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Esta semana repasamos la trayectoria de Juan Orlando Hernández (JOH), expresidente de Honduras, desde sus acciones en el poder hasta su condena a 45 años de prisión por narcotráfico y su posterior e inesperado regreso a la libertad.

Durante años, JOH fue presentado como un aliado de Washington en la lucha contra las drogas. Sin embargo, poco después de terminar su mandato a comienzos de 2022, fue extraditado a Estados Unidos y, en marzo de 2024, declarado culpable en Nueva York por delitos de narcotráfico y armas. Los fiscales argumentaron que JOH utilizó todo el aparato estatal, incluidas las fuerzas armadas, la policía y los tribunales, para proteger los intereses de narcotraficantes.

Su condena fue celebrada por numerosos hondureños cansados de la impunidad, pero el repentino y polémico indulto que le concedió el presidente Donald Trump a finales de 2025 cambió por completo el rumbo de la historia.

JOH regresó a Honduras el 26 de julio, después de que la Corte Suprema de Justicia suspendiera una orden de captura en su contra por cargos de corrupción. Ahora existe preocupación de que la debilidad del sistema judicial hondureño y el regreso al poder del partido de JOH permitan que el expresidente sea absuelto.

La editora ejecutiva de InSight Crime, Deborah Bonello, conversa con el codirector Steven Dudley sobre la historia de JOH y los giros que lo llevaron de ser acusado y condenado en Estados Unidos a recibir un indulto presidencial.

Transcripción en español

Deborah Bonello (DB): Juan Orlando Hernández fue durante años el hombre de Washington en Honduras. Mientras fue presidente, hablaba el lenguaje de la cooperación en seguridad y migración, la reforma policial, las pandillas y las drogas: todas las palabras clave que captan la atención de la Casa Blanca.

Pero después, un jurado estadounidense concluyó que había contribuido a convertir a Honduras en uno de los corredores más importantes para el tráfico de cocaína en el hemisferio. Las acusaciones terminaron en una condena y, en marzo de 2024, fue sentenciado a 45 años de prisión.

Luego llegó otro giro extraordinario: el presidente Donald Trump lo liberó y lo indultó a finales del año pasado, justo a tiempo para Navidad.

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DB: Esto es The InSight Take. Soy Deborah Bonello, editora ejecutiva de InSight Crime, y hoy me acompaña nuestro codirector, Steven Dudley.

Steve, tú y yo llevamos años cubriendo la relación entre el narcotráfico y la política en América Latina y, aun para nuestros estándares, esta es una historia bastante insólita.

Steven Dudley (SD): Sin duda. Creo que parte de lo que hace que esta historia parezca tan disparatada es que este hombre no era una figura marginal. No era simplemente el alcalde de un pequeño pueblo sin importancia. Era el presidente de un país, el presidente de Honduras.

Además, construyó toda su carrera presentándose como uno de los principales aliados de Estados Unidos en materia de seguridad. Se suponía que podía controlar a las pandillas y el tráfico de drogas. Durante años trabajó de la mano con Estados Unidos, bajo la premisa de que estaba haciendo de Honduras un país más estable.

Sin embargo, lo que mostró el caso fue que no estaba haciendo eso. Estaba utilizando esas mismas instituciones para favorecer los intereses de distintos narcotraficantes.

DB: Sí, esta no es simplemente la historia de un presidente corrupto. Es muy difícil tener un presidente corrupto dentro de un sistema íntegro, y viceversa.

Esta historia muestra cómo todo el sistema, los partidos políticos, las instituciones del Estado, la policía, las fuerzas armadas y los tribunales, estaban involucrados. No se trataba únicamente de que él aceptara un soborno.

Recuerdo que estuve en la frontera entre Honduras y Guatemala, donde alguna vez estuvo asentado el Cartel de los Valle. O donde todavía está, para ser honestos, aunque ahora sean las generaciones más jóvenes. Las personas con las que hablé allí me contaron que la policía era financiada y equipada por los Valle, no por el gobierno. Los vehículos que funcionaban y el combustible que utilizaban eran pagados por el cartel. 

Los habitantes de la zona también decían que Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien ahora cumple cadena perpetua en Estados Unidos, había sido un buen amigo del cartel durante sus años como fugitivo. Los Valle transportaban la cocaína que movía el Cartel de Sinaloa de Guzmán. El Chapo era una figura relativamente habitual en la zona. Aparecía en festividades religiosas locales y otros eventos.

