​​Cuando la banda más poderosa de Brasil, el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC), se apoderó de las coloridas favelas en las colinas de San Pablo, también tomó las riendas del inframundo criminal.

Pero en lo que parecía ser un caos criminal había un orden y reglas que cumplir. Robar a los residentes más vulnerables de la ciudad estaba prohibido aunque se podía atacar a los ricos. Y cuando golpeaban a los grandes negocios, el botín debía ser compartido con la comunidad. Los barrios así se volvieron un poco más seguros para los residentes marginados de la ciudad.

“Lo llamábamos una campaña Robin Hood porque se basaba en una especie de solidaridad —con todas las comillas que puedan poner—. Pero las cosas cambiaron”, dijo Djalma Costa, fundadora de una ONG en defensa de los derechos de los adolescentes en las favelas de San Pablo.

Pero los días de Robin Hood del PCC ya forman parte del pasado.

A medida que la banda comenzó a involucrarse en el comercio global de cocaína alrededor de 2016, el lucro parece haber cambiado de políticas y prioridades. El PCC empezó a retirarse de las calles que antes gobernaba, delegando el negocio local de la venta de drogas a socios más pequeños y menos organizados.

Ahora, la banda ha evolucionado más allá de las prisiones y favelas que consideraba su hogar, instalándose cómodamente en el sector financiero de San Pablo y en los barrios exclusivos, uniéndose a las filas de la élite a la que antes se oponía, y dejando el control criminal de las comunidades más marginadas de la ciudad en manos menos capacitadas.

De la protección en las prisiones a los reyes de la cocaína

Nacido y formado en las prisiones de Brasil, el PCC trajo tanto orden como ganancias criminales a su mundo tras las rejas a través de reglas, conocidas como “Disciplina”, establecidas en su carta de 1997. El PCC declaró su solidaridad con el Comando Rojo (Comando Vermelho, CV), la banda más antigua de Brasil y el segundo grupo criminal más grande, que fue tanto inspiración como futuro rival del PCC. La banda prometió “revolucionar el país desde el interior de las prisiones”, luchando contra “opresores y tiranos poderosos” cuyo abuso llevó a “la creación de monstruos”, según declaró la carta.

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A medida que algunos miembros cumplían sus condenas y regresaban a las calles de San Pablo, la carta establecía que los miembros del PCC debían apoyar a sus “irmãos”, o hermanos, tras las rejas. Comenzaron a aplicar las reglas criminales de la banda en los barrios más pobres de San Pablo, mientras se hacían con el negocio local de las drogas. “Recuerdo una época en la que un trabajador que vivía en la comunidad no podía ser robado… Y si eso pasaba, [el PCC] iba tras quien lo hiciera y era muy estricto al respecto, por lo que había orden”, contó Costa a InSight Crime.

El gobierno intentó frenar el crecimiento del PCC aislando a sus líderes encarcelados y trasladándolos a instalaciones lejanas para distanciarlos de la base de la banda. Pero la estrategia fracasó y, en su lugar, ayudó al PCC a llevar sus ideas a las nuevas prisiones y expandirse en el resto del país. Y, a medida que las autoridades arrestaban a más miembros, el grupo se fortalecía cada vez más.

La expansión de la banda le permitió apoderarse de gran parte del mercado interno de drogas de Brasil, mientras mantenía su base en San Pablo. Pero cuando Gilberto Aparecido Dos Santos, alias “Fuminho”, un amigo de la infancia del líder del PCC, Marcos Willians Herbas Camacho, alias “Marcola”, visitó Bolivia alrededor de 2016, todo cambió. Fuminho consiguió un suministro grande y constante de cocaína de los productores de coca locales, y el PCC fijó su interés en el comercio internacional de cocaína, apoderándose de las rutas de tránsito en Paraguay y forjando negocios ilícitos con mafias europeas.

A finales de ese año, la solidaridad entre el PCC y el CV llegó a su fin de manera violenta. Las bandas se enfrentaron en las prisiones, y el conflicto se desbordó a las calles. Las pandillas rivales lucharon por las rutas de tráfico de cocaína, especialmente en el norte de Brasil.

En 2017, el PCC publicó una nueva carta que eliminó todas las menciones al CV. También agregó secciones que definían cómo los miembros podrían buscar ganancias fuera de la organización, siempre y cuando continuaran cumpliendo con la carta y enviaran dinero para apoyar al grupo.

El PCC encuentra nuevas prioridades

El salto de la banda al comercio internacional de cocaína la llevó a retirarse de las calles que alguna vez gobernó, y su famosa “Disciplina” perdió vigor.

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Si bien el PCC tenía reglas estrictas, nunca rechazó la violencia. Pero esta tenía que ser aprobada. A menudo llevaban a cabo brutales y espectaculares asesinatos de rivales, incluso se llegó a asesinar a un juez prominente en 2003. Se les prohibió a los miembros resolver disputas personales mediante la fuerza. Así, con el empleo de la violencia “organizada”, el PCC amplió su huella y aumentó su membresía. Pero al mismo tiempo, su expansión violenta comenzó a atraer más la atención de las autoridades. Los líderes que imponían los principios de la banda en los barrios de San Pablo fueron arrestados, lo que llevó a más rotación y vacíos en el liderazgo local.

