Las disputas entre grupos criminales locales y nacionales por rutas y mercados de droga han convertido al estado nororiental de Ceará en uno de los principales epicentros de violencia de Brasil.
En 2024, Ceará registró la tercera tasa de homicidios más alta del país, luego de tres años consecutivos de aumentos, según los datos divulgados en julio por el Foro Brasileño de Seguridad Pública (Fórum Brasileiro de Segurança Pública, FBSP). Tres municipios del estado estuvieron entre los diez más violentos del país, incluido Maranguape, que encabezó la lista con una tasa de homicidios de 79,9 por cada 100.000 habitantes.
Según el gobernador de Ceará, hasta un 90% de los homicidios en el estado podrían estar vinculados a enfrentamientos entre bandas.
“Nuestra percepción, basada en todas las evidencias, es que el crimen organizado desempeña un papel muy significativo en esta letalidad”, dijo a InSight Crime Roberto Sá, secretario de Seguridad Pública y Defensa Social de Ceará.
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La violencia afecta de forma desproporcionada a los jóvenes. Mientras que la tasa de homicidios estatal en 2024 era de 35 por cada 100.000 habitantes, entre las personas menores de 29 años fue de 73 por cada 100.000. El número de menores de 18 años asesinados en Ceará aumentó un 18% entre 2023 y 2024, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública y Defensa Social del estado.
Un territorio clave para el tráfico
Buena parte de la violencia en Ceará está relacionada con la rivalidad entre economías criminales locales y rutas internacionales de tráfico de drogas.
Ceará se encuentra sobre rutas históricas del tráfico de cocaína que parten de Colombia y atraviesan la Amazonía hasta llegar a la costa atlántica de Brasil. El estado también cuenta con infraestructura portuaria estratégica, como el Complejo Portuario de Pecém, administrado por el gobierno de Ceará en asociación con el puerto de Róterdam (Países Bajos), y que es uno de los principales puntos de salida de cocaína hacia Europa.
Las incautaciones recientes sugieren un aumento del tráfico por estos puertos. Solo en dos decomisos realizados en 2025, las autoridades aduaneras confiscaron más de media tonelada de cocaína, superando el total incautado durante todo 2024.
El mercado local de cocaína también es lucrativo. Fortaleza, la capital de Ceará, es la cuarta ciudad más grande de Brasil y presenta un consumo per cápita de cocaína superior al de ciudades más grandes como Brasilia y San Pablo, según el análisis de Aguas Residuales.
Un panorama criminal fragmentado
La lucha por el control de estas economías ilícitas ha generado un panorama criminal cada vez más fragmentado, marcado por alianzas cambiantes y la aparición de facciones. Este caos e inestabilidad han alimentado aún más los conflictos que azotan al estado.
La primera gran organización criminal que logró establecerse en Ceará fue probablemente el Comando Rojo (Comando Vermelho, CV), que aplicó su modus operandi habitual: afianzarse primero en las cárceles sobrepobladas y violentas del estado. A comienzos de la década de 2000, el CV consolidó su presencia en el noreste brasileño y tejió alianzas con otras redes de tráfico como la Familia del Norte (Família do Norte, FDN).
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Sin embargo, también surgieron rivales locales. El más destacado fue Guardianes del Estado (Guardões de Estado, GDE), conocido por la corta edad de sus integrantes. La banda llegó a controlar municipios cercanos a Fortaleza, como Caucaia y Maranguape, según una evaluación académica de los grupos criminales del estado. Cuando el GDE selló una alianza con el principal rival del CV, el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC), estalló un nuevo conflicto criminal.
A medida que la violencia se intensificaba, una facción del CV en Ceará se separó en 2020 y formó una nueva banda llamada Masas Carcelarias (Massa Carcerária). Inicialmente, el grupo propuso mantenerse al margen de las guerras criminales, lo que le valió el apodo de Tudo Neutro (totalmente neutral). Pero no tardó en involucrarse en las disputas, y la fragmentación del panorama criminal trajo consigo más violencia.
“Cuando [los grupos se fragmentan], hay un pico muy alto de violencia letal”, explicó Sá a InSight Crime. “Personas que trabajaban juntas se convierten de repente en enemigas”.
Cubriendo vacíos del Estado
Pese a sus altos niveles de desarrollo y a la calidad de su sistema educativo, Ceará no ha logrado evitar que las bandas recluten a jóvenes para engrosar sus filas.
En comparación con gran parte de Brasil, el sistema educativo de Ceará presenta altos índices de asistencia y buenos resultados en indicadores académicos como la alfabetización. Sin embargo, los jóvenes que quedan rezagados siguen siendo un importante semillero para las bandas. Esta desigualdad se refleja en las cifras de violencia: de las 3.272 víctimas asesinadas en el estado durante 2024, solo alrededor del 15% había terminado la secundaria, según datos de la Secretaría de Seguridad Pública y Defensa Social de Ceará.
Además, las oportunidades educativas no siempre se traducen en mejores perspectivas laborales. Actualmente, cerca del 50% de la fuerza laboral del estado trabaja en el sector informal, de acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística, IBGE). Las ganancias que ofrece este mercado rara vez compiten con las rentas inmediatas que promete el crimen organizado.
“El atractivo del crimen es muy inmediato. Las ganancias suelen superar el salario mínimo y los ingresos de los padres del adolescente. Las escuelas no pueden competir”, dijo a InSight Crime Ricardo Moura, miembro del Laboratorio de Estudios de la Violencia de la Universidad Federal de Ceará (Laboratório de Estudos da Violência da Universidade Federal do Ceará, LEV-UFC).
Además de las ganancias rápidas, el crimen organizado resulta atractivo para los adolescentes como una vía para ganar estatus en los barrios marginados.
“Unirse a una banda implica varios elementos simbólicos para estos jóvenes vulnerables, que de repente se enfrentan a la oportunidad de obtener reconocimiento social”, explicó a InSight Crime Artur Pires, también del LEV-UFC.
Imagen principal: Niño observando un muro en Ceará con grafitis de organizaciones criminales que marcan su territorio. Crédito: O Povo.



