Una serie de atentados con granadas fragmentarias en varias zonas de Bogotá es el último síntoma de un aumento de violencia donde se entremezclan las disputas por rentas criminales y la expansión de bandas extranjeras.

En la mañana del 2 de abril, los vecinos de un barrio al oeste de Bogotá, Colombia, vieron interrumpida su tranquilidad cuando una granada explotó y afectó a varias personas que transitaban por el lugar. El artefacto explotó justo al lado de un conductor de transporte informal que resultó herido junto con otras 6 personas.

El anterior, es el quinto incidente con granadas explosivas que se presenta en la capital colombiana en lo corrido de este 2025. En total, los ataques con granadas han dejado un saldo negativo de cuatro muertos y 29 heridos, según los reportes oficiales citados en medios locales.

Entre enero y finales de marzo de este año, cuatro explosiones con granadas afectaron a los habitantes del barrio San Bernardo, en el centro de Bogotá. Este lugar es conocido por la concentración de habitantes en condición de calle, varias plazas de venta de droga, zonas de explotación sexual y pagadiarios —alojamientos informales de bajo costo donde las personas pagan por noche y suelen albergar a población vulnerable—.

“Como el mercado está pulpo [latente], varias estructuras presionan por vender ahí, porque en una noche tú te puedes ganar muchos millones —digámoslo así. Lo que se pone en juego en una noche es mucha plata. Y claro, entonces ahí es donde vienen las disputas”, le comentó a InSight Crime, Rodolfo Escobedo, investigador y experto en seguridad.

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De acuerdo con el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá (MEBOG), brigadier general Oscar Cristancho, los incidentes en San Bernardo “obedecen a la confrontación que existe entre dos grupos delincuenciales o grupos organizados. Uno es ‘Los Venecos’ y otro ‘Los Costeños’, los cuales se están disputando territorio por el tráfico de estupefacientes”.

Los Venecos, según información de la MEBOG, es una organización criminal conformada, en su mayoría, por ciudadanos venezolanos. Esta estructura es conocida por tener conexiones con bandas como los “Satanás” y los “Azules” involucrados en microtráfico, extorsión y múltiples homicidios.

La reciente oleada de atentados con explosivos se da en un contexto marcado por el aumento de dos delitos de alto impacto en Bogotá: los homicidios y las extorsiones. Según cifras de la Secretaría Distrital de Seguridad, la capital colombiana registró un incremento del 12% en los homicidios entre 2023 y 2024, pasando de 1.084 a 1.214 casos. Por su parte, las extorsiones se dispararon un 70,4% en el mismo período, con un total de 2.597 denuncias registradas el año pasado.

Análisis de InSight Crime

El empleo de granadas por parte de estructuras criminales, en un contexto de creciente deterioro de la seguridad en Bogotá, refleja la convergencia entre métodos violentos de bandas extranjeras y fenómenos criminales locales de larga data.

Aunque la detonación de granadas de fragmentación no es novedosa dentro del conflicto armado en Colombia, su empleo dentro del escenario criminal bogotano no es tan habitual.

Así lo evidencia el comportamiento de los homicidios en Bogotá durante 2024, donde el 50% de los casos fueron perpetrados bajo la modalidad de sicariato. Esta práctica refleja una violencia más selectiva y discreta, en contraste con el uso de granadas, que implica una violencia más indiscriminada y llamativa.

Los recientes atentados con artefactos explosivos han sido atribuidos, según informes de la Policía de Bogotá, a un grupo conocido como “Los Venecos”. Aunque aún no está claro si se trata de una célula autónoma o del brazo operativo de una estructura criminal mayor como el Tren de Aragua, su accionar sugiere el empleo de métodos de intimidación comunes dentro de estructuras criminales de origen venezolano.

Entre 2013 y 2023, según una investigación realizada por InSight Crime, se registraron al menos 138 casos de uso de granadas en ataques contra estaciones de policía, comercios y viviendas en toda Venezuela. Lo que en un principio sirvió como un mecanismo de defensa de las bandas locales frente a los operativos de las fuerzas de seguridad, terminó por convertirse en una herramienta efectiva para el cobro de extorsiones.

A medida que las bandas criminales venezolanas comenzaron a migrar por el continente, camufladas en el éxodo masivo de ciudadanos que huían de la crisis interna, este patrón de violencia se exportó. La detonación de granadas —con frecuencia empleadas como advertencia o castigo por el no pago de las extorsiones— empezó a registrarse en países como Perú, Chile y otras zonas de Colombia.

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Tras la erradicación de El Cartucho y, años después, del Bronx —dos enclaves del microtráfico en Bogotá donde el control estatal era prácticamente nulo—, el barrio San Bernardo ha absorbido y heredado parte de las dinámicas criminales que marcaron a sus predecesores: expendio de drogas, trata de personas, extorsión, instrumentalización de habitantes de calle y la presencia de estructuras criminales. Pero algunos expertos señalan que el problema está más extendido.

“La noticia hoy es San Bernardo, porque se han presentado explosiones, pero en términos generales hay deterioro urbano, hay deterioro social, hay pelea por quién maneja el microtráfico. Porque digamos, es microtráfico y distribución de droga en menudeo, pero también son lugares de abasto para droga que se vende y distribuye a otras partes de la ciudad”, puntualizó el exsecretario de Seguridad de Bogotá, Hugo Acero, en conversación con InSight Crime.

Imagen principal: Policía antiexplosivos de Colombia tras un reciente ataque con granada en Bogotá, Colombia. Crédito: RCN Noticias.