Según los testimonios, El Chapo también se sentó a negociar con Tony Hernández, hermano de Juan Orlando Hernández, y con integrantes del Cartel de los Valle. De ese encuentro habría salido dinero de los Valle y de El Chapo para financiar la posterior campaña presidencial de Juan Orlando Hernández, que terminó ganando.

SD: Sí. Si damos un paso atrás, esto ocurrió durante un periodo en el que Honduras se había transformado en un puente terrestre fundamental para el tráfico de drogas, incluso más importante de lo que había sido durante la década de 1980.

En esa época ya era un corredor relevante y había figuras importantes que trabajaban estrechamente con grupos colombianos. Pero para comienzos de la década del 2000 y, posteriormente, durante la década de 2010, Honduras se había convertido en una de las principales rutas terrestres para el paso de cocaína.

Sin embargo, la geografía no lo explica todo. Para que eso ocurra, se necesita una policía dispuesta a mirar hacia otro lado. Se necesita acceso a puertos, carreteras y pistas de aterrizaje. También se necesitan políticos y ministros en los niveles más altos. Los narcotraficantes contaban con todo eso.

En esencia, los fiscales argumentaron ante el tribunal de Nueva York que Juan Orlando Hernández proporcionó toda la estructura necesaria para que funcionaran esos mecanismos de protección. Tenía a su disposición todos los recursos necesarios para, como dijeron durante el juicio, y cito, “meterles la cocaína por las narices a los gringos”. Eso fue lo que se escuchó en un tribunal de Nueva York, que el presidente de un país estaba ayudando a meterles cocaína por las narices a los estadounidenses.

Pasar de una acusación de esa magnitud a que fuera probada, o al menos juzgada de esa manera, y a que este hombre terminara en una prisión estadounidense, para después darle un giro completo a la situación y decir: “Bueno, ahora podemos dejarlo ir”, es algo verdaderamente insólito.

DB: Lo es. Antes de su indulto, publicamos numerosos reportajes sobre Honduras y sobre JOH, como se le conoce en el país. Creo que tenemos prácticamente todo su historial criminal documentado en el sitio web, así como el de las élites que lo rodeaban.

JOH salió de Gracias, en el departamento occidental de Lempira. Se convirtió en congresista, creo que a finales de la década de 1990, y posteriormente llegó a presidir el Congreso, lo que lo convirtió en una de las figuras más poderosas del Partido Nacional.

Para cuando ganó la presidencia en 2013, presuntamente con un millón de dólares aportado por El Chapo Guzmán, ya había construido una especie de ecosistema narcopolítico. Después comenzó a promover el restablecimiento de la extradición entre Honduras y Estados Unidos. Era una estrategia paralela extraordinaria, teniendo en cuenta que, al mismo tiempo, presuntamente ayudaba y protegía a los carteles.

Les decía a los estadounidenses: “Sí, pueden llevarse a nuestros narcotraficantes más poderosos y peligrosos”, mientras presuntamente protegía y ayudaba a esos mismos traficantes. Por lo tanto, si creemos las acusaciones, en ese momento caminaba sobre una cuerda floja bastante peligrosa.

SD: Sí, la cuerda floja es una manera de describirlo. También debemos recordar que presuntamente recibía aportes económicos de esos narcotraficantes. Según los documentos judiciales, ese dinero se entregaba a cambio de que los protegiera de la extradición. ¿Y qué hizo él? Comenzó a extraditarlos.

Ahí hay una contradicción importante. De hecho, eso fue parte de su defensa: “Yo no estaba protegiendo a estas personas. Mi gobierno las estaba persiguiendo”. Todo esto ocurrió durante un periodo en el que las organizaciones de tráfico de drogas en Honduras estaban siendo desmanteladas.

También hay que aclarar que algunos de esos hombres no fueron extraditados, sino que se entregaron voluntariamente. Buscaban utilizar el sistema judicial estadounidense para reducir sus condenas mediante la cooperación. En algunos casos, grabaron en audio o incluso en video sus interacciones con otros narcotraficantes, políticos, altos funcionarios y miembros destacados de los gabinetes.

Pero si este caso demuestra algo, al observarlo desde una perspectiva más amplia, es que el ascenso político de Hernández fue impulsado en gran medida por ese dinero, que circulaba a través de las campañas electorales. Era prácticamente un solo sistema. Al menos según los testigos de los casos judiciales en Estados Unidos, ese dinero fue uno de los elementos o una parte importante que lo llevó al poder. Este caso está lleno de contradicciones.

