Las negociaciones de paz con la última guerrilla de Colombia están a punto de fracasar tras la expiración del cese al fuego entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) el 3 de agosto.
El cese el fuego bilateral, en vigor desde hace un año, finalizó después de que el ELN rechazara las ofertas del gobierno para discutir su renovación.
El acuerdo estuvo plagado de violencia y hostilidades continuas, como paros armados y secuestros, mientras ambas partes se acusaron mutuamente de no cumplir su parte del trato.
«No basta hacer una prórroga del cese, si esa prórroga no tiene nuevos contenidos, sobre todo que alivien a la población civil de los ataques, de las hostilidades, de los secuestros y de las amenazas», declaró Otty Patiño, Alto Comisionado para la Paz de Colombia.
Mientras tanto, el ELN ha acusado al gobierno de no negociar de buena fe.
«¿Qué sentido tiene que desde el Gobierno llamen al ELN a firmar nuevos acuerdos, si no cumplen los anteriores?», se preguntó el comandante del grupo, Eliecer Erlinto Chamorro, alias «Antonio García«, en un comunicado publicado el 26 de julio.
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Hasta ahora, las negociaciones entre el ELN y el gobierno habían avanzado a mejor ritmo que cualquier otro diálogo celebrado en el marco la Paz Total, el plan del presidente Gustavo Petro que ha buscado acuerdos de desmovilización con grupos criminales y armados en toda Colombia.
Pero el vencimiento del cese el fuego se suma a una serie de reveses recientes, como la negativa del ELN a poner fin a los secuestros y la profundización de sus divisiones internas, factores que podrían llevar a la guerrilla a abandonar por completo la mesa de negociaciones.
Violaciones al cese al fuego
Aunque el cese al fuego prohíbe principalmente las operaciones militares ofensivas entre las partes, también incluye otras condiciones, como la prohibición de que el ELN «tome rehenes», lo que en general se entiende como secuestro.
Según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), el ELN ha violado el acuerdo al menos 39 veces en el último año. Estas violaciones incluyen cinco muertos, tres heridos y al menos 52 secuestros.
Uno de los hechos más notables se produjo menos de tres meses después de la entrada en vigor del acuerdo sobre las hostilidades, en octubre de 2023, cuando miembros del ELN secuestraron a los padres de la estrella del fútbol colombiano Luis Díaz. Después de que la atención internacional empujara al grupo a liberarlos, el ELN anunció que cesaría los secuestros para pedir rescate, una parte clave de sus operaciones criminales.
A pesar de las violaciones del ELN, los negociadores acordaron prorrogar el alto el fuego el 5 de febrero por otros seis meses.
Pero las divisiones internas en el ELN no tardaron en hacerse visibles, lo que trajo más problemas para las negociaciones.
El 20 de febrero, la delegación del ELN declaró una crisis en las negociaciones de paz, enfadada por el «diálogo regional» del gobierno con el Frente Comuneros del Sur, una facción disidente del ELN en Nariño que habría iniciado negociaciones paralelas con el gobierno sin el consentimiento de los máximos dirigentes del grupo guerrillero.
En los meses siguientes, el ELN suspendió temporalmente su participación en las conversaciones e incumplió su promesa de poner fin a los secuestros, alegando la «falta de voluntad» del gobierno a la hora de establecer un fondo multidonante que proporcionara una fuente de financiación alternativa, por lo que, según el grupo, dependían económicamente de los secuestros. El gobierno, sin embargo, argumentó que el fondo no podía establecerse mientras las negociaciones estuvieran estancadas, creando un dilema para la guerrilla.
Voluntad para la paz
Durante las semanas previas al 3 de agosto, el equipo negociador del gobierno había advertido que el tiempo para renovar el cese al fuego con el ELN se agotaba, y pidió al grupo guerrillero que reanudara las conversaciones de paz en varias ocasiones.
Al mismo tiempo, algunos funcionarios se mostraron críticos con la voluntad negociadora del ELN, especialmente en el tema del secuestro, un asunto que ha hecho descarrilar las negociaciones en el pasado. Patiño insistió en que el gobierno colombiano no firmaría acuerdos con el ELN si el grupo continuaba con esta práctica.
Así, el gobierno ha sido crítico de la voluntad de paz de la guerrilla.
«Luego de años de diálogo, el ELN aún no ha respondido la pregunta de si está dispuesto o no a transitar a la paz; o si por el contrario concibe este proceso como una oportunidad para su fortalecimiento militar», se lee en un comunicado de la Delegación del gobierno.
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Algunos expertos coinciden en que el ELN parece haber aprovechado las negociaciones sin ninguna intención de dejar las armas. El grupo adelantó puntos de negociación que beneficiaban su causa política, sin avanzar en la desmovilización, dijo a InSight Crime Jorge Mantilla, politólogo que ha estudiado el conflicto armado y la seguridad en Colombia.
«El ELN tiene una perspectiva de ganar tiempo desde el principio de la negociación», dijo Mantilla.
¿Qué sigue para el ELN?
El fin del cese el fuego entre el gobierno colombiano y el ELN supone un golpe prácticamente mortal para una negociación ya de por sí frágil.
Mientras el ELN se ha negado a continuar las negociaciones con el gobierno, el proceso con el Frente disidente Comuneros del Sur del grupo ha seguido adelante. Hasta ahora, este es el único frente del ELN que se ha escindido del Comando Central.
Si las conversaciones de paz paralelas tienen éxito, podría animar a otras facciones a separarse del ELN y buscar la paz con el gobierno, especialmente aquellos frentes presionados por rivales armados.
Uno de ellos podría ser el Frente de Guerra Occidental (FGOC) en Chocó, que desde 2018 libra una batalla perdida con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) por el control de las rutas del narcotráfico y la minería ilegal. En esta zona, la caducidad del alto el fuego y un eventual retorno a las operaciones militares contra el ELN podrían empujar al FGOC a la misma decisión que los Comuneros del Sur.
En otras zonas, sin embargo, el ELN ha aprovechado el alto el fuego para consolidar su control. El ELN sigue siendo un grupo criminal dominante a lo largo de grandes extensiones de la frontera entre Colombia y Venezuela, lo que aumenta su control sobre las comunidades rurales. La finalización del cese al fuego podría provocar un aumento de la violencia en estas zonas, a medida que el grupo tome represalias contra el gobierno colombiano y continúe sus disputas territoriales con otros actores criminales.
El ELN también tiene presencia en Venezuela y mantiene estrechos, aunque complicados, vínculos con el gobierno del presidente Nicolás Maduro, que se proclamó vencedor en las recientes elecciones a pesar de las irregularidades en el recuento de votos.
El Frente de Guerra Oriental (FGO) y el Frente de Guerra Nororiental (FGN), en la frontera entre Colombia y Venezuela, son clave para el equilibrio criminal del régimen de Maduro. Desde al menos 2016, el ELN se ha expandido a lo largo de la frontera con Venezuela con la aprobación de las fuerzas políticas y militares venezolanas, y ha adoptado un papel cada vez más paramilitar, defendiendo los intereses del gobierno de Maduro. Si Maduro se aferrara al poder, sería menos probable que estos frentes llegaran a un acuerdo con el gobierno colombiano.



