coordinan su posible repatriación.

Un año después de que se reportara la fuga, diez de los 20 pandilleros han sido recapturados y uno ha muerto. Según las autoridades locales, los nueve restantes continúan prófugos y se encontrarían en territorio nacional.

¿Cuál es la historia de Barrio 18?

Barrio 18 surgió como una pandilla callejera en Los Ángeles. Aunque algunos relatos sitúan sus orígenes a finales de los años cincuenta, la pandilla comenzó a adoptar su forma actual en los ochenta, cuando se separó de la pandilla Clanton 14. Adquirió especial notoriedad por su rol en los motines de Los Ángeles en 1992 tras la absolución de los policías que le propinaron una brutal golpiza al motorista afroestadounidense Rodney King.

En sus inicios, las células del grupo, conocidas como “clicas”, fueron competencia exclusiva de los inmigrantes mexicanos en el sur de California y dominaron barrios como MacArthur Park en Los Ángeles.

Sin embargo, cuando otras nacionalidades latinas se unieron a la población inmigrante, Barrio 18 comenzó a reclutar miembros de diferentes procedencias, un cambio que facilitó la expansión del grupo hacia otros países, en especial de Centroamérica.

A finales de los noventa, una fuerza de operaciones del Buró Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigation, FBI) y autoridades locales capturaron a algunos de los líderes más destacados de Barrio 18. Pero eso no afectó tanto a la pandilla, sino que les dio otra base desde la cual operar y reclutar a nuevos miembros: las prisiones federales.

A pesar de los esfuerzos por aislar a los líderes pandilleros de sus contactos en el exterior y de sus camaradas presos, líderes de Barrio 18 como Francisco Martínez, alias “Puppet”, idearon formas de seguir dirigiendo sus actividades delictivas desde el encierro. Algunos integrantes de Barrio 18 también se unieron a la mafia mexicana, una pandilla carcelaria que agrupó a las pandillas callejeras del sur de California en una sola confederación poderosa, que se conoció como los Sureños. Por fuera de prisión, las pandillas callejeras se peleaban; en el interior, formaban una sola estructura bajo la dirección de la Mafia.

Barrio 18 se expandió hacia el sur, a México y Centroamérica principalmente en función de un cambio en las políticas migratorias de mediados de los noventa, el cual amplió el número de cargos penales por los que un residente nacido en el exterior podía ser deportado a su país de origen.

La nueva política se aplicó agresivamente a las pandillas de California, donde había muchos pandilleros sin ciudadanía estadounidense. Las deportaciones generaron una afluencia repentina de pandilleros de Barrio 18 y otros grupos a países de Centroamérica y a México, lo que trajo consigo mayor violencia y delincuencia.

A finales de los noventa, empezando por El Salvador, los gobiernos centroamericanos comenzaron a aprobar leyes más estrictas para penalizar la sola “asociación” con pandillas. Estas políticas, de mano dura, produjeron arrestos masivos de pandilleros que, sin darse cuenta, motivaron el crecimiento de las pandillas al concentrar a sus miembros en centros penales, lo que los llevó a reorganizarse y reagruparse.

En las calles, Barrio 18 incursionó en el narcomenudeo y la extorsión. Con el aumento de las ganancias, la pandilla también empezó a blanquear dinero por medio de pequeños negocios, como lavaderos de automóviles.

Hacia 2005, los conflictos internos de las pandillas en El Salvador llevaron a que el Barrio 18 se dividiera en dos facciones: los Revolucionarios y los Sureños. Previo al estado de excepción de El Salvador, iniciado en 2022, ambas estaban enfrentadas y peleaban con el mismo encono con el que se enfrentan con la MS13, que es su enemigo histórico y la pandilla callejera más grande de Centroamérica.

La pandilla también ganó poder en Guatemala y Honduras, donde pudo aprovechar la debilidad de los gobiernos y la gran exclusión social para expandirse en sectores urbanos pobres. En los tres países, Barrio 18 comenzó a extorsionar al sistema de transporte público, a desplazar comunidades enteras y a abrirse camino a la política.

Esto se hizo más evidente en marzo de 2012, cuando los líderes de Barrio 18 y sus rivales de la MS13 se acogieron a una “tregua” nacional” en El Salvador mediada por un delegado del gobierno y la Iglesia Católica. La tasa de homicidios en el país cayó más de la mitad tras el cese al fuego negociado, pero la violencia volvió a escalar en cuanto la tregua fracasó en 2014. 