DB: Exactamente. También vemos cómo quienes alguna vez fueron sus inversionistas, por llamarlos de alguna manera, terminaron convirtiéndose en testigos en su contra. Me refiero a narcotraficantes destacados de los Cachiros y los Valle que terminaron en prisión y que, francamente, fueron algunos de los principales pilares del caso contra JOH.

Vimos lo mismo en los casos de El Chapo y de Genaro García Luna en México. Para procesar a funcionarios de alto nivel, se nos pide que creamos en la palabra de narcotraficantes condenados. No hay duda de que podía existir cierto resentimiento. Pagas un millón de dólares a cambio de protección y terminas en prisión. No es precisamente aquello por lo que estabas pagando. Eso añade complejidad al caso y a muchos de los testimonios.

Después está Tony Hernández, el hermano de JOH, quien fue condenado antes que él y sentenciado, creo, a cadena perpetua. Tony no fue indultado. Tony funcionó como un puente entre el mundo político de su hermano y el mundo del narcotráfico. Intermedió en muchas de las reuniones con los traficantes. Era exlegislador y, posteriormente, parece haber actuado como un enlace entre los Valle y JOH. Fue una figura fundamental y todavía sigue en prisión.

SD: Sí. El caso de Tony fue el primero en salir a la superficie. En su momento publicamos numerosos reportajes sobre él y fuimos los primeros en revelar que era considerado una “persona de interés”, una expresión que utiliza el Departamento de Justicia para referirse de manera bastante imprecisa a personas vinculadas con intereses del narcotráfico.

Tony fue una figura central. Los testimonios en su contra fueron extraordinarios porque mostraban una relación mucho más personal y directa con el narcotráfico. Estaba dentro de los vehículos. Participaba en las reuniones. Se comunicaba activamente con los involucrados. Incluso marcaba cargamentos de cocaína con su propio sello. 

Su caso ofreció un retrato mucho más cercano de una operación de tráfico de drogas y de su participación directa. El caso contra Juan Orlando se basó mucho más en testimonios y, en algunos casos, en documentos, pero principalmente en declaraciones sobre su participación. Se trataba de niveles de involucramiento diferentes. Tony era el puente entre el mundo político, en particular su hermano, y el mundo del tráfico de drogas.

SD: Algunos elementos del caso están mejor sustentados que otros. La participación de El Chapo Guzmán, por ejemplo, es difícil de comprobar. 

Hemos trabajado mucho sobre este tema a lo largo de los años, como sabes, Deb. Después de haber investigado tres historias diferentes sobre presidentes que presuntamente recibieron dinero de narcotraficantes, puedo decir que dependes por completo de los testimonios, porque no existe un rastro documental. Se trata de fajos de dinero entregados en maletas. No es algo fácil de demostrar. 

Pero el punto general es más relevante: los narcotraficantes hondureños necesitaban a los carteles mexicanos y formaban parte de una cadena de distribución mucho mayor. Los carteles mexicanos, a su vez, necesitaban esos corredores. Necesitaban esos trampolines, esos territorios por los que podían mover las drogas. Y quienes tenían la mayor capacidad para hacer funcionar esos corredores eran los políticos hondureños.

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DB: Sí. Con frecuencia me he preguntado algo, Steve. Nosotros informamos mucho sobre la corrupción y sobre la intersección entre el Estado y el narcotráfico. A veces me pregunto si personas como JOH entran a la política con esa intención o si entienden que participar en la política latinoamericana, en muchos niveles, exige algún tipo de relación con las mafias y las redes criminales. Es difícil mantenerse recto dentro de un sistema torcido.

¿Qué opinas? Existe la idea de que simplemente son malas personas que aceptan sobornos, pero siempre he pensado que la realidad debe ser mucho más compleja.

SD: Creo que sí. Sin duda hay personas que entran a la política por las razones equivocadas, pero muchas otras lo hacen por las razones correctas y después son corrompidas. También pueden justificar constantemente sus acciones con el argumento de que están actuando por el bien común.

Es importante recordar que Juan Orlando, incluso mientras ocurría todo esto, participó en un esfuerzo histórico por depurar la policía hondureña. Parte de la corrupción policial estaba estrechamente relacionada con el narcotráfico, pero también con otras actividades, entre ellas los homicidios.

Por lo tanto, es necesario reconocer que sí se estaba haciendo cierto trabajo. Además, se realizaba en colaboración con una organización no gubernamental internacional muy destacada. Trabajaban estrechamente no solo en la reforma policial, sino también en asuntos relacionados con la salud, la educación y otros temas.