A medida que el tráfico internacional del PCC comenzó a generar muchos más beneficios que el negocio local de las drogas, la banda comenzó a delegar algunos de sus roles en las favelas. El PCC empezó a poner pequeños grupos de personas del barrio, o incluso individuos, a cargo de la venta de drogas local y de hacer cumplir el código del PCC. Pero aunque contaban con el respaldo del grupo en teoría, eran criminales menores de la favela. El PCC suministraba las drogas, pero no la fuerza. Sin el peso total de la banda en el barrio, la “Disciplina” comenzó a desvanecerse, y los pequeños traficantes de drogas ya no tenían la voluntad ni el modo de hacer cumplir las reglas del PCC.

Crimen sin castigo

En Capão Redondo, uno de los barrios más marginales de San Pablo, los residentes se concentran cada mañana en paradas de buses y aceras para realizar largos trayectos hacia el centro

Las largas horas en medio del calor sofocante del transporte público solían ser la principal preocupación de la gente. Pero desde 2016, con la retirada del PCC, los robos a los residentes de este barrio aumentaron un 32%.

“Una cosa que los criminales nunca aceptaron fue robar a la gente en las paradas de autobús, porque supuestamente aman a los trabajadores. Hoy, se ha convertido en una lucha libre”, dijo a InSight Crime un trabajador de una ONG que nació y fue criado en M’Boi Mirim, una de las regiones más violentas de San Pablo que abarca a Capão Redondo.

M’Boi Mirim, San Pablo, 3 de noviembre de 2025. Crédito: Marina Cavalari.

Más allá de las favelas: la evolución del PCC en el tráfico internacional de cocaína

La evolución del PCC hacia un actor principal en el tráfico internacional de cocaína creó un nuevo tipo de perfil de miembro, y el grupo comenzó a reclutar personas con contactos de élite y educación —personas que nunca habían pisado una favela ni una celda de prisión en su vida—, pero que podían lavar las ganancias ilícitas de la banda a través de las instituciones financieras de Brasil. Así, el PCC comenzó a forjar sus propias élites en el inframundo.

“Tienes una clase baja, que son esos chicos que llevan cocaína en sus mochilas. […] Pero no son los mismos que el tipo que, después de ganar tanto dinero con el tráfico de drogas, compró una casa en un vecindario elegante y anda en un coche blindado. Cuando hablamos de organizaciones criminales, tenemos que entender que el perfil del narcotraficante ha cambiado”, dijo a InSight Crime Ivana David, una jueza de San Pablo que ha dedicado su carrera a procesar a miembros del PCC.

Después de una hora de viaje en transporte público desde Capão Redondo, la vista cambia de casas apiladas y de bajos recursos a enormes edificios modernos alrededor de Faria Lima, una amplia avenida arbolada con carriles para bicicletas en la que circulan oficinistas con trajes caros y maletines. A un mundo de distancia de donde comenzó el PCC, Faria Lima alberga el mayor sector financiero de Brasil. A medida que el PCC se ha diversificado, ha infiltrado los pasillos de algunas de las corporaciones más grandes de la zona, lavando dinero, cometiendo fraudes e incluso creando su propio sistema bancario ilegal.

Edificios en la Avenida Faria Lima, San Pablo, 3 de agosto de 2025. Crédito: Marina Cavalari.

Las autoridades estiman que el PCC ahora genera US$1,85 mil millones anuales

Las autoridades estiman que el PCC ahora genera US$1,85 mil millones (10 mil millones de reales) al año, con actividades que van desde el narcotráfico hasta el lavado de dinero a través del sector formal. Ahora profundamente inmerso en el juego de las fintech, el PCC crea bancos virtuales ilícitos que rivalizan en tamaño con los legítimos, según los fiscales de San Pablo. La banda está cada vez más detrás de negocios rentables y aparentemente legítimos. En 2025, la operación Carbono Oculto puso en evidencia el control de la banda sobre empresas vinculadas a la cadena de suministro de gasolina de San Paulo.

Un asesinato frente al aeropuerto más transitado de Brasil en noviembre de 2024 reveló cuán profundo se había infiltrado la banda en el sector formal. La víctima, Vinicius Gritzbach, era un agente inmobiliario. Pero antes de su asesinato, Gritzbach admitió haber lavado al menos US$500.000 de ganancias del narcotráfico a través de criptomonedas, estaciones de servicio y bienes raíces, y comenzó a trabajar con la policía. Pero el gobierno no pudo proteger a su testigo de la mortal influencia del PCC.

A pesar de que los altos mandos del PCC siguen en prisión federal en San Pablo, las autoridades están incautando vehículos de lujo y apartamentos pertenecientes a personas vinculadas al PCC que nunca han pisado la cárcel y que ahora son fundamentales para las operaciones diarias de la banda.

La banda también se ha aliado con el gobierno al que juró oponerse, utilizando a agentes públicos corruptos para ganar contratos municipales que le permiten lavar dinero. El PCC incluso ha aprovechado las redes de transporte utilizadas por los residentes de las favelas para desplazarse al centro de la ciudad, transformándolas en canales de lucro. En enero de 2025, la Alcaldía de San Pablo canceló su contrato con dos empresas de autobuses que el gobierno había contratado después de descubrir que el PCC estaba vinculado a ellas.

La historia del ascenso del PCC ha dejado atrás sus humildes orígenes, y las comunidades que alguna vez protegió ahora están en manos incapaces. El CV, su otrora aliado devenido en enemigo, podría tener la vista puesta en San Pablo. Las autoridades creen que, con el PCC focalizado en el tráfico internacional, el CV está intentando apoderarse del narcotráfico local en el territorio de su rival. Con la tutela del PCC fuera de escena, lo único seguro para los residentes en este momento es la incertidumbre.

Imagen principal: Grafiti del Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC) en M’Boi Mirim, San Pablo, 7 de noviembre de 2025. Crédito: Christopher Newton.