El asesinato de la directora de la cárcel más grande de Ecuador parece ser el último hecho de violencia perpetrado por las pandillas carcelarias en su intento de restablecer su control sobre el sistema penitenciario.

La noche del 12 de septiembre, hombres armados asesinaron a María Daniela Icaza, directora de la Penitenciaría del Litoral de Guayaquil, la cárcel masculina más grande del país y el escenario de algunas de las masacres más aterradoras que han sacudido a Ecuador en los últimos años.

Icaza se desplazaba desde el penal hacia el Hospital del Guasmo Sur, ubicado en la ciudad de Guayaquil, en la provincia de Guayas, cuando sicarios interceptaron el vehículo en el que viajaba junto a otro funcionario del sistema penitenciario, que también resultó herido durante el ataque. 

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Este hecho ocurrió nueve días después de que el director de la cárcel de Sucumbíos también fuera asesinado en la municipalidad de Lago Agrio. Además, en abril también había sido asesinado el director de la cárcel El Rodeo a la salida de un restaurante en San Lorenzo de Jipijapa. Estos hechos contra directores penitenciarios han ocurrido en medio de la implementación de las políticas de seguridad de mano dura para frenar la violencia en las cárceles por parte del presidente Noboa.

Análisis de InSight Crime

Las pandillas carcelarias de Ecuador parecen estar dando algunos pasos para restablecer su control sobre el sistema penitenciario, mientras que el gobierno ecuatoriano se queda corto en su estrategia de seguridad más allá de la militarización de las prisiones.  

Si bien inicialmente la militarización era una medida temporal; que consistía en desplegar al Ejército para responder a los motines y prevenir masacres dentro de las cárceles; Melania Carrión, experta en materia de seguridad penitenciaria, le explicó a InSight Crime que la falta de implementación de otras medidas para combatir las debilidades del sistema deja entrever que el gobierno carece de una estrategia a mediano y largo plazo para revertir la violencia en las cárceles.  

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En el pasado, intentos de aumentar la capacidad de las prisiones y los decretos de estados de emergencia no lograron debilitar a las pandillas carcelarias. Los recientes asesinatos de los directores de prisiones y varios hechos violentos que van desde ataques con drones, pasando por masacres y asesinatos selectivos dentro de las prisiones, muestran que la violencia sigue siendo el mecanismo de control por excelencia.

Las pandillas carcelarias controlaban las prisiones, apoyándose en redes de corrupción que beneficiaban a todos los involucrados; como policías, guardias penitenciarios, hasta funcionarios administrativos del sistema. 

Hoy en día, cómo expuso Carrión a InSight Crime, en Ecuador falta realizar un esfuerzo coordinado de depuración para garantizar un verdadero cambio dentro del sistema penitenciario. Por esta razón, la continua sobreexposición de los miembros de las fuerzas militares dentro de las cárceles se ha convertido en una oportunidad para las pandillas para permear a todo nivel las fuerzas de seguridad. 

“Lo que vas a tener es igual que en la policía, los mismos niveles de corrupción que ellos ya de por sí tienen” agregó Carrión. 

A lo anterior, se le suma que varios analistas, entre ellos Carrión, han visto con preocupación la falta de condiciones y entrenamiento en las fuerzas de seguridad para afrontar a las bandas carcelarias y al crimen organizado en general.  

Imagen principal: Un agente de policía inspecciona el coche de María Daniela Icaza, tras ser asesinada en Guayaquil Crédito: MARCOS PIN / AFP