Creo que puede existir un escenario en el que alguien colabore con intereses del narcotráfico o facilite algunas de sus operaciones y, al mismo tiempo, piense que necesita hacerlo para conservar el poder y trabajar por el bien común.

Puede pensar: “Si no tuviera esta relación con algunos narcotraficantes, quienes además, forman parte de las élites, si no recibiera su dinero o su apoyo, no estaría en el poder y no podría hacer estas cosas positivas”. Como mencionabas, hay muchos matices. No es necesariamente una situación en blanco y negro.

DB: Sí. En cierto sentido, parecería que hacer un pacto con el diablo forma parte del ejercicio del poder público. Pero, independientemente de sus motivaciones, Washington lo acogió como aliado. Creyó en él e invirtió en esa relación. Realmente lo convirtió en su hombre en Honduras, y él decía todo lo que Washington quería escuchar. Cooperaba en temas de migración, interdicción de drogas y otros asuntos más amplios que ni siquiera estaban directamente relacionados con Honduras.

Eso plantea una pregunta bastante incómoda sobre su relación con Washington. Los cargos se hicieron públicos pocas semanas después de que dejara el poder. El caso llevaba años construyéndose, como suele ocurrir con investigaciones de esa magnitud. Por lo tanto, algunas partes del gobierno estadounidense claramente conocían o estaban al tanto de sus relaciones y negocios ilícitos.

¿Otras partes de Washington no lo sabían? ¿Algunos funcionarios tomaron la decisión deliberada de mirar hacia otro lado? ¿Cómo crees que procesaban a JOH y su reputación mientras trabajaban estrechamente con él?

SD: Creo que debemos comenzar por reconocer que el gobierno de Estados Unidos no es un bloque monolítico. Algunas partes del gobierno podían saber más que otras y estar más preocupadas por la situación. 

También creo que Estados Unidos, o algunos integrantes de su gobierno, atraviesan procesos de justificación similares a los que mencionaba en relación con Juan Orlando Hernández. Pueden pensar: “Por el bien común, continuaremos trabajando con esta persona. Tal vez la alternativa sea peor”. Esa posibilidad existe.

Después de hablar con un par de exembajadores, puedo decir que la situación no era necesariamente tan clara, aunque la investigación llevara varios años. También puedo decir, después de seguir muy de cerca el caso, que no era comparable con el de su hermano Tony.

Como mencioné, el caso contra Tony ofrecía el retrato íntimo de un narcotraficante. Estaba dentro de los vehículos, participaba en reuniones, marcaba cargamentos de cocaína con su sello y aparecía en llamadas y comunicaciones. Ese era el retrato de Tony.

SD: La imagen de Juan Orlando era diferente. Desde su posición de poder, apoyaba los intereses de los narcotraficantes. Su respuesta, que quizá influyó o no en las discusiones sobre el indulto, algo que desconocemos, era: “¿Cómo pueden afirmar eso si yo arresté a estas personas, o al menos las puse en una situación en la que sintieron que debían entregarse? ¿Cómo pueden decirlo si las extradité y restablecí la extradición después de que no se utilizara en Honduras durante un siglo?”. Es un argumento que debe tomarse en serio y, evidentemente, alguien en Washington lo hizo.

Otro elemento que jugó a su favor fue que logró acercarse al entorno de Trump, o al menos las personas de su círculo lo hicieron. Sabemos que ese tipo de conexiones ha influido en numerosos indultos. En definitiva, todas las partes atraviesan sus propios procesos de justificación cuando establecen estas alianzas. No existen socios perfectos. Cuando se parte de esa premisa, muchas relaciones terminan pareciendo sospechosas con el paso del tiempo, aunque en el momento hayan sido justificadas como necesarias.

DB: Sí. No se puede negar que toda esta historia ha tenido una enorme carga dramática. Recuerdo haber visto a JOH esposado, creo que fue durante la pandemia de COVID-19. Llevaba una mascarilla y lo conducían hacia un avión. Habíamos escuchado numerosas acusaciones contra él y contra su hermano antes de que terminara su gobierno, pero no estoy segura de que alguna vez pensara que realmente ocurriría algo así.

Evidentemente, en Washington creyeron en él, o decidieron no creer las acusaciones, hasta que dejaron de hacerlo. JOH salió del poder y dejó de ser tan útil para ellos.

En ese momento, su condena pareció representar un acto de rendición de cuentas. Honduras es un país marcado por la impunidad criminal y ha sido uno de los más violentos de la región, aunque ahora lo sea un poco menos, si creemos las estadísticas oficiales. Pero dos años después, tras el indulto de Trump, parece que la rendición de cuentas también depende de la política.

