La condena de un menor por el atentado fatal del senador y aspirante presidencial colombiano Miguel Uribe Turbay ha destacado el enfoque del gobierno centralizado en un grupo de disidentes de una antigua guerrilla como los presuntos autores intelectuales, aunque las pruebas siguen siendo escasas.
El menor de 15 años que disparó a Uribe, el 7 de junio en Bogotá, ha sido condenado a siete años en un centro de detención juvenil por homicidio en grado de tentativa, según informó la Fiscalía General de la Nación colombiana el 27 de agosto.
El adolescente se declaró culpable antes de que Uribe muriera a causa de las heridas el 11 de agosto, lo que impidió a los fiscales presentar el cargo de homicidio, ya que la ley colombiana prohíbe cambios en los cargos una vez que se presenta una acusación formal contra un menor. Cinco adultos también han sido arrestados en relación con el caso.
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Las autoridades han sugerido que la Segunda Marquetalia, una facción disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), podría estar involucrada en el asesinato de Uribe, pero aún no se han presentado pruebas concretas. El director de la Policía Nacional, Carlos Fernando Triana, sugirió por primera vez una conexión con el grupo en julio, y el ministro de Defensa, Pedro Sánchez Suárez, repitió la afirmación en agosto tras la muerte de Uribe.
El vínculo con el grupo es vago, pero se establece a través de uno de los cinco arrestados en relación con el asesinato de Uribe: Elder José Arteaga Hernández, alias “El Costeño”, quien presuntamente comenzó a trabajar como asesino a sueldo tras conocer a un excombatiente de las FARC conocido como “Daniel” en prisión en 2019, según fuentes policiales citadas por el periódico colombiano El Espectador.
Daniel, exmiembro de la Columna Móvil Teófilo Forero, una unidad élite de las FARC responsable de algunos de los ataques más notorios del grupo, supuestamente habría estado ayudando a reconstruir la columna dentro de la Segunda Marquetalia en el sur de Huila y el norte de Caquetá, según el periódico El Colombiano. Por lo tanto, serviría como un puente potencial entre la Segunda Marquetalia y el asesinato de Uribe.
Otros dos sospechosos detenidos también parecen estar vinculados a Caquetá, donde supuestamente se está reorganizando la Columna Teófilo Forero. Katerine Andrea Martínez Martínez, alias “Gabriela”, quien suministró al menor el arma para disparar a Uribe, fue arrestada en Florencia, Caquetá, en junio, mientras que Carlos Eduardo Mora González enfrenta un caso de tráfico de armas ante un tribunal de Florencia desde el año 2024.
Análisis de InSight Crime
Casi tres meses después del tiroteo a Turbay, los investigadores aún no han esclarecido quién ordenó el crimen. Los arrestos señalan a una red de operativos de bajo y medio nivel con vínculos con círculos disidentes de las FARC, pero no ha surgido un motivo político claro.
Sin embargo, la evidencia disponible sugiere que el enfoque centralizado en la Segunda Marquetalia podría estar equivocado. El grupo, que alguna vez fue una temida facción rebelde, ahora se encuentra entre las organizaciones armadas más débiles de Colombia, con su liderazgo diezmado en los últimos cinco años.
Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez”, líder del grupo, fue gravemente herido en un ataque en 2022, lo que generó repetidos informes sobre su muerte. Resurgió en 2024 a través de un video y posteriormente una aparición pública, confirmando que estaba vivo, aunque se presume que estaría en mal estado de salud.
Otras figuras de alto perfil también han sido eliminadas. Seuxis Pausías Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich”, cofundador de la Segunda Marquetalia junto con Márquez tras rechazar el acuerdo de paz de 2016, fue asesinado en 2021. Ese mismo año, los comandantes Hernán Darío Velásquez, alias “El Paisa”, y Henry Castellanos Garzón, alias “Romaña”, fueron asesinados en el estado venezolano de Apure. Más recientemente, en agosto de 2025, José Manuel Sierra Sabogal, alias “Zarco Aldinever”, uno de los principales lugartenientes de Márquez, también fue asesinado en Venezuela.
Además de estas pérdidas, la Segunda Marquetalia sufrió una gran división en noviembre de 2024. Los Comandos de la Frontera (CDF) y la Coordinadora Guerrillera del Pacífico (CGP), dos de sus facciones más influyentes operando en Nariño y Putumayo, anunciaron que se separaban tras desacuerdos sobre la postura del grupo en las conversaciones de paz con el gobierno.
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Dado el frágil estado interno del grupo y la creciente competencia de actores criminales rivales, las autoridades aún no han presentado pruebas de un motivo claro para que la Segunda Marquetalia ordenara tal asesinato.
No obstante, la opacidad en torno al ataque subraya los riesgos de cara a las elecciones de Colombia del próximo año. El asesinato de Uribe establece un precedente que podría alentar a otros grupos armados a utilizar la violencia política selectiva como palanca.
Con los intereses del crimen organizado vinculados a la continuación de las negociaciones de paz y a los posibles beneficios judiciales derivados de estas, el próximo ciclo electoral podría ver a los actores criminales teniendo una intervención más directa en la política a través de la violencia.
Imagen principal: El senador colombiano Miguel Uribe fue disparado en la cabeza en un mitin hace casi dos meses. Crédito: Fernando Vergara (Associated Press).



