“En ese momento te prometo que si te acuerdas del nombre de tu mamá, es mucho”, le dijo Felipe* a InSight Crime sobre el momento en el que estaba intentando recordar su contraseña de iCloud mientras sus secuestradores le ponían la punta de un arma contra la cabeza. 

En febrero de 2023, Felipe, que trabaja como un proveedor de fruta para una gran compañía, fue víctima de un secuestro improvisado mientras estaba en un cultivo. 

“Es horrible. Estás en shock, quieres salir y ya llega un punto en que [quieres decir] ‘oye, sabes que ya déjame, ya tienes todo’”, dijo. 

Conocidos como “secuestros exprés” y clasificados como “crímenes comunes” en Ecuador, este tipo de incidentes reciben poca atención en comparación con el tráfico transnacional de drogas, que ha convertido al país en uno de los más violentos de la región en menos de una década. 

Sin embargo, los casos de estos delitos tan usuales—como el secuestro y la extorsión— han aumentado de forma alarmante en los últimos años. La historia de Felipe demuestra el devastador impacto físico y psicológico que estos crímenes tienen en los ecuatorianos. 

Crímenes de oportunidad

Viajar por Ecuador es diferente luego de la pandemia del COVID-19, dijo Felipe. 

“No sentías ese miedo que sientes ahora”, afirmó. 

Estadísticas del Ministerio del Interior muestran que Ecuador ha visto un aumento exponencial en los homicidios desde 2021. El país, que ha visto la proliferación de la violencia relacionada con el crimen organizado, cerró el 2022 con un aumento de más del 80% anual en los homicidios. 

Pero Felipe dijo que sentía que el peligro se sentía como algo lejano en esa mañana de viernes soleada, cuando él y su técnico hacían una visita de rutina a un cultivo de maracuyá en la provincia interior de Los Ríos, justo al norte de la costera provincia de Guayas. 

VEA TAMBIÉN: La guerra contra las pandillas en Ecuador tropieza en ciudad costera clave

Las enredaderas en las que crece el maracuyá crearon una cortina de vegetación que bloqueaba la vista de Felipe y su colega de la carretera principal y de los cinco hombres armados que llegaron poco después que ellos. 

El más joven apenas parecía tener 20 años, y el mayor no tenía ni 30, recuerda Felipe, que nos contó que cree que vieron su camión en la carretera y decidieron robarlo para pedir rescate. Pero cuando se dieron cuenta de que el vehículo pertenecía a una compañía grande —de las que tienen seguros, chips de rastreo en sus camiones, y no negocia con miembros de pandillas— los criminales cambiaron de plan y fueron tras Felipe y su técnico. 

Los hombres se identificaron como miembros de los Lobos, una de las pandillas más grandes y violentas de Ecuador. Pero Felipe los describe como unos novatos armados con un solo revólver y con sus caras descubiertas. El hombre que daba las órdenes también era el único que sabía conducir. 

“No era algo planificado… Oportunidad simplemente… Hasta por el discurso que nos dieron ellos… Ese discurso te da a saber que no iban por [mi]” dijo Felipe. 

Este modus operandi encaja en un patrón cada vez más frecuente en el que delincuentes de bajo nivel dentro de los grandes grupos narcotraficantes del país, como los Lobos y los Choneros, dependen sobre todo en estos crímenes de oportunidad para ganar dinero. 

Pero Felipe no encontró consuelo en su falta de sofisticación.

Una comedia de errores

Mientras describía las siguientes cuatro horas de su vida, Felipe se reía en ocasiones. Aunque lleno de violencia, el encuentro fue una comedia de errores.

Los golpes comenzaron de inmediato. “Nos tiraron al piso, nos golpearon, nos sacaron los teléfonos. Nos preguntaron quiénes éramos. Nos taparon la cara y nos subieron al carro”, recordó Felipe.

Los jóvenes estaban intentando decidir qué hacer.

“Estaban nerviosos. Nos preguntaban dónde estaban las armas. Preguntando si teníamos armas o si éramos policías”, le dijo Felipe a InSight Crime.

