El mundo criminal, cada vez más fragmentado, ha convertido a Ecuador en un campo de batalla, con bandas rivales que han llevado la violencia a niveles récord en los últimos años. Si bien múltiples factores han alimentado esta crisis, una figura criminal en particular impulsó a Ecuador hasta este punto: Jorge Luis Zambrano, alias “JL” o “Rasquiña”.
El papel protagónico de Rasquiña en la escena criminal ecuatoriana comenzó en la década de 2010. Desde las prisiones del país, transformó a Los Choneros de una banda de criminales comunes en una federación criminal nacional, que reclutaba bandas juveniles y grupos de asaltantes de bancos, extorsionistas y microtraficantes. Entre ellos estaban los hombres que se convertirían en los rostros de la crisis de seguridad de Ecuador: un asaltante de bancos y futuro líder de Los Lobos, Wilmer Geovanny Chavarría Barré, alias “Pipo”; un guardia penitenciario corrupto que luego fundó los Tiguerones, William Joffre Alcívar Bautista, alias “Willy”; y los hermanos Camacho, líderes de una banda juvenil local que se convirtió en los Chone Killers.
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Bajo el paraguas de Los Choneros, esta red de bandas se apoderó de las prisiones y luego lanzó una agresiva campaña para controlar territorios estratégicos de narcotráfico en todo el país. Rasquiña utilizó su red de bandas como un ejército criminal de mercenarios al servicio de narcotraficantes transnacionales, como el Cartel de Sinaloa de México, y de redes de corrupción. El modelo de crimen organizado que desarrolló perdura hoy, con bandas que actúan como contratistas de las élites criminales.
En 2020, Rasquiña fue asesinado poco después de ser liberado de prisión mediante un fallo judicial supuestamente corrupto. El presunto sicario fue arrestado, pero el autor intelectual del homicidio sigue siendo desconocido. Una teoría sugiere que Rasquiña fue víctima de un motín interno liderado por su mano derecha, José Adolfo Macías Villamar, alias “Fito”. Otros apuntan a una maniobra calculada de Los Lobos, en rápido ascenso, o a que el ataque fue ordenado por narcotraficantes recelosos del creciente poder de Rasquiña. El asesinato provocó la ruptura de la red de Los Choneros, desencadenando un proceso de atomización criminal que continúa hasta hoy.
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Los Lobos, Los Tiguerones y Los Chone Killers formaron una nueva alianza bautizada Nueva Generación y declararon la guerra a Los Choneros, haciendo que las tasas de homicidios se dispararan. Pero esa alianza fue efímera y dio paso a una era caracterizada por la fragmentación, con bandas que se dividen en células altamente impredecibles, en constante mutación y fractura, que forjan alianzas volátiles y compiten violentamente por el territorio. Hoy, Ecuador enfrenta hasta 48 grupos criminales, según datos del Armed Conflict Location & Event Data (ACLED) reportados por Diálogo Américas.
En 2024, el presidente Noboa declaró que el país se encontraba en un conflicto armado interno con 22 bandas que calificó como organizaciones terroristas. Estados Unidos siguió el ejemplo poco después, añadiendo a Los Choneros, Los Lobos, Los Tiguerones y Los Chone Killers a su lista de organizaciones terroristas extranjeras. Cada uno de ellos formó parte alguna vez de la federación de Los Choneros de Rasquiña.
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