La creciente presencia de líderes criminales ecuatorianos en Colombia revela cómo el país vecino funciona como refugio —pero también como potencial tumba— para quienes huyen de la represión estatal y la violencia que se vive en Ecuador.

El 30 de mayo, la ministra de Seguridad de Argentina, Patricia Bullrich, anunció que a Terry Israel Camacho, alias “Trompudo”, se le negó la entrada al país en el aeropuerto internacional de Ezeiza, en Buenos Aires. Trompudo, quien había llegado en un vuelo procedente de Bogotá, es uno de los principales líderes de los Chone Killers, una de las bandas más importantes de Ecuador.

“Lo detectaron en Bogotá, coordinamos con Colombia, lo esperamos en Ezeiza”, decía el anuncio publicado en redes sociales.

Su paso por Bogotá ocurrió meses después de un atentado ocurrido en diciembre de 2024 contra él y su hermano, Antonio Benjamín Camacho, alias “Ben 10”, en la ciudad colombiana de Cali. Aunque algunos reportes iniciales aseguraron que ambos murieron, solo Ben 10 —quien lideraba la banda junto a su hermano— fue asesinado. Trompudo sobrevivió.

El ataque contra los hermanos fue solo uno de los muchos casos de líderes de bandas y narcotraficantes ecuatorianos detectados en Colombia en los últimos 20 años.

En febrero de este año, unos sicarios atacaron a Édinson Alexander Delgado Rocafuerte, alias “Saoco”, líder de una facción disidente de Los Lobos llamada Sao-Box, en Barranquilla. Saoco sobrevivió y poco después abandonó el país, según el diario Expreso.

En mayo de 2023, el cuerpo de Junior Roldán, alias “JR”, fue hallado en una zona rural del departamento de Antioquia. Roldán era jefe de Las Águilas y aliado cercano de José Adolfo Macías Villamar, alias “Fito”, líder de Los Choneros. Pero aún persisten los rumores de que fingió su muerte.

Unos años atrás, en 2017, las autoridades colombianas capturaron en el departamento de Nariño a Washington Prado Álava, alias “Gerald”, acusado de traficar al menos 250 toneladas de cocaína. Era conocido como “el Pablo Escobar de Ecuador”.

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También en Colombia fue detenido en 2013 Jorge Luis Zambrano, alias “Rasquiña”, considerado el arquitecto del ascenso de Los Choneros en el sistema penitenciario ecuatoriano. Había escapado de La Roca, la prisión de máxima seguridad de Ecuador, y terminó refugiado en Bogotá.

Colombia: ¿un refugio seguro?

Para escapar del conflicto creciente en Ecuador, varios líderes criminales han buscado refugio en Colombia, atraídos por su cercanía, fácil acceso y bajo costo de vida.

La violencia entre bandas se ha intensificado en Ecuador, y las autoridades han respondido con grandes operativos policiales y militares dirigidos a capturar a los máximos líderes. Esto, sumado a la fragmentación interna de los grupos, ha hecho que los líderes enfrenten más riesgos incluso dentro de su propio territorio.

“Él no puede movilizarse en ese territorio porque en cualquier momento va a caer”, dijo a InSight Crime en abril el teniente coronel Herbie Guamaní, jefe de policía del distrito Nueva Prosperina en Guayaquil. Se refería a Galo Xavier Suárez Román, alias “Wichi”, líder de Los Tiguerones, quien también estaría escondido en Colombia.

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Frente a estos riesgos, Colombia se presenta como una salida viable. La frontera terrestre es porosa, lo que permite cruzar sin dejar rastro. Además, la cercanía geográfica y cultural entre los dos países facilita que los ecuatorianos pasen desapercibidos. En muchos casos, tienen familiares o conocidos que ya viven en Colombia. El bajo costo de vida también permite a los capos llevar un estilo de vida más lujoso que en Ecuador.

Algunos no solo huyen, sino que buscan establecer vínculos directos con proveedores colombianos de cocaína. Colombia sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína. Sus grupos criminales han acumulado poder y riqueza al controlar gran parte del comercio internacional de la droga. En ese contexto, las bandas ecuatorianas —como Los Choneros o Los Lobos— suelen actuar como subcontratistas: transportan, almacenan o contaminan cargamentos para redes colombianas, mexicanas o europeas.

Pero varios ecuatorianos han intentado escalar posiciones en la cadena de suministro. El caso más exitoso fue el de Gerald, quien logró conexiones directas con proveedores colombianos y construyó una red de narcotráfico que le generó cientos de millones de dólares.

Colombia: un cementerio para líderes criminales

Pero la violencia también alcanza a los ecuatorianos en Colombia. Según Luis Fernando Quijano, experto colombiano en crimen organizado, muchos ataques contra líderes ecuatorianos son ordenados desde su país de origen, y ejecutados por aliados en Colombia.

“Como hay una disputa armada entre ellos, tienen aliados acá”, dijo a InSight Crime. “Corren el mismo riesgo [que en Ecuador]”.

La presencia de ecuatorianos en Colombia —ya sea para expandir sus operaciones o como refugio— también puede alterar las redes locales que históricamente han beneficiado a los grupos colombianos. Esto puede explicar, en parte, la serie de atentados contra los recién llegados.

“La mayor cantidad de narcos que se van a Colombia, piensan que allá les van a decir: ‘parce, mijo, venga pues papi, siéntese’”, dijo el Teniente Coronel Santiago Gavilanes, jefe de la policía de Durán, ciudad de origen de Ben 10 y Trompudo. “Pero a ellos [los colombianos] no les interesa. Eres uno más para ellos”.

La captura también es un riesgo. Las autoridades colombianas, con décadas de experiencia en la lucha contra el narcotráfico, tienen vínculos de inteligencia bien consolidados con agencias como la DEA, Europol e Interpol, lo que refuerza su capacidad para identificar y capturar a criminales transnacionales.