Los líderes de la MS13 y Barrio 18 resultaron alarmantemente hábiles para sacar provecho del capital político que ganaron después de la tregua, lo que despertó la preocupación de que la iniciativa pudiera darles un medio para incrementar su sofisticación delictiva y su influencia general en el país. Sumadas a estas preocupaciones, las extorsiones y las desapariciones siguieron aumentando en El Salvador a lo largo de la tregua, y los homicidios retomaron el alza a mediados de 2013, hasta alcanzar un pico en 2015, antes de volver a bajar.

Una caída radical en la tasa de homicidios de El Salvador a partir de 2019 volvió a poner a las pandillas del país en boca de todos. Aunque los representantes del gobierno atribuyeron la caída a su plan nacional de seguridad, múltiples informaciones de los medios de comunicación hablaron de un pacto informal entre sectores del gobierno salvadoreño y líderes presos de las pandillas, según los cuales estos últimos reducirían los asesinatos a cambio de mejores condiciones carcelarias.

Ese periodo de relativa paz en El Salvador se hizo añicos cuando varios integrantes de Barrio 18 y la MS13 sumaron 46 homicidios en una campaña sangrienta de tres días en noviembre de 2021. Y siguió la masacre indiscriminada de 92 personas, incluida población civil, como compradores, vendedores y pasajeros de autobús, en marzo de 2022. Barrio 18 se apresuró a tomar distancia de la masacre, que se interpretó como un intento visible de enviar un mensaje al gobierno.

El gobierno de Nayib Bukele respondió con la guerra más amplia contra las pandillas en la historia del país, en medio de la cual detuvo a decenas de miles de presuntos pandilleros durante un estado de excepción declarado en marzo de 2022 y que sigue vigente en 2026, tras ser renovado de forma ininterrumpida. Esta ofensiva ha diezmado a los pandilleros rasos de Barrio 18, y obligó a miles a exiliarse. Las detenciones también han desmantelado la amplia red de colaboradores de la banda, logrando que pierdan el control de territorios clave y economías criminales en zonas en las que antes ejercía total control. 

En 2025, el gobierno de Bukele continuó su ofensiva para el desmantelamiento de las pandillas con juicios masivos, una medida que también buscaba agilizar el procesamiento de los miles de casos acumulados en el sistema judicial. Para ello, el gobierno ajustó sus leyes con el objetivo de que hasta 900 personas puedan ser juzgadas en un mismo proceso penal. En 2026, por ejemplo, 563 cabecillas de pandillas enfrentan un juicio masivo.

En noviembre de ese año, 45 miembros del Barrio 18 fueron sentenciados por delitos como extorsión y homicidio. Sus cabecillas fueron condenados a 397 años de prisión cada uno. En octubre de 2026, otros 71 integrantes de los Sureños fueron condenados a entre 20 y 40 años de cárcel por extorsionar a transportistas y cometer otros delitos en Atiquizaya. 

Las estrategias de El Salvador para desmantelar las pandillas han sido cuestionadas por observadores nacionales e internacionales, que han documentado miles de detenciones basadas en criterios discrecionales y realizadas sin órdenes judiciales o sin que existan vínculos reales con organizaciones criminales. Según registros de la policía salvadoreña, al menos 33.000 de las más de 90.000 personas detenidas durante el estado de excepción no figuraban previamente como pandilleros o colaboradores de pandillas.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también registró al menos 500 fallecimientos en centros penales bajo circunstancias no esclarecidas, con evidencias de lesiones y falta de atención médica. 

En noviembre de 2022, en Honduras, la presidenta Xiomara Castro intentó replicar la estrategia de Bukele con la declaración de un estado de excepción para frenar las extorsiones. Sin embargo, la medida no logró debilitar a las pandillas en el país; más bien, las fragmentó y provocó que sus desertores crearan grupos independientes para continuar operando a nivel local. 

El gobierno de Guatemala también fortaleció su combate contra las pandillas en 2025 con la eliminación de privilegios para los cabecillas de Barrio 18 y la MS13 encarcelados y su traslado a prisiones de máxima seguridad. Los pandilleros respondieron con motines en los centros penitenciarios y el asesinato coordinado de 11 policías en la Ciudad de Guatemala en enero de 2026. 

En respuesta, el gobierno declaró el estado de emergencia, que se prolongó hasta febrero. Durante este periodo, las autoridades realizaron miles de detenciones, incluidas las de más de 80 presuntos pandilleros.