SD: Totalmente. Volviendo a la condena, creo que fue realmente importante. Demostró que incluso las personas en los niveles más altos de la política podían rendir cuentas. El mensaje que envía una condena de ese tipo puede ser enorme.

Después, que esa decisión sea completamente revertida y que JOH vuelva a ocupar un lugar en el escenario público, aunque sea parcialmente, debe ser profundamente desalentador. Que la situación pueda cambiar por completo envía lo que muchas personas en Honduras seguramente consideran el mensaje equivocado: entra a la política, llega a los niveles más altos, relaciónate con las personas adecuadas y podrás salirte con la tuya prácticamente sin importar lo que hagas.

DB: Exactamente. Y si eres el narcotraficante equivocado, pueden bombardearte mientras viajas en una lancha rápida o arrestarte mientras todavía estás en el poder, como vimos en Venezuela a comienzos de este año.

Cuesta imaginar qué ocurre a puerta cerrada y qué se dice en las conversaciones entre jefes de Estado y otras personas poderosas. A nivel geopolítico, algunas de esas decisiones hacen que ciertas personas sean liberadas y que otras terminen muertas.

SD: Exactamente. En ese punto ya no estamos hablando de justicia, sino de política. Existe una vieja frase: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Ese era el mantra de la época de las dictaduras. 

Ahora no estamos hablando de dictadores, sino de presidentes vinculados al narcotráfico. Si eres el presidente venezolano vinculado al narcotráfico y estás en el lado equivocado del espectro político, terminas en prisión. Pero si eres el presidente hondureño y fuiste condenado por delitos de narcotráfico, ahora puedes quedar en libertad. El mensaje que eso envía a la lucha contra la corrupción y al Estado de derecho es muy difícil de aceptar.

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DB: Volvamos por un momento a Honduras. Antes del indulto de JOH, pero después de su condena, publicamos una investigación sobre un narcovideo que vinculaba a importantes políticos cercanos a la actual presidenta con narcotraficantes condenados.

La publicación generó una crisis política en Honduras. La programación televisiva fue interrumpida para que la presidenta Castro defendiera en vivo a su gobierno ante el pueblo hondureño. ¿Crees que algo ha mejorado en Honduras, el país donde se ha desarrollado toda esta historia?

SD: No lo creo. La idea de que se está invirtiendo en instituciones capaces de exigir rendición de cuentas ha sido abandonada. 

Ese es el centro de la historia: las instituciones creadas para investigar y procesar a personas que se encuentran en los niveles más altos del poder no tienen la capacidad para hacerlo. No cuentan con las herramientas necesarias o, cuando las tienen, la política termina debilitándolas.

Es muy frustrante, especialmente porque llevamos 15 años observando cómo se desarrolla esta historia. Uno quisiera creer que existe una trayectoria que conduce hacia la justicia, pero lo que estamos viendo es algo muy distinto.

DB: El ascenso y la caída de JOH representan una trayectoria extraordinaria. El indulto cambió el desenlace y convirtió la historia en una advertencia sobre la narcopolítica, aunque no estoy segura de si la enseñanza es simplemente que no hay que dejarse atrapar.No creo que nadie esperara un indulto al final. Una vez más, Honduras queda recogiendo los pedazos.

Steve, podríamos hablar de esto durante horas, pero creo que debemos dejarlo aquí. Gracias por acompañarme.

SD: Gracias, Deb.

DB: Acaban de ver El InSight Take, nuestro análisis semanal en video sobre las principales historias del crimen organizado en América Latina. Pueden encontrarlo en la sección multimedia de nuestro sitio web, así como en YouTube y Spotify. Además, si hay alguna historia o tema que quieran que analicemos, pueden escribirme a dbonello@insightcrime.org.

Tampoco se pierdan la segunda temporada del pódcast de InSight Crime, cuyo primer episodio ya está disponible. Pueden verlo o escucharlo en YouTube o en su plataforma preferida. Allí encontrarán historias recopiladas por nuestro equipo que van más allá de los grandes capos y muestran la vida de las personas obligadas a convivir con las consecuencias de sus acciones y de las organizaciones criminales. Esperamos que lo disfruten.

Y, por supuesto, la próxima semana regresaremos con otro InSight Take. Hasta entonces.

Steven Dudley is the co-founder and co-director of InSight Crime and a senior research fellow at American University’s Center for Latin American and Latino Studies in Washington, DC. In 2020, Dudley...