La paz imperfecta que se estableció en febrero entre los dos principales grupos criminales de Brasil se convirtió en una tregua fallida por los enfrentamientos regionales.
El 28 de abril, el Comando Rojo (Comando Vermelho, CV) anunció en redes sociales el fin de la tregua con el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC), como resultado de los enfrentamientos entre ambas organizaciones.
El PCC también publicó un comunicado en el que confirmaba el fin del cese al fuego, señalando que “así como los dos grupos llegaron a un consenso sobre la alianza, el final ocurrió con respeto y humildad por ambas partes”.
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Sin embargo, una facción del CV declaró la “guerra abierta” al PCC y los calificó como “enemigos para siempre”.
Según informes de inteligencia citados por medios brasileños, el CV y el PCC establecieron la tregua en febrero con el objetivo de mejorar sus negocios criminales mediante la reducción de muertes innecesarias, el aumento de la cooperación en rutas clave del tráfico de drogas y para presionar al gobierno a flexibilizar las normas penitenciarias.
Los máximos líderes de ambos grupos —el jefe del PCC, Marcos Willians Herbas Camacho, alias “Marcola”, y uno de los principales líderes del CV, Márcio dos Santos Nepomuceno, alias “Marcinho VP”— se encuentran actualmente en prisiones de máxima seguridad. Aunque han dirigido sus operaciones criminales desde la cárcel durante años, los informes de inteligencia señalan que esperaban que, al unir fuerzas, pudieran negociar con el gobierno mejores condiciones de reclusión.
“Ambos líderes están bajo un régimen carcelario con un aislamiento severo, por lo que la tregua pudo haberse acordado como en un juego de teléfono roto. El resultado final quizás no refleje lo que los líderes originalmente pretendían”, dijo a InSight Crime Carlos Cypriano, académico de la Universidad Estatal de Río de Janeiro especializado en dinámicas criminales.
Pese al cese al fuego, continuaron los enfrentamientos violentos entre algunas facciones de los dos grupos en marzo y abril.
Análisis de InSight Crime
Una tregua duradera entre el PCC y el CV siempre fue poco probable, dado que ambos grupos tienen estructuras de liderazgo muy distintas y diferente capacidad para imponer órdenes de forma vertical.
El PCC tiene una estructura más jerárquica, con miembros organizados en células de mando llamadas sintonias. Cada sintonia tiene una responsabilidad distinta, como el tráfico, las finanzas o la defensa legal. Las decisiones se toman desde la cúpula y deben cumplirse estrictamente, y las sanciones por desobedecer pueden ser severas.
“El PCC se expande de forma piramidal y jerárquica, así que las pequeñas facciones que se suman a la organización en todo el país deben seguir sus reglas”, explicó Cypriano.
En contraste, el CV funciona más como una franquicia, donde los líderes regionales tienen autonomía para tomar decisiones según su contexto local. Esto facilita que las células locales hagan alianzas que les resulten convenientes, pero complica la implementación de una tregua a nivel nacional.
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Desde el principio, algunos líderes del CV no estuvieron de acuerdo con la tregua. Esto fue particularmente evidente en el estado nororiental de Bahía, donde la competencia por el control de los mercados locales de drogas es intensa. En las semanas posteriores al acuerdo, se reportaron enfrentamientos violentos entre el CV y el PCC en las ciudades de Ubatã, Jequié, Ibirataia e Ibirapitanga. También se registraron choques entre facciones de ambos grupos en los estados de Mato Grosso y Ceará, según los medios locales.
En otros lugares, sin embargo, los medios informaron caídas significativas en los niveles de violencia mientras duró la tregua. Este fue el caso del estado de Acre, en el norte, y de Mato Grosso do Sul, en el centro, donde las disputas por el control de la ruta de la cocaína conocida como Caipira se redujeron gracias a un acuerdo de cooperación en actividades de tráfico.
Aunque establecer una tregua a nivel nacional ha demostrado ser difícil, el PCC y el CV aún podrían cooperar en actividades criminales específicas.
“Las pandillas son pragmáticas, así que mientras les convenga, cooperarán. El escenario es muy dinámico”, afirmó Cypriano a InSight Crime.
Imagen principal: Reclusos en la prisión de Alcaçuz en 2017, el año que marcó la escalada de la guerra entre el PCC y el CV. Crédito: Andressa Anholete.