La persecución de los cabecillas de Barrio 18 continúa a nivel internacional, según evidencian capturas recientes como la de César Oswaldo N., “El Pulpito”, en Chiapas, México. 

¿Quiénes son los líderes de Barrio 18?

En la cúpula están los palabreros que han sido en gran medida arrestados. Estos se encargan de coordinar todas las actividades criminales: desde el registro de todos los movimientos financieros, pasando por los homicidios, hasta las drogas y armas.


Muchos de los líderes de la pandilla en El Salvador ya estaban encarcelados cuando el presidente Bukele inició su campaña contra las pandillas en marzo de 2022.

En Guatemala, un grupo conocido como la “Rueda” coordina las actividades de la pandilla. Muchos de sus integrantes, entre ellos el líder Aldo Dupie Ochoa Mejía, alias “El Lobo”, están en prisión. En 2026, los líderes de Barrio 18 han organizado motines y ataques coordinados desde el interior mismo de las cárceles que han generado una crisis de seguridad en el país. 

De igual forma, los principales cabecillas de Barrio 18 en Honduras, como Nahum Medina, alias “Tacoma”, operan tras las rejas.

En el exterior, la pandilla se organiza en canchas. Una cancha es una división territorial que no depende necesariamente de límites municipales y tiene varias tribus, como se denomina a las unidades más pequeñas de Barrio 18.

Finalmente, hay colaboradores que no pertenecen totalmente o nunca formarán parte del grupo. Estos ayudan a la pandilla con tareas menores, como acopio de inteligencia y trasiego o almacenamiento de mercancías ilícitas.

¿Dónde opera Barrio 18? 

En Centroamérica, la pandilla opera en gran medida en El Salvador, Guatemala y Honduras. Para mediados de 2023, contaba con más de 22.000 miembros solo en El Salvador, aunque decenas de sus reclutas han sido detenidos u obligados a exiliarse a raíz de la actual ofensiva contra las bandas. La pandilla también tiene presencia importante en Estados Unidos, con un estimado de 50.000 integrantes, según el Departamento de Justicia de Estados Unidos (Department of Justice, DOJ). El grupo opera en docenas de ciudades en cerca de 20 estados.

Muchos de sus integrantes residen en California, aunque Barrio 18 también tiene presencia en otras ciudades del oeste de Estados Unidos, como Denver. Además, desde mediados de la década de 2000, la pandilla ha mantenido una presencia limitada en Italia. En septiembre de 2016, la detención de un presunto líder de Barrio 18 en España reveló las intenciones de la pandilla de expandir su presencia en Europa. La policía española también advirtió sobre esta amenaza en 2023, cuando detuvo a 15 hondureños que, según las autoridades, planeaban establecer una célula de Barrio 18 en Barcelona.

También ha habido denuncias de un desplazamiento de integrantes de Barrio 18 hacia el sur de México.

¿Quiénes son los aliados y enemigos de Barrio 18?

El mayor rival de Barrio 18 es la MS13. En El Salvador, Barrio 18 se divide en facciones rivales: los Revolucionarios y los Sureños, división que por lo general ha generado violencia.

La pandilla también tiene una relación cercana con la Mafia mexicana. Se sabe que tienen una red de colaboradores que incluye abogados, taxistas y mecánicos. En muchas ocasiones, la pandilla ha protagonizado enfrentamientos con las fuerzas de seguridad durante sucesivas campañas antipandillas en Centroamérica.

En Guatemala, Barrio 18 presuntamente colabora con un grupo criminal conocido como “Los Caradura”, que le suministra drogas para su venta al menudeo.

¿Cuál es el panorama para el Barrio 18?

Barrio 18 se ha debilitado considerablemente en El Salvador tras la detención de más de la mitad de sus miembros y colaboradores durante la ofensiva del gobierno contra las pandillas, según estimaciones policiales. Con sus filas diezmadas, la pandilla ha perdido el control de territorios estratégicos y ya no puede desarrollar sus economías criminales como lo hacía en el pasado.

Sin embargo, en Guatemala, Honduras y Estados Unidos, donde Barrio 18 tiene una presencia consolidada, su estructura apenas ha experimentado cambios. En estos países, la pandilla sigue siendo una importante fuerza criminal, sustentada en la extorsión, los asesinatos por encargo y la venta de drogas.

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