Los secuestradores novatos sabían lo suficiente sobre la banca moderna para lanzarse por los teléfonos celulares de sus víctimas, desde donde pueden acceder a sus cuentas bancarias por medio de aplicaciones, y no las tarjetas en sus billeteras.

VEA TAMBIÉN: Vulnerabilidad financiera alimenta la extorsión en Perú

Se alegraron al encontrar que Felipe tenía $1,200 en una de sus cuentas.

“Ellos estaban felices porque iban a obtener un dinero que no esperaban”, explicó Felipe. “La intención de ellos no era mantenernos cautivos para pedir [rescate]. Nunca fue ese objetivo”.

Pero el buen humor de los secuestradores duró poco. No sabían cómo funcionaban las transferencias bancarias y su falta de experiencia los puso más nerviosos. Le dieron otra ronda de golpes a Felipe. Mientras él intentaba obtener la información necesaria para hacer la transferencia del dinero en su cuenta, los jóvenes le pegaban repetidamente. Temían que les estaba pidiendo sus datos para reportarlos a la policía más tarde.

“cita”, dijo Felipe. “cita”.

Con un arma apuntando a su cabeza, Felipe terminó la transacción. Pero faltaba un obstáculo final. En Ecuador, las transferencias interbancarias demoran mínimo 20 minutos. Fueron los minutos más largos de su vida, nos dijo, mientras esperaba atado.

Marcado de por vida

Al final, la transacción pasó. Luego de que los secuestradores confirmaron que habían recibido el dinero, le dijeron a Felipe y a su técnico que contaran hasta 100, dándoles tiempo de irse. El técnico de Felipe había sido golpeado de tal forma que apenas podía caminar, mucho menos ir tras los criminales.

Les tomo 15 minutos

Les llevó 15 minutos cojear hasta la carretera y aún más conseguir que alguien parara.

“Sí necesitaba, pero no para denunciar ni nada, sino para poder salir de ese momento”, dijo Felipe. “Fue una tragedia”.

Felipe sigue atormentado por los eventos de ese día y vive con un sentido permanente de inseguridad. “Ya cualquier extraño, cualquiera puede hacerte daño. No ayudo a nadie en la carretera”, dijo.

Y, aunque afirma haber pasado la página, también describió sus cicatrices psicológicas.

“Al principio, me costó conciliar el sueño. Escuchaba la voz de ellos”, dijo. “Yo estoy siempre pendiente”.

Su mundo interior refleja un cambio a nivel nacional. Uno para el que el gobierno simplemente no estaba preparado.

VEA TAMBIÉN: Del dicho al hecho frente a retos de seguridad en Ecuador

Aunque Ecuador tiene unidades especializadas con experiencia operacional e investigativa para casos de extorsión y secuestro, expertos afirman que no hay una política nacional enfocada en los secuestros exprés y hay pocos recursos destinados a ayudar a las víctimas con las secuelas psicológicas.

“Precisamente, el mencionar que el delito exprés es un delito de oportunidad da cuenta la ausencia de una política integral para contrarrestar esta problemática”, le dijo a InSight Crime Renato Rivera, coordinador del Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado.

En general, la respuesta de Ecuador a la creciente amenaza del crimen organizado, hasta ahora, se ha apoyado fuertemente en la militarización, una medida muy popular entre los ecuatorianos. Pero los expertos dicen que esto solo tiene un impacto en las percepciones, no en la realidad, del panorama de seguridad.

“La solución no va a ser más militarización”, dijo Katherine Herrera Aguilar, analista política especializada en seguridad pública, a InSight Crime.

Pero Felipe cree que las tropas sobre el terreno sirven para algo

“Me sentí en paz y más tranquilo cuando pudieron poner a los militares en las calles”, dijo. “Una falsa tranquilidad, porque sabes que el país sigue siendo peligroso”.

*InSight Crime cambió el nombre del protagonista por motivos de